lunes, 20 de abril de 2009

HAZLO HOY......



La agenda del ordenador o el móvil se ha convertido en el gran hermano que gobierna nuestro tiempo. Las citas y tareas programadas han desbordado los límites de la jornada laboral para marcar también las horas de ocio. Vamos a toque de silbato. Cuando se pierde una de estas agendas electrónicas, el ciudadano del siglo XXI se siente huérfano de orientación e incluso de ideas. Como un robot al que le hubieran quitado el Software, de repente nos invade la ansiedad y nos preguntamos: ¿Ahora que hago?.


También cargamos la agenda con tanto optimismo que necesitaríamos horas de 120 minutos para cumplir con todo lo programado. Citas de toda índole salen volando de su casilla y aterrizan en jornadas futuras, de donde, llegado el momento, salen nuevamente catapultada hacia territorios vírgenes bajo el sol de la esperanza.


Este curioso ejercicio de salto de obligaciones de fuera o autoimpuestas se llama técnicamente procastinar, un verbo que pocos conocen pero que muchos practican. Significa diferir o aplazar. Procastinamos cuando posponemos el inicio de una dieta, el acudir al gimnasio que pagamos hace meses o la lectura del libro que cría malvas en la mesita.

El procastinador está convencido de que realizará más adelante aquello que debería hacer hoy. Fija una nueva fecha con solemnidad, sin imaginar que cuando ésta llegue le asaltará la misma pereza.

Acostumbrados a la demora continua, se avergüenza cuando alguien le pregunta cómo le va en el gimnasio o qué le pareció la novela regalada un año antes. Su reacción es procastinar enérgeticamente con muletillas del tipo: "La semana que viene, sin falta". Con eso aplaca su mala conciencia, pero la rueda de la procastinación vuelve a girar, y lo seguirá haciendo a menos que apliquemos una terapia de choque.

Una máxima no escrita sobre el arte de delegar en la empresa dice algo que de entrada parece contradictorio: "Si necesitas que alguien realice una tarea urgentemente, dásela a quién esté más ocupado". ¿Cómo es posible? La respuesta es sencilla: el más ocupado resolverá la tarea cuanto antes, porque debe atender muchos otros asuntos que no admiten espera. En cambio, el empleado ocioso dejará reposar la tarea sobre la mesa, o incluso la hará dormir hasta que quien se la encargó vuelva a recordársela.

El problema de la abulia, sin embargo, trasciende el ámbito del trabajo y de la logística cotidiana. Posponer tareas prácticas lastra el día a día de la persona y la confianza en ella misma. Pero ¿qué sucede cuando lo que postergamos son nuestros anhelos más profundos?.

En su iluminada novela "El desierto de los tártaros", Dino Buzzati cuenta la historia del oficial Drogo, un militar destinado en una lejana fortaleza de la frontera donde espera darse a conocer como héroe. Desde su puesto de vigilancia sólo se ve una llanura inmensa, de donde los acuartelados aguardan a que surja el enemigo. Nadie les obliga a estar allí, porque su instancia en el bastión se va renovando voluntariamente un año tras otro, pero los oficiales se niegan a abandonar el lugar porque sueñan con glorias militares y defensas heroicas que nunca sucederán. Mientras que espera en vano que llegue el gran momento, Drogo va consumiendo su vida y pierde el contacto con su familia y amigos, con el mundo que le vio crecer. Se convierte en un fantasma del fortín, cada vez más deshabitado, que envejece con él hasta enterrar todos sus sueños y esperanzas.

Esta novela existencial transmite un mensaje sobrecogedor: los que se limitan a esperar a que sucedan cosas en su vida acaban quedándose sin vida y sin sucesos dignos de mención. El desierto es una alegoría de la postergación infinita que acaba vaciando de sentido la existencia. Porque si esperamos que los cambios vengan de fuera, estaremos procastinado nuestras ilusiones y dilapídaremos los mejores años de nuestra vida. Para que eso no ocurra, conviene que de vez en cuando nos preguntemos: ¿"Cuál es mi sueño"?, ¿"Qué espero que suceda"?. La tercera pregunta de quien no se resigna a la abulia sería: ¿"Qué puedo hacer ahora mismo para ayudar a que eso suceda"?.

Muchas personas, sin estar de brazos cruzados, nunca logran alcanzar sus objetivos vitales. Su problema es que consumen el tiempo haciendo en primer lugar cosas que en realidad son secundarias. Buda ya nos advertía de este peligro hace tres milenios: "El que no sabe a qué cosas atender y de cuáles hacer caso omiso, atiende a lo que no tiene importancia.

Por consiguiente, antes de lanzar al futuro incierto lo más importante de nuestra vida, debemos establecer cuáles son nuestras prioridades.



5 comentarios:

Mariano dijo...

"Vuela hada, vuela"...
Excelente, como siempre.-

Bellaluna dijo...

Yo voy dejando siempre mi vida para después, porque siempre me sale algo más importante para esta tarde.

Hermoso vuelo: bate las alas,
no te demores...
no esperes a que haya máquinas en el cielo.

Iván López dijo...

je je no dejes para mañana lo que puedas hacer mañana...

;-)

Han Solo dijo...

la vida es eso que pasa, mientras nosotros paleamos lo que hacer en ella

hadanevada dijo...

hola hada, me ha encantado este post, yo soy decidida, pero a veces un poco vaga....pero me gusta volar, no kedarme kieta..
me ha encantado el post, más por la canción...es un lujito...me gustan mucho...ojitos...
besitos...
un placer conocerte, tenemos muchos amigos en común...y las hadas, por supuesto...