lunes, 28 de septiembre de 2009

El amor como droga dura


El amor es una droga dura en algunas ocasiones, cuando no se puede aceptar la diferencia que separa a un sujeto de otro, la alteridad que nos recuerda que somos dos en lugar de uno los que componemos ese vínculo que a veces nos confunde y nos hace creer que somos uno solo fundidos. Con-fusión quiere decir "fusión con" (con ese otro que amo, que me alimenta el alma, que me hace ser).
El amor hace ser hasta tal punto que en casos extremos un hombre puede llegar a creer erróneamente que su mujer es parte de sí mismo, que está para atenderle, para cuidarle, y si no está, es que no le quiere, le hace daño, le odia y despierta todo su odio. Y una mujer, en casos extremos, puede creer que con el amor que su compañero le tiene le hace ser de tal modo que tiene que soportar lo que sea con tal de no perderlo. Si luego él no la trata bien, cree que es porque seguramente ha hecho algo malo y procura redoblar sus cuidados y atenciones.
El anhelo de fusión es especialmente fuerte en la pasión amorosa. Toda pasión tiene un punto de alienación o de locura. Pero como toda pasión es un engaño, a quienes son víctimas de ellas sin advertencia ninguna, la realidad se encarga de hacerles sentir que las diferencias son inevitables y con ellas, las frustraciones. Dependerá del grado de madurez que cada cual tenga para reconocer esta dolorosa verdad para que su comportamiento frente a las decepciones inevitables y/ o las separaciones sea de un duelo razonable que ayude a madurar y a distanciarse para no quedar atrapado en un vínculo sin salida o, por el contrario, sean el rencor y la furia.
La cultura en la que estamos sumergidos insiste en el amor pasional como paradigma de amor verdadero, alimentado por los mitos del amor romántico que se cantan en canciones, en telenovelas y creencias populares que calan en el inconsciente.
Este mito es alimentado además de una manera asimétrica, en la que se distribuyen modelos de comportamiento para hombres y para mujeres que establece una complicidad que permite el acoplamiento.
El modelo para los hombres consiste en el mensaje de dominio de sus mujeres, expresado a través de un control excesivo, de celos injustificados, de una posesividad que se considera normal aunque no lo sea, pero que puede resultar seductora para una mujer que no está advertida de los peligros que la misma implica. "Heraldos negros que nublan la razón y envenenan" es como define Serrat los celos en una canción. "Monstruos de ojos verdes", los llama Shakespeare. No es lo mismo que un hombre exprese un anhelo de posesión que habla de su deseo de que la mujer que ama le pertenezca, que convertir ese deseo en una exigencia que si no se cumple lo vuelve peligrosamente agresivo.
Los modelos de comportamiento para las mujeres consiste en mensajes de sumisión y entrega a su hombre.
En otro sentido muchas mujeres son víctimas de un complejo de salvadoras, que proviene de un fondo maternal, que las lleva a creer que con su amor al compañero lo salvará de todo sufrimiento y, al mismo tiempo, tranquilizan su inseguridad de no ser queridas por sentirse intensamente necesarias en el vínculo con un hombre al que sienten desvalido.


Cuando las mujeres se plantean abandonar al maltratador tienen que reconstruir su nueva biografía en un contexto ajeno a sus tradiciones y abandonar un lugar donde se comportaba como amantes esposas y madres. Se trata de dejar su proyecto vital, renunciar al amor es el fracaso más absoluto de su vida y es muy difícil que vean en ese cambio una promesa de vida mejor. Las mujeres siguen interpretando la ruptura matrimonial como un problema individual, como una situación estresante y anómala y no como la liberación de una situación opresiva que además debe ser tratada como problema colectivo y no individual. Y en este sentido, es la sociedad la que debe rehabilitarse, la que debe ser llevada a terapia, porque son las construcciones, las historias y los mitos de esa sociedad los que están en el origen y la raíz del problema de la violencia domestica.
Nuestro modelo social es el máximo legitimador de estos y otros comportamientos y, como tal la violencia domestica será el plato de todos los días sino somos capaces de cuestionarnos que tipo de sociedad genera maltratadores, que sociedad genera esta patología del vinculo amoroso. A su vez debemos pensar que tipo de cultura es la nuestra para que mujeres capaces y adultas soporten en nombre del AMOR, la humillación y el sufrimiento; para que en lugar de escapar de esas situaciones busquen soluciones peregrinas y absurdas como tener hijos, automedicarse o disculpar a su pareja para no perder aquello que fundamenta su vida: El amor.
Condenar la pasión en bloque seria querer suprimir uno de los aspectos de nuestra creatividad y de nuestra historia. Además de imposible es una tarea titánica. Mi intención en este articulo es alertar, prevenir, analizar, aislar, desmontarla si se quiere para observarla y conocer mejor sus propiedades. Hacernos más consciente de este proceso nos hace más libre y hablar de la utopía nos acerca más a ella y a sus posibilidades, a la búsqueda de relaciones más alternativas al modelo al uso, de mayor calidad y que nos ahorre sufrimientos. Mi experiencia profesional y también personal me dice que quien da mucha importancia a su vida amorosa en detrimento de otros aspectos vitales sufre más, se suscribe ante el sufrimiento como meta, en comparación con aquellas personas que muestran menos interés por el campo sentimental y que ponderan en su justa medida la vivencia del amor.. Me gustaría que entandáis que no hay nadie en el mundo que pueda colmarnos definitiva y eternamente, que los afectos son múltiples, de diferentes pelajes y complejidad, que el amor no puede basarse en renuncias y sacrificios, y que nunca deberíamos abandonar nuestra individualidad, nuestros proyectos personales, nuestro espacio propio en aras del amor.




2 comentarios:

Han Solo dijo...

cuando se ama se vuela al lado del otro
no con el otro enjaulado
el amor es no pensar en ti
mucha gente que maltrata no piensa en ello
lastima

Marta dijo...

Buenísimo el artículo, Matilde! Esta sociedad nuestra y que tú también has analizado en el post, hace que muchos hombres sean incapaces de estar con mujeres que no se atienen al rol dominante de mujer sumisa que anhela el amor para sentirse realizada. Este tipo de hombres necesitan estar con una mujer que les “idolatre”, por decirlo de alguna manera.

Cuando encuentran una mujer soltera, independiente, valiente, asertiva y satisfecha con su vida, intentan dominarla y, si no pueden, la rechazan tratándola de loca, bruja, malvada y otros calificativos “estupendos”.

Por fortuna hay hombres que no son así. Muchas mujeres no tendríamos inconveniente en tener un compañero al lado, pero nunca un gañán.