jueves, 3 de diciembre de 2009

Más fluir y menos sufrir


Las palabras motivación y motor están hermanadas, porque ambas sugieren movimiento. Algo que nos motiva es, algo que nos mueve. Sin embargo, cuando nos hayamos presos de la apatía, sentimos que no hay nada que pueda conseguir movernos, como si el exterior tuviera la obligación de captar y mantener nuestra atención. Hemos de aceptar que somos los únicos responsables de nuestra motivación y que, si existen elementos en el exterior por los que sentimos atracción o rechazo, es porque nos hallamos abierto y en permanente conversación con nuestro entorno. De la misma manera, si sentimos indiferencia por lo que nos rodea será porque hemos roto los cauces de comunicación con el exterior; restaurarlo nos corresponde exclusivamente a nosotros. Nuestra motivación es siempre "motiv-acción", es decir implica una actitud activa por nuestra parte. Proactiva, incluso si se quiere.

Para San Agustín la voluntad era el centro vital, la vida misma, "la incomprensible certidumbre intima, la firme seguridad del querer irrevocablemente enderezado a su meta". Pero nuestras mentes tienen el defecto del enredo; nuestros cuerpos se ciñen a la inmediatez del deseo; nuestros estados de animo nos adormecen ante lo inapetente, desalojando a la voluntad del primer plano de nuestra visión.

Dice Abraham Maslow que estamos motivados cuando sentimos deseo, anhelo, voluntad, o ansia o lo que es lo mismo, cuando necesitamos resolver nuestras necesidades. Algunas son básicas, pero muchas otras se generan por nuestra capacidad de crearnos todo tipo de expectativas. Dicho de forma menos elegante: vamos detrás de lo que nos da la gana aunque probablemente no nos haga falta alguna. Pero se nos ha metido entre ceja y ceja y ahora solo queda consumirlo, de lo contrario nos parecerá morir de un ataque de angustia. ¿Por qué aguardar con impaciencia las cosas? Si son inútiles para tu vida, inútil es también aguardarlas. Si son necesarias, ellas vendrán, y vendrán a tiempo.

El pesimismo conduce a la debilidad y el optimismo al poder (Williams James)

Que sentido puede tener hacerse propósitos que no vamos a cumplir, si no es para autocastigarnos un ratito y retomar ese viejo discurso que nos acompañara hace años, consistente en demoler nuestra identidad por nuestras incapacidades.
Nos infligimos un cierto sufrimiento como para expiar la culpa de no tener más voluntad a mano. Entonamos un mea culpa por el desanimo que sentimos ante el esfuerzo que nos hemos ahorrado. Automotivarse, como todo, es un aprendizaje. Y aprendemos entrenándonos. Y nada mejor para lograrlo que unas cuantas pequeñas frustraciones, para darnos cuenta de que podemos sobrevivir al ataque de nuestras compulsiones. La automotivacion se ejercita cuando somos capaces de orientarnos hacia el logro, obteniendo como beneficio la satisfacción por el esfuerzo realizado, por la ilusión y el optimismo que hemos generado en la aventura de conquistar nuestros retos cotidianos.

No es necesario en la vida justificar nuestra existencia a golpe de actividad, emprendiendo grandes proyectos, si no es lo que deseamos en este momento. Considero que es suficiente dejar de ser espectadores de nuestra vida para convertirnos en sus actores principales, aprendiendo a satisfacer nuestras necesidades más profundas.
Como decía la escritora Laura Esquivel, en su novela "Como agua para chocolate": "Si bien todos nacemos con una caja de cerillas en nuestro interior, no las podemos encender solos, necesitamos como el experimento, oxígeno y la ayuda de una vela". La autora continúa esa bella metáfora diciendo que, al encender nuestras cerillas, se produce en nuestro interior "un agradable calor que irá desapareciendo, poco a poco, conforme pase el tiempo, hasta que venga una nueva explosión a reavivarlo".

Y lo más importante: "Cada persona tiene que descubrir cuáles son sus detonadores para poder vivir, pues la combustión que se produce al encenderse uno de ellos es lo que nutre de energía al alma. Si uno no descubre a tiempo cuales son sus propios detonadores, la caja de cerillas se humedece y ya nunca podremos encender un solo fósforo."



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