domingo, 11 de octubre de 2009

No pierdas el norte.....


Cuando perdemos el norte, el sentido de nuestra vida se nos escapa y no sabemos donde buscar.
No es que la vida no tenga sentido, es que a veces no sabemos como encontrarlo.

Una buena manera de hacerlo es trazar una especie de recorrido de lo que ha sido nuestra vida: decisiones importantes que hemos tomado o acontecimientos que dieron un giro a nuestra existencia. Observar lo que ocurrió, los valores y las creencias que dieron sentido a cada elección.Y, sobre todo, darnos cuenta de a dónde nos condujo cada cambio.


Cuando podemos observar el conjunto de nuestra trayectoria descubrimos puntos de coincidencia, creencias que se mantienen firmes y otras que desaparecen. Vemos lo que hemos apreciado y lo que hemos despreciado. Todo ello nos retrata. A partir de ese retrato podemos decidir cómo queremos vivir en adelante.


Es importante darnos cuenta de aquellos condicionantes que nos estan trabando para poder cambiarlo. Si no nos proponemos mantener una actitud de aprendizaje continuo, si no atendemos a lo que esta ocurriendo en nuestras narices, acabamos viviendo en pasado continuo.


Tenemos que dejar de controlar tanto, permitirnos fluir con la vida y aceptar que no siempre lo que deseamos es lo que necesitamos. De esta manera es cuando nos damos cuenta de que en todo hay algo que aprender y de qué disfrutar. Es importante encontrar un equilibrio entre lo que hacemos que ocurra y lo que dejamos que ocurra....


Todo en la vida es un proceso dinámico. La naturaleza funciona a través de ciclos, pero también a través de súbitas transformaciones de enorme trascendencia futura. ¿Vamos a ser menos nosotros? También el ser humano es dinámico, aunque perezoso para los cambios. Por eso debemos estar atentos a lo que ocurre y a lo que nos ocurre, ya que no somos siempre los mismos. Pero, además, no estamos solos. Nos relacionamos con otros seres y con un universo en el que todo está interrelacionado. Es necesario que entendamos nuestra función, el sentido que tiene pertenecer a este mundo.


Cuando todo va bien es muy dificil que nos planteemos grandes cuestiones metafisicas. Pero cuando a través de situaciones de sufrimiento creemos perder el sentido de la vida, entonces es cuando aparece la pregunta sobre el sentido de la vida. Y eso conlleva a menudo encontrar sentido a ese sufrimiento que nos atenaza. Es muy duro sufrir por sufrir, estar padeciendo para nada. En cambio, cuando podemos captar los mensajes o el sentido de ese sufrimiento al menos se soporta de otra manera.


Nos cuesta encontrar el sentido de la vida a veces porque no se nos ocurre conectar con las razones que nos hemos dado a nosotros para vivir. Se trata de relacionar lo vivido y encontrar los diferentes significados que ha tenido nuestra existencia. A veces, nos cuesta también porque tal vez no hemos encontrado aún aquello que nos dé plenitud, o lo buscamos en lugares y personas equivocadas.


Considero que lo primero que tenemos que hacer es ocuparnos de nosotros mismos en el sentido de conocernos. Solo desde un “yo integrado”, que reconoce sus limitaciones y sus potencialidades, se puede llegar a la plena aceptación de cada uno. Si todo el día me quejo de cómo soy o de cómo debería ser, entonces no existe aceptación. Todo cambia si me permito ser yo mismo desde la confianza, desde la actitud humilde de reconocer que, en cada momento, estoy donde debo estar y a la vez consigo mantener vivo el profundo anhelo de aprender y de crecer.



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