miércoles, 13 de mayo de 2009

Fuera rigidez



A veces nos tomamos demasiado en serio. En ese dejar atrás el niño o la niña que fuimos, abandonamos sin darnos cuenta materiales nobles para nuestra autoconstrucción. Es más a menudo arrastramos lo peor de nuestra infancia y, en cambio desechamos el campo de habilidad infinita sin darnos cuenta. Y es también así, sin demasiada conciencia de cómo lo hacemos, como nos volvemos rígidos, incapaces de asumir otro rol que aquel al que nos hemos acostumbrado tanto, que al final nos identificamos solo con él.

La rigidez nos constriñe hasta el punto de sentirnos aprisionados por la propia armadura que hemos construido para parapetarnos de los ataques del mundo exterior y, sobre todo, de los depredadores humanos que pueden dañarnos con una simple palabra. En el fondo seguimos siendo niños que han cambiado la sonrisa por la cara de perro o las rabietas por palabras y gestos perseverantes envenenados.
La madurez conlleva asumir los avatares de la existencia. Cuando eres joven, parece que todo tenga vuelta atrás, ya que suele haber siempre alguien encargado de aclarar nuestros entuertos, que nos disculpa, nos libera de la culpa y nos da otra oportunidad. Pero eso no ocurre de mayores. Cada decisión que tomamos, cada rol que asumimos, acarrea su responsabilidad, cada perdida es irreparable y nadie nos saca las castaña del fuego. Ése es el vértigo que produce la vida, y ante tal realidad, hay quien aprende a aceptar, hay quien se revela, hay quien se resigna y también hay quien no aguanta demasiado y prefiere hacer regresiones, o sea, se vuelve para atrás y se convierte en Peter Pan.

La vida es un autentico misterio. No hay engaño más clamoroso que creer que podemos tener la vida bajo control. Todo cambia si en lugar de controlar nos permitimos seguir siendo jugadores con una sola condición: aceptar que los dados los pueden tirar por nosotros. Eso se puede vivir como una desgracia o como una aventura. Como un sino, una tragedia, una rendición o una oportunidad.
Las personas excesivamente rígidas son también grandes controladoras, sobre todo emocionalmente. La represión es su fuerte; el sobreesfuerzo su constante, y el control su aliado.

No es necesario vivir así. No hace falta pasar por esta vida con cara de eterno descontento.

Entramos y salimos de nuestras identidades, excepto aquellas que han escogido un único camino, una sola manera de estar en el mundo, "rígida".

Cierto que acaban siendo genio y figura, pero a costa de vivir atrapada en sus personajes. ¿Cómo salir de ahí?. ¡Rompiéndolo! permitirse el error. Vale la pena de aligerarse de la pesada carga de hacerlo todo bien y de pasar por este mundo habiendo sido casi un santón.

Vale la pena reivindicar el valor del juego en nuestra vida, como bálsamo contra la rigidez, contra los automatismos y contra la idea de que nuestra personalidad es como la roca. ¿Cómo vamos a poder cambiar, a volvernos más flexibles y a utilizar nuestra creatividad , si no es jugando con nosotros mismos?.
El juego como actitud permite que nos reinventemos. Permite que nos riamos más a menudo.
Permite descubrir que la vida es ilimitada si sorteamos nuestras propias fronteras de miedo.

7 comentarios:

Han Solo dijo...

ademas, la mejor manera de entender a un niño, es ser un niño
Creo, qeu por eso mucha gente mayopr, no entiende a los niños
Seguir alimentando al niño qe utodfostenemos dentro, nos hace crecer como personas
seguimos disfrutando de lo buena que fue la infancia
LAinfancia. luar al que se puede volver siempre que uno quiera

mcuhos besos malagueña

Aceituna andaluza dijo...

Totalmente deacuerdo con tus sabias palabras, el que vayamos madurando y creciendo como personas como consecuencia de las distintas experiencias de la vida, no significa que debemos dejar de reir, de jugar, de dejar salir nuestra parte mas tierna e inocente. Una vez escuché que el mayor halago que se le puede hacer a una persona es compararlo con un niño.

Un besazo ;.)

Galileo dijo...

Hola, ciertamente el afán de control y la búsqueda de seguridad en nuestro entorno, hace que nos condenemos a la frustración. Sabemos que moriremos, que envejeceremos en el mejor de los casos, sabemos que vendrán días de risas y días de sufrimiento, si no se acepta eso como punto de partida...
Gracias por el artículo, es una muy buena receta.

viva la vida (coldplay) dijo...

SIEMPRE LLEVAREMOS A UN NIÑO DENTRO,PERO ESE NIÑO EVOLUCIONA CON LAS EXPERIENCIAS Y A VECES ESAS MISMAS EXPERIENCIAS TE CIERRAN TU ARMADURA HASTA QUE LLEGA ALGO PASAJERO O ALGUIEN QUE MUCHAS VECES TE ABREN TU ARMADURA,

Iván López dijo...

vuelven las coincidencias...a veces peco de rigidez...soy consciente, pero tengo muchas corazas que aún no he derribado. mUY BUEN POST..

Mª Ángeles dijo...

Me gustaría volver a ser pequeña otra vez.
Me encantó tu blog. Tiene mucha dulzura y se nota dedicación.
Un saludo

Marta dijo...

Muy buen post! Creo que la rigidez, ese afán de controlar todo obedece al miedo. La vida puede llegar a darnos miedo precisamente por ese vértigo que supone el tomar tantas decisiones, algunas irreversibles, al cabo del día. Es bonito aprender a permitirte errores porque la vida se aligera y tu mente también. Es precisamente el juego, el crear cuentos en mi caso, lo que tanto me está ayudando a ver la vida desde ángulos no tan estrictos ni tan rígidos. Matilde, algo pasa con tu última entrada, que no se ve. The ghost of Tom Joad, intento acceder y me dice que la página no existe en tu blog. A mí me pasó el otro día y lo que hice fue volver a subir el post. Un beso.