jueves, 29 de octubre de 2009

Corren malos tiempos para el amor.......


Parece existir un acuerdo en proclamar nuestros tiempos como "la era de las pasiones tristes". Si bien es cierto que andamos detrás de vivir grandes experiencias emocionantes, también lo es que generar de continuo tantas expectativas acaba arrojando un estado permanente de frustración. Algo parecido sucede con el amor de pareja. Se habla tanto de este tema hoy día que hemos llegado a un estado contradictorio: saturados de amor, pero incapaces de amar. Muchas personas siguen enfermando aún en nombre del amor. Existen mil amores que lo son todo menos amor auténtico. O tal vez lo que sucede es que siguen existiendo amantes con conductas retorcidamente neuróticas.

Corren malos tiempos para la pareja, aun anda peor la capacidad de emparejarnos.
Vivimos una especie de epidemia que consiste en desear de una manera loca estar enamorados para después sufrir como una condena ese lazo por el que tanto suspiramos. El compromiso afectivo da un miedo terrible.

Debe de ser verdad que, a pesar de lo mucho que hoy sabemos de la vida, seguimos cometiendo el error de vivir entre la felicidad y el sufrimiento. Nadie quiere renunciar a la pasión abrasadora del enamoramiento, pero a la vez se quieren evitar los quehaceres del compromiso. Ya ni tan siquiera sirve aquello de "ni contigo ni sin ti". Ahora solo funciona el "contigo, pero sin ti".
El ascenso de eso que venimos llamando miedo al compromiso afectivo esta alcanzando tal magnitud, que cabe pensar si realmente es un problema solo de miedo o si estamos ante un cambio de modelo afectivo que también esta en pleno proceso de transformación.

Te quiero cuando ...no te tengo. Sólo se ama lo que no se posee totalmente (Marcel Proust).

Existe una manera de amar que consiste en sentirse enamorado o enamorada del otro cuando no está presente. Es como desearlo de una manera loca hasta que lo tienes delante. Cuando eso ocurre se acabó la fiesta. Ante la persona amada, las mariposas en el estómago se convierten en extrañeza, en una sobrevenida pasividad, como un agujero negro que te aspira todo sentimiento. Sabes que la quieres, pero no sientes que la quieras. Estar juntos es estar en el vacío. Pero cuando se aleja, se la echa muy en falta. Entonces aparecen todos los discursos que no se han dicho, todas las sensaciones perdidas en el vacío de la presencia.
Aparecen los deseos, las ganas y, sobre todo, la melancolía, la añoranza, la ensoñación ante un nuevo encuentro. Ahora también existe el vacío, pero es diferente, ahora está lleno de ausencia. Y ésa es la clave del asunto.

Un cobarde es incapaz de mostrar amor. Hacerlo está reservado a los valientes (Gandhi).

Crecer como persona incluye también crecer emocionalmente. Pero ahí tenemos un problema. Vivimos en sociedades que aún arrastran un fatal malentendido: creer que el amor y los grandes sentimientos, léase las pasiones, van de la mano. Grave error.

El amor auténtico no se basa en grandes tormentas emocionales, sino más bien en pequeñas semillas que con el tiempo arraigan fuertemente en nuestra alma.

Conocer el estilo afectivo propio es fundamental. Primero para poder identificar las dificultades que tenemos en el marco de las relaciones y que no dependen solo de con quien nos juntamos, para tomar responsabilidad sobre ello, ya que también significa aprender a vivir de acuerdo con el estilo afectivo que queramos desarrollar en la vida. No todo el mundo tiene que pasar por la vicaria, ni tiene que tener una familia, ni es un discapacitado emocional por no convivir en pareja.

Lo importante es responsabilizarse de las elecciones que hacemos en cada momento, con integridad y sin dañar a los demás.

Arrastramos aun la necesidad de crear marcos en los que encajar nuestra existencia. Son útiles, ya que así sabemos como actuar y donde están los limites. Pero también nos quitan flexibilidad, no nos permiten, como la vida misma, fluir con el presente y con los acontecimientos, sino que nos etiquetan, normativizan y crean expectativas y obligaciones que nos quitan autenticidad. Eso es lo que ocurre con el amor a veces. Se dan por hecho tantas cosas que es inevitable vivir en el autoengaño. Por eso, cuando Cupido se quita la venda de los ojos, no nos podemos creer en lo que nos hemos convertido.

Yo prefiero pensar que podemos disponer de una conciencia diferente, la cual nos permita elaborar las relaciones día a día, sabiendo que andamos continuanente sobre la fina cuerda de la incertidumbre y que todo se debe ir resolviendo si hay capacidad de amarse. Y eso empieza por asumir como amamos y como queremos ser amados.






3 comentarios:

ordago13 dijo...

Son malos tiempos para el amor pero siempre quedará la esperanza...

Yo siempre propongo buena música¡¡¡

Solo tengo ojos para ti

Nelson_Agadé_ dijo...

correrán malos tiempor pero la convicción hacia la persona que se ama debe mantenerse firme.

Es difícil, pero la comunicación y la constancia superan las barreras!!

buen blog

LILIT dijo...

guau! me encantó esta entrada.

No sabes la de veces que he pensado -y hasta intentado escribir sobre muchas de las cosas que dices- pero sobre todo, y ahora mismo, me quedo con esta: "o si estamos ante un cambio de modelo afectivo que también esta en pleno proceso de transformación"

si, esta creo que me resume-aunque abra más dudas- las mil vueltas(filosofadas) que he dado yo con este tema. Suelo acabar pensando que nos falta una alternativa nueva para cambiar el modelo actual....pero todavía no sabemos cual...

te enlazaré, con tu permiso.