viernes, 30 de octubre de 2009

Better Together

Hoy sin palabras.

Que suene la música, que hable por mi. Yo me callo y cierro los ojos. Las palabras han volado y es difícil darles forma con las teclas a-s-d-f.

Me quedo con Jack Johnson y este precioso tema " Better together ".

jueves, 29 de octubre de 2009

Corren malos tiempos para el amor.......


Parece existir un acuerdo en proclamar nuestros tiempos como "la era de las pasiones tristes". Si bien es cierto que andamos detrás de vivir grandes experiencias emocionantes, también lo es que generar de continuo tantas expectativas acaba arrojando un estado permanente de frustración. Algo parecido sucede con el amor de pareja. Se habla tanto de este tema hoy día que hemos llegado a un estado contradictorio: saturados de amor, pero incapaces de amar. Muchas personas siguen enfermando aún en nombre del amor. Existen mil amores que lo son todo menos amor auténtico. O tal vez lo que sucede es que siguen existiendo amantes con conductas retorcidamente neuróticas.

Corren malos tiempos para la pareja, aun anda peor la capacidad de emparejarnos.
Vivimos una especie de epidemia que consiste en desear de una manera loca estar enamorados para después sufrir como una condena ese lazo por el que tanto suspiramos. El compromiso afectivo da un miedo terrible.

Debe de ser verdad que, a pesar de lo mucho que hoy sabemos de la vida, seguimos cometiendo el error de vivir entre la felicidad y el sufrimiento. Nadie quiere renunciar a la pasión abrasadora del enamoramiento, pero a la vez se quieren evitar los quehaceres del compromiso. Ya ni tan siquiera sirve aquello de "ni contigo ni sin ti". Ahora solo funciona el "contigo, pero sin ti".
El ascenso de eso que venimos llamando miedo al compromiso afectivo esta alcanzando tal magnitud, que cabe pensar si realmente es un problema solo de miedo o si estamos ante un cambio de modelo afectivo que también esta en pleno proceso de transformación.

Te quiero cuando ...no te tengo. Sólo se ama lo que no se posee totalmente (Marcel Proust).

Existe una manera de amar que consiste en sentirse enamorado o enamorada del otro cuando no está presente. Es como desearlo de una manera loca hasta que lo tienes delante. Cuando eso ocurre se acabó la fiesta. Ante la persona amada, las mariposas en el estómago se convierten en extrañeza, en una sobrevenida pasividad, como un agujero negro que te aspira todo sentimiento. Sabes que la quieres, pero no sientes que la quieras. Estar juntos es estar en el vacío. Pero cuando se aleja, se la echa muy en falta. Entonces aparecen todos los discursos que no se han dicho, todas las sensaciones perdidas en el vacío de la presencia.
Aparecen los deseos, las ganas y, sobre todo, la melancolía, la añoranza, la ensoñación ante un nuevo encuentro. Ahora también existe el vacío, pero es diferente, ahora está lleno de ausencia. Y ésa es la clave del asunto.

Un cobarde es incapaz de mostrar amor. Hacerlo está reservado a los valientes (Gandhi).

Crecer como persona incluye también crecer emocionalmente. Pero ahí tenemos un problema. Vivimos en sociedades que aún arrastran un fatal malentendido: creer que el amor y los grandes sentimientos, léase las pasiones, van de la mano. Grave error.

El amor auténtico no se basa en grandes tormentas emocionales, sino más bien en pequeñas semillas que con el tiempo arraigan fuertemente en nuestra alma.

Conocer el estilo afectivo propio es fundamental. Primero para poder identificar las dificultades que tenemos en el marco de las relaciones y que no dependen solo de con quien nos juntamos, para tomar responsabilidad sobre ello, ya que también significa aprender a vivir de acuerdo con el estilo afectivo que queramos desarrollar en la vida. No todo el mundo tiene que pasar por la vicaria, ni tiene que tener una familia, ni es un discapacitado emocional por no convivir en pareja.

Lo importante es responsabilizarse de las elecciones que hacemos en cada momento, con integridad y sin dañar a los demás.

Arrastramos aun la necesidad de crear marcos en los que encajar nuestra existencia. Son útiles, ya que así sabemos como actuar y donde están los limites. Pero también nos quitan flexibilidad, no nos permiten, como la vida misma, fluir con el presente y con los acontecimientos, sino que nos etiquetan, normativizan y crean expectativas y obligaciones que nos quitan autenticidad. Eso es lo que ocurre con el amor a veces. Se dan por hecho tantas cosas que es inevitable vivir en el autoengaño. Por eso, cuando Cupido se quita la venda de los ojos, no nos podemos creer en lo que nos hemos convertido.

Yo prefiero pensar que podemos disponer de una conciencia diferente, la cual nos permita elaborar las relaciones día a día, sabiendo que andamos continuanente sobre la fina cuerda de la incertidumbre y que todo se debe ir resolviendo si hay capacidad de amarse. Y eso empieza por asumir como amamos y como queremos ser amados.






jueves, 22 de octubre de 2009

REACCION

Este corto nos plantea eso que todos alguna vez pensamos.... ¿Cuando es el momento de actuar?..Como ayudamos a alguién que no sabe que puede ser ayudado?

miércoles, 21 de octubre de 2009

NO TE RINDAS


En una de sus frases más citadas, Julio Cortázar, afirmaba "que nada esta perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y que hay que empezar de nuevo.

Muchas personas se manifiestan herederas de una nueva conciencia, que sienten, piensan y actúan a partir de la idea de que la vida es un regalo y un misterio a vivir, no un problema a resolver. Sin duda,una actitud altamente positiva y armónica.

Pero resulta que la vida no es plena armonía. También existe el caos. O dicho de otro modo, existen el caos y el orden, el contraste entre los opuestos, para lograr así la tan deseada armonía interior. Si solo existiera armonía, nuestras vidas existirían en un solo plano de conciencia. Siempre el mismo. Por eso, las crisis son necesarias para avanzar.

No es agradable estar metido en una crisis, sea del tipo que sea. Por eso hay dos cosas que deben tenerse en cuenta. La primera es que lo vamos a pasar mal, y que cuanto antes lo aceptemos, mejor. La segunda cosa, la mejor, es que la crisis puede suponer una nueva oportunidad. Puede significar una transformación que nos permita sentirnos mucho mejor con nosotros mismos y con la vida. Es cierto que, según como se resuelva, puede significar una amenaza física y psíquica o una regresión a estados anteriores de nuestra vida. Que sea lo uno o lo otro va a depender de cada persona y de como resolvemos esas dos premisas citadas anteriormente.

Cuando se esta inmerso en una crisis personal, hay poco que hacer y mucho que aprender. A menudo la primera tentación es la de buscar la manera de huir lo antes posible de ese estado que aparenta ser un agujero negro interior. La precipitación, las ganas de acabar con ese sinsentido, con esa angustia existencial conlleva mas tensión aún y más ansiedad. Por eso, lo primero que hay que hacer es no tener demasiada prisa.

Dicho de otro modo, hay que darle el tiempo que precise a nuestro cuerpo y nuestra psique para recomponerse y adaptarse a la nueva situación. Por eso no hay que darle vueltas a lo que podemos hacer, sino más bien a lo que podemos dejar de hacer. La travesía no va a ser un entretenimiento, pero si una gran oportunidad de aprender de uno mismo y de la vida. Ese es el sentido que tiene todo cambio, la posibilidad de alcanzar unos niveles diferentes de conciencia. No hay prisa, pero tampoco tiene que haber pausa. Hay que darse el tiempo necesario, pero debemos aprovecharlo para probar. Por eso no sirve de mucho lamentarse de haber tropezado: hay que levantarse lo antes posible y empezar a andar poco a poco hasta conseguir alcanzar de nuevo el timón de nuestra vida.

Cuando se anda metido en la incertidumbre, la mecánica mental se pone en marcha a velocidad de vértigo. El pensamiento se obsesiona por partida doble: busca justificaciones 0 porqués de lo sucedido y anticipa todo lo que puede ocurrir de ese momento en adelante. Lo uno nos ancla en el pasado y lo otro nos proyecta al futuro.

No hay manera de centrarse en lo que mas necesitamos en tiempos de crisis: estar en presente. No forzar nada. Es fácil caer en la trampa de considerar que si se le da vuelta a las cosas se encontrará la solución más adecuada. Inútil. Va a ocurrir todo lo contrario. La solución se convertirá en el problema.

Las únicas preguntas que valen la pena explorar son: ¿cómo? y ¿Para qué? El cómo es altamente útil para analizar secuencias de hechos en los que podemos descubrir el camino a seguir. El para qué nos orienta hacia el sentido, la intención. ¿Qué sentido o significado puede tener esta crisis? ¿Para qué ha llegado? ¿Qué tenemos que aprender de esta experiencia?. Con esto tomamos la responsabilidad en nuestra crisis, ya que somos los únicos que podremos salir de ella.

No es fácil sentirse responsable de la propia vida. Significa aceptar que las cosas empiezan y acaban en ti más allá de las circunstancias. Significa elegir, arriesgarse, equivocarse, aceptar que los buenos o malos resultados dependen de ti mismo. Es cierto que muchas cosas las hacemos en grupo o en pareja, pero la decisión última de como vivir aquello que te sucede es enteramente nuestro. Lejos de una actitud de culpabilidad, tomar responsabilidad es hacerse cargo de uno mismo.
El corazón de una crisis es eso, una lucha interna en la que no hay ruidos de sables, sino un vaivén emocional que desgasta toda la energía disponible ya de buena mañana.

La resistencia al cambio suele ser intensamente dolorosa, porque significa soltar esas amarras que han permanecido ancladas en burbujas de comodidad, de protección y de control. Sabes que no puedes ir hacia atrás, porque la crisis ha llegado justamente por permanecer demasiado tiempo aguantando algo insostenible. Pero tampoco puedes ir hacia delante, porque no sabes que te vas a encontrar, no se dispone aun de la confianza necesaria para entregarse plenamente. Eso es: ni para adelante, ni para atrás.

Una elemental mirada filosófica nos enseñan que, en el vivir, todo es ruptura y cambio, todas las pérdidas empiezan ahora, enmarcadas en lo que tenemos, en aquello que hemos construido y ganado en nuestra vida.

Constantemente nos despedimos de algo del pasado y dejamos paso al algo del futuro.

Vivir nos obliga al ejercicio constante de saber abrir y cerrar, expandir y contraer, ganar y perder, ampliar y reducir, amar y doler.

Las crisis son paralizadoras. Nos sentimos atenazados por el miedo construido por nosotros mismos, superable si aprendemos a confiar en nosotros mismos.

Aceptar estados de tristeza, de desorientación, de sinsentido, incluso de dolor y de sufrimiento parece imposible. Nos resistimos a ello, y tal vez por eso la situación sigue amargándonos la existencia. Sin embargo, por mucho que cueste creerlo, la experiencia se empeña en demostrar continuamente el efecto transformador de la aceptación. A menudo la confundimos con pasividad, tolerancia e incluso resignación. Pero nada de eso es una actitud de aceptación.

Ninguna emoción es en sí misma peligrosa, ni siquiera la rabia. El cuerpo necesita entrar en erupción para gritar y expulsar tanto malestar. Lo que es disfuncional es quedarse anclado en alguna de ellas. En realidad, la cualidad de las emociones es que van y vienen.

Cuando dejamos de resistirnos, cuando cesamos en el empeño de que las cosas sean como queremos y no como son, cuando dejamos de comparar lo que deberíamos sentir y lo que sentimos, cuando dejamos al margen las expectativas y nos centramos en el ahora y el aquí, entonces aprendemos la importancia de la aceptación. Porque entonces nos afirmamos a nosotros mismos. Nos validamos. Nos permitimos ser. Y ese acaba siendo el factor fundamental para superar nuestras crisis personales.










lunes, 19 de octubre de 2009

Corre, corre que te falta tiempo


Nuestra existencia no es más que una breve rendija de luz entre dos eternidades de tiniebla escribió Vladimir Nabokov, quien a la vez calculó, que por lo general contemplamos el abismo prenatal con más calma que al otro al que nos dirigimos. O sea que no podemos perder el tiempo.

Se acabó el arte de la lentitud que practicábamos durante la infancia, sin tener ni idea de que aquello era un arte: cada día parecía toda una vida. Ahora los días pasan en un vuelo y, además la velocidad esta de moda. La velocidad como una forma de olvido según Milan Kundera. La velocidad es una forma de éxtasis que la revolución técnica ha brindado al hombre. Milan Kundera cuando escribió la lentitud, ni siquiera imaginaba que al cabo de pocos años no escogeríamos la velocidad, sino que está nos alcanzaría a través del teléfono móvil, el correo electrónico, las agendas electrónicas, la comida rápida, el sexo de aquí te pillo y aquí te mato , y sobre todo la sensación de tener que hacerlo todo en poco tiempo. Porque tenemos mucho que hacer, ver y oír, aunque escuchamos poco. Y porque vamos directo a la tumba a 4.500 pulsaciones por hora.

El coste humano del turbocapitalismo como lo definió Honoré en su libro "elogio de la lentitud", es que las largas horas en el trabajo nos vuelven improductivos, somos más infelices y estamos más enfermos.
Una vida apresurada es una vida superficial en la que la realidad se nos escapa.

Si realizáramos un ranking de las frases que más pronunciamos en la sociedad que vivimos, en los primeros puestos seguro que encontraríamos la de "no tengo tiempo".

Sólo tenemos una vida, y desaprovecharla nos da pánico. Vivimos con una sensación de fondo de que quizás podríamos aprovechar más el tiempo, que se podría estar haciendo más cosas, que podríamos llegar más lejos. Nos sentimos culpable si el tiempo no es productivo o rentable.

El tiempo improductivo nos pesa, y no sólo en el terreno laboral, sino incluso en nuestro espacio de ocio. Las vacaciones son un buen ejemplo; más que saborearlas, las convertimos en productiva de alguna forma: para dar una imagen ante los demás, para acopiar recuerdos y fotografías para el futuro...., para algo más que el simple disfrute.

Somos tan ingenuos que nos llegamos a creer que si corremos podremos llegar a todo lo que nos hemos propuesto. Incluso queda bien correr y decir "estoy muy ocupado, no tengo tiempo, tengo prisa". De hecho, si alguien dice que le sobra tiempo, empezaremos a sospechar que no trabaja mucho, que no es muy normal.

Lo lamentable es que en aquellos casos en que no queremos correr, los demás nos contagian. Tendríamos que apearnos todos a la vez de las prisas.

El día tiene 24 horas, así que como no podemos alargarlo recortamos la lista de cosas por hacer. Desgraciadamente, las que eliminamos son las actividades no productivas, es decir, las placenteras. Y pensamos que si nos queda algún hueco ya iremos a tomar un café con nuestro amigo, o nos daremos un paseo, lo cual al final no sucede.

No somos consciente de que si vamos eliminando lo que realmente nos gusta, nuestro estado de ánimo se resentirá y nos influirá negativamente en nuestra productividad.

Si el día no nos llega para cumplir todas las obligaciones, o nos llega pero a costa de nuestro bienestar, está claro que nos hemos de parar a reflexionar sobre qué obligaciones eliminamos.

El arte de la lentitud se puede cultivar diciendo adiós a la tiranía del reloj. Pero quizás el secreto de la desaceleración lo resume la palabra alemana eigen-zeit: eigen significa propio, y zeit tiempo.
En otras palabras cada ser vivo, cada acontecimiento, tiene su propio ritmo o tiempo inherente, y tal vez el arte de la lentitud consista en descubrirlo y ajustarnos a él. A él y al nuestro: descubrir nuestro propio tiempo. No acelerarlo ni ralentizarlo.





viernes, 16 de octubre de 2009

CHUBBY CHECKER

Fuerza y energía para esta mañana de Viernes. Buena música.




jueves, 15 de octubre de 2009

La era de las pasiones triste: Cibersexo a la carta



El sexo esta en todas partes. Nos colapsa la magnitud de estímulos que pretende excitarnos por encima del deseo y por debajo de la piel. El sexo del destape dio paso al sexo más explícito y más industrial en forma de espectáculo eróticos, revistas y filmografía pornográfica.
Nos entregamos al sexo del consumo, y pasamos asi del “acto” a “hacer el amor”, para acabar en el “follar”. Por lo visto es hoy tan fácil acceder al sexo, que necesitamos estímulos mayores que la simple desnudez, que el juego y la danza erótica o el despertar del deseo a través del contacto. Por eso hay que reinventar el morbo introducir nuevas prácticas como el sexo público, el intercambio, las citas a ciegas o el de última moda “el sexo virtual”. Con un solo clic se puede acceder a cambio de disfrutarlo en solitario, sin compromiso, sin contacto, sin esfuerzo. Demasiado fácil para aventurarse a comprometerte con otro ser humano. No vaya a ser que te pida algo más que el mero deseo.


Dejándome seducir con ritmo y gusto, armonizo mi trabajo después de la implacable jornada laboral, mi deseo es ostentoso por liberar un Clímax.

¿ Acaso tanta economía, globalización y conflictos generan tanta ansia?, ya apaciguado logro cortar la señal de mi generoso equipo electrónico con inmediatez y solo queda una revolucionaria ilusión que le da libertad a mi cuerpo, alma, dejándola brillar desnuda, en su espacio inter-espacial, “El Internet”

Es como se identifica en la actualidad el fuerte deseo de consumir sexo virtual.

Tarde o temprano, la conversación conduce a la frase que dará comienzo al juego: "¿Qué me harías?". Eso si es que en verdad se trata de un juego y si es que ese juego no comenzó al principio, cuando ella (o él) entró al chat donde todos están dispuestos a hacerle algo. O no.

Porque si algo describe al cibersexo es que es un sinfín de contradicciones. Es sexo pero sin serlo; es búsqueda de conversación de gente que no quiere conversar; es masturbación en compañía; es verse, pero a distancia; es orgasmo sin contacto. Es una forma de contacto segura pero falaz, donde todo vale y todo puede ser mentira. Es una opción sexual para quienes no se sienten bien con su cuerpo o le tienen pavor al compromiso, un espacio sin piropos, ritos de exploración ni los juegos eróticos, en el que se va rápido "a los bifes". Es, al cabo, la mejor expresión de la mayor paradoja imaginable: es realidad virtual, ser y no ser a la vez.


Este sería el caso de ese hombre "enfermo" del cibersexo al que "Las Supremas de Móstoles" se refieren en su canción. Un hombre que se pasa el día "pegado a la pantalla" de su "persé", que pone los cuernos a su pareja "con el disco duro, la pantalla y el ratón", "haciéndole el amor a una tal Pamela dentro del ordenador".
"Tu ya no me quieres, yo ya no te hago falta, que el amor internauta es un veneno sin igual", se lamentan las tres rubias y maduritas mostoleñas en su éxito musical de hace ya vario.


La modernidad mediatiza el sexo con tecnologías quitándole el aspecto de contacto directo y personal, pero lo carga con otros “beneficios” como la seguridad, la inmediatez, la accesibilidad y el anonimato. Lo más personal pasa al campo de lo impersonal, resignificando la socialización, la comunicación y, más específicamente, el sexo en sí. La Red se convierte en un campo de juego para experimentar nuevas sensaciones y fantasías. Internet provee ventajas que, tal vez, se han transformado en puntos importantes de peso.

Los supuestos beneficios del sexo cibernético son muchos, y es por ello que para algunas personas éste puede superar al real. Esta práctica va más allá del reemplazo o la mediación del sexo tradicional. Es un desafío que combina imaginación, destreza y creatividad para lograr la excitación o incluso el orgasmo de una persona que se encuentra en un lugar físico totalmente distinto. Internet se presenta como el espacio ideal para albergar todo aquello que es rotulado como tabú o simplemente no “encaja” en el mundo real.

Nuestra relación con las nuevas tecnologías, no es sino un reflejo de como vivimos. El ejemplo más claro es el uso que se le esta dando a internet con respecto a estas nuevas relaciones de cibersexo.

Esta nueva forma de sexo por internet más que acercar aisla a la persona. En parte es así, ya que el escudo protector que ofrece el medio se convierte en una coartada excelente para rehuir responsabilidades directamente: nos ahorra tener que dar la cara.

No olvidemos que el sexo no reducido a un ejercicio implica estar presente. Implica sobre todo intimidad. Y eso asusta a más de uno y más de una. Hacer el amor es eso amar, dedicarse al otro. Es entregarse. Es dar y recibir. Es una sintonía, una complicidad y una celebración.

El sexo es el acto más personal y puede ser muy creativo si lo convertimos en un mundo de posibilidades, en un mundo de rituales, del más breve al más fascinante. Del más carnal al más tántricamente sagrado. Hay mucho sexo por vivir si le damos la importancia que merece.









miércoles, 14 de octubre de 2009

Rendirse o fluir.........



Paso en estos últimos días por momentos donde lo único que quiero es volver a tener todo bajo control… y es que últimamente se me han presentado algunos obstáculos y como que la angustia se empezara a apoderar. Es precisamente en estos momentos cuando creo que lo mejor es rendirme… lo que no significa que bajo los brazos, sino que acepto y espero confiada y tranquilamente que mi vida tome su curso.

Entonces intento comprender que el rendirse es fluir con la vida tal como esta se me presenta y no como creo que debiera ser.....
Fluir con la vida es estar donde nos corresponde, dejando que todo suceda. En el momento en que no temes perder nada, llegas a poseerlo todo.

Cuando fluimos con nosotros mismos y con la vida, ocurre algo especial en la realidad cotidiana; las circunstancias y los sucesos se encadenan en experiencias armónicamente positivas y satisfactorias, realizamos las cosas sin grandes esfuerzos, nos relacionamos sin apenas conflictos, respondemos a las demandas y a los estímulos de la forma mas coherente y acertada; en definitiva "fluimos", con un mínimo de roces y con un máximo de plenitud y satisfacción.


Frente a cualquier circunstancia o problema -por duro o difícil de resolver que sea- siempre tendremos dos únicas opciones: abrirnos y disfrutar o cerrarnos y sufrir".

Me abro a la vida y sintonizo con el pulso interno personal adaptándome al momento presente y viviendo plena y conscientemente cada circunstancia en todas sus dimensiones.

El mejor objetivo personal que me propongo y que aconsejo es el de intentar fluir al máximo con la vida, las circunstancias y las relaciones; a fin de cuentas es la mejor forma -quizás la única- de vivirlas con plenitud.
Es obvio que no resulta una tarea fácil de alcanzar o acercarse a ese deseado objetivo. Incluso bastante difícil cuando tenemos en cuenta la gran variedad de presiones externas que nos imponen unos ritmos por lo general bastante alejados de nuestro propio e innato pulso interior. Es frecuente que ante la dificultad de sintonizar con nuestro pulso silencioso, optemos por intentar sincronizarnos al ritmo que marcan las circunstancias, o los demás. Pero ello, a corto o largo plazo, solo puede conllevar desequilibrio y frustración.

Nada bueno podemos lograr marchando al compás de una música que poco tiene que ver con nuestra propia música personal.

Cuando por fin somos capaces de tomar la decisión acertada, nos damos cuenta de que aparecen algunos escollos; entre los que destacan con fuerza los lastres de viejos hábitos cotidianos adquiridos poco a poco y casi sin darnos cuenta. También tendremos que hacer frente a los innumerables "sucedáneos de conciencia" a los que solemos recurrir en los momentos de desorientación.

Cuando experimentamos un cambio inesperado, es normal que nos quedemos descolocados, sin saber que hacer. Sin embargo, ese lapso de confusión no debería durar mucho.... Al instante debemos preguntarnos cual seria la mejor forma de aprovechar el cambio, de que manera podemos construir sobre lo que no pudo ser. Hay que aprender a improvisar y dejar que las cosas fluyan. Lo que nos tenemos que preguntar es como podemos aprovechar al máximo las circunstancias cambiantes que se nos presenta.

La alternativa natural de aprender a fluir, también tiene que ver con aprender a esperar.

lunes, 12 de octubre de 2009

Conectar con la intuición


Aunque parece que es ella la que nos elige a nosotros, se trata de un recurso a nuestro alcance que podríamos cultivar mejor, en beneficio de las decisiones que adoptamos, las soluciones que proponemos, las relaciones que mantenemos, los juicios que elaboramos y las oportunidades que detectamos.

Siendo múltiple en sus manifestaciones y en la reserva de la que se nutre, la intuición constituye un complemento valioso para la razón, con el que vale la pena familiarizarse en gran medida. Si cabe aceptar que no hacemos uso adecuado de nuestra mente consciente, insistiría además en que el inconsciente posee un potencial que estamos desperdiciando. Dentro de nosotros hay mucho más de lo que parece, y seguramente vale la pena asomarse.


La intuición podría ser considerada como el instinto de los seres humanos. Se trata de una capacidad innata al ser humano.

La intuición es esa maravilla escondida voluntariamente por nosotros. En efecto, nos olvidamos de que en nosotros mismos reside todo. Buscamos fuera lo que únicamente se encuentra dentro.

Soy yo la primera que reconozco que si hubiera infravalorado menos mi intuición, si le hubiera hecho mucho más caso, quizá ahora estaría unos pasos más allá.

Tenemos en nuestro poder un gran potencial, todavía no manchado con defectos de nuestro mundo. Es natural como un niño y nos preserva en un primer momento de aquello que podría ser nocivo para nuestra integridad.

Pero... ¿por qué no la atendemos?, ¿por qué no le prestamos atención?

Uno de los mecanismos para defender nuestro estimable Yo es la negación de una realidad. Si ese hecho llegara a nuestra conciencia tal y como ha sido presentido, probablemente nos llenaría de angustia o desasosiego. Y precisamente la justificación de la actuación de la negación es impedir que cualquier realidad sea mal vivida para el ser humano.

La gran virtud de la intuición es justamente que surge previa al proceso de enmascaramiento de la realidad. No se saca ningún provecho con ella a pesar del gran beneficio que podría reportarnos si nos acostumbráramos a percibir sus señales o indicaciones.

La intuición ayuda al ser humano a captar una situación, hecho o persona que podría ser perjudicial. A menudo el miedo a que nuestra intuición tenga una justificada realidad nos hace bloquearla, negarla obstaculizando su reflexión.

Como explica Eric Rolf en “La Medicina del Alma”, la intuición es un idioma a través del cual podemos establecer una comunicación activa con nuestra alma o con la vida:

“La vida nos habla a cada uno a través de un idioma único y personal. Se trata de un vocabulario que cada uno conoce muy bien, ya que se compone de sus propias experiencias y memorias vistas en forma metafórica: todas las vivencias, ideas y símbolos, todo lo que para uno tiene sentido, forma parte de su vocabulario. Cuando conectamos con nuestra intuición y recordamos algo, que puede ser una imagen, una sensación, un sonido…, no es simplemente un recuerdo o una alucinación, es información.”

El lenguaje de la intuición es toda la información que cada uno tenemos almacenada en nuestra neurología, de tal forma que cuando quieres saber algo y conectas con tu intuición, lo que aparece es tu memoria y, de forma simbólica a través de una metáfora, te enseñará lo que quieres saber.

Cuantas veces hemos rechazado nuestra primera impresión al conocer a alguien, por ejemplo. Con el paso del tiempo, nos damos cuenta que haber escuchado a nuestra intuición nos hubiera ahorrado numerosos disgustos.

Cuanto más utilizamos y practicamos nuestra intuición, mejor funciona. Personalmente creo que hablar con la vida es una de las experiencias más gratificantes y divertidas que existen, su idioma está lleno de sentido del humor.


Se me ocurre que nuestro concepto de suerte, “estar en el momento adecuado, en el lugar adecuado…” podría tener que ver con nuestra intuición… En todo caso la suerte es ajena a nuestro control, el desarrollo de la capacidad intuitiva depende de cada individuo.


El mundo es un vasto océano de energía en el que las cosas existen unas dentro de las otras, se comunican e influyen continuamente de manera instantánea a los niveles más sutiles, mediante una especie de resonancia sincronizada. Esta interconexión podría explicar el acceso intuitivo a ciertos datos, pero aún así dejaría sin aclarar cómo se produce el proceso.


domingo, 11 de octubre de 2009

Dilo con amor...

Este corto esta en el medio, es casi un aviso, visualmente impecable, trata de esos primeros momentos, los que recordamos.....

No pierdas el norte.....


Cuando perdemos el norte, el sentido de nuestra vida se nos escapa y no sabemos donde buscar.
No es que la vida no tenga sentido, es que a veces no sabemos como encontrarlo.

Una buena manera de hacerlo es trazar una especie de recorrido de lo que ha sido nuestra vida: decisiones importantes que hemos tomado o acontecimientos que dieron un giro a nuestra existencia. Observar lo que ocurrió, los valores y las creencias que dieron sentido a cada elección.Y, sobre todo, darnos cuenta de a dónde nos condujo cada cambio.


Cuando podemos observar el conjunto de nuestra trayectoria descubrimos puntos de coincidencia, creencias que se mantienen firmes y otras que desaparecen. Vemos lo que hemos apreciado y lo que hemos despreciado. Todo ello nos retrata. A partir de ese retrato podemos decidir cómo queremos vivir en adelante.


Es importante darnos cuenta de aquellos condicionantes que nos estan trabando para poder cambiarlo. Si no nos proponemos mantener una actitud de aprendizaje continuo, si no atendemos a lo que esta ocurriendo en nuestras narices, acabamos viviendo en pasado continuo.


Tenemos que dejar de controlar tanto, permitirnos fluir con la vida y aceptar que no siempre lo que deseamos es lo que necesitamos. De esta manera es cuando nos damos cuenta de que en todo hay algo que aprender y de qué disfrutar. Es importante encontrar un equilibrio entre lo que hacemos que ocurra y lo que dejamos que ocurra....


Todo en la vida es un proceso dinámico. La naturaleza funciona a través de ciclos, pero también a través de súbitas transformaciones de enorme trascendencia futura. ¿Vamos a ser menos nosotros? También el ser humano es dinámico, aunque perezoso para los cambios. Por eso debemos estar atentos a lo que ocurre y a lo que nos ocurre, ya que no somos siempre los mismos. Pero, además, no estamos solos. Nos relacionamos con otros seres y con un universo en el que todo está interrelacionado. Es necesario que entendamos nuestra función, el sentido que tiene pertenecer a este mundo.


Cuando todo va bien es muy dificil que nos planteemos grandes cuestiones metafisicas. Pero cuando a través de situaciones de sufrimiento creemos perder el sentido de la vida, entonces es cuando aparece la pregunta sobre el sentido de la vida. Y eso conlleva a menudo encontrar sentido a ese sufrimiento que nos atenaza. Es muy duro sufrir por sufrir, estar padeciendo para nada. En cambio, cuando podemos captar los mensajes o el sentido de ese sufrimiento al menos se soporta de otra manera.


Nos cuesta encontrar el sentido de la vida a veces porque no se nos ocurre conectar con las razones que nos hemos dado a nosotros para vivir. Se trata de relacionar lo vivido y encontrar los diferentes significados que ha tenido nuestra existencia. A veces, nos cuesta también porque tal vez no hemos encontrado aún aquello que nos dé plenitud, o lo buscamos en lugares y personas equivocadas.


Considero que lo primero que tenemos que hacer es ocuparnos de nosotros mismos en el sentido de conocernos. Solo desde un “yo integrado”, que reconoce sus limitaciones y sus potencialidades, se puede llegar a la plena aceptación de cada uno. Si todo el día me quejo de cómo soy o de cómo debería ser, entonces no existe aceptación. Todo cambia si me permito ser yo mismo desde la confianza, desde la actitud humilde de reconocer que, en cada momento, estoy donde debo estar y a la vez consigo mantener vivo el profundo anhelo de aprender y de crecer.



jueves, 8 de octubre de 2009

Coge aíre ....y nunca olvides de respirar....ni de soñar




La niña sonríe,
tiene el océano en sus manos
y al tocarlo salen notas
que pintan el día de música
La niña sonríe
Su risa contiene notas músicales .....








martes, 6 de octubre de 2009

Un poco de locura


Hay cosas que no se discuten. Para todo el mundo es mejor estar sano que estar enfermo y mejor ser listo que tonto; está claro. Sin embargo, hay ideas indiscutibles que quizás deberían ponerse en tela de juicio; por ejemplo, el control emocional. Qué interesante es ser una persona controlada, decimos, ; pero ¿qué es exactamente una persona controlada?. A lo mejor no es tan interesante.


De entrada, tras lo que parece control pueden esconderse otros rasgos, como frialdad, timidez extrema o anhedonia (incapacidad emocional).


El control es un buen disfraz; es el silencio, es la evitación....Pero el autentico control necesita el descontrol, de otro modo ¿qué se controla? Reconozco que suena enrevesado, pero un controlado interesa poco si no es a la vez audaz, valiente, apasionado, humano. El control por sí mismo no es nada...bueno, sí, es aburridísimo.


Sucede que las mujeres consideramos control a lo que a veces es solo mordaza. Está bien conocer las propias emociones, dominar las explosiones de ira, sujetar el miedo y todo eso, pero cuidado, que por nuestra especial idiosincrasia femenina a menudo llamamos control a lo que es abnegación o resignación, y eso no interesa. ¿Por qué no jugamos con el atrevimiento? Seamos un poco más valiente, adelante con nuestro Yo, sí, con el nuestro, no con el de los demás, descubramos lo que late en el fondo de nuestro corazón.


La falta de control no es necesariamente descontrol. Aflojar el nudo de la cuerda que nos ata la vida permite llegar un poco más lejos, explorar, saltarnos límites que nos imponemos nosotros mismos y nuestro esclavizante sentido común. No abogo porque seamos como Virginia Wolf o la madre Teresa, pero por favor, tampoco interesa que nuestro mayor motivo de orgullo provenga de ser una prudente y eficaz reina del orden vital. Las mujeres y los hombres deberíamos ser más atrevidos. El miedo a cometer errores es fatal; sin embargo, los errores han sido el germen de los grandes aciertos en la historia. En la vida nos arrepentimos menos de lo que hemos hecho que de lo que hemos dejado de hacer.


Vamos, hay que soltarse la melena, no interesa que nuestro epitafio diga "cumplió con su obligación". Demos paso a la aventura en el amor y en la vida.


Tengo la ligera sospecha que cuando hablamos de equilibrio, de puntos medios, apelamos a algo que en realidad no existe. Es una mera ilusión, una forma de usar el lenguaje para expresar nuestra intención de actuar moderadamente. ¿Existe un punto medio que sea óptimo para todos?, ¿ quién decide lo que está en equilibrio y lo que no? Creo haber aprendido de la vida que el verdadero equilibrio no consiste en un punto determinado ni en una postura como la que precisa el fonambulista. Me interesa mucho más los contrastes.


Cuando hablamos de soltar riendas, ¿Cuál es término justo?, ¿hasta dónde hay que soltar para poder decir que se actúa equilibradamente? Porque donde a uno le parece que ya ha soltado lo suficiente, a los demás les puede parecer que ni tan siquiera "nos hemos despeinados". Y es que uno no se suelta a sí mismo, sino que lo hace con y ante los que le rodean. Por eso cuenta tanto.


Es por ello que me gusta más hablar de contraste que de equilibrio, que siempre me suena a control. Hay que ser flexible para saber vivir con plenitud tanto cuando se precisa tanto cuando se precipitan unos momentos de locura. Cuando no somos capaces de hacerlo, cuando nos exigimos estar siempre controlando o siempre enloquecidos, entonces estamos hablando de rigidez. Y la rigidez es el primer síntoma de la contracción; del miedo, en definitiva.


Para evitar contracturas físicas y emocionales, para evitar rigidez de carácter, para ahorrarnos vivir pendientes de nuestros miedos, nada mejor que soltarse de vez en cuando. Reírnos de nuestras equivocaciones, aceptar nuestros desaguisados, dejar de ir todo el día con el personaje a cuestas. Del mismo modo que el ejercicio corporal expande nuestros músculos y articulaciones, el dejar de estar pendiente de uno mismo y entregarse a la espontaneidad proactiva y a la creatividad es expandir nuestra psique. Es como quitarle el polvo a esa mente que se ensucia continuamente de tanto pensar.


La vida es contraste. No vivimos a medias, ni morimos equilibradamente. Cuando llega la hora de soltarse, de romper con la cotidianidad, no hay nada mejor que olvidarse de uno mismo por un buen rato. Curiosamente suele suceder que, cuanto más nos descontrolamos, más nosotros mismos somos. Más auténticos. Entonces tal vez nos demos cuenta de que no tiene mucho sentido tomarse tan en serio, creernos tan importantes como para ser siempre de la misma manera. Tal vez descubramos que, en definitiva, ese que creemos ser es solo la máscara. Somos como somos cuando nos soltamos. Y eso solo ocurrirá cuando podamos contrastar nuestra vida con la idea que tenemos de ella.

sábado, 3 de octubre de 2009

jueves, 1 de octubre de 2009