jueves, 16 de diciembre de 2010

TOMO DE NUEVO MI RUMBO


Cada vez que descuido mi conexión conmigo misma vuelvo a perder el rumbo. Si siempre tendemos a proyectar la atención fuera nos lleva un precio caro. Sensaciones de vacío, sin sentido y confusión señalan de manera más o menos intensa que se ha perdido ese contacto íntimo con la propia esencia. Y vivir volcado hacia fuera puede hacer que se pierda una parte importante de la experiencia que transcurre dentro.
Las emociones, las sensaciones, los mensajes del cuerpo, los pensamientos, la voz de la intuición aporta la información más constante y directa de que disponemos. Solo desde esta conexión interna podemos estar centrado, sabiendo quienes somos y hacia donde nos dirigimos.
La desconexión que se da en muchos casos influye, por una lado la primacía que se otorga a la razón por encima de otras funciones como percibir o sentir.
Hay que tener en cuenta que por otro lado, la capacidad de ser consciente supone un arma de doble filo. Conecta a la persona con su realidad interna, pero también bloquea lo que no se ajusta a lo establecido.
Como decía Albert Einstein: "Cada día sabemos más y entendemos menos".
Perder esta conexión conlleva consecuencias. Algunas personas, por ejemplo, descubren en algún momento que su vida no es lo que querían, pues quizás se han dejado llevar por las circunstancias sin preguntarse más allá. No resulta agradable sentirse un extraño con uno mismo. Sucede sobre todo cuando alguien busca adaptarse tanto a lo que se espera de él o mantener una buena imagen, que termina olvidado quien es realmente.

A veces, el sufrimiento o la enfermedad implican una entrada rápida a una mayor conciencia de uno mismo. Sin embargo, es preferible no esperar a encontrarse en una situación crítica; en cualquier instante una persona puede empezar a crear puentes que conecten con diferentes niveles de su experiencia interna.

Hay diferentes vías a tener en cuenta a diario para conectar con mi experiencia interna, entre ella tienes el lenguaje de nuestro cuerpo.

A veces vivimos escindidos del cuerpo. Al no entender sus cambios, su lenguaje, ni el sentido de los síntomas, se presta poca atención a sus mensajes. Más bien se intentan controlar o tapar esas señales cuando resultan molestas u obligan a modificar los planes. Sin embargo, el cuerpo es el canal de conexión entre el mundo exterior y el interior. A través de él experimentamos la realidad, y a la vez refleja nuestra historia.
Quizás no podamos comprender siempre sus razones, pero es preciso aprender a confiar más en la sabiduría del propio cuerpo. En lugar de bloquear sus señales, se puede optar por escucharlas.
No tenemos que olvidar nuestras emociones. Sabemos que dejarse llevar por las emociones puede ser un problema, pero ignorar o reprimir lo que se siente, también. Una buena medida es mantener una conexión continua con las propias emociones, lo cuál suele ser garantía de una mayor capacidad para encauzarla. La emoción es un indicio que informa de cómo estamos viviendo algo y, bien utilizada, puede ayudar a resolver situaciones.
Las intuiciones, los sueños, los momentos de inspiración tienden un puente entre el consciente y el inconsciente. Nuestra mente almacena muchos datos, impresiones y percepciones que no conocemos, pero que en un momento dado pueden aflorar a la superficie.
Conectar significa unir, establecer una comunicación. Cada persona puede buscar en su interior la sensación de estar conectada.

Estar en contacto con uno mismo es como mantener un ancla que permite mantener la calma y firmeza interior


2 comentarios:

En el camino dijo...

bienvenida de nuevo ;-)

Pena, Clpaxtix, TinaG, Dana, No, Sena, Qpela. dijo...

Si, el cuerpo habla y el alma tambien.
Pena (L7s7)
http://lossietesamuraissiete.blogspot.com/