lunes, 17 de agosto de 2009

El tiempo y la forma en que lo vives


Decía Jorge Luís Borges que el tiempo es la materia de la que hemos sido creados. Dios sabe en que dimensiones existimos cuando habitamos en el paraíso, pero al materializarnos, al venir a este mundo, entramos forzosamente en dos dimensiones que no abandonaremos hasta nuestra finitud material: el tiempo y el espacio.

No todos los tiempos son iguales. Al menos existen tres grandes mitos. Como cuenta el filosofo Jesús de la Pienda existe el tiempo “lineal”, muy propio de nuestras latitudes occidentales, o sea, la idea de que todo empieza y todo acaba, es como una línea sin principio ni fin en la que se sitúan todas las cosas que tienen duración.

El segundo mito es el tiempo circular, muy propio de las culturas orientales. Se basa en la creencia de que el tiempo del universo entero, con todas sus criaturas gira en un circulo, en una rueda cósmica de creación y destrucción sin fin, volviendo una y otra vez a sus orígenes. El tiempo cíclico es el de las reencarnaciones propiamente dicha del alma humana, sometidas a la ley del Karma, o sea, el principio de causalidad universal o de las consecuencias de la conducta humana. Nada empieza ni acaba, sino que todo esta en movimiento continuo, en una danza inacabable donde lo que no se resuelve hoy, tal vez se aclare en otra vida.

El tercer mito es el del tiempo “simultaneo”. Es el que domina la mente de los pueblos negroafricanos de cultura bantú. El tiempo lo constituyen los acontecimientos. Sus calendarios son históricos-biográficos y se confeccionan según lo que ocurra a la tribu, al clan, o a la familia. El día no se divide en horas, sino en momentos marcados principalmente por el sol, la luna, y en función del cuidado del ganado. El reloj-maquina no existe, ni, por tanto el estrés.

La mayoría de nosotros llena su cotidianidad de los tres tiempos. Por un lado, tenemos una perspectiva de vida personal y laboral más o menos planificada. Nos sometemos a un presente continuo, pero con la mirada puesta casi siempre en el mañana, en el futuro próximo. Vivimos linealmente. Pero a su vez celebramos onomásticas, aniversarios, fiestas populares, celebraciones de todo tipo que se repiten año tras año. Son siempre lo mismo, son un eterno retorno. Y también nuestra existencia es simultánea cuando por ejemplo lo dejamos todo para gozar de un instante amoroso que quisiéramos infinito.

Los seres humanos somos muy dados a llenar el tiempo, a querer amortizarlo, a pretender manipularlo a nuestro favor, estirándolo para que encaje todo lo que queremos vivir. Entonces somos esclavos del tiempo, dependemos de su paso inexorable y de su cronometría perfecta.
¿Qué ocurriría si simplemente nos regaláramos el tiempo? Eso es, regalarse el no hacer nada. Es como darle tiempo al tiempo, como dejar que las cosas ocurran sin intervenir, sin voluntades, sin forzar nada, sin obligarse a nada, sin expectativas de nada. Dicho de otro modo: si aprovecháramos el tiempo para vaciar, en lugar de seguir llenando, ¿ no sería bueno sentirse que uno es tiempo y no correr tras él?.

No hacer nada no significa estar desactivado, sino todo lo contrario. Vivimos en el tiempo cuando estamos conectado con nosotros mismos sin actividades ni distracciones que nos descentren. Estoy conmigo y estoy con los demás, abiertamente, atentamente pero sin esfuerzo. Como diría un taotista: no hacer nada pero sin dejar nada por hacer.

Creo que no nos damos cuenta de que somos tiempo, de que no lo podemos separar de nosotros. Cada vez que decimos que no tenemos tiempo es tanto como decir que no existimos.

Tengo últimamente la sensación de que estructuramos demasiado la vida. En lugar de permitirnos abrazarla, parece que preferimos construir compartimentos estancos. Que nuestras vidas transitan entre marcos referenciales, llevando al extremo aquello de un tiempo para cada cosa y cada cosa a su tiempo. La vida en realidad si nos fijamos no funciona así, y por eso creo que andamos a contracorriente. La vida se expresa de forma discontinua; no atiende a horarios, no es homogénea ni equilibrada. La vida ni corre demasiado ni se entretiene. Simplemente, fluye.

1 comentario:

Iván López dijo...

no hay mejor manera que utilizar el tiempo que viajar. Ya veo que tu viaje tampoco tuvo desperdicio...en Jordania tb vi muchas ruinas... me alegra que tb hayas disfrutado. Seguimos en el camino... Bienvenida también..

;-)