jueves, 15 de octubre de 2009

La era de las pasiones triste: Cibersexo a la carta



El sexo esta en todas partes. Nos colapsa la magnitud de estímulos que pretende excitarnos por encima del deseo y por debajo de la piel. El sexo del destape dio paso al sexo más explícito y más industrial en forma de espectáculo eróticos, revistas y filmografía pornográfica.
Nos entregamos al sexo del consumo, y pasamos asi del “acto” a “hacer el amor”, para acabar en el “follar”. Por lo visto es hoy tan fácil acceder al sexo, que necesitamos estímulos mayores que la simple desnudez, que el juego y la danza erótica o el despertar del deseo a través del contacto. Por eso hay que reinventar el morbo introducir nuevas prácticas como el sexo público, el intercambio, las citas a ciegas o el de última moda “el sexo virtual”. Con un solo clic se puede acceder a cambio de disfrutarlo en solitario, sin compromiso, sin contacto, sin esfuerzo. Demasiado fácil para aventurarse a comprometerte con otro ser humano. No vaya a ser que te pida algo más que el mero deseo.


Dejándome seducir con ritmo y gusto, armonizo mi trabajo después de la implacable jornada laboral, mi deseo es ostentoso por liberar un Clímax.

¿ Acaso tanta economía, globalización y conflictos generan tanta ansia?, ya apaciguado logro cortar la señal de mi generoso equipo electrónico con inmediatez y solo queda una revolucionaria ilusión que le da libertad a mi cuerpo, alma, dejándola brillar desnuda, en su espacio inter-espacial, “El Internet”

Es como se identifica en la actualidad el fuerte deseo de consumir sexo virtual.

Tarde o temprano, la conversación conduce a la frase que dará comienzo al juego: "¿Qué me harías?". Eso si es que en verdad se trata de un juego y si es que ese juego no comenzó al principio, cuando ella (o él) entró al chat donde todos están dispuestos a hacerle algo. O no.

Porque si algo describe al cibersexo es que es un sinfín de contradicciones. Es sexo pero sin serlo; es búsqueda de conversación de gente que no quiere conversar; es masturbación en compañía; es verse, pero a distancia; es orgasmo sin contacto. Es una forma de contacto segura pero falaz, donde todo vale y todo puede ser mentira. Es una opción sexual para quienes no se sienten bien con su cuerpo o le tienen pavor al compromiso, un espacio sin piropos, ritos de exploración ni los juegos eróticos, en el que se va rápido "a los bifes". Es, al cabo, la mejor expresión de la mayor paradoja imaginable: es realidad virtual, ser y no ser a la vez.


Este sería el caso de ese hombre "enfermo" del cibersexo al que "Las Supremas de Móstoles" se refieren en su canción. Un hombre que se pasa el día "pegado a la pantalla" de su "persé", que pone los cuernos a su pareja "con el disco duro, la pantalla y el ratón", "haciéndole el amor a una tal Pamela dentro del ordenador".
"Tu ya no me quieres, yo ya no te hago falta, que el amor internauta es un veneno sin igual", se lamentan las tres rubias y maduritas mostoleñas en su éxito musical de hace ya vario.


La modernidad mediatiza el sexo con tecnologías quitándole el aspecto de contacto directo y personal, pero lo carga con otros “beneficios” como la seguridad, la inmediatez, la accesibilidad y el anonimato. Lo más personal pasa al campo de lo impersonal, resignificando la socialización, la comunicación y, más específicamente, el sexo en sí. La Red se convierte en un campo de juego para experimentar nuevas sensaciones y fantasías. Internet provee ventajas que, tal vez, se han transformado en puntos importantes de peso.

Los supuestos beneficios del sexo cibernético son muchos, y es por ello que para algunas personas éste puede superar al real. Esta práctica va más allá del reemplazo o la mediación del sexo tradicional. Es un desafío que combina imaginación, destreza y creatividad para lograr la excitación o incluso el orgasmo de una persona que se encuentra en un lugar físico totalmente distinto. Internet se presenta como el espacio ideal para albergar todo aquello que es rotulado como tabú o simplemente no “encaja” en el mundo real.

Nuestra relación con las nuevas tecnologías, no es sino un reflejo de como vivimos. El ejemplo más claro es el uso que se le esta dando a internet con respecto a estas nuevas relaciones de cibersexo.

Esta nueva forma de sexo por internet más que acercar aisla a la persona. En parte es así, ya que el escudo protector que ofrece el medio se convierte en una coartada excelente para rehuir responsabilidades directamente: nos ahorra tener que dar la cara.

No olvidemos que el sexo no reducido a un ejercicio implica estar presente. Implica sobre todo intimidad. Y eso asusta a más de uno y más de una. Hacer el amor es eso amar, dedicarse al otro. Es entregarse. Es dar y recibir. Es una sintonía, una complicidad y una celebración.

El sexo es el acto más personal y puede ser muy creativo si lo convertimos en un mundo de posibilidades, en un mundo de rituales, del más breve al más fascinante. Del más carnal al más tántricamente sagrado. Hay mucho sexo por vivir si le damos la importancia que merece.









6 comentarios:

Marta dijo...

Hermana, soberbio! No puedo decir otra cosa, te ha salido redondo!

No has podido retratar mejor lo que yo pienso sobre las relaciones que existen en la sociedad hoy en día. Das lugar a la esperanza porque quizá el problema para encontrar una pareja no radica en una misma sino en que estamos en una sociedad cada vez más vacía y deshumanizada. ¿Cómo vamos a encajar en esta sociedad personas que nos estamos desviviendo por encontrar lo auténtico cada día?

Las personas a las que les gusta el cibersexo son personas a mi modo de ver que están vacías, muy solas y son incapaces de comunicarse, no ya con el otro, sino con ellas mismas. No se escuchan, no saben que les pasa y se dejan arrastrar por la corriente imperante de consumismo y placer rápido, al instante, de usar y tirar.

Buenísimo tu post. Un beso enorme hermana.

Iván López dijo...

seguimos con las coincidencias. precisamente ahce poco empece a escribir un guion que trata sobre esta asunto. corto, pero muy intenso....

;-) buena reflexion

Chica_webcam dijo...

Pues... dices tantas verdades que dejas al lector entre el texto y la pared. No sabria si contradecir alguna porque argumentando no te gana nadie. (Que retórica, por las barbas de neptuno). Si añadiria, con mi calzador aunque ya no se ni donde, el comentario de un psicólogo que consideraba este extraño comportamiento ante el ordenador de "cultura social". Solo así se justifica que lo hagamos y ni lo analicemos. Por esta razón muchos de los que hemos topado con tu texto, entremos todos, ni lo hemos entendido.
Vivimos en una sociedad de "Belenes Estebans and Co" ¿que más se nos puede pedir?
En fin, felicidades y un beso de Lulu.

Anónimo dijo...

Mi marido practica cibersexo desde hace años y nuestra vida sexual es casi nula ya. Me siento muy triste, tengo el corazon roto y no se qué hacer. Siempre pensé que era culpa mia que nuestra relación empezara a enfriarse, pero ahora no sé qué pensar. Nunca le he dicho que lo sé por miedo a que se rompa del todo nuestro matrimonio, pero ya no sé si merece la pena vivir con esta tristeza en el alma. Tengo dos hijos y creo que están empezando a sufrir la situación. Necesitaba sacar de mi corazón cómo me siento. Perdonadme.

El hada del Sur dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
El hada del Sur dijo...

Tu marido es un adicto al sexo. Eso es una patología. Por lo que me cuentas tu relación desde hace tiempo no funciona. Creo que sería bueno consultarás con un psicólogo. Yo soy psicóloga pero tengo la consulta en Málaga. Busca ayuda y por encima de todo tienes que cuidar de ti y de tus hijos. Será mejor que fueras pensando en el divorcio. Tengo una pagina de psicología por facebook. Mi nombre es Matilde del Pino. Puedes buscarme. Un abrazo