sábado, 7 de marzo de 2009

Sin ánimo de ofender




La ofensa es un arma capaz de herir el amor propio. Es una creación propiamente humana que deriva de la conciencia del ego, y sus pilares son la soberbia y el narcisismo. Sin orgullo ni creencias no hay ofensas.

Todas las ofensas son vividas como agresiones, aunque no todas las agresiones provocan el sentimiento de ofensa. Lo cierto es que, ante el mismo estímulo, sentimos y actuamos de forma diferentes en función de nuestros recursos personales; es decir de nuestra interpretación, de nuestra flexibilidad mental y de nuestro sentido del humor.

Hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Así lo afirmo Albert Einstein. No es necesario que exista un ofensor consciente para que alguien se sienta agraviado, ni siquiera que el ofensor sea una persona ya que hay quien vive ofendido con la vida o con la suerte. Se puede ofender consciente o inconscientemente, sin quererlo, sin saberlo o por el mero hecho de existir. Para convertirse en ofensor, solo se precisa la existencia de una persona que sea susceptible de sentirse ofendida.

No obstante, hay quienes hacen de la ofensa todo un arte. La ofensa es la forma desadaptativa que han elegido para relacionarse consigo mismo, con los demás y con el mundo.

Según el filosofo Lou Marinoff, las personas que buscan motivos para ofenderse siempre los encuentran, porque son ellas quienes tienen un problema: necesitan ofenderse.

Los seres humanos, ante una amenaza, reaccionamos para protegernos, estamos programados para la defensa. Entonces, ¿qué sentido tiene la ofensa? Para no vivir eternamente ofendido, es importante aprender a protegernos de aquello que consideramos amenazante. Se trata de no entrar en la espiral del agravio y dar la salida adecuada a las emociones caóticas que surgen cuando nos sentimos heridos.

Podemos percibir la ofensa como un peligro ante el que vamos a reaccionar, o como una oportunidad a la que vamos a responder.

Buscar a los culpables de la ofensa-para castigarlos, vengarnos o intentar cambiarlos- o quejarnos y adoptar el papel de víctimas son estrategias que nos generan más sufrimiento. Lo cierto es que podemos hacerlo mejor. Es importante reconocer las emociones que nos conectan con la ofensa (ira, resentimiento, sufrimiento....). A partir del conocimiento de las emociones, podremos desactivarla y canalizarlas de forma emocionalmente ecológica.

Es importante que tratemos de relativizar, de quitar hierro, disminuir la seriedad y saber que hay pocas cosas realmente importantes de las que deberíamos preocuparnos.¡Cuántas energías perdemos en discusiones nimias! ¡Cuántos desencuentros por cuestiones superficiales! ¡Cuánto esfuerzo por mantener posiciones numantinas! ¡Cuánto absolutismo! Y contra el absolutismo tolerancia y flexibilidad.

Señalo como además he repetido el algunas otras ocasiones la importancia del humor. El humor es también, a veces la mejor manera de defenderse ante las ofensas. Bernard Shaw recibió una carta anónima que contenía sólo la palabra "Imbécil", cuentan que al leerla exclamó: "He recibido muchas cartas anónimas sin firma, pero es la primera vez que recibo una firma sin carta"

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