lunes, 2 de marzo de 2009

LA SUERTE


Albert Einstein dijo una vez "estoy convencido de que Dios no juega a los dados con el hombre", negar a este genio o discutirlo por mi parte seria, necio, pero sigue esta nuestra sociedad amarrándose a que los dados o la suerte juegan un papel fundamental en nuestras vidas.

En estos días donde la comodidad es sinónimo de felicidad, creemos que las consecuencias que vivimos en cualquier ámbito de nuestras vidas son productos de la suerte y no de nuestros actos, aun damos valor al genio maligno que cito Descartes, antes que al resultado de nuestro valor o esfuerzo.

Las personas excusan su situación, normalmente si es desfavorable, a un golpe de mala suerte, y creen que esta puede cambiar con un nuevo aire de la requerida buena suerte.

La suerte no existe amigos, y quiero aquí exponer mis razones o explicar las justificaciones de aquellos que excusan sus pesares en este ente tan poco demostrable.

Para empezar, dejar claro, que sin la existencia del hombre no hablaríamos de la suerte, la suerte es una invención del hombre, un movimiento si queremos decirlo así del humano, ya que sin este en la tierra nadie justificaría los resultados de la naturaleza en la suerte.

No existe ninguna ciencia, ninguna fuerza, ninguna ramificación de la filosofía que justifique nada en la suerte, la razón no necesita de la suerte para hacerse entender.

Jamás el esfuerzo desayuna a la fortuna (Fernando de Rojas)

Conozco gente que cuando suspende un examen, lo despiden de un trabajo, o le deja su novio por otra se esconden tras la mala suerte, que mala suerte de no aparecer los temas que yo mas me prepare, que mala suerte que el encargado que tenia fuera un tirano, que poca suerte tuve de salir con ese hombre tan sinvergüenza, el escondernos en la suerte nos aparta de la realidad, no nos permite analizar nuestros fallos ni dejar florecer nuestro sentido autocritico.

Si dejamos nuestras vidas en manos de la suerte, pasamos a ser copilotos y el copiloto no dirige el coche, no tiene claro el camino que tomar y si lo tiene no puede hacer nada por seguirlo, el copiloto no reacciona ante un posible accidente o una piedra en la carretera, el se abandona a su suerte.

Tenemos que tomar el volante y ser el guía de nuestro viaje, trabajar y esforzarse por llegar seguros, a tiempo o sin equivocarnos, aceptar la responsabilidad que tenemos sobre nuestra vida, sus actos y sus resultados.

Aceptemos que no hemos tenido mala suerte en la vida, aceptemos que no hemos hecho nada para tener otra cosa, si esperamos a que cambie nuestra suerte sentados en la acera, nos atropellara alguien que va a por la vida

1 comentario:

David c Fild dijo...

excelente matilde, cuanto sentido comun,
yo siempre digo que toda nuestras acciones tienen una consecuencia,
para bien o para mal,
pero no quiero agregar nada mas,
porque tu lo dijiste todo de una manera formidable

un abrazo.