lunes, 7 de septiembre de 2009

¿Qué nos impide ser felices?


Los celos nacen del miedo a perder lo que se tiene. Destruyen el bienestar y la libertad. Aunque pueda parecer lo mismo, el apego es lo contrario del amor.

En múltiples ocasiones en la consulta suele salir este tema. Los seres humanos sufrimos por querer lo que no tenemos. La persona que nos gusta, el trabajo soñado, más tiempo libre o un coche deportivo. Sin embargo, por el camino nos olvidamos de lo que verdaderamente necesitamos. Al obsesionarnos con el objeto de nuestro deseo, de forma inconsciente terminamos idealizándolo. Creer que cuando lo tengamos nos dará la felicidad.

Al conseguir eso que tanto anhelamos, de pronto comenzamos a sufrir por miedo a perderlo, a que nos lo estropeen.

Y ese temor nos contamina con dosis diarias de ansiedad, atascándonos en un callejón sin salida: no podemos vivir felices con ello o sin ello.

Detrás de nuestros deseos y miedos se esconde uno de los virus más letales que atenta contra la salud emocional: el apego.


Hay quien dice que el apego es "sano". Otros afirman que "cuanto más apego se tiene, más se ama". Nada más lejos de la realidad.

Y entonces, ¿qué es el apego? Podría definirse como "el egocéntrico afán de controlar aquello que queremos que sea nuestro y de nadie más". Implica "creer que lo que nos pertenece es imprescindible para nuestra felicidad". Sin embargo, más que unirnos, el apego nos separa de lo que estamos apegados, mermando nuestro bienestar y nuestra libertad.

Podríamos preguntarnos si se puede vivir sin apegos. Yo respondería que si, pero que es una hazaña que requiere comprender que lo que necesitamos para ser felices está dentro de nosotros y no fuera. "Ser felices" quiere decir que "estamos a gusto, cómodos y en paz con nosotros mismos. Cuando sentimos que no nos falta de nada". La trampa consiste en creer que algo vinculado con el futuro nos dará lo que no nos estamos dando aquí y ahora.

Mediante el equilibrio interno podemos cultivar el desapego en nuestra relación con los demás. Compartir lo que somos, agradecidos de recibir lo que otras personas y la vida nos quiere dar. Nada ni nadie nos pertenece. Tan solo gozamos del privilegio de disfrutarlo temporalmente. Más que nada, porque todo está en permanente cambio.

2 comentarios:

Marta dijo...

Muy interesante tu post. Es tan cierto lo que dices... El ser humano no ha aprendido todavía, no hemos aprendido todavía que la vida es un regalo que no podemos controlar, sino disfrutar y esto último casi nadie lo hace porque nos inventamos muchas cárceles o apegos para seguir deseando. Creo que se nos curará esta enfermedad cuando disfrutemos del momento del ahora sin pensar en ayer, en mañana o en qué haré la hora siguiente. La vida es un flujo constante, no está parcelada.

nelsonhdcruz dijo...

lo que impide ser feliz a las personas es algunas veces no saber decidir bien las cosas.

hola, me agradó mucho el mensaje!!!