miércoles, 1 de abril de 2009

No le vuelva loco la mente

A esta altura del conocimiento sobre la conducta humana, ya no cabe más dudas: el problema es la dichosa mente. O tal vez lo que hacemos con ella, que no es otra cosa que atormentarla a base de pensamientos. Dejemos claro, pues, que no es la mente la mala de la película, sino nuestro inquisidor afán por pensarlo todo. Somos lo que pensamos. No podemos dejar de creer en lo que nosotros mismos hemos creado. Sin darnos cuenta, creamos lo que creamos.

Antes de adentrarnos en la servidumbres mentales, sirva recordar que no es un acto gratuito. Necesita de una inversión energética y, a la vez, genera más energía. No en vano acabamos agotados de "tanto pensar". El mensaje que no debemos olvidar es que esa energía que genera el pensamiento, igual que la genera los estados emocionales, se traduce en una vibración personal, en una bola de información que se lanza al universo. Dicho de otro modo: el pensar genera estados internos (nos demos cuenta o no), y dichos estados generan una vibración personal que va más allá de nosotros. La captamos en los demás, así como somos captados.

Pienso, luego dudo. El escritor y filósofo Henri Fréderic Amiel: "El hombre que pretende ver todo con claridad antes de decidir, nunca decide". Para su entretenimiento, la mente siempre necesita, al menos, dos pensamientos en conflicto.

Metidos en esta dualidad, nuestras vidas padecen el síndrome de la duda, o sea, que algún miedo nos esta atrapando y por eso empezamos a especular. Es imposible apagar el fuego con más fuego.

Como explica el psicológo Jenny Moix Queraltó, los humanos tenemos tendencia a la generalización, al etiquetaje para ordenar realidad. Así la mente convierte lo que es simplemente una situación en un problema. Caemos en el juego de pensar que si estuviéramos en otro lugar, si tuviéramos otra pareja, o más dinero, si pudiéramos hacer esto o aquello, nos sentiríamos mejor, ahuyentaríamos los temores actuales. Tal pensamiento es una bomba de relojería: nos mete en la necesidad de resolver ese problema y nos impide aprender a aceptar los momentos y situaciones poco placenteras.

Otro privilegio que tiene nuestra mente y la peor pesadilla es la de hacer representaciones de todo y luego moverla por el tiempo como si fuéramos directores de nuestra propia película. Esta maravilla a la que llamamos imaginación puede convertirse de repente en el túnel del terror. Si el pasado nos condiciona, la anticipación del futuro nos mete en dos dimensiones completas: las altas expectativas y los miedos a un destino dramático, o sea a sufrir antes de hora.

Lo curioso del caso es que tanto lo uno como lo otro no existe en la realidad, no esta sucediendo. Son sólo alternativas de un mundo entero e inacabables de posibilidades. Pero las representaciones mentales son tan reales dentro de nuestra cabeza, que, al final los estudiosos del tema lo han investigado y llegado a la conclusión de que el cerebro no distingue tan claramente lo que está ahí fuera de lo que es un montaje interior. La mente se largó al futuro y trajo de vuelta la peor de las opciones. Y lo hace precisamente por eso, para estar preparada por si ocurre.
La mera preocupación por lo que va a ocurrir se graba en el cerebro con la misma intensidad que un recuerdo negativo real.
Otra de nuestras distracciones habituales consiste en hacer comparaciones. Esto no tendría nada de malo si las comparaciones tuvieran el propósito de aprender.

Pero las comparaciones acaban siendo odiosas porque no tienen otro propósito que azotarnos por no hacerlo tan bien como los demás, sentirnos inferiores.

Estamos perdidos. La traidora mente nos recordara a diario, a cada instante, lo que deberíamos ser que aún no somos. Lo que deberíamos hacer que aún no hacemos.

Solemos caer en la trampa de creer que lo que hacemos, pensamos y sentimos es producto de cada momento, cuando en realidad es producto de nuestro pasado.






Si queremos crecer, cambiar, explorar nuevas acciones y posibilidades en nuestra vida, si queremos dejar de hacer cosas que no funciona, hay que dejar de ser memoria para ser creadores de nuestra vida. Y sobre todo hay que dejar en paz a esa mente que puede ser nuestra peor pesadilla.





3 comentarios:

flower dijo...

hola

Alina dijo...

Very interesting

Galileo dijo...

Fantástico análisis. Lo expones perfectamente. En las etiquetas está el origen de los prejuicios que son la lacra del mundo. Gracias.