domingo, 30 de agosto de 2009

Paréntesis (Nerea)

La vida es tan sutil, tiene tantos matices...algunos la llevan, otros se dejan llevar y a muchos les atropella. Nunca sabremos cuan cerca estuvimos todos...cuanta suerte tuvimos o dejamos de tener, a donde estaríamos o donde nos habríamos quedado...

miércoles, 19 de agosto de 2009

Después de mis vacaciones...

.....Tengo el corazón contento como dice esta antigua canciones de Marisol... Disfruten de esta canción tan bonita...

lunes, 17 de agosto de 2009

El tiempo y la forma en que lo vives


Decía Jorge Luís Borges que el tiempo es la materia de la que hemos sido creados. Dios sabe en que dimensiones existimos cuando habitamos en el paraíso, pero al materializarnos, al venir a este mundo, entramos forzosamente en dos dimensiones que no abandonaremos hasta nuestra finitud material: el tiempo y el espacio.

No todos los tiempos son iguales. Al menos existen tres grandes mitos. Como cuenta el filosofo Jesús de la Pienda existe el tiempo “lineal”, muy propio de nuestras latitudes occidentales, o sea, la idea de que todo empieza y todo acaba, es como una línea sin principio ni fin en la que se sitúan todas las cosas que tienen duración.

El segundo mito es el tiempo circular, muy propio de las culturas orientales. Se basa en la creencia de que el tiempo del universo entero, con todas sus criaturas gira en un circulo, en una rueda cósmica de creación y destrucción sin fin, volviendo una y otra vez a sus orígenes. El tiempo cíclico es el de las reencarnaciones propiamente dicha del alma humana, sometidas a la ley del Karma, o sea, el principio de causalidad universal o de las consecuencias de la conducta humana. Nada empieza ni acaba, sino que todo esta en movimiento continuo, en una danza inacabable donde lo que no se resuelve hoy, tal vez se aclare en otra vida.

El tercer mito es el del tiempo “simultaneo”. Es el que domina la mente de los pueblos negroafricanos de cultura bantú. El tiempo lo constituyen los acontecimientos. Sus calendarios son históricos-biográficos y se confeccionan según lo que ocurra a la tribu, al clan, o a la familia. El día no se divide en horas, sino en momentos marcados principalmente por el sol, la luna, y en función del cuidado del ganado. El reloj-maquina no existe, ni, por tanto el estrés.

La mayoría de nosotros llena su cotidianidad de los tres tiempos. Por un lado, tenemos una perspectiva de vida personal y laboral más o menos planificada. Nos sometemos a un presente continuo, pero con la mirada puesta casi siempre en el mañana, en el futuro próximo. Vivimos linealmente. Pero a su vez celebramos onomásticas, aniversarios, fiestas populares, celebraciones de todo tipo que se repiten año tras año. Son siempre lo mismo, son un eterno retorno. Y también nuestra existencia es simultánea cuando por ejemplo lo dejamos todo para gozar de un instante amoroso que quisiéramos infinito.

Los seres humanos somos muy dados a llenar el tiempo, a querer amortizarlo, a pretender manipularlo a nuestro favor, estirándolo para que encaje todo lo que queremos vivir. Entonces somos esclavos del tiempo, dependemos de su paso inexorable y de su cronometría perfecta.
¿Qué ocurriría si simplemente nos regaláramos el tiempo? Eso es, regalarse el no hacer nada. Es como darle tiempo al tiempo, como dejar que las cosas ocurran sin intervenir, sin voluntades, sin forzar nada, sin obligarse a nada, sin expectativas de nada. Dicho de otro modo: si aprovecháramos el tiempo para vaciar, en lugar de seguir llenando, ¿ no sería bueno sentirse que uno es tiempo y no correr tras él?.

No hacer nada no significa estar desactivado, sino todo lo contrario. Vivimos en el tiempo cuando estamos conectado con nosotros mismos sin actividades ni distracciones que nos descentren. Estoy conmigo y estoy con los demás, abiertamente, atentamente pero sin esfuerzo. Como diría un taotista: no hacer nada pero sin dejar nada por hacer.

Creo que no nos damos cuenta de que somos tiempo, de que no lo podemos separar de nosotros. Cada vez que decimos que no tenemos tiempo es tanto como decir que no existimos.

Tengo últimamente la sensación de que estructuramos demasiado la vida. En lugar de permitirnos abrazarla, parece que preferimos construir compartimentos estancos. Que nuestras vidas transitan entre marcos referenciales, llevando al extremo aquello de un tiempo para cada cosa y cada cosa a su tiempo. La vida en realidad si nos fijamos no funciona así, y por eso creo que andamos a contracorriente. La vida se expresa de forma discontinua; no atiende a horarios, no es homogénea ni equilibrada. La vida ni corre demasiado ni se entretiene. Simplemente, fluye.

sábado, 15 de agosto de 2009

Viaje a Sicilia




He vuelto de Sicilia hace tres días. Siempre se tiene la oportunidad en los viajes de aprender, ya sea sobre los demás o sobre nosotros mismos.
En mi caso particular puedo decir que ha sido algo muy diferente de lo que yo esperaba.
Pienso que una cosa es la idea con la que se plantea un viaje y otra muy distinta, lo que nos depara después en él. En este viaje es posible que me haya planteado algo de distancia y por otra parte he tenido un mayor acercamiento a mi misma.
Es una distancia que me ha servido para ver mi realidad desde otra perspectiva. De hecho, es muy posible que algunas de mis prioridades y sentimientos hayan cambiado.

Como en la vida misma, a veces lo más interesante de un viaje está a la vuelta de la esquina. Y lo más probable es que esté en las personas que tenemos delante. No hay que pensárselo dos veces: lo mejor del viaje serán las relaciones, las conversaciones, las vidas de las personas que se crucen en nuestro camino. Todas ellas te transmiten una información que sera muy útil para nuestras vidas.
He llegado a darme cuenta que la expectativa ante un viaje debería ser no tener expectativas y valorar cualquier resultado como bueno y positivo.
Guardo en mi mente todos los lugares que visite en esta bella isla de Sicilia. Sus catedrales, sus vestigios arqueológicos que me dejaron dislumbrar su grandeza y esplendor, sus maravillas naturales, Palermo, la puerta de entrada a Sicilia. Sus viejos barrios tienen la atmósfera de una ciudad mediterránea cargada de historia.
Después de abandonar Palermo nos dirigimos hacia el sur por un camino de paisajes interiores lleno de relieves. El Valle de los Templos en Agrigento me transportaron directamente al pasado, a la época helenística y romana. Uno tras otro se suceden templos, villas, monumentos rescatados de tiempos antiguos, para acercarnos a lo que fue una próspera ciudad con orígenes griegos y hoy un conjunto arqueológico excepcional.
Museos y una ciudad, la de Agrigento, con barrios antiguos plagados de interés, por los que dejarse llevar a través de intrincadas calles, completan el panorama de un día en esta ciudad.

También en Sicilia se han rodado algunas de las películas que más me han gustado y conmovido: Copola rodó en Savoca y Forza d’Agro, a las afueras de Taormina. Allí se encuentra el bar Vitelli y la iglesia donde se casó Michael Corleone. En las escalinatas del teatro Massimo de Palermo se rodaron las últimas escenas del Padrino III.En Lípari, la mayor de las islas eolias, se rodó parte de Caro Diario de Nanni Moreti. En la isla Salina, la película El cartero y Pablo Neruda. En Palazzo Adriano, la emotiva Cinema Paradiso…. Qué deciros.

Sin embargo, lo que más me seducía era andar por las calles, visitar los mercados, llenos de vida y color, comer bien por poco dinero, disfrutar con el ritmo caótico de sus ciudades, cenar al aire libre, dejarme deslumbrar con su luz y con esos azules intensos que tenía en el recuerdo.
Uno de los lugares que me dejaron deslumbrada fue taormina. Esta se encuentra situada a 200 metros, en lo alto del monte Tauros y es una terraza natural que ofrece unas vistas espectaculares de la costa jónica. Una carretera estrecha y con muchas curvas asciende por la ladera de la montaña hasta la estación de autobuses. Desde allí, caminando en pendiente durante 15 minutos, se llega a la Porta Messina, que marca la entrada a la calle principal, Corso Humberto I, llenas de tiendas de ropa de marca, de recuerdos, de joyerías elegantes, de antiguedades. Es “la calle “de Taormina, comercial, llana – la mayoría de las calles son empinadas- , peatonal, siempres atestada de turista y de gente “guapa”, rica y bronceada. Por el tipo de gente que frecuenta el lugar, me recuerda a Saint Tropez o Cannes. Nada que ver con el resto de Sicilia….afortunadamente.

Sin embargo, es agradable pasear por esta calle porque, junto a las innumerables tiendas, se pueden encontrar uno, a izquierda y derecha, hermosos palacios e iglesias que hablan del importante pasado de esta ciudad.Llama la atención la cantidad de casas engalanadas con bugambillas multicolores y jardines desde los cuales se divisa una espectacular vista de el cabo de Taormina y una pequeña ensenada en cuya mitad se encuentra la Isola Bella, una preciosa islita a la que se puede acceder andando cuando baja la marea.

Sin duda, la joya de Taormina es su Teatro Griego. Esta situado en un colina y desde sus gradas se disfruta de una vista incomparable de la bahía y del Etna. El enclave es asombroso. El teatro es bastante más pequeño que el de Siracusa, pero tienen un encanto singular. Todos los veranos se celebran repesentaciones y conciertos y , ciertamente, tiene que ser una experiencia memorable asistir en ese espacio a uno de ellos.
A media tarde, después de visitar Segesta, nos encaminamos a Erice, ciudad también habitada por los elimos. Está asentada sobre el monte Elyx ( 700 m.) lo que supone que en 12 kilómetros desde Trapani hay que superar un desnivel de 700 metros a través de una carretera zigzageante e interminable, pero que ofrece unas vistas espectaculares del mar. A medida que ascendíamos, una niebla densa se iba apoderando de la zona. Al llegar, el pueblo ofrecía una imagen sobrecogedora , envuelto en una tupida neblina y azotado por un viento otoñal. Nada que ver con el caluroso verano que habíamos dejado doce kilómetros más abajo. Imagino que el invierno, a pesar de su belleza, convertirá el lugar en un sitio inhóspito.

Lo que primero llama la atención en Erice son sus calles empedradas, las casas de piedra,las plazoletas y ensanches sobre los que asoman algunas iglesias interesantes . Merece la pena pasear tranquilamente por ellas y, sobre todo, alejarse un poco de las más frecuentadas por los turistas, llenas de tiendas con productos de reclamo, sobre todo los famosos dulces de almendra y mazapán que son típicos de Erice y que se pueden adquirir en la calle Vittorio Emanuele y en otras adyacentes.

Como viajera de lo transcendente, fui vivenciando los lugares y descubrí sus misterios.
Cada lugar tiene su propia energía y enseñanza. Los compañeros del viaje fueron justo los que tenían que estar en ese momento ya que cada uno con su presencia aportaron algo más a ese viaje.

Dejo alguna música de Italia a la que voy a volver muy pronto.