lunes, 23 de febrero de 2009

Y que contar sobre los sueños.......


La atracción, el enigma y, a veces el miedo hacia el mundo de los sueños son tan antiguos como el ser humano mismo. No es que los animales no sueñen, como dice Aristóteles, pues ellos también tienen sueños, sino que los animales jamás harán es preguntarse por su significado. En cambio, si algo caracteriza a las personas es el hecho de cuestionarse todo aquello que forma parte de su existencia, tanto del mundo externo como del interno. Las respuestas que se han ido dando al qué o por qué soñamos han estado muy vinculadas a las diferentes formas de entender el motor y la finalidad de nuestras vidas.


Así, si todo lo que sucedía en el universo estaba gestado por un Dios, o dioses, los sueños no eran más que un vehículo a través del cual los dioses comunicaban algún mensaje. Por el contrario, si, como en la época de Platón, se pensaba que existía el reino de las ideas perfectas, los sueños en la medida en que son un lenguaje distorsionado, eran la señal inequívoca de que la persona estaba enferma.


Estas dos posiciones extremas las encontramos a lo largo de la historia.


En la persona del neurólogo Sigmud Freud confluyen, aunque modificadas, estas dos formas de considerar el mundo onírico. Para Freud, nuestros sueños encierran un mensaje, pero, desde luego, no son los dioses quienes nos lo envían sino una parte de nosotros mismos a la que durante el día, no le prestamos atención. Nuestra mente viene a ser como una banda registradora que no solo va codificando gran cantidad de detalles de lo que nos sucede sino, que, además, también registra su "precio": cuánto nos duele, alegra o cuánto dejamos pendiente de una situación. Al llegar la noche, intentamos saldar cuentas realizando los asuntos y deseos no satisfechos.


La noche no solo es el momento del descanso, también es el escenario propicio para representar nuestras obras más personales: los sueños. Sin censura, ellos nos hablan de nuestros miedos, ilusiones y proyectos más íntimos. Aprender a descifrarlos nos ayudará a conocernos mejor.


Los sueños cumplen la función de informarnos acerca de actitudes y comportamientos importantes en nuestra vida de los que no somos suficientemente consciente. Los sueños son mensajes existenciales que nos ofrecemos a nosotros mismos, lecciones magistrales de vida que nuestro sabio interior nos brinda.


Los sueños nos ofrece una experiencia de entendimiento personal, pues trata de ofrecernos ayuda en la tarea de vivir. Y es que una actividad que ocupa nada menos que cinco años enteros de nuestra vida-dormimos unas ocho horas diarias durante veinticinco años, y soñamos más de una hora y media por día-bien merece la pena ser considerada como una realidad digna de estudio e interés.


A través de nuestros sueños logramos incrementar nuestra conciencia acerca de algún aspecto importante de nuestra realidad personal a la que debemos prestar atención. Llegados a este punto, podemos estar de acuerdo en que los sueños son producto de nuestro soñador interno y pueden aportarnos entendimiento y ayuda para nuestra vida cotidiana.


Para llegar a un nivel de comprensión importante de nuestros sueños, debemos introducir cambios en nuestra actitud: dejar de considerar los sueños como algo que recibimos y empezar a vivirlos como algo que creamos nosotros mismos; es decir mentalizarnos de que somos productores de nuestros sueños, que somos nosotros quienes escogemos el guión, los personajes, el escenario, los decorados...... y que dirigimos la totalidad del espectáculo. Tenemos un Almodóvar en nuestro interior, y es fundamental que asumamos la autoría de su obra. Esto nos ayudará a reconciliarnos con nuestros sueños y a dejar de verlos como algo misterioso y sin relación alguna con nuestra vida.


En segundo lugar, es importante entender que nosotros somos la estrella de nuestra producción nocturna: somos todos y cada uno de los personajes y elementos del escenario onírico, los cuales representan determinados aspectos de nuestro yo. La proyección es el mecanismo que subyace en este proceso. Proyectar significa lanzar algo hacia fuera. Así, todos y cada uno de los elementos del sueño son fragmentos de nuestro ser que se representan mediante esas imágenes simbólica.


Los sueños pueden tener múltiples significados. Para comprender mejor lo que quiero decir, resulta muy ilustrativo un pensamiento recogido en el Talmud: "Había veinticuatro intérpretes de sueños en Jerusalén. Una vez tuve un sueño y fui a verlos a todos, y todos me dieron interpretaciones diferentes, y todas se cumplieron, confirmando así lo que se dice: todos los sueños siguen a la boca", pues lo cierto es que todas ellas pueden ser igual de válidas. Esto se debe a la gran plasticidad de las imágenes oníricas; es decir, los sueños son polivalentes y, en consecuencia, atesoran múltiples significados en su interior.


El hecho de soñar no es enfermizo, al contrario. Soñar es una forma de encontrar respuestas, como cuando no logramos resolver algo y, por la mañana los vemos todo clarísimo. Es en momentos difíciles, conflictivos o angustiantes cuando los sueños se revisten de imágenes desagradables que, si bien en otro momento no nos despertarían, pueden convertirse entonces en pesadillas.


En cualquier caso, el sueño no es más que un aviso de que necesitamos elaborar una respuesta nueva para el momento en el que vivimos. Y es que, si nos quitan los sueños, nos quitan creatividad y deseo.

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