lunes, 25 de mayo de 2009

Intercambio de emociones


Todos tenemos a nuestro alrededor personas que al poco de estar con ellas nos transmiten su energía y con quienes, sin saber por qué, nos sentimos bien. Pero también conocemos a otros que al relacionarnos con ellos, y muy a nuestro pesar, nos deprimen y nos consumen la energía que tenemos.


El contagio emocional es un hecho hoy día manifiestamente probado. Tampoco puede sorprendernos que debido al contagio emocional haya personas con las que tenemos una predisposición a relacionarnos porque nos cargan las pilas. Y en el otro extremo, personas que tendemos a evitar porque nos hacen sentir fatal y nos absorben la energía.


Estamos expuestos al contagio emocional de los demás, y ello incluye todo tipo de emociones positivas y negativas. Podemos tener la suerte de contagiarnos de optimismo y de afectividad, o ser víctimas inocentes (hoy día lo llamaríamos daños colaterales) de explosiones emocionales ajenas en forma de ira, enfado o rabia.


Como afirma el profesor Sebastiá Serrano, "la emociones saltan de unas mentes a otras como si nada, los sentimientos son contagiosos, mucho más que las ideas".


No todos somos igual de vulnerables o contagiables: las personas más sensibles se contagian con mayor facilidad, mientras que las menos sensibles pueden sobrevivir al más tóxicos de los encuentros sin sufrir grandes daños emocionales ni haber absorbido toda esta negatividad.


Si aceptamos la existencia del contagio emocional, no nos puede sorprender que muchas veces lleguemos al final del día inmersos en un determinado estado de ánimo al que a menudo no sabemos dar explicación: nos sentimos eufóricos sin motivos aparentes o tristes sin una causa objetiva que lo justifique. Algunas veces, simplemente no podemos acabar de identificar nuestro estado de ánimo porque no coincide con el que de forma natural deberíamos tener y ello nos desconcierta. Y es que, más allá de nuestro estado natural, son todas las emociones intercambiadas con los demás a lo largo del día las que determinan nuestro estado de ánimo.


Cabría entonces preguntarse: ¿contagiamos nosotros a los demás? Lógicamente la respuesta es que sí. El contagio emocional es un camino de dos direcciones. Los demás nos contagian y a su vez nosotros contagiamos a los demás.


Contagiamos mucho más de lo que creemos. Y quienes nos rodean se van forjando una idea de nosotros a través de los sucesivos contagios. La mayoría de las etiquetas que nos ponen son frutos de ellos. Y al final, la gente de nuestro alrededor acaba conociendo nuestras reacciones mejor que nosotros mismos.


El contagio emocional suele ser un proceso inconsciente, pero podemos convertirlo en un proceso consciente si reflexionamos sobre qué es lo que contagiamos y qué efecto tiene sobre la gente. Porque no es justo andar por ahí contagiando nuestras frustraciones, negatividad y mal humor a todo el que se cruza con nosotros.


Tomar conciencia del contagio emocional es algo que puede dar un giro a nuestras relaciones. Podremos hasta cierto punto protegernos de los contagios nocivos evitándolos o cerrándoles las puertas. Tendremos la oportunidad de dejar de transmitir accidentalmente emociones negativas y elegir de forma consciente lo que queremos enviar.


6 comentarios:

el autor dijo...

Muy interesante el artículo, es verdad, eso suele pasarme seguido, ahora ya le he puesto nombre. Besos

Galileo dijo...

Me ha encantado. Saludos.

El hada del Sur dijo...

Muchas gracias por los comentarios.
Me alegra Andres que hayas podido encontrar el nombre de algo que te sucede.
Estamos en este mundo interconectado y por tanto las emociones no pueden quedar atrás.
Besos

Han Solo dijo...

yo creo qeu todo depende de donde estes y de como este la gente con al qeuestas
lo que se dice el ambiente

besos

Pablo Fernando dijo...

Me ha gustado mucho tu blog , hay mucha reflexión y sentimiento jusntos .
http://letracapitalxxi.blogspot.com/

Pablo Fernando dijo...

Me gusta tu blog mucho .
Atte Pablo