miércoles, 25 de febrero de 2009

Suelta...........



Decir adiós a los vínculos, personas y lugares que nos han enriquecido en el pasado no siempre es fácil. Pero, para avanzar en el camino de la vida, debemos dejar de aferrarnos a aquellas relaciones, cosas, situaciones que ya no nos nutren.


Muchos de nuestros momentos de sufrimiento en la vida se relacionan con la imposibilidad del soltar. Tememos dejar de ser quienes somos si nos alejamos de una persona o si ella se aparta de nosotros, aun cuando el vinculo que nos une haya cumplido su función, haya completado su ciclo.

Llegamos a convencernos de que somos lo que hacemos y de que, si dejamos de hacerlo, dejaremos de ser. Así, nuestras intenciones amorosas o vocacionales, los vínculos que nos han enriquecido, los lugares en los que fuimos felices, las personas con quienes crecimos o a quienes ayudamos a crecer se convierten en poderosas cadenas que atrapan nuestros tobillos y nos impiden avanzar en nuestro camino hacia la madurez, libertad y desarrollo emocional.

Saber soltar es una de las claves de una vida con sentido.

Las personas que pueden despedirse con un buen adiós son más capaces de comprometerse totalmente con los demás de una forma realista, fresca y significativa.
Un buen adiós es aquel que nos permite quedar de frente a la vida, y no de espaldas, como ocurre cuando permanecemos aferrados al pasado.

El buen adiós nos ayuda a reconocer que aquello que dejamos atrás ha contribuido a ser quienes somos. Un buen adiós es aquel en el cual, incluso en medio de la tristeza de la despedida, podemos reconocer lo que nos nutrió y nos permite sentirnos íntegros después de soltar, porque en cada situación o en cada relación hay algo que se ha incorporado a nosotros y que, aunque aún no lo reconozcamos, nos ha hecho crecer.

Cuando percibimos que, en una determinada situación o vínculo, nos estamos estancando y que, aunque intentemos algo diferente, el estancamiento perdura, es momento de soltar.

El apego es una prueba de no aceptación, de no admitir que las cosas son como son. La aceptación es una capacidad de quienes sienten que, no siendo completas ni perfectas, están en condiciones de valerse por sí misma. Estas personas han aprendido a soltar a partir de circunstancias diferentes, ya que han aprendido nuevos y valiosos recursos existenciales de las despedidas, incluso de las que son dolorosas

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