lunes, 14 de septiembre de 2009

La relación con los demás



No hay nada que nos ocupe y preocupe tanto como nuestras relaciones con los demás. Aunque presumamos a menudo de pasar olímpicamente de su opinión, lo cierto es que los tenemos presente continuamente y, por supuesto, lo que puedan decir nos afecta en alguna medida. Pero también cabe observar lo que nosotros les decimos a los demás y como lo decimos.


"La cosa más difícil es conocernos a nosotros mismos; la más fácil, hablar de los demás "(Tales de Mileto).

Mientras unas personas pretenden quedar bien con todo el mundo, tarea que conlleva mucho desgaste personal, otras en cambio, se creen que disponen de todos los derechos y ninguna obligación, o sea, que no les importa pisotear a los demás con tal de lograr lo que creen que el mundo les debe.

Otra manera de dar rodeos a las cosas sin afrontarla directamente es el uso de la ironía y el sarcasmo. Son estrategias que, si bien pretenden quitar hierro al asunto, al final confunden e incluso hieren más que una honesta y clara expresión de enfado. Aunque una fina ironía tiene un punto de admirativa, no cabe duda de que es una muestra de superioridad, y a veces de soberbia, que no trata la relación de igual a igual.


Hay que tener en cuenta también que hay otras personas cuya reacción hacia los demás es de bloqueo o pasividad, en este caso estaríamos ante aquellos que prefieren esconderse, no rechistar, dejarlo correr... Ante tales extremos, la práctica asertiva es la que se muestra defensora de nuestra dignidad, una manera elegante de poner cada cosa en su sitio. Porque en realidad nadie puede poner en duda lo que pensamos y sentimos. Pueden no estar de acuerdo, pueden poner límites a nuestras conductas, pero en ningún caso deslegitimar nuestras creencias y sentimientos. Y eso empieza por no deslegitimarse uno a sí mismo.


Admiro a las personas que saben expresarse con serenidad y firmeza a la vez, sin agresividad ni violencia; con claridad meridiana y sin medias tintas; con amabilidad y sin descalificaciones insultantes; con cortesía y sin acritud.

La cuestión no es sólo lo que digo, sino el cómo lo digo. La misma palabra puede ser dicha de maneras muy distintas, tan distintas que pueden despertar en el otro reacciones que van desde la aceptación respetuosa, hasta la animadversión más absoluta. Y con demasiada frecuencia el problema, el origen de la disputa, está más en el cómo que en el qué.


Ni puedo, ni debo, ni quiero contentar a todo el mundo. Es más, si caigo bien a todos absolutamente bien a todos, tengo que empezar a preocuparme seriamente. Si carezco por completo, no diré de enemigos pero si de enemistades, algo grave puede estar pasándome, porque hay personas y posiciones que merecen mi rechazo absoluto y no en medias tintas.


3 comentarios:

Aceituna andaluza dijo...

Tienes mucha razon en tu articulo de que hay personas que es imposible llevarse bien, porque no compartes su manera de ser y de comportarse.

Muy buena reflexion, como siempre hermana.

Anónimo dijo...

Yo soy de las escurridizas a la hora de acercarme a alguien que me importa, y me duele un montón.

El hada del Sur dijo...

Hola ANÓNIMO:
A lo mejor si se dejas fluir puede que dejes de resistirte y el acercamiento que quieras tener con alguien que te importa salga favorable.
Nunca tenemos nada que perder solo de ganar...