miércoles, 27 de mayo de 2009

El amor existe porque el tiempo se agota

¿Qué pasaría si te quedara sólo cinco minutos de vida? No, no estas enfermos, simplemente te vas a morir. Y lo sabes. ¿Qué harías si sólo hubiera una persona a tu lado?. Una persona a la que no conoces, que también va a morir, y también lo sabe. ¿Cómo puede ser de grande el vínculo que se cree entre estas dos personas en tan poco tiempo?. Esta es la situación que plantea Daniel Sánchez Arévalo en este corto.




lunes, 25 de mayo de 2009

Conecta con la música

Intercambio de emociones


Todos tenemos a nuestro alrededor personas que al poco de estar con ellas nos transmiten su energía y con quienes, sin saber por qué, nos sentimos bien. Pero también conocemos a otros que al relacionarnos con ellos, y muy a nuestro pesar, nos deprimen y nos consumen la energía que tenemos.


El contagio emocional es un hecho hoy día manifiestamente probado. Tampoco puede sorprendernos que debido al contagio emocional haya personas con las que tenemos una predisposición a relacionarnos porque nos cargan las pilas. Y en el otro extremo, personas que tendemos a evitar porque nos hacen sentir fatal y nos absorben la energía.


Estamos expuestos al contagio emocional de los demás, y ello incluye todo tipo de emociones positivas y negativas. Podemos tener la suerte de contagiarnos de optimismo y de afectividad, o ser víctimas inocentes (hoy día lo llamaríamos daños colaterales) de explosiones emocionales ajenas en forma de ira, enfado o rabia.


Como afirma el profesor Sebastiá Serrano, "la emociones saltan de unas mentes a otras como si nada, los sentimientos son contagiosos, mucho más que las ideas".


No todos somos igual de vulnerables o contagiables: las personas más sensibles se contagian con mayor facilidad, mientras que las menos sensibles pueden sobrevivir al más tóxicos de los encuentros sin sufrir grandes daños emocionales ni haber absorbido toda esta negatividad.


Si aceptamos la existencia del contagio emocional, no nos puede sorprender que muchas veces lleguemos al final del día inmersos en un determinado estado de ánimo al que a menudo no sabemos dar explicación: nos sentimos eufóricos sin motivos aparentes o tristes sin una causa objetiva que lo justifique. Algunas veces, simplemente no podemos acabar de identificar nuestro estado de ánimo porque no coincide con el que de forma natural deberíamos tener y ello nos desconcierta. Y es que, más allá de nuestro estado natural, son todas las emociones intercambiadas con los demás a lo largo del día las que determinan nuestro estado de ánimo.


Cabría entonces preguntarse: ¿contagiamos nosotros a los demás? Lógicamente la respuesta es que sí. El contagio emocional es un camino de dos direcciones. Los demás nos contagian y a su vez nosotros contagiamos a los demás.


Contagiamos mucho más de lo que creemos. Y quienes nos rodean se van forjando una idea de nosotros a través de los sucesivos contagios. La mayoría de las etiquetas que nos ponen son frutos de ellos. Y al final, la gente de nuestro alrededor acaba conociendo nuestras reacciones mejor que nosotros mismos.


El contagio emocional suele ser un proceso inconsciente, pero podemos convertirlo en un proceso consciente si reflexionamos sobre qué es lo que contagiamos y qué efecto tiene sobre la gente. Porque no es justo andar por ahí contagiando nuestras frustraciones, negatividad y mal humor a todo el que se cruza con nosotros.


Tomar conciencia del contagio emocional es algo que puede dar un giro a nuestras relaciones. Podremos hasta cierto punto protegernos de los contagios nocivos evitándolos o cerrándoles las puertas. Tendremos la oportunidad de dejar de transmitir accidentalmente emociones negativas y elegir de forma consciente lo que queremos enviar.


sábado, 23 de mayo de 2009

Terminal

Tenemos que aprender de nuestras contradicciones y no negarnos ni el amor ni nada que vida solamente hay una y hay que vivirla

miércoles, 20 de mayo de 2009

Dejate sentir....


Hay quien decide que es mejor evitar que conquistar. Tienen tanto miedo que solo viven para controlar. Prefieren lo menos malo a lo mejor. Vivir es para ellos un peligro incensante y, por eso, tienden a encerrarse en burbujas de seguridad y en rutinas compulsivas. Sus vidas no son sentidas sino evitadas.

También existen aquellas personas que se escudan en la mente. Pueden hablar de todo aunque experimentan poco. Se pierden en los porqués sin darse cuenta de lo que esta ocurriendo más allá de sus narices. Se centran en la razón y se bloquean ante la emoción. Analizan tanto que la verdad siempre los encuentras distraídos. No disponen de vidas sentidas sino pensadas.

Después están las personas que nunca disponen de tiempo porque tienen demasiado por hacer. Lo tienen todo bajo control excepto lo que realmente es importante. Les faltan horas porque temen el silencio de un minuto desocupado. Pierden el tiempo llenando el tiempo. De hecho, lo llenan porque siempre andan vacíos. No tienen vidas sentidas sino programadas.

Dice el escritor Armaud Desjardins: "no seas la víctima, sino el discípulo de las situaciones". Toda una invitación a no pasar por esta vida como meros espectadores o como sufridores de las circunstancias que nos rodea sino a comprometernos a fondo con la experiencia.

Esa es la vida sentida en la que damos valor a los acontecimientos y acometemos lo que nos ocurre con valor. La vida sentida es, así pues, el permiso que nos concedemos para entregarnos incondicionalmente a vivir.

Uno no vive separado de la vida, por mucho que la analice o la observe a distancia. El Brahmán indio Jiddu Krishnamurti solía decir que el observador es lo observado. Formamos parte de un todo y estamos interrelacionados, incluso con aquellos que aparentan no tener nada que ver con nosotros. Por ello, a menudo llegan a nuestra vida situaciones o personas que nos plantean elecciones. Y con cada elección nos expresamos.


Todo en esta vida es elección, lo que esconde pues un gran secreto: el poder que tenemos a menudo desaprovechado, para ser nosotros mismos y vivir como deseamos. Es una dura lección, porque nos hace dar cuenta de que hemos elegido la vida que estamos viviendo en ese mismo momento.
Asimismo permitirse sentir es tener conciencia del propio cuerpo, de los propios sentidos y de las emociones, las intuiciones, la voz interior...Muchas personas tienen dificultades para estar conectadas consigo mismas. Solo se dan permiso para vivir emociones intensas que las haga vibrar. En cambio se acorazan contra la pena, el dolor o cualquier tipo de sufrimiento. Temen tanto pasarlo mal que prefieren tapar sus duras realidades internas con tareas que le eviten el encuentro con ellas mismas. Por el contrario las personas vivimos cuando nos damos permisos a sentir lo que sentimos, para apadrinar nuestros sentimientos, para dejar que se expresen nuestro mundo interior.

Permitirse vivir es aceptar la forma en que la vida se expresa ante nosotros. Los estoicos tenían en este sentido una visión muy clara de la existencia: se entregaban incondicionalmente a lo inevitable. No se resistían a la realidad que se encontraban sino que la aceptaban plenamente.

La resistencia a aceptar las cosas tal y como vienen consigue el efecto contrario; es decir, la persistencia. Todo a lo que nos resistimos persiste; lo que aceptamos se transforma.

martes, 19 de mayo de 2009

18 segundos

Dos personas distintas hoy se van a encontrar...o no
Un corto crudo, majestuoso, magnifico...


lunes, 18 de mayo de 2009

Algo de que hablar


Aquello que decimos es mucho más que sonidos: es construcción de nuestro universo.

Las palabras son puente y camino para conocer y reconocer al ser próximo, son también el vehículo para llegar a nosotros mismos. Paradójicamente, también nos ayudan a tomar distancia, a ganar perspectiva, a comunicarnos. Nos permite acercarnos y alejarnos, gestionar distancia, entregarnos o partir.

La palabra es mitad de quién la pronuncia, mitad de quién la escucha, dejó escrito Michel de Montaigne. Nos pertenecen a ambas partes en diálogo cuando éste es sincero, cuando la escucha es atenta, cuando hay voluntad de encuentro.

En ella nos encontramos y por eso nos unen, nos llevan al intercambio, a la relación, al encuentro.

La llave del aprendizaje sobre la vida y la posibilidad de conocerse a si mismo pasa sin duda por la relación. La comunicación es el proceso que permite dicha relación.

La comunicación es un proceso. Es algo que se va creando. Al decir la palabra proceso quiero transmitir la idea de un continuo. La comunicación es algo que no esta hecho , es algo que se va haciendo.

Cada comunicación es diferente generando sus propias energías que a su vez genera sus propios significados.

Saber comunicar no presupone tener unas excelentes relaciones, aunque ayuda.

Comunicar bien es cuestión de habilidad y oficio. Saber relacionarse es una cuestión de ser uno mismo, y serlo con los demás. Sin duda este es uno de los equilibrios más difíciles de la vida. El aforismo de Hora es muy revelador en este sentido: Para conocerse a si mismo, es necesario ser conocido por otro. Y para ser conocido por otro, primero hay que conocerlo.

Nos jugamos mucho en las relaciones. A través de ellas nos definimos a nosotros mismos y a la vez participamos en la definición de los demás. El psiquiatra Harry Stack Sulivan ha propuesto la teoría de que todo crecimiento y maduración personal, pasa a través de nuestras relaciones. Junto a la experiencia de una relación profunda e íntima, caben otras que permiten explorar diferentes facetas de nuestra vida. Nos limitamos a nosotros mismos cuando limitamos nuestras relaciones.

No sé si como dice Jonn F. Demartini, las carencias crean valor, el caso es que he decidido poner manos a la obra y vivir más a fondo mis relaciones poniendo toda la conciencia y el sentimiento en ello. He aprendido que toda comunicación es una relación. Que toda relación es un proceso interactivo y constructivo tanto de la identidad como de lo que llamamos la realidad. Que esta construcción se lleva a cabo a través del lenguaje, influenciado, como nosotros, por el contexto, la sociedad y el momento histórico en el que vivimos. La comunicación es un proceso psicosocial que tiene la finalidad de unirnos, de trazar relaciones lo suficientemente estables y pautadas como para que podamos formar colectividades y desenvolvernos tanto en lo que es común denominador como en la diferencia.

Pero lo más importante que he aprendido es que las relaciones son experiencias emocionales, intuitivas, a veces inconscientes y por supuesto basadas en el amor. Por mucho que lo queramos razonar aquello que nos une o nos desune es un misterio a vivir.

Nos pasamos la vida relacionándonos. A no ser que vivamos alejadas del mundanal ruido, cada día vamos a protagonizar relaciones de todo tipo. Breves, largas, amistosas, interesadas, profundas o superficiales, las relaciones están ahí para aprender como somos.

La comunicación que establecemos en nuestras relaciones puede considerarse buena o mala.

Para mi no existe comunicación buena o mala, la mucha o la poca, la falta o el exceso de ella. Todo es comunicación. Actividad o inactividad, palabras o silencios, tienen siempre valor de mensaje, influyen sobre los demás, quienes a su vez no pueden dejar de responder a tales comunicaciones y por ende, también comunican. Pero además lo que entendemos por mala comunicación no deja de ser "información" sobre el proceso comunicativo, con lo cual, quitándole la connotación negativa, esa información es altamente útil tanto para corregir el proceso, como para aumentar la propia comunicación.

Creemos que lo normal es que todo el mundo nos entienda, cosa que implicaría que todo el mundo es igual. Al comprobar que esto no es así, tendemos a autoinculparnos, a creer que lo estamos haciendo mal. Para mi lo normal, de entrada, es que cada uno entienda lo que quiera entender. Cada persona tiene su mapa del mundo.

Dicen que hablando se entiende la gente. ¡Pues parece que no!. Si tenemos en cuenta que incluso el lenguaje se basa en la interpretación que hace cada uno de las palabras, no por mucho hablar nos entendemos mejor. A menudo las palabras son más un inconveniente que una forma eficaz de resolver la comunicación

Uno de los obstáculos de una buena comunicación es tal vez estar pendiente de uno mismo y no del otro. En lugar de estar tan pendiente de lo nuestro, bastaría con "darnos cuenta" de cómo reacciona la persona que tenemos delante, observar como responde a nuestra comunicación. "La vida es como un eco, si no te gusta lo que recibes, preocúpate de lo que emites". Por lo visto estamos tan preocupado por todo aquello que emitimos que no nos damos cuenta de lo que realmente estamos recibiendo








miércoles, 13 de mayo de 2009

Fuera rigidez



A veces nos tomamos demasiado en serio. En ese dejar atrás el niño o la niña que fuimos, abandonamos sin darnos cuenta materiales nobles para nuestra autoconstrucción. Es más a menudo arrastramos lo peor de nuestra infancia y, en cambio desechamos el campo de habilidad infinita sin darnos cuenta. Y es también así, sin demasiada conciencia de cómo lo hacemos, como nos volvemos rígidos, incapaces de asumir otro rol que aquel al que nos hemos acostumbrado tanto, que al final nos identificamos solo con él.

La rigidez nos constriñe hasta el punto de sentirnos aprisionados por la propia armadura que hemos construido para parapetarnos de los ataques del mundo exterior y, sobre todo, de los depredadores humanos que pueden dañarnos con una simple palabra. En el fondo seguimos siendo niños que han cambiado la sonrisa por la cara de perro o las rabietas por palabras y gestos perseverantes envenenados.
La madurez conlleva asumir los avatares de la existencia. Cuando eres joven, parece que todo tenga vuelta atrás, ya que suele haber siempre alguien encargado de aclarar nuestros entuertos, que nos disculpa, nos libera de la culpa y nos da otra oportunidad. Pero eso no ocurre de mayores. Cada decisión que tomamos, cada rol que asumimos, acarrea su responsabilidad, cada perdida es irreparable y nadie nos saca las castaña del fuego. Ése es el vértigo que produce la vida, y ante tal realidad, hay quien aprende a aceptar, hay quien se revela, hay quien se resigna y también hay quien no aguanta demasiado y prefiere hacer regresiones, o sea, se vuelve para atrás y se convierte en Peter Pan.

La vida es un autentico misterio. No hay engaño más clamoroso que creer que podemos tener la vida bajo control. Todo cambia si en lugar de controlar nos permitimos seguir siendo jugadores con una sola condición: aceptar que los dados los pueden tirar por nosotros. Eso se puede vivir como una desgracia o como una aventura. Como un sino, una tragedia, una rendición o una oportunidad.
Las personas excesivamente rígidas son también grandes controladoras, sobre todo emocionalmente. La represión es su fuerte; el sobreesfuerzo su constante, y el control su aliado.

No es necesario vivir así. No hace falta pasar por esta vida con cara de eterno descontento.

Entramos y salimos de nuestras identidades, excepto aquellas que han escogido un único camino, una sola manera de estar en el mundo, "rígida".

Cierto que acaban siendo genio y figura, pero a costa de vivir atrapada en sus personajes. ¿Cómo salir de ahí?. ¡Rompiéndolo! permitirse el error. Vale la pena de aligerarse de la pesada carga de hacerlo todo bien y de pasar por este mundo habiendo sido casi un santón.

Vale la pena reivindicar el valor del juego en nuestra vida, como bálsamo contra la rigidez, contra los automatismos y contra la idea de que nuestra personalidad es como la roca. ¿Cómo vamos a poder cambiar, a volvernos más flexibles y a utilizar nuestra creatividad , si no es jugando con nosotros mismos?.
El juego como actitud permite que nos reinventemos. Permite que nos riamos más a menudo.
Permite descubrir que la vida es ilimitada si sorteamos nuestras propias fronteras de miedo.

martes, 12 de mayo de 2009

Las búsquedas y los encuentros


...Buscar y encontrar tiene su lado mágico. El encuentro sin la búsqueda previa ofrece placer con gloria. Y la búsqueda por lo general proporciona, con su rara virtud felicidad indirecta: el acto de buscar lleva a un camino en el que se encuentra otra cosa, que tal vez conduzca hacia otra y otra más hasta llegar hacia algo nuevo, que no era lo esperado, pero que no hubiera llegado sin meterse uno en esa búsqueda inicial..........

Siempre me he pasado la vida buscando, hambrienta de hallar todo lo imaginado y deseado. Busqué incansablemente aún no sabiendo lo que buscaba porque por instinto me mandaba hacia delante sin tregua.

Un día me encontré con una frase genial de Pablo Picasso "yo no busco, encuentro". Y luego de salir de la parálisis que esas palabras me provocaron, mi actitud cambió. Comprendí que la vida había que vivirla sin buscar, que lo que fuera a llegar llegaría inevitablemente. Y acepte que la espera también era un complemento del encuentro.

Considero hoy que buscar y encontrar son lo mismo, caras de la misma moneda como se dice habitualmente. Esa palabra en común-esperar lo convierte en sinónimo- Todo lo que hagamos sera una búsqueda aún estando quietos; todo lo que encontremos será el resultado de un deseo... y al cabo una búsqueda

lunes, 11 de mayo de 2009

Hermosura de la dialectica....




....Estoy viva como fruta madura dueña ya de inviernos y veranos, abuela de los pájaros, del viento navegante.


No se ha educado aun mi corazón, y niña, tiemblo en los atardeceres, me deslumbra el verde, la marimbas y el ruido de la lluvia hermanándose con mi húmedo vientre cuando todo es más suave y luminoso.


Crezco y no aprendo a crecer, no me desilusiono, ni me vuelvo mujer envuelta en velos, descreída de todo, lamentando su suerte. No. Con cada día se me nace los ojos del asombro, de la tierra parida, el canto de los pueblos, los brazos del obrero construyendo, la mujer vendedora con su ramo de hijos, los chavales marchando alegres al colegio.


Si. Es verdad que a ratos estoy triste y salgo a los caminos, suelta con mi pelo, y lloro por las cosas más dulces y más tiernas y atesoro recuerdos brotando entre mis huesos y soy una infinita espiral que se retuerce entre lunas y soles, avanzando en los días, desenrollando el tiempo con miedo o desparpajo, desenvainando estrellas para subir más alto, más arriba, dándole caza al aire, gozándome en el ser que me sustenta, en la eterna marea de flujos y reflujos que mueve el universo y que impulsa los giros redondos de la tierra. Soy la mujer que piensa. Algún día mis ojos encenderán luciérnagas.


texto: Gioconda Belli





Nuestras contradicciones.....

Existen dos grandes poderes que caracterizan al ser humano. El primero es el poder de elegir. El otro, el poder de las creencias, la convicción íntima que inspira a su conducta. Pero esto, que en teoría es síntoma de una enorme fortaleza, puede convertirse en un santiamén en fuente de todo lo contrario.
El ser humano es el único que aún dando sentido a su vida acaba actuando desde el más absoluto sinsentido. Y es que también existe un tercer poder: el de equivocarse. E incluso un cuarto: el de hacer todo lo contrario de lo que se piensa.

El poder elegir es, sin duda, muy revelador. Bien mirado, en la vida todo es elección, y eso nos confiere un poder sin igual. No un poder sobre los demás, sino el poder ser nosotros mismos, algo que desaprovechamos demasiado a menudo. Nuestras elecciones nos retratan, hablan de nosotros, de nuestros valores, de nuestras creencias, del momento por el que pasamos por la vida. A través de nuestras elecciones damos sentido a quien somos.

Pero la experiencia nos demuestra algo curioso. A la hora de la verdad, el ser humano acaba escogiendo muchas veces lo contrario de lo que estaba pensando. Y para colmo, suele hacerlo en el último instante. ¡Cómo puede funcionar bien el mundo si, para empezar, no podemos confiar ni en nosotros mismos!.

Uno de los mayores conflictos de las personas es la dificultad de encontrar la armonía entre lo que piensan y lo que hacen. La contradicción y la incongruencia asoman a nuestras vidas a diario por mucho que nos prometamos ser serios y coherentes con nosotros mismos.

¿ Cuántas veces nos hemos prometidos hacer algo que acabamos por no hacer? ¿Cuántas veces hemos preparado un discurso o un diálogo imaginario en nuestra mente y luego no hemos dicho ni mu? ¿Cuántas veces estuvimos convencidos de algo que a la hora de la verdad fuimos incapaces de hacer o hicimos todo lo contrario?.

Nuestra mente nos permite anticipar el tiempo. Como todo sucede en la mente, todo está a buen recaudo, es decir dentro de nuestro propio control. Pero cuando actuamos, cuando pasamos por fin del orden mental a la experiencia, se desvelan nuestros límites, nuestra realidad sin trampas ni cartón. En la experiencia hay demasiados cabos sueltos. Y además nos podemos equivocar.
Descubrimos a veces cómo las creencias pueden ser erosionadas por la experiencia.
Así transcurre a menudo nuestras vidas, sosteniendo creencias de forma rígida sin haberlas experimentado lo suficiente y justificándonos pequeñas trampas que son asumidas como "excepciones a la regla". Ante ello me cabe dos reflexiones.

La primera se refiere a nuestro poder constructor. Creer es crear. Y eso hacemos continuamente con nuestras creencias. Unas nacen de las experiencias y otras son "adoctrinadas". Sean de una u otra manera, estas creencias van a orientar nuestra forma de comportarnos y crear nuestra experiencia. Si el resultado de esas experiencias es contrario a lo que pensamos, tal vez descubramos que nos sosteníamos en una falsa creencia.

La segunda reflexión que me puedo hacer se refiere a la capacidad que tenemos de afirmarnos a nosotros mismos, de poder decir lo que pensamos y sentimos. Se trata, en definitiva, de la capacidad de asumir nuestra propia responsabilidad. La mayorías de las incoherencias de nuestra vida tiene mucho que ver con la dificultad de expresar lo que somos, lo que queremos, lo que nos interesa. Vivimos demasiado pendiente de los demás, de lo que quieren ellos, de lo que esperan de nosotros. El miedo a equivocarnos, a quedar mal, a ser menospreciados, y sobre todo a ser rechazados conlleva estar cediendo terreno personal y acabar dependiendo de lo que digan los demás. El ajuste entre nuestras expectativas y la de los otros acarrea grietas en nuestras coherencia. Nos pasamos el día justificándonos.

Somos y seguiremos siendo un espíritu de contradicción porque nuestras vidas se sostienen sobre la base de una supuesta personalidad que tenemos, una especie de "ego sum", un soy así que pretendemos que sea de una sola pieza cuando no lo es. Cada día al levantarnos somos un mundo lleno de posibilidades que van reduciéndose a medida que recordamos quién fuimos ayer. Nuestra memoria es lo único que tenemos para sostener algún tipo de coherencia.
Nuestro inconsciente funciona como una maquina perfecta que cada día nos devuelve la carta de miedos y limites que tiene nuestra existencia. Aunque nuestra pertinencia cultural define algunas pautas, a la postre todo depende de una decisión. La que se produce ahora y aquí. La que nos indica cómo somos en realidad ahora y aquí. Mañana tal vez sea otra historia.



domingo, 10 de mayo de 2009

Puede ser......

Termina la tarde de este Domingo con un poco de aire del sur .....

viernes, 8 de mayo de 2009

Sueño de un hombre despierto

Dicen que Aristóteles afirmaba que la esperanza es el sueño de los hombres despiertos. La música nos mantiene despiertos, atentos a la realidad que nos rodea. Nos hace conocedores de unas pocas certezas: la de sabernos acompañados en nuestras búsquedas, preguntas, amores y desamores, la de saber posible ese mundo mejor que asoma tras la cancela que Cassandra vislumbra en sus sueños. Esta canción me enseño a tener fe en Cassandra, a entender que no esta perdido aquello que no fue, a buscar la esperanza...Supe que las aves siempre encuentran el camino de regreso, que la excusa más cobarde es culpar al destino, que el ruido se callará y te oiré hablar en los sueños, y que este pequeño milagro, estará a salvo porque alguna vez contastes conmigo


jueves, 7 de mayo de 2009

Poema de Gioconda Belli..

Hoy quisiera tus dedos escribiéndome historias en el pelo,
y quisiera besos en la espalda, acurrucos,
que me dijeran las más grandes verdades
o las más grandes mentiras
que me delinearas el rostro y me quedaras viendo a los ojos
como si tu vida entera dependiera de que los mios sonrieran
alborotando todas las gaviotas en la esquina
Cosas quiero como que me andes mi cuerpo
camino arbolado y aloroso,
que seas la primera lluvia de invierno
dejándote caer despacio y luego en aguacero
Cosas quiero , como una gran ola de ternura
deshaciéndose un ruido de caracol,
un cardumen de peces en la boca
algo de eso frágil y desnudo
como una flor a punto de entregarse
a la primera luz de la mañana
o simplemente una semilla, un árbol, un poco de hierba
-Gioconda Belli-


La ruta natural

Corto de Alex Pastor, magnético, creativo y magnifico...


miércoles, 6 de mayo de 2009

Los otros




Cada ser humano tiene un modo particular de relacionarse, un tipo de personas con las que sintonizan con mayor facilidad, así como otras que le generan inseguridad o rechazo. Profundizar en esta cuestión permite conocerse mejor y responder a la pregunta: ¿quién soy yo?.


Según Henry Markram, neurocientifico y director del Instituto de la Mente en Lausana, las personas se parecen a las neuronas: necesitan estar integradas en una red para ser eficaces. La familia, los amigos, las parejas, los compañeros de trabajo, incluso esas pequeñas triviales interacciones que entablamos cada día, conforman esa trama relacional de la que formamos parte, y en la que los intercambios y la información fluyen sin cesar.


Este espacio de interacción es ante todo un lugar de aprendizaje. A través de las relaciones asimilamos los múltiples aspectos que organizan la socialización. Pero no sólo eso. Las personas con quienes nos relacionamos pueden actuar como un espejo que refleja quienes somos. Primero porque con sus comentarios, críticas, elogios, etc, nos devuelven una imagen que no siempre es fácil de mirar. Segundo porque observando lo que nos despierta los demás es posible descubrirse a uno mismo.


Una tendencia común lleva a juzgar rápidamente a los demás. Se suele pensar: esta persona me gusta, me hace sentir bien, pero aquella me irrita y no me conviene. Es la postura más fácil. Mucho más difícil es preguntarse: ¿qué dice de mí esta relación?, ¿Por qué no logro entenderme con esta persona?, o ¿qué hace que me resulte tan fácil relacionarme en esta situación?.


Una relación siempre es cosa de dos, por eso, tanto si existe un conflicto como una buena conexión, algo está poniendo cada persona de su parte.


Tenemos, por tanto la capacidad de crear nuestras relaciones, pero al mismo tiempo las relaciones nos crean a nosotros.


La identidad personal va unida a red familiar, profesional y social a la que se pertenece y son las personas con las que nos relacionamos las que contribuyen a crear nuestra realidad.


En este momento en el que se ensalza al máximo al individuo y prevalecen valores como la originalidad, la libertad y la competencia, se suele perder de vista hasta que punto el entorno condiciona la personalidad. Sin embargo la imagen que una persona tiene de sí misma se forja con el reflejo que recibe de los demás.


El escritor Marx Frisch afirmaba: "En cierto grado somos lo que los demás perciben en nosotros. Tanto lo que ven nuestros amigos como lo que advierten nuestros enemigos". En general no resulta fácil escuchar críticas, pero lo que es más sorprendente es que muchas personas se sienten incómoda cuando reciben elogios, tanto del reflejo negativo como del positivo es posible extraer una información valiosa sobre uno mismo.


Qué la opiniones ajenas actúen como impulso o como freno depende del que emite el mensaje y el que lo recibe.


Una actitud defensiva hará rebotar inmediatamente esa imagen que se recibe de las personas del entorno y privará a su vez de la oportunidad de aprender de ellas.


Los demás pueden advertir cosas que para uno pasan inadvertidas. Compartir esa visión recíproca ayuda a ganar una perspectiva más amplia, dado que todas las personas tienen puntos ciegos. Cuando se utiliza estos intercambios de pareceres de manera natural es posible convertir la relación en un espacio que permite enriquecerse mutuamente.


Para el filosofo y poeta Ralp Waldo Emerson, "la opiniones que tienen las personas sobre el mundo son también una confesión de su carácter". Al construirnos una imagen y una opinión de los demás, a menudo se olvida de que los estamos observando a través de unas lentes bien particulares: las nuestras, que son diferentes a las de cualquier otro.


Se tiende a rechazar en otras personas aquello que no se quiere ver en uno mismo, mientras que se admira lo que apetecería poseer pero creemos no tener. Por eso resulta interesante observar a las personas que más nos irritan o cautivan y preguntarse si eso que parece tan detestable o tan fascinante hemos podido mostrarlo en cierta forma en alguna ocasión.


Alguien por ejemplo, puede descubrir que la pereza que tanto critica en los demás tiene que ver con su propia angustia a perder el tiempo. Otra puede observar que le atrae las personas seguras y comunicativas, precisamente por ser aptitudes que cree que le faltan. Pero si busca en su pasado, seguramente encontrará situaciones en las que se habrá mostrado también segura y expresiva. Los demás actúan también como un espejo donde se proyectan aspectos personales.


Observarlos fuera puede ser una oportunidad para reconocerlos e integrarlos en nuestra persona.


Al final esta exploración por el mundo de las relaciones es posible descubrir que en la práctica no existe una división rígida entre uno mismo y los demás. En nuestro interior coexisten los contrarios, dado que somos tanto valientes como cobardes, a veces amables y otras huraños, y eso nos da una visión más flexible del ser humano.


Nos relacionamos con los demás tal y como se relaciona consigo misma. En el mundo interno y externo se producen de hecho las mismas pautas de interacción. Fuera somos individuos en relación con otros individuos. Dentro, en nuestro interior, existen diferentes partes de nuestra persona en continua relación que puede entrar en conflicto o llegar a acuerdo.


Así aquellos que son muy severos e inflexibles consigo mismo, también suelen relacionarse de manera exigente con las otras personas. Del mismo modo cuando alguien llega a conocerse mejor y tratarse con mayor respeto y amabilidad, traslada esa comprensión hacia los demás.


"El reflejo de uno mismo es la escuela de la sabiduría. Aprender a reconocerse en el espejo que nos ofrecen los demás permite utilizar el espacio de interacción para crecer y mejorar como persona".

martes, 5 de mayo de 2009

El reflejo de uno mismo...

Quizás soy un reflejo sin rostro, un silencio vacio que se escucha cuando todo oscurece en tu espacio...
Podría pasar desapercibida ante tus ojos sin siquiera atrapar tu mirada.
Pero ....si cierras los ojos y te dejas caer en las profundidades del silencio en donde solo mis palabras te dedicaran un murmullo suave, lento, cautivando tus sentidos en medio de la nada, un susurro delicado, acariciado, dulce... quien sabe.
Tal vez solo conoces mis letras que se vuelven todo y nada ante tu mirada, palabras unidas que van formando prosas envueltas de sueños....

domingo, 3 de mayo de 2009

Y todo va bien

Un cortometraje de Guillermo Zapata " Y todo va bien", una comedia sobre la mentira y la verdad, sobre la felicidad y la soledad, sobre vivir la vida que uno quiere o dejarse llevar y sobre la negación del dolor

sábado, 2 de mayo de 2009

La cabina

Una genialidad de Javier Fesser. Una idea bien explotada a través de la intriga que hace gala de su tradicional humor negro y absurdo.

Russian Red

Lourdes Hernández, cantante de Russian Red. Encantadora y con una voz espectacular.


viernes, 1 de mayo de 2009

Descontrólate........


Cuenta que un discípulo le pregunto a su maestro: "Maestro, ¿Cual es el secreto de tu serenidad?". Y el maestro respondió: "Entregarme incondicionalmente a lo inevitable".

Aunque nos empeñemos, no podemos tenerlo todo bajo control. Disfrutar de la vida requiere aprender fluir con las situaciones.

La vida requiere tanto tener cierto control sobre uno mismo como soltarse expresando y actuando con lo que realmente se siente.

Cuando se depende excesivamente del control y la razón suelen estar mermadas la capacidad de entrega y la confianza.

El afán de controlar se expresa de diferentes maneras. Exteriormente como un intento de tener el mando en las situaciones o sobre otras personas, y a nivel interno conteniendo las emociones y necesidades propias. Hay una incapacidad para dejarse ir o de abandonarse al vaivén de los acontecimientos.Todo tiene que estar en orden y, a poder ser, sin dejar lugar a lo imprevisible. Sin embargo, cuanto más se quiere controlar más se muestra el aspecto desafiante e incontrolable de la existencia.

El control nos vuelve rígidos. Es una forma que tenemos de resistirnos y cerrarnos a lo que pueda devenir, aferrándonos a lo que creemos poseer.
La capacidad para rendirse al sueño, para experimentar plenamente un orgasmo o estados de éxtasis o, incluso, para encarar la muerte como el gran abandono de uno mismo, depende en muchos casos de cómo se acepta el soltar las riendas del control.
Soltar el control significa contactar con el miedo. Normalmente huimos o luchamos contra nuestros temores, pero la verdadera solución reside en familiarizarse con ellos. El miedo nos tensa y contrae, mientras que la confianza nos relaja y expansiona.

La vida nos muestra que no es posible controlarlo todo, precisamente porque todo se encuentra en continuo cambio y movimiento. Justamente cuando sentimos y aceptamos que la inestabilidad y el riesgo son inherentes a la vida es cuando nos podemos abrir más a las experiencias. Al tener presente la muerte y la finitud de todo lo que nos envuelve nuestra forma de vivir adquiere un mayor esplendor, pues nos enfrentamos a la realidad que más nos atemoriza.

En lo que nos acontece, tanto si es bueno como si es malo, podemos ver que todo es impermanente, que nada perdura a lo largo del tiempo. El goce del enamoramiento, el dolor de una pérdida o la felicidad de un nacimiento son experiencias que llegan y acaban pasando.
Al conseguir soltarnos podemos empezar a apreciar una nueva forma de funcionar. Las relaciones pueden alcanzar una profundidad mucho mayor cuando las personas se expresan tal como son. La intimidad y la aceptación que sentimos al contactar con otra persona, al poder hablar con ella desde lo que sentimos, por ejemplo al enamorarnos, nos hace sentir renovados. A veces puede costarnos dar el paso de decir lo que pasa por nuestro interior, pero la mejor recompensa es que nos sentimos liberados y coherentes con nosotros mismos.

Soltar el control significa ser capaces de relajarse en el caos, ante la inseguridad o cada vez que las cosas no funcionan como esperábamos. La desorganización interna que nos produce la confusión, cuando se desbaratan todas nuestras creencias y esquemas, puede dejar un campo arado para una nueva cosecha. A menudo, pasar por el desconcierto y el desorden, aunque no guste, es necesario para que se produzca una transformación o un nuevo orden en nuestra forma de vivir.
Igual que hay un momento para agarrar las riendas e impulsarnos con nuestra voluntad, también hay un tiempo para rendirse y aceptar lo que nos viene dado. Para entregarse a la vida es necesario tener confianza en ella. En todos los procesos donde reina la incertidumbre el camino pasa por hacer todo cuanto se halle en nuestras manos, pero también por confiar en que el proceso y el espacio desconocido que estamos atravesando conduce a alguna parte.