viernes, 27 de febrero de 2009

Lo que escondemos.......


......Eso que una esconde.

Como eso que escondimos y olvidamos, y una tarde, de repente, repasando papeles y fotos viejas volvimos a descubrir en un instante, pura magia, se unieron el pasado y el presente dando forma a un tiempo extraño, ya sin tiempo.

Lo que escondimos de todos, y guardamos, y olvidamos, y esta tarde de Febrero viene de golpe, como de ninguna parte.
Lo que una sabe de sí misma y no ha contado nunca; un sentimiento, una sensación, puede que un secreto que escondimos para que no se supiera, y a fuerza de tiempo y de lugares ya no es nuestro.
Me pregunto si uno mismo no será lo que esconde, lo que no ha pronunciado, lo que nunca ha contado a nadie.
Como un magma ardiente que no se ve, como el silencio entre dos notas, como lo que queda entre los renglones, entre las líneas de los espacios que nunca volverá a ser nuestro.
Pienso en todo lo que hemos escondido.......
Pienso en el que encontraremos, alguna tarde de frió o quizás la próxima primavera, al compás de un violín tan dulce como un sorbo de miel.

Y pienso, sobre todo, en lo que guardamos y nunca volveremos a encontrar.




Wonderland

He puesto este pequeño fragmento de Wonderland, de Michael Winterbottom, una de las películas que se consideran de las más emocionantes de todos los tiempo. A la partitura, uno de esos autores que ha terminado siendo imprescindible: Michael Nyman.
Juntos nos entregan este regalo para los sentidos, este milagro. La vi ayer y animo al que no la haya visto a verla, no se arrepentirá.

You can makeit last, forever you

jueves, 26 de febrero de 2009

Una historia verdadera

A veces, la magia es una mezcla de imágenes (David Lynch), música (Angelo Badalamenti) y la mirada de alguien ( Richard Farnsworth). Todo es posible desde el corazón.








miércoles, 25 de febrero de 2009

Suelta...........



Decir adiós a los vínculos, personas y lugares que nos han enriquecido en el pasado no siempre es fácil. Pero, para avanzar en el camino de la vida, debemos dejar de aferrarnos a aquellas relaciones, cosas, situaciones que ya no nos nutren.


Muchos de nuestros momentos de sufrimiento en la vida se relacionan con la imposibilidad del soltar. Tememos dejar de ser quienes somos si nos alejamos de una persona o si ella se aparta de nosotros, aun cuando el vinculo que nos une haya cumplido su función, haya completado su ciclo.

Llegamos a convencernos de que somos lo que hacemos y de que, si dejamos de hacerlo, dejaremos de ser. Así, nuestras intenciones amorosas o vocacionales, los vínculos que nos han enriquecido, los lugares en los que fuimos felices, las personas con quienes crecimos o a quienes ayudamos a crecer se convierten en poderosas cadenas que atrapan nuestros tobillos y nos impiden avanzar en nuestro camino hacia la madurez, libertad y desarrollo emocional.

Saber soltar es una de las claves de una vida con sentido.

Las personas que pueden despedirse con un buen adiós son más capaces de comprometerse totalmente con los demás de una forma realista, fresca y significativa.
Un buen adiós es aquel que nos permite quedar de frente a la vida, y no de espaldas, como ocurre cuando permanecemos aferrados al pasado.

El buen adiós nos ayuda a reconocer que aquello que dejamos atrás ha contribuido a ser quienes somos. Un buen adiós es aquel en el cual, incluso en medio de la tristeza de la despedida, podemos reconocer lo que nos nutrió y nos permite sentirnos íntegros después de soltar, porque en cada situación o en cada relación hay algo que se ha incorporado a nosotros y que, aunque aún no lo reconozcamos, nos ha hecho crecer.

Cuando percibimos que, en una determinada situación o vínculo, nos estamos estancando y que, aunque intentemos algo diferente, el estancamiento perdura, es momento de soltar.

El apego es una prueba de no aceptación, de no admitir que las cosas son como son. La aceptación es una capacidad de quienes sienten que, no siendo completas ni perfectas, están en condiciones de valerse por sí misma. Estas personas han aprendido a soltar a partir de circunstancias diferentes, ya que han aprendido nuevos y valiosos recursos existenciales de las despedidas, incluso de las que son dolorosas

martes, 24 de febrero de 2009

the Ronette: be my baby

El otro día murió Estelle Bennet, una de las cantantes de Ronette, y claro también una de las interpretes de lo que para muchos es la mejor canción de todos los tiempos "be my baby" de 1963.
La canción remite a otro tiempo; da igual que una la oiga ahora, dentro de veinte años. Siempre nos llevara a un tiempo de oro, donde fuimos mejores, ´más felices o, al menos, es el sucio borrón que sucia estela del tiempo nos deja la memoria.
Sí, la canción nos habla desde más allá y nos dice que hubo un tiempo en que fuimos inmortales. A pesar de que eso sea mentira.


lunes, 23 de febrero de 2009

Y que contar sobre los sueños.......


La atracción, el enigma y, a veces el miedo hacia el mundo de los sueños son tan antiguos como el ser humano mismo. No es que los animales no sueñen, como dice Aristóteles, pues ellos también tienen sueños, sino que los animales jamás harán es preguntarse por su significado. En cambio, si algo caracteriza a las personas es el hecho de cuestionarse todo aquello que forma parte de su existencia, tanto del mundo externo como del interno. Las respuestas que se han ido dando al qué o por qué soñamos han estado muy vinculadas a las diferentes formas de entender el motor y la finalidad de nuestras vidas.


Así, si todo lo que sucedía en el universo estaba gestado por un Dios, o dioses, los sueños no eran más que un vehículo a través del cual los dioses comunicaban algún mensaje. Por el contrario, si, como en la época de Platón, se pensaba que existía el reino de las ideas perfectas, los sueños en la medida en que son un lenguaje distorsionado, eran la señal inequívoca de que la persona estaba enferma.


Estas dos posiciones extremas las encontramos a lo largo de la historia.


En la persona del neurólogo Sigmud Freud confluyen, aunque modificadas, estas dos formas de considerar el mundo onírico. Para Freud, nuestros sueños encierran un mensaje, pero, desde luego, no son los dioses quienes nos lo envían sino una parte de nosotros mismos a la que durante el día, no le prestamos atención. Nuestra mente viene a ser como una banda registradora que no solo va codificando gran cantidad de detalles de lo que nos sucede sino, que, además, también registra su "precio": cuánto nos duele, alegra o cuánto dejamos pendiente de una situación. Al llegar la noche, intentamos saldar cuentas realizando los asuntos y deseos no satisfechos.


La noche no solo es el momento del descanso, también es el escenario propicio para representar nuestras obras más personales: los sueños. Sin censura, ellos nos hablan de nuestros miedos, ilusiones y proyectos más íntimos. Aprender a descifrarlos nos ayudará a conocernos mejor.


Los sueños cumplen la función de informarnos acerca de actitudes y comportamientos importantes en nuestra vida de los que no somos suficientemente consciente. Los sueños son mensajes existenciales que nos ofrecemos a nosotros mismos, lecciones magistrales de vida que nuestro sabio interior nos brinda.


Los sueños nos ofrece una experiencia de entendimiento personal, pues trata de ofrecernos ayuda en la tarea de vivir. Y es que una actividad que ocupa nada menos que cinco años enteros de nuestra vida-dormimos unas ocho horas diarias durante veinticinco años, y soñamos más de una hora y media por día-bien merece la pena ser considerada como una realidad digna de estudio e interés.


A través de nuestros sueños logramos incrementar nuestra conciencia acerca de algún aspecto importante de nuestra realidad personal a la que debemos prestar atención. Llegados a este punto, podemos estar de acuerdo en que los sueños son producto de nuestro soñador interno y pueden aportarnos entendimiento y ayuda para nuestra vida cotidiana.


Para llegar a un nivel de comprensión importante de nuestros sueños, debemos introducir cambios en nuestra actitud: dejar de considerar los sueños como algo que recibimos y empezar a vivirlos como algo que creamos nosotros mismos; es decir mentalizarnos de que somos productores de nuestros sueños, que somos nosotros quienes escogemos el guión, los personajes, el escenario, los decorados...... y que dirigimos la totalidad del espectáculo. Tenemos un Almodóvar en nuestro interior, y es fundamental que asumamos la autoría de su obra. Esto nos ayudará a reconciliarnos con nuestros sueños y a dejar de verlos como algo misterioso y sin relación alguna con nuestra vida.


En segundo lugar, es importante entender que nosotros somos la estrella de nuestra producción nocturna: somos todos y cada uno de los personajes y elementos del escenario onírico, los cuales representan determinados aspectos de nuestro yo. La proyección es el mecanismo que subyace en este proceso. Proyectar significa lanzar algo hacia fuera. Así, todos y cada uno de los elementos del sueño son fragmentos de nuestro ser que se representan mediante esas imágenes simbólica.


Los sueños pueden tener múltiples significados. Para comprender mejor lo que quiero decir, resulta muy ilustrativo un pensamiento recogido en el Talmud: "Había veinticuatro intérpretes de sueños en Jerusalén. Una vez tuve un sueño y fui a verlos a todos, y todos me dieron interpretaciones diferentes, y todas se cumplieron, confirmando así lo que se dice: todos los sueños siguen a la boca", pues lo cierto es que todas ellas pueden ser igual de válidas. Esto se debe a la gran plasticidad de las imágenes oníricas; es decir, los sueños son polivalentes y, en consecuencia, atesoran múltiples significados en su interior.


El hecho de soñar no es enfermizo, al contrario. Soñar es una forma de encontrar respuestas, como cuando no logramos resolver algo y, por la mañana los vemos todo clarísimo. Es en momentos difíciles, conflictivos o angustiantes cuando los sueños se revisten de imágenes desagradables que, si bien en otro momento no nos despertarían, pueden convertirse entonces en pesadillas.


En cualquier caso, el sueño no es más que un aviso de que necesitamos elaborar una respuesta nueva para el momento en el que vivimos. Y es que, si nos quitan los sueños, nos quitan creatividad y deseo.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Cuando aparecen los conflictos


Los conflictos son inherente a la vida, forman parte de ella. La palabra conflicto procede de la latina confligere, que significa chocar. Conflicto es choque, lucha, combate; también llamamos conflictiva a una situación confusa, de difícil salida; y también denominado conflicto a un problema, a una discusión. Hay conflictos intrapsíquicos, interpersonales y sociales, de todo tipo y condición. Pero hay personas que no lo ven, que no quieren verlos, que viven como si no existieran. Son los "avetruzman" o las "avetruzwoman", individuos para las que nunca pasa nada, aunque se esté produciendo un terremoto de nueve grados en la escala Richter


Allí donde haya una frontera, un límite, una linea divisoria habrá siempre la posibilidad de un conflicto. Establecemos fronteras entre países, entre culturas, entre instituciones; y dentro de nosotros mismos distinguimos entre cuerpo y alma, entre psíquico y somático, y con cada distinción marcamos una linea y en cada línea la posibilidad de un conflicto.


Algunas fronteras las consideramos artificiales, convencionales; mientras que otras las creemos naturales e inevitables. No entraremos en profundidad en este tema apasionante que desarrolla magistralmente Ken Wilber en su libro "Sin fronteras", baste decir que, inevitables o no, estamos rodeados de fronteras, de límites y por lo tanto de conflictos reales.


Los conflictos intrapsiquicos son conflictos internos, establecidos entre instancias de nuestra propia personalidad, en las mismas entrañas del yo, cuando la razón dice una cosa y el corazón dicta la contraria. El problema es a veces mayor porque con la cabeza queremos una cosa, con el corazón otra y con las tripas, con el hará, visceralmente, otra distinta. Y si dentro de nosotros mismos donde las fronteras no son muy marcadas, hay conflictos, cómo no los habrá entre personas, entre instituciones y entre civilizaciones.

Creo que la diferencia esencial entre las personas satisfechas y las que no lo están, no estriba tanto en el número y seriedad de los conflictos que tengan, sino en la forma de afrontarlos y resolverlos.

Todo conflicto, toda crisis, es una oportunidad para crecer. No existe crecimiento personal ni progreso social sin crisis y sin el desarrollo de la capacidad para abordar los conflictos que ineludiblemente nos traerá la vida. Superar el conflicto no es volver a la situación anterior, eso se parece a una simple contención, la superación verdadera supone siempre un nuevo nivel, un quantum de crecimiento. Pero en todo conflicto hay que aceptar también cierto dolor, cierta frustración, incluso si el conflicto es de elección entre dos opciones positivas y ambas deseables, la frustración se llamará entonces renuncia.

Creo que no conviene ni negar los conflictos, viviendo como si no existieran, ni azularlos y vivir instalados en ellos. Los conflictos hay que reconocerlos, abordarlos y resolverlos, si es que tienen solución, o asumirlos si no tienen solución, que también es una forma de superarlos. Hay mil formas y maneras de enfrentarse a los conflictos, dependiendo del tipo y la gravedad de los mismos. Pero básicamente hay dos posturas, las que propugnan soluciones drásticas, radicales y los que no. Los hay que prefieren la revolución, el hay que cambiarlo todo, y otros que preferimos la evolución, el crecimiento sin rupturas. Entre la tesis y antítesis me quedo con la síntesis.

domingo, 15 de febrero de 2009

El lenguaje de la música

Hoy prefiero expresarme a través de la la música.
Leonard cohen es uno de mis cantantes favorito. Su voz ronca que te hace vibrar.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Una de amor, pasión y otras emociones.......


Desmayarse, atreverse, estar furioso
Áspero, tierno, esquivo,
Alentado, mortal, difunto, vivo,
Leal, traidor, cobarde y animoso
No hallar fuera del bien centro y reposo,
Mostrarse alegre, triste, humilde, altivo.

Creer que el cielo en un infierno cabe;
Dar la vida y el alma a un desengaño;
¡Esto es amor! Quien lo probó lo sabe.

"Lope de Vega”


El enamoramiento es un proceso difícil de entender, es más fácil sentirlo. Es considerado como un estado de alteración de conciencia, es decir que la conciencia, las actitudes y emociones quedan fuera de control, es una magia que lleva a la persona enamorada a tener una percepción de las cosas en forma importante.
Se puede caracterizar el enamoramiento como una locura transitoria que no tiene edad y que repercute en la vida cotidiana del afectado. Es normalmente, una emoción que irrumpe sin avisar, intensa y bruscamente y que normalmente se atenuara con el paso del tiempo.
Durante el enamoramiento se produce unos cambios a nivel cerebral que hacen que la persona cambie tanto. El cerebro produce una cantidad de endorfinas y encefalinas que son sustancias producidas por unas neuronas especializadas que se encuentran en la parte central del cerebro llamado hipotálamo donde se lleva a cabo muchas conexiones de neuronas encargadas de las emociones, aprendizaje, memoria, sueño, vigilia, hambre entre otras cosas. Las endorfinas semejan en su composición química a drogas como el opio y morfina, por lo que también reciben el nombre de opiáceos endógenos, otra sustancia que se secreta por el cerebro es la feniletilamina, que se parece a las anfetaminas (otra droga estimulante).
Entonces cuando aumentan en el cerebro dichas endorfinas, encefalinas y feniletilamina, durante el enamoramiento la persona se siente sin hambre, ve todo de “color de rosa”, está alegre, se siente en las nubes, con mucha vitalidad y muchas emociones positivas.

Cuando encontramos a la persona deseada se dispara la señal de alarma, nuestro organismo entonces entra en ebullición. La liberación en el cerebro de las encefalinas y endorfinas producen un bienestar psíquico, anímico y orgánico. La segregación de feniletilamina eleva el nivel de energía física y la lucidez.
Pero de todas las hormonas la que más actúa en el proceso de atracción es la ferormona. Se produce en un individuo y ejerce atracción en el otro. El órgano receptor de esa hormona se encuentra a ambos lados del tabique nasal.

No hay dudas: el amor es una enfermedad. Tiene su propio rosario de pensamientos obsesivos y su propio ámbito de acción. Si en la cirrosis es el hígado, los padecimientos y goces del amor se esconden , irónicamente, en esta ingente telaraña de nudos y filamentos que llamamos sistema nervioso autónomo. En este sistema todo es impulso y oleaje químico. Aquí se asienta el miedo, el orgullo, los celos, el ardor y por supuesto, el enamoramiento. A través de nervios microscópicos, los impulsos se transmiten a todos los capilares, folículos pilosos y glándulas sudoríparas del cuerpo. El suave músculo intestinal, las glándulas lacrimales, la vejiga y los genitales, el organismo entero está sometido al bombardeo que parte de este arco vibrante de nudos y cuerdas. Las órdenes se suceden a velocidades de vértigo: ¡constricción!, ¡dilatación!, ¡secreción!, ¡erección! Todo es urgente, efervescente, impelente…Aquí no manda el intelecto ni la fuerza de voluntad. Es el reino del siento-luego-existo, de la carne, las atracciones y repulsiones primarias…, el territorio donde la razón es una intrusa.

Bueno estos son los cambios físicos debido a las sustancias que se elevan a nivel cerebral como consecuencia del enamoramiento pero, ¿ por que nos enamoramos de unas personas y no de otras? ¿ que tiene esa persona especial por la que nuestro cerebro comienza a secretar esas sustancias?. Para eso existen infinidad de teorías, algunas son que en nuestro inconsciente tenemos la imagen de nuestros progenitores y buscamos en algunos rasgos inconsciente al que más se parezca a nuestro progenitor del sexo opuesto porque ese es el ideal de hombre o mujer con el que crecimos.
Otra teoría es la de la correspondencia en donde buscamos a personas para relacionarnos íntimamente que tengan historias similares a las nuestras. “Dios los hace y ellos se juntan”, además que tengan un nivel cultural, social, intelectual parecido al nuestro.
Una teoría más dice que nos enamoramos de lo que anhelamos ser o bien de lo que tiene el otro y en nosotros mismos no lo reconocemos aunque lo tengamos como por ejemplo alguien emprendedor y nosotros lo somos pero no nos lo reconocemos y si lo vemos en la otra persona y nos sirve entonces como “espejo” y por eso nos enamoramos.

En fin sea cual sea, la teoría que más nos agrade o coincida con nosotros, el enamoramiento es un estado alterado de conciencia, que no es permanente, las sustancias cerebrales mencionadas bajan con el paso del tiempo, también el cerebro como pasa con muchas drogas tiene un nivel de tolerancia y ya no surge el mismo efecto que en un inicio, esto es una ventaja, puesto que si nos mantuviéramos mucho tiempo en ese estado nos sería difícil trabajar, ser productivo, vivir la realidad; lo que sucede después de un tiempo es que la persona pasa del enamoramiento al amor en el cual hay unos sentimientos más reales, en donde la persona es valorada tal cual es.

El enamoramiento es como los fuegos artificiales, explosivos, espectaculares, estruendosos y brillantes. El amor es, sin embargo como una noche estrellada: silenciosa y serena.

Hay personas que se enamoran fácilmente, pero nunca llegan a amar. Como el enamoramiento es transitorio, van pasando de una relación a otra, van de enamoramiento en enamoramiento. Como en aquella sevillana, cuyo estribillo decía: " Si me enamoro algún día, me desenamoraré para tener la alegría de enamorarme otra vez". Quien así habla esta fascinado por los fuegos artificiales, que sin duda son maravillosos, pero no ha sido capaz aún de descubrir la belleza de una noche estrellada de luna nueva.

El enamoramiento dura un periodo más o menos largo, alrededor de 18 meses, tras el cual pueden suceder dos cosas: o concluye o se transforma. Se va pasando a un mayor contacto con la realidad, empezamos a ver a nuestro amor también en aquellos aspectos que no nos gusta.
Puede suceder:
a) el enamoramiento se concluye y con el la relación.
Cuando desidealizamos a la persona amada, observamos que dista mucho de lo que era en nuestras fantasías, de nuestras expectativas de relación. Nos damos cuenta entonces de que tenemos valores y formas de ver la vida muy diferentes. Desaparece la magia, la vibración de los cuerpos. Deja de seducirnos. Nos desenamoramos.
Esto es lo más frecuente tras la mayoría de los enamoramientos. Son vividos como una experiencia hermosa, intensa pero fugaz. Muchos enamoramientos surgen para concluir, formando parte del aprendizaje de la vida.
b) Cuando el enamoramiento se transforma en una relación consolidada.
Desaparece la idealización, pero la persona que descubrimos nos llena, nos gusta y decidimos compartir nuestra vida. Desaparece mucha de las reacciones físicas típicas del enamoramiento, dando lugar a un amor profundo y comprometido, en el que los dos miembros de la pareja se preocupan el uno por el otro y se cuidan mutuamente.

Para amar hay que salir de uno mismo, conocer y querer a un otro real, cargado de virtudes y defectos. Para estar enamorado no es necesario todo eso, es mucho más fácil, ni siquiera hay que salir del yo.


El amor y el desamor forman parte de la vida, necesitamos vivir estas experiencias aprendiendo de ellas, tomándolas como oportunidades que nos ofrece la vida en el proceso de desarrollo como persona.
No debemos olvidarnos de que las crisis nos ayudan a renovarnos, a generar nuestros propios recursos, que nos ayuda afrontar la vida de una forma más positiva y feliz. No tenemos que vivir la ruptura de la relación como un fracaso, sino como una evolución hacía algo más positivo, aprendiendo a confiar en nosotros mismos y en el propio proceso de la vida.

lunes, 9 de febrero de 2009

Un poco de humor en la vida.....


El humor sucede continuamente a nuestro alrededor, pero nosotros no siempre nos mostramos receptivos, pues cada día nos vemos obligado a filtrar una gran cantidad de información. Sin embargo, si somos capaces de cambiar las lentes con las que vemos el mundo, empezaremos a apreciar la comicidad de la vida.

El sentido del humor es una cualidad que valoramos tanto en los demás como en nosotros mismos.

El punto de partida para desarrollar el sentido del humor es aprender a aprenciarlo, encontrarlo a nuestro alrededor. Ten en cuenta que, como los sentidos, el del humor es un sistema diseñado para detectar ciertos estímulos en el entorno.

El humor nos rodea. Está en todas partes. en la calle, en la oficina, en los bares de copa, en las últimas modas y tendencia, en los discursos políticos y debajo de tu cama. Proliferan por doquier en cada estación del año y en cualquier rincón del planeta, de manera que es imposible evitarlo.

La capacidad que tenemos para detectar, disfrutar y, en definitiva, apreciar el humor tiene que ver con las lentes que usamos para ver el mundo.

Todo en la vida puede verse desde la atalaya del humor. Todo absolutamente todo, incluido lo más serio, lo más trágico y lo más sublime.

Una de las películas más geniales que he visto es "La vida es bella", y la genialidad estriba en meter el humor del escenario más impensable, un campo de concentración nazi. Genial es meter también el humor en un cementerio, como lo hace Groucho Marx al poner en su epitafio: "Disculpen que no me levante". O hacer el humor ante un pelotón de fusilamiento, como hace Pedro Mucho Seca, al poner el boca del ajusticiado dirigiéndose a los soldados: "Me lo habéis quitado todo, todo, menos una cosa....el miedo que os tengo".

El humor ha de estar también en lo sublime, lo está en Dios y en Santa Teresa, cuando en una noche de tormenta se ve con sus monjas tiradas en el suelo al volcar el carro mientras rezaba al altísimo. La Santa escucha decir a Dios, esa noche travieso: "Así trato yo a mis amigos", A lo que la abulense replica: "No me extraña que tengas tan pocos".

El humor es curativo, terapéutico, saludable y sobre todo, lo que nadie puede dudar es que es divertido y ayuda a disfrutar del momento presente en el que surge, rompiendo lo rutinario con una sonrisa o con una carcajada.

Ahora considero que lo más importante es reírse de uno mismo ya que es muy sano porque quita hierro a nuestros complejos y facilita que nos aceptemos, hasta con nuestros puntos más vulnerables. En un libro de Rodriguez Idígora, se lee una Bienaventuranza popular que no tiene desperdicio: "Bienaventurados los que se ríen de sí mismo porque nunca les faltará motivo del que reírse".

En definitiva, todos podemos entrenarnos para mejorar nuestro sentido del humor porque, como dice el Talmud: "Vemos las cosas no como son, sino como somos".


jueves, 5 de febrero de 2009

Destino, oportunidad y decisión



Una oportunidad es como un tren que acaba de llegar: a veces no nos damos cuenta de que es el nuestro, y otras no sabemos si es mejor cogerlo o dejarlo pasar. Para reconocer y aprovechar una ocasión, debemos ser conscientes de adónde queremos ir y de qué recursos disponemos. Sólo entonces podremos decidir si vale la pena pagar el billete.


Hay un cuento muy antiguo que relata que en un pueblo se desató una tormenta tal que el río se desbordó y lo inundó todo por completo. Los habitantes escapaban como podían, pero el sacerdote, que siempre había sido un hombre de gran fe, permanecía en la entrada de la parroquia rezando a Dios para que lo sacase de allí. En ese momento, pasaba por allí un hombre conduciendo una camioneta que le grito:


-¡Padre, venga, que el agua sigue subiendo!


-No te preocupes, hijo- respondió el sacerdote-, Dios me salvará.


El nivel del agua seguía creciendo y el sacerdote, con el agua hasta la cintura, continuaba rezando. Pasó entonces un bote de remos con varios hombres, que le gritaron que subiera. El sacerdote respondió con firmeza:


-Id vosotros, no os preocupéis más por mí, que Dios me salvará.


Los hombres se alejaron mientras la tormenta no cesaba y el agua seguía subiendo; tanto, que el sacerdote tuvo que trepar al techo de la parroquia. Cuando el agua estaba a punto de cubrirlo todo, se acercó al sacerdote un helicóptero desde donde le hicieron señales para que cogiera la cuerda de rescate, pero éste se negó:


-¡Yo soy un hombre de fe!-grito al helicóptero-. ¡Dios me salvará!

Sin embargo, el agua continuaba cayendo y el esperado milagro no se producía. El sacerdote acabo por ahogarse y llegó a las puertas del cielo. Cuando se encontró cara a cara con Dios, no pudo sino recriminarle que lo hubiese dejado morir de ese modo.


-Mi señor-le dijo el sacerdote con tristeza-, ¿por qué me abandonaste?

-¡ ¿Pero de que abandono me hablas?!-le respondió Dios-. ¡Te envié una camioneta, te envié un bote y te envié un helicóptero.


Más allá de la broma, esta breve historia nos ilustra sobre la importancia de aprovechar las oportunidades que se nos presentan. Si dejamos pasar las oportunidades una y otra vez, acabaremos creyendo que tenemos mala suerte; acabaremos como el sacerdote del cuento, que creía que Dios le había abandonado. Dicho de otro modo, si no aprovechamos nuestras oportunidades, terminaremos quejándonos de que la vida ha sido injusta con nosotros o de que el destino no nos ha dado lo que correspondía.


No somos omnipotentes, el "afuera" nos condiciona y no podemos pretender que todo resulte como esperábamos. Pero sí que podemos intentar hacerlo mejor teniendo en cuenta nuestras circunstancias. Por eso es importante estar atento a los momentos en que esas condiciones son favorables para nuestros propósito. Una oportunidad es un momento propicio para algo.


Me gustaría remarcar en esta definición la palabra momento, porque lo que hace que las oportunidades sean tan importantes y, a la vez, nos generan tantas dificultades es, justamente, que son temporales, que son pasajeras. Esto hace que aprovechar las oportunidades sea una cuestión de tiempo.


En alguna ocasión alguien me pregunto si yo creía en el destino o sencillamente somos nosotros los que lo creamos, mi respuesta fue con respecto al destino, predestinación y nuestra capacidad de decidir es que si en un principio vivimos valorando las coincidencias que a nuestro camino van apareciendo así como su significado, nos conectamos con un campo subyacente de posibilidades infinitas. Aquí empieza la magia. Ocurren las sincronicidades que permiten alcanzar muchos de nuestros deseos si estamos atentos.


Es necesario que ingresemos en la profundidad de nuestro interior, y al mismo tiempo que tomemos conciencia de la intrincada danza de coincidencias que hay fuera, en el mundo físico.

Se requiere que comprendamos la naturaleza profunda de las cosas, reconocer la fuente de inteligencia que crea, sin cesar nuestro universo, y mantener la intención de aprovechar las oportunidades especificas de cambio conforme se presentan.


Yo considero que estamos inmersos en una red de coincidencias que nos inspiran y nos ayudan a dar rumbo a nuestras vidas. Sin embargo identificar la red de coincidencias en nuestras vida es solo el primer peldaño para comprender y vivir la sincronicidad. El siguiente paso seria tomar conciencia de las coincidencias mientras ocurren.


¡Qué coincidencias más grandes encontramos en la vida a veces!- Me digo a mi misma-Bueno, para nosotros son coincidencias, pero para alguien que mira desde arriba, todo es una cadena de sucesos absolutamente lógicos y previsibles. Nosotros somos los que no sabemos para donde vamos ni cómo. Es decir, parece que la magnitud de nuestra ignorancia nos hace entretenida la vida.


Cuando nos aparece una oportunidad implicara la aparición de una nueva opción; implica, en consecuencia, una nueva elección, y elegir es un proceso. Es necesario darnos el tiempo de evaluar los riesgos de las decisiones que tomemos.


Pero, me diréis, si nos tomamos el tiempo de decidir, nos perderemos algunas oportunidades...Es cierto: algunas se perderán, pero podremos emprender con convicción aquellas que tomemos. Sin embargo, no debemos confundir esto con esperar "hasta estar seguros", pues entonces sí que perderemos todas las oportunidades dado que nunca estaremos del todo seguros de tal o cual cosa sea la correcta. Deberemos soportar una cierta dosis de inseguridad.


Es tan importante aprovechar las oportunidades como saber cuáles queremos aprovechar. ¿Y cómo podemos saberlo? Ésta es una cuestión personal, pero la etimología de la palabra oportunidad puede darnos una pauta general. Oportunidad proviene de op, que significa "antes", y portus, que significa "puerto". Así podríamos pensar que una oportunidad es un momento previo que favorece nuestra llegada a puerto. Pero no a cualquier puerto, sino a aquél al que ya nos estábamos dirigiendo.

Una oportunidad es tal si va en el mismo sentido en el que nos dirigíamos hasta entonces. No es cambiar bruscamente de timón sino colocar las velas para aprovechar la corriente del viento y arribar, así a nuestro destino.

lunes, 2 de febrero de 2009

Cuando nos negamos...


Lo bueno de cumplir 40 años, decía Groucho Marx, es que uno aprende a decir no sin sentirse culpable. La verdad es que este Groucho debió ser un tipo genial porque a la inteligencia añadía el humor, y no cualquier humor sino ese contradictorio y paradójico que es la sal del pensamiento.

Es difícil para muchas personas decir no. Cuando decimos no, nos arriesgamos a ser incomprendidos, no queridos. Esto es una amenaza insoportable si precisamos imperiosamente el afecto de los demás, porque escasee nuestra propia autoestima

Ojalá todos aprendiéramos pronto eso tan difícil que es saber decir no. Hay quienes no aprenden nunca a decir no a nadie.

Decir no es difícil, pero aún lo es más saber decirlo. Admiro a las personas que saben decir que no con serenidad y firmeza a la vez, sin agresividad ni violencia; con claridad meridiana y sin medias tintas; con amabilidad y sin descalificaciones insultantes; con cortesía y sin acritud.

La cuestión no es sólo lo que digo, sino el cómo lo digo. La misma palabra puede ser dicha de maneras muy distintas, tan distintas que pueden despertar en el otro reacciones que van desde la aceptación respetuosa, hasta la animadversión más absoluta. Y con demasiada frecuencia el problema, el origen de la disputa, está más en el cómo que en el qué. Me explicaré.

En el lenguaje verbal humano podemos distinguir entre lo digital y analógico. Lo digital es el qué, lo analógico es el cómo. Es a veces difícil controlar lo que decimos, pero es aún mucho más difícil tener un control del cómo lo decimos: lo digital suele mantenerse en el nivel consciente, pero lo analógico se suele escapar a nuestro control consciente. Lo digital es el mensaje literal que dicen nuestras palabras, es decir, la mirada, los gestos, la entonación, las formas. Lo digital es el texto, lo analógico el contexto. Y a veces el contexto dice mucho más que el texto. Incluso hay veces que el texto dice una cosa y el contexto la contraria. Juan Peña "El lebrijano", un artista de flamenco, lo explica mejor que nadie en una letra de una solea: "Esta gitana está loca/ lo que dice con los ojos/ lo desmiente con la boca.

No solamente se trata de negación , en ocasiones rechazo y también ruptura a veces; pero no es también definición de límites, independencia y libertad. Decir no no es ser egoísta ni ser desagradecido.
Saber decir que no, es ejercer la sinceridad, comprometernos con nosotros mismos y es, sobre todo, renunciar a quedar bien a toda costa. Esa creo que es la clave: hay personas que sienten la necesidad absoluta de quedar bien hasta con el lucero del alba porque precisan de la estimación y el reconocimiento de los demás, porque tiene una autoestima bajo mínimo y tienen que obtenerla de fuera. Pero ¿a que precio? Cuando dices sí, queriendo en tus adentros lo contrario, te sientes mal y, curiosamente, con frecuencia te sientes utilizado.
En el fondo te colocas en un servilismo indigno hacia ti mismo, te percatas de tu debilidad y acabas con la autoestima aún peor. Decir que sí a todo no sólo no cura la autoestima sino que la empeora. Necesitamos el afecto de los demás, pero de poco nos servirá sin nuestro propio afecto.

Cuando no nos respetamos a nosotros mismos, lo que acabamos sintiendo es fastidio. La raíz de nuestro descontento, de ese fastidio general, está en como nos desestimamos a nosotros, en cómo nos relegamos y, finalmente, acabamos traicionándonos.

Para revertir este malestar, es menester que comencemos a tomarnos en serio. Se trata de considerar sincera y realmente lo que pensamos y no descartarlo rápidamente, de tener en cuenta nuestros sentimientos y no de guardarlos en un cajón. En definitiva, de darle lugar a lo que en verdad deseamos.

Cuando nos respetamos a nosotros mismos, algunos lo comprenderán e , incluso nos apoyarán; otros sin embargo, confundiran la firmeza con la agresión, la convicción con el desinterés, y el desacuerdo con el desamor. ¿Por qué? Porque, lamentablemente, hemos aprendido que, en palabras del filósofo argentino Alejandro Rozictchner, "ser bueno es muy bueno". Y también hemos aprendido que "ser bueno" es entregarse totalmente, ocuparse y preocuparse de los demás, aun a costa de uno mismo.

Yo considero que para respetarse a uno mismo, es necesario renunciar a la idea de que todos nos consideren "bueno".

Ni puedo, ni debo, ni quiero contentar a todo el mundo. Es más, si caigo bien a todos absolutamente bien a todos, tengo que empezar a preocuparme seriamente. Si carezco por completo, no diré de enemigos pero si de enemistades, algo grave puede estar pasándome, porque hay personas y posiciones que merecen mi rechazo absoluto y no en medias tintas. El que a todo dice que no, probablemente padezca de rebeldía oposicionista; que es cosa seria; pero, el que a todo dice que sí, el que no sabe decir que no, padece también de algo: le falta amor a sí mismo.