martes, 14 de abril de 2009

Nuestro paso por la vida

"La vida no vivida es una enfermedad de la que se pueda morir", decía el psicólogo Carl Gustav Jung. El tiempo fluye, los días pasan, y cada segundo que vivimos es un momento que ya no volverá. La vida, nuestra vida, avanza implacable. Porque una cosa es estar vivos, y otra bien distinta es vivir la vida. Una cosa es ser simples espectadores del tiempo y el espacio que nos acompaña y define el escenario en el que nos movemos, y otra muy diferente es intervenir en el guión para modificar en la medida de nuestras capacidades y responsabilidades dicho escenario.

Robin Willian susurraba como una letanía (vive el momento) a sus alumnos en la película "el club de los poetas muertos", mientras éstos contemplaban en las vitrinas de su escuela viejas fotografías en color sepia de muchachos de su misma edad que pasaron por allí hacia largo tiempo y habían muerto.

La juventud del presente contemplando la que había sido y ya no era servía como provocación al apasionado maestro para despertar a sus alumnos la conciencia de que el tiempo es breve, y de que merece la pena beber cada instante de la vida y crear un proyecto vital acorde con los anhelos de cada uno. A diferencia de lo que proponía el protagonista de la película a sus alumnos, a medida que pasa el tiempo y observo alrededor mio, crece en mí la viva sensación de que dejamos lo esencial para después del funeral. Me refiero a la reflexión sobre cuestiones importantes de aquello que da sentido a la vida, lo que nutre, lo que aporta profundidad a nuestras experiencias, gratificación emocional e intelectual, vínculos afectivos potentes, sensación de cumplimiento y de plenitud.

En algún momento cualquiera de nosotros tiene la ocasión de constatar tal fenómeno en los desgraciados momentos que a todos nos toca vivir cuando se trata de despedir a alguien cuya muerte no estaba prevista en el guión.

La muerte de un ser querido que llega inesperadamente nos suele llevar no sólo al inevitable duelo, sino también a cuestionarnos los para qué de nuestra propia existencia, y, eventualmente a apretar el acelerador del CORAJE y atrevernos a crear nuestros escenarios existenciales.

Como en mi vida sin mi, de Isabel Coixet, la lucidez aparece por lo que podríamos llamar el efecto bofetada. Lo que no nos planteamos por convicción nos estalla en las narices por compulsión y reclama una respuesta. Entonces, la reflexión sentida y el sentimiento pensado se imponen. Ambos se necesitan para construir una hoja de ruta personal con un mínimo de sentido que alivien los efectos de la crisis y permita seguir andando con esperanza y con un propósito existencial.

Frente a la opción de construir y llevar a cabo nuestros proyectos personales existe la alternativa del abandono, de la resignación.

Como dijo el escritor Honoré de Balzac "la resignación es un suicidio cotidiano".

La elección de la resignación , el abandono o a la inercia no resuelve la inquietud, ni la angustia, ni el malestar. Más bien lo acrecienta. Porque resignarse, como ser cínico es fácil. Argumentos para la resignación y el cinismo jamás han escaseado en la historia, y tampoco lo harán en el futuro.

La inercia va a su bola, no mira ni a los lados ni por el retrovisor, arrasa con todo, no se cuestiona. Sólo avanza, a saco, a cualquier precio. La peligrosa inercia no conoce el acto de la rectificación, ni tan sólo del matiz. Es simplista. Los desatres no previstos por la peligrosa inercia se convierte en "efectos colaterales". La peligrosa inercia no tiene visión sistématica, es más bien lineal, muy cortita de vista. Gracias a ello llega al lugar al que se dirige de cabeza, estampádose, cargandose lo que hay por delante como aquellas primeras sondas lunares que para fotografiar nuestro satélite se estrellaban como kamikazes sobre su superficie dejando una cicatriz imborrable para siempre en la piel de la luna. Porque la peligrosa inercia no conoce la duda: desde su ignorancia lo tiene todo claro, y si algo se carga la culpa siempre es del otro o de una compleja y aberrante conspiración. ¡Es tan dificil mirarse hacia si y cuestionarse...! Además, la peligrosa inercia no ve, la tenue pero firme unidad de las cosas: fragmenta la realidad y se queda con lo que le interesa.

Frente a ello, lo difícil, lo complejo, porque implica un compromiso y una acción coherente, es arremangarse y trabajar para cambiar y crear las circunstancias que dan sentido a la vida y hacen de este mundo un lugar más habitables para todos. Diseñar nuestros proyectos, pero sobre todo andar por la vida con intención de llevarlo a la acción, ése es el reto. Un reto que, como tal, es un ejercicio de consciencia, coraje, responsabilidad y perseverancia.

Para dar un primer paso, existe un ejercicio sumamente útil. Se trata de responder a aquella pregunta que el doctor Viktor Frankl hacía a algunos de sus pacientes tras su experiencia como supervivientes en los campos de exterminio nazis. Él, que sobrevivió a aquellas terribles experiencias en cuatro campos de exterminio, entre ellos el de Auschwitz, donde murió asesinada toda su familia, constato en su propia piel y en la de otros supervivientes que "quien tiene un por qué vivir, encontrará siempre un cómo", y observo que esa regla también era útil y aplicable a situaciones cotidianas. Por ese motivo, y una vez finalizada la guerra y liberado del terror, cuando retomó su consulta psicológica y algunos pacientes le decía que se encontraba deprimido, él le preguntaba, ajeno a toda ironía y sarcasmo:"Y usted, ¿por qué no se suicida?". Ante una preguntaba de tal calibre, el paciente normalmente respondía que no lo hacía porque había alguien a quien amaba y con quien deseaba permanecer, o porque quería llevar a cabo algún proyecto. "Bien, entonces ponga su energía en cultivar la relación con esa persona o en crear las circunstancias para que el proyecto que tanto desea se lleve a cabo", era el estilo de respuesta.

"Los que dicen que es imposible no deberían molestar ni interrumpir a los que lo están haciendo" (Thomas Edison).

Si sigue usted haciendo lo mismo de siempre, seguira obteniendo lo mismo de siempre. Para conseguir algo nuevo o diferente, usted debe hacer algo nuevo o diferente. Esta hermosa obviedad era enunciada a menudo por el psicoterapeuta Milton Ericson. Una invitación que es especialmente útil cuando lo esencial está en riesgo. Y lo esencial son las actitudes, los valores y, en definitiva las posturas que adoptemos resultado de la conciencia y de la responsabilidad en nuestro paso por la vida.

7 comentarios:

Han Solo dijo...

ya lo dijo John Lennon: "La vida es algo que ocurre, mientras nosotros estamos ocupados en otras cosas"

Iván López dijo...

dea cuerdo con las palabras de Han Solo. También alguien dijo que nos pasamos la vida planificando nuestro futuro mientras dejamos de sentir las cosas del presente. Hay que vivir el presente quizás mañana no estés aquí. alcanzar ese grado de conciencia es complicado, pero hay que vivir así.

Marta dijo...

Matilde, es interesantísimo tu artículo, me ha encantado. Cada vez tengo más claro que entre todo lo que venimos a hacer en la vida, lo más importante es aprender a ser creadores de nuestra realidad y precisamente no dejarnos llevar por esa inercia que tan bien describes. Un beso enorme y gracias por este artículo tan esclarecedor de muchas cosas.

El hada del Sur dijo...

Creo que el presente es lo más valioso que tenemos y es por ello que se trata que seamos consciente de ello. Planificar, poner en marcha nuestras decisiones en los proyecots que para nosotros son importantes.
Cunado uno quiere estudiar una carrera tiene que planificarla, cuando tiene que buscar trabajo tiene que buscarlo.
La inercia no sirve para nada.
Hay que vivir el presente con esa intensidad dejandose fluir en nuestros proyectos diarios.

Iván López dijo...

Hola hada...jejee, sólo quería comentar que el presente es lo que avle, sólo existe el presente. En cuanto a que debe haber una planificación está claro porque sino sí que no podríamos realizar todo aquello que nos proponemos, tienes toda la razón en ello. Pero es una planificación en un futuro incierto, por eso me refería a lo de vivir en un presente continuo.

Je je,

ójala pudieras venir al estreno. No te preocupes, lo podrás ver en breve.

Ya trabajo en otro proyecto para intentar rodarlo este año, creo que es mi mejor historia hasta el momento. Se titula. TE DEBO UN AMANECER
ahora me toca empezar a buscar a personas que quieran que se haga realidad y no financien con cualquier tipo de ayuda. La eterna lucha en esto del cine..


Un saludo...

viva la vida (coldplay) dijo...

el ser humano ha venido a la tierra como una herramienta a la que luego la experiencia la hace manejable.

Ptolomeo Lagos dijo...

Buen alegato. De una lógica aplastante y lleno de argumentos valiosos. Y sin embargo, en muchísimas ocasiones, que difícil de llevar a cabo.