viernes, 3 de abril de 2009

Amansar las emociones

Es un hecho que en esta vida, nadie siente lo mismo, ni por lo mismo, ni lo expresan de la misma manera, ni en los mismos contextos. Distinguimos entonces entre la emoción sentida y la emoción expresada. Algunas personas expresan más de lo que en realidad sienten, mientras otras sienten más de lo que expresan.

Destacan aquellas personas que todo lo siente elevado al cuadrado. Parecen no tener medida: viven autenticas cascadas emocionales. Tachadas a veces de lloronas, sentimentaloides, emotivas, desbordadas o sensiblonas, viven de continuo en los abismos emocionales. ¿Y cuál es entonces el problema?. Para muchos, es una virtud poder comunicar todo lo que viven. Para otros, una condena. Y no sólo por ellas sino por las dificultades que a menudo conlleva entenderse con personas exageradamente sensibles.

Las emociones son estados de nuestro organismo. Un estado emocional tienen dos componentes: una expresión física (estado corporal) y una sensación consciente (sentimiento). La emoción es breve e intensa. El sentimiento es un mar de fondo de larga duración. La comunicación de la emoción depende, sobre todo, de los músculos que controlan expresiones posturales y faciales. Dicho de otro modo, la expresión emocional en algunas personas es todo un poema.

Las respuestas emocionales corporales están mediadas por nuestro cerebro más primitivo, amo y señor de nuestro sistema nervioso autónomo, al que no podemos controlar a voluntad. Un estado corporal comprende estos aspectos autónomos junto con otros músculos esqueléticos en endocrinos. Ese estado de activación, conocido como arousal, es diferente para cada persona, de las más flemáticas a las más expansivas. Es nuestra identidad emocional, las autopistas por las que circulan nuestros humores.

Si bien es cierto que las personas muy mentales cansan, las muy emocionales desgastan. Pero, sobre todo, se desgastan a sí mismas. No pueden dejarse en paz.

Cuando perdemos un ser querido, nuestro mundo interior se altera y pasa de los remolinos de la cotidianidad a fuertes tsunamis emocionales. Ahora vamos a imaginarnos que eso sea a la inversa: vivir cada día en un tsunamis y, en cambio, allá donde todos se ahogan, los sufridores emocionales lo viven como un simple remolino. Por eso suelen ser tan bueno acompañando a la gente en sus sufrimientos. Por eso llevan la empatía a su máxima expresión. Por eso son tan útiles cuando nos invade el desconcierto emocional. Lo son todo para los demás, aunque se pierden en sí mismo.

Si bien es cierto que sentimos lo que sentimos, también lo es por suerte que poco a poco aprendemos a sentir, a regular lo que nos pasa en nuestro interior. Nuestros estados se las tienen que ver con el medio en el que habitamos, con aquellos con los que socializamos y con la cultura que nos envuelve. Pero aún así, algunas personas no pueden escapar del vasallaje a sus intensos sentimientos. Habrá que pedir explicaciones a su hipocampo cerebral.

Esta estructura elabora conscientemente nuestras pasiones y la registra en nuestra memoria a largo plazo. Cuando vivimos una experiencia lo suficientemente intensa se producen tres fenómenos a la vez, que van a quedar anudados en nuestra neurología a partir de ese instante: se produce una respuesta fisiológica (emoción), se produce un aprendizaje y se produce un almacenamiento en nuestra memoria a largo plazo. Total, que en un plis plas hemos creado memoria emocional.

O sea, somos memoria emocional. Y cuanto más repetimos una respuesta, más la reforzamos, hasta llegar a automatizarla. Al final, es ella la que se encarga de filtrar la información del medio. Sí la respuesta fue en cascada, así será ahora y en el futuro hasta que aprendamos a modificarla. ¿ Cómo? Pues al igual que aprendimos la primera vez, es decir, tomando conciencia del anclaje que se forma entre el estimulo y la respuesta. Para eso tenemos la conciencia. De no ser así, seríamos esclavos de nuestras memorias antiguas, algunas de las cuales son familiares.

Nuestro estilo a la hora de sentir acaba coloreando nuestro carácter. La mayoría de las personas suelen tener la capacidad de adaptar su personalidad a las demandas circunstanciales. Pero hay otras que, por el contrario, muestran una excesiva rigidez. Ni pueden ni saben ser flexible. Sus respuestas están tan condicionadas que, en términos psicológicos, solemos hablar de trastorno de personalidad.

Nuestro universo es la brújula que evalúa y guía el sentido de nuestros acontecimientos vitales. Tal vez sufrimos el reduccionismo del lenguaje y no logramos distinguir entre las emociones, como estado relativo de nuestro organismo, y el transfondo sentimental que subyace en cada persona. No es lo mismo ser preso de las emociones que vivir emocionalmente. No somos sólo eso que sentimos en un momento determinado. Somos seres emocionales y emocionables, no sólo emotivo.
Las cascadas de pasiones impiden ver el bosque de nuestros sentimientos auténticos. Tenemos que ser capaces de alejarnos de la servidumbres emocionales y darnos cuenta de lo que ocurre en realidad. Ningún problema puede ser resuelto desde el mismo nivel de consciencia que lo creó (Albert Einstein).

Lo que sentimos de veras, lo que está sucediendo en nuestro interior, se esconde justamente detrás de esas emociones primarias y superficiales que ocupan nuestra atención. Hay que aprender a salir de ahí para poder sumergirnos en el fondo de nuestra verdad. Un fondo que suele mantenerse quieto, en calma sin el ruido de los tsunamis.




4 comentarios:

viva la vida (coldplay) dijo...

SOLO DECIRTE QUE CUENDO TE LEO PIERDO LA NOCION DEL TIEMPO.
ENHORABUENA POR EL BLOG.

Alberto M dijo...

Hola Matilde,

Esta vez te he leído los tres últimos seguidos y estoy de acuerdo con Viva la vida y también (es una impresión de ahora mismo -mía-) en que va a más. O me estoy implicando más. Aunque siempre eres clara -y generas sencillez con maravillosa facilidad-, reconozco que a veces me "he caido" para pillarlo, en los últimos, aunque luego me levanto (+ o -).
No creas, si me animo a poner algo, intento que se me ocurra rebatir. Pero no es el caso (seguiré intentándolo). Mientras, feliz semanasantilla y un abrazo.

El hada del Sur dijo...

Hola Alberto:
Gracias por tus palabras. Intento escribir aquello que quiero expresar. A veces puede servir para el que lo lee pero particularmente mi objetivo principal es exprear lo que opino y siento que no tiene que coincidir siempre con lo que opinan y sienten los demás. Te deseo una feliz semana Santa aunque yo los temas religiosos como que no. Un abrazo

Iván López dijo...

CREO QUE ME QUEDO EN LA RAMA DE LSO QUE SIENTEN MÁS DE LO QUE EXPRESAN

;-)