miércoles, 9 de septiembre de 2009

El éxito más alla del éxito




Es hora de reconocerlo: por lo general somos una sociedad de "eruditos racionales" y "analfabetos emocionales". No nos han enseñado a expresar con palabras el torbellino de emociones, sentimientos y estados de ánimos que deambulan por nuestro interior. Y esa ignorancia nos lleva a marginar lo que nos ocurre por dentro, sufriendo sus consecuencias.


Debido a nuestra falta de conocimiento y entrenamiento en inteligencia emocional, solemos reaccionar o reprimirnos instintivamente cada vez que nos enfrentamos a la adversidad. Apenas nos damos espacio para comprender lo que ha sucedido. En esto consiste vivir inconscientemente: en no darnos cuenta de que somos cocreadores de nuestro sufrimiento.


Por el camino, las heridas provocadas por esta guerra interna nos deja un pozo de miedos, angustias y carencias. Y la experiencia del malestar facilita que nos creamos una de las grandes mentiras de preconiza este sistema: que nuestro bienestar y nuestra felicidad depende de algo externo.


Bajo el embrujo de esa falsa creencia y de forma inconsciente, vivimos como si trabajar en pos de lo de fuera fuese más importante que cuidar y atender lo de dentro. Priorizamos el "cómo nos ven" al "cómo nos sentimos". Y no sólo eso. Este condicionamiento también nos mueve a utilizar mucho de lo que decimos y hacemos para que los demás nos conozcan, nos comprendan, nos acepten y nos quieran. Así es como esperamos recuperar nuestra estabilidad emocional.


Pero la realidad demuestra que siguiendo esta estrategia no solemos conseguirla, y que en el empeño terminamos por olvidarnos de nosotros mismos. Por eso sufrimos. Al ir por la vida rotos por dentro, nos volvemos más vulnerables frente a nuestras circunstancias y mucho más influenciable. Lo que piensan los demás empieza a ser más importante que lo que pensamos nosotros mismos.


Al seguir desnudos por dentro, poco a poco nos vestimos con las creencias y los valores de la mayoría, y empezamos a pensar y actuar según las reglas, normas y convenciones que nos han sido impuestas.


Los demás no nos dan ni nos quitan nada. Y nunca lo han hecho. Tan solo son espejos que nos muestran lo que tenemos y lo que nos falta. Ya lo dijo el filósofo Aldous Huxley: "La experiencia no es lo que nos pasa, sino la interpretación que hacemos de lo que nos pasa". Lo único que necesitamos para gozar de una vida emocional sana y equilibrada es cultivar una visión más objetiva de nosotros mismos. Sólo así podremos comprendernos, aceptarnos y valorarnos tal como somos. Y lo mismo con los demás.


Podemos seguir sufriendo por lo que no nos da la vida y los demás, o podemos empezar a atendernos y abastecernos a nosotros mismos. Es una decisión personal. Y lo queramos o no ver, la tomamos cada día.




1 comentario:

Iván López dijo...

a veces es dificil comprenderse a uno mismo. Sufririas mucho tu y los demas...