martes, 6 de octubre de 2009

Un poco de locura


Hay cosas que no se discuten. Para todo el mundo es mejor estar sano que estar enfermo y mejor ser listo que tonto; está claro. Sin embargo, hay ideas indiscutibles que quizás deberían ponerse en tela de juicio; por ejemplo, el control emocional. Qué interesante es ser una persona controlada, decimos, ; pero ¿qué es exactamente una persona controlada?. A lo mejor no es tan interesante.


De entrada, tras lo que parece control pueden esconderse otros rasgos, como frialdad, timidez extrema o anhedonia (incapacidad emocional).


El control es un buen disfraz; es el silencio, es la evitación....Pero el autentico control necesita el descontrol, de otro modo ¿qué se controla? Reconozco que suena enrevesado, pero un controlado interesa poco si no es a la vez audaz, valiente, apasionado, humano. El control por sí mismo no es nada...bueno, sí, es aburridísimo.


Sucede que las mujeres consideramos control a lo que a veces es solo mordaza. Está bien conocer las propias emociones, dominar las explosiones de ira, sujetar el miedo y todo eso, pero cuidado, que por nuestra especial idiosincrasia femenina a menudo llamamos control a lo que es abnegación o resignación, y eso no interesa. ¿Por qué no jugamos con el atrevimiento? Seamos un poco más valiente, adelante con nuestro Yo, sí, con el nuestro, no con el de los demás, descubramos lo que late en el fondo de nuestro corazón.


La falta de control no es necesariamente descontrol. Aflojar el nudo de la cuerda que nos ata la vida permite llegar un poco más lejos, explorar, saltarnos límites que nos imponemos nosotros mismos y nuestro esclavizante sentido común. No abogo porque seamos como Virginia Wolf o la madre Teresa, pero por favor, tampoco interesa que nuestro mayor motivo de orgullo provenga de ser una prudente y eficaz reina del orden vital. Las mujeres y los hombres deberíamos ser más atrevidos. El miedo a cometer errores es fatal; sin embargo, los errores han sido el germen de los grandes aciertos en la historia. En la vida nos arrepentimos menos de lo que hemos hecho que de lo que hemos dejado de hacer.


Vamos, hay que soltarse la melena, no interesa que nuestro epitafio diga "cumplió con su obligación". Demos paso a la aventura en el amor y en la vida.


Tengo la ligera sospecha que cuando hablamos de equilibrio, de puntos medios, apelamos a algo que en realidad no existe. Es una mera ilusión, una forma de usar el lenguaje para expresar nuestra intención de actuar moderadamente. ¿Existe un punto medio que sea óptimo para todos?, ¿ quién decide lo que está en equilibrio y lo que no? Creo haber aprendido de la vida que el verdadero equilibrio no consiste en un punto determinado ni en una postura como la que precisa el fonambulista. Me interesa mucho más los contrastes.


Cuando hablamos de soltar riendas, ¿Cuál es término justo?, ¿hasta dónde hay que soltar para poder decir que se actúa equilibradamente? Porque donde a uno le parece que ya ha soltado lo suficiente, a los demás les puede parecer que ni tan siquiera "nos hemos despeinados". Y es que uno no se suelta a sí mismo, sino que lo hace con y ante los que le rodean. Por eso cuenta tanto.


Es por ello que me gusta más hablar de contraste que de equilibrio, que siempre me suena a control. Hay que ser flexible para saber vivir con plenitud tanto cuando se precisa tanto cuando se precipitan unos momentos de locura. Cuando no somos capaces de hacerlo, cuando nos exigimos estar siempre controlando o siempre enloquecidos, entonces estamos hablando de rigidez. Y la rigidez es el primer síntoma de la contracción; del miedo, en definitiva.


Para evitar contracturas físicas y emocionales, para evitar rigidez de carácter, para ahorrarnos vivir pendientes de nuestros miedos, nada mejor que soltarse de vez en cuando. Reírnos de nuestras equivocaciones, aceptar nuestros desaguisados, dejar de ir todo el día con el personaje a cuestas. Del mismo modo que el ejercicio corporal expande nuestros músculos y articulaciones, el dejar de estar pendiente de uno mismo y entregarse a la espontaneidad proactiva y a la creatividad es expandir nuestra psique. Es como quitarle el polvo a esa mente que se ensucia continuamente de tanto pensar.


La vida es contraste. No vivimos a medias, ni morimos equilibradamente. Cuando llega la hora de soltarse, de romper con la cotidianidad, no hay nada mejor que olvidarse de uno mismo por un buen rato. Curiosamente suele suceder que, cuanto más nos descontrolamos, más nosotros mismos somos. Más auténticos. Entonces tal vez nos demos cuenta de que no tiene mucho sentido tomarse tan en serio, creernos tan importantes como para ser siempre de la misma manera. Tal vez descubramos que, en definitiva, ese que creemos ser es solo la máscara. Somos como somos cuando nos soltamos. Y eso solo ocurrirá cuando podamos contrastar nuestra vida con la idea que tenemos de ella.

2 comentarios:

Y.G.P. dijo...

Hola.
Te escribo desde México. Encontré que 'Los detectives Salvajes' de Roberto Bolaño es uno de tus libros preferidos. Es mi libro favorito por siempre, tanto que tengo la foto de Bolaño en mi estudio. Leí tu blog y me parece muy interesante. Ojalá puedas ver el mío. Te mando un saludo.

Galileo dijo...

Gran entrada, la suscribo y añadiría una reflexión extraída de un libro sobre Freud: "el afán de control deriva en represión y esta a su vez acarrea neurosis". Saludos.