lunes, 19 de octubre de 2009

Corre, corre que te falta tiempo


Nuestra existencia no es más que una breve rendija de luz entre dos eternidades de tiniebla escribió Vladimir Nabokov, quien a la vez calculó, que por lo general contemplamos el abismo prenatal con más calma que al otro al que nos dirigimos. O sea que no podemos perder el tiempo.

Se acabó el arte de la lentitud que practicábamos durante la infancia, sin tener ni idea de que aquello era un arte: cada día parecía toda una vida. Ahora los días pasan en un vuelo y, además la velocidad esta de moda. La velocidad como una forma de olvido según Milan Kundera. La velocidad es una forma de éxtasis que la revolución técnica ha brindado al hombre. Milan Kundera cuando escribió la lentitud, ni siquiera imaginaba que al cabo de pocos años no escogeríamos la velocidad, sino que está nos alcanzaría a través del teléfono móvil, el correo electrónico, las agendas electrónicas, la comida rápida, el sexo de aquí te pillo y aquí te mato , y sobre todo la sensación de tener que hacerlo todo en poco tiempo. Porque tenemos mucho que hacer, ver y oír, aunque escuchamos poco. Y porque vamos directo a la tumba a 4.500 pulsaciones por hora.

El coste humano del turbocapitalismo como lo definió Honoré en su libro "elogio de la lentitud", es que las largas horas en el trabajo nos vuelven improductivos, somos más infelices y estamos más enfermos.
Una vida apresurada es una vida superficial en la que la realidad se nos escapa.

Si realizáramos un ranking de las frases que más pronunciamos en la sociedad que vivimos, en los primeros puestos seguro que encontraríamos la de "no tengo tiempo".

Sólo tenemos una vida, y desaprovecharla nos da pánico. Vivimos con una sensación de fondo de que quizás podríamos aprovechar más el tiempo, que se podría estar haciendo más cosas, que podríamos llegar más lejos. Nos sentimos culpable si el tiempo no es productivo o rentable.

El tiempo improductivo nos pesa, y no sólo en el terreno laboral, sino incluso en nuestro espacio de ocio. Las vacaciones son un buen ejemplo; más que saborearlas, las convertimos en productiva de alguna forma: para dar una imagen ante los demás, para acopiar recuerdos y fotografías para el futuro...., para algo más que el simple disfrute.

Somos tan ingenuos que nos llegamos a creer que si corremos podremos llegar a todo lo que nos hemos propuesto. Incluso queda bien correr y decir "estoy muy ocupado, no tengo tiempo, tengo prisa". De hecho, si alguien dice que le sobra tiempo, empezaremos a sospechar que no trabaja mucho, que no es muy normal.

Lo lamentable es que en aquellos casos en que no queremos correr, los demás nos contagian. Tendríamos que apearnos todos a la vez de las prisas.

El día tiene 24 horas, así que como no podemos alargarlo recortamos la lista de cosas por hacer. Desgraciadamente, las que eliminamos son las actividades no productivas, es decir, las placenteras. Y pensamos que si nos queda algún hueco ya iremos a tomar un café con nuestro amigo, o nos daremos un paseo, lo cual al final no sucede.

No somos consciente de que si vamos eliminando lo que realmente nos gusta, nuestro estado de ánimo se resentirá y nos influirá negativamente en nuestra productividad.

Si el día no nos llega para cumplir todas las obligaciones, o nos llega pero a costa de nuestro bienestar, está claro que nos hemos de parar a reflexionar sobre qué obligaciones eliminamos.

El arte de la lentitud se puede cultivar diciendo adiós a la tiranía del reloj. Pero quizás el secreto de la desaceleración lo resume la palabra alemana eigen-zeit: eigen significa propio, y zeit tiempo.
En otras palabras cada ser vivo, cada acontecimiento, tiene su propio ritmo o tiempo inherente, y tal vez el arte de la lentitud consista en descubrirlo y ajustarnos a él. A él y al nuestro: descubrir nuestro propio tiempo. No acelerarlo ni ralentizarlo.





2 comentarios:

viva la vida (coldplay) dijo...

eres inprecionante,es que comunicas con una claridad,para mi eres unica en este aspecto dentro de blogger,que facilidad muestras y que tacto,que sensibilidad,leerte me pone los pelos de punta,dios mio como seras a un metro de distancia.
SIGUE ASI AMIGA ERES UN FENOMENO.

Aceituna andaluza dijo...

Hermana, que bueno el artículo, tienes toda la razon, en nuestra vida no podemos dejar de lado las cosas que nos producen placer, con la estupida escusa de que no tenemos tiempo, hay que cumplir con nuestras obligaciones, y dentro de ellas, está el mimarnos y darnos placer, si nos organizamos y ponemos voluntad, hay tiempo para todo.

Un besazo hermana.