jueves, 5 de febrero de 2009

Destino, oportunidad y decisión



Una oportunidad es como un tren que acaba de llegar: a veces no nos damos cuenta de que es el nuestro, y otras no sabemos si es mejor cogerlo o dejarlo pasar. Para reconocer y aprovechar una ocasión, debemos ser conscientes de adónde queremos ir y de qué recursos disponemos. Sólo entonces podremos decidir si vale la pena pagar el billete.


Hay un cuento muy antiguo que relata que en un pueblo se desató una tormenta tal que el río se desbordó y lo inundó todo por completo. Los habitantes escapaban como podían, pero el sacerdote, que siempre había sido un hombre de gran fe, permanecía en la entrada de la parroquia rezando a Dios para que lo sacase de allí. En ese momento, pasaba por allí un hombre conduciendo una camioneta que le grito:


-¡Padre, venga, que el agua sigue subiendo!


-No te preocupes, hijo- respondió el sacerdote-, Dios me salvará.


El nivel del agua seguía creciendo y el sacerdote, con el agua hasta la cintura, continuaba rezando. Pasó entonces un bote de remos con varios hombres, que le gritaron que subiera. El sacerdote respondió con firmeza:


-Id vosotros, no os preocupéis más por mí, que Dios me salvará.


Los hombres se alejaron mientras la tormenta no cesaba y el agua seguía subiendo; tanto, que el sacerdote tuvo que trepar al techo de la parroquia. Cuando el agua estaba a punto de cubrirlo todo, se acercó al sacerdote un helicóptero desde donde le hicieron señales para que cogiera la cuerda de rescate, pero éste se negó:


-¡Yo soy un hombre de fe!-grito al helicóptero-. ¡Dios me salvará!

Sin embargo, el agua continuaba cayendo y el esperado milagro no se producía. El sacerdote acabo por ahogarse y llegó a las puertas del cielo. Cuando se encontró cara a cara con Dios, no pudo sino recriminarle que lo hubiese dejado morir de ese modo.


-Mi señor-le dijo el sacerdote con tristeza-, ¿por qué me abandonaste?

-¡ ¿Pero de que abandono me hablas?!-le respondió Dios-. ¡Te envié una camioneta, te envié un bote y te envié un helicóptero.


Más allá de la broma, esta breve historia nos ilustra sobre la importancia de aprovechar las oportunidades que se nos presentan. Si dejamos pasar las oportunidades una y otra vez, acabaremos creyendo que tenemos mala suerte; acabaremos como el sacerdote del cuento, que creía que Dios le había abandonado. Dicho de otro modo, si no aprovechamos nuestras oportunidades, terminaremos quejándonos de que la vida ha sido injusta con nosotros o de que el destino no nos ha dado lo que correspondía.


No somos omnipotentes, el "afuera" nos condiciona y no podemos pretender que todo resulte como esperábamos. Pero sí que podemos intentar hacerlo mejor teniendo en cuenta nuestras circunstancias. Por eso es importante estar atento a los momentos en que esas condiciones son favorables para nuestros propósito. Una oportunidad es un momento propicio para algo.


Me gustaría remarcar en esta definición la palabra momento, porque lo que hace que las oportunidades sean tan importantes y, a la vez, nos generan tantas dificultades es, justamente, que son temporales, que son pasajeras. Esto hace que aprovechar las oportunidades sea una cuestión de tiempo.


En alguna ocasión alguien me pregunto si yo creía en el destino o sencillamente somos nosotros los que lo creamos, mi respuesta fue con respecto al destino, predestinación y nuestra capacidad de decidir es que si en un principio vivimos valorando las coincidencias que a nuestro camino van apareciendo así como su significado, nos conectamos con un campo subyacente de posibilidades infinitas. Aquí empieza la magia. Ocurren las sincronicidades que permiten alcanzar muchos de nuestros deseos si estamos atentos.


Es necesario que ingresemos en la profundidad de nuestro interior, y al mismo tiempo que tomemos conciencia de la intrincada danza de coincidencias que hay fuera, en el mundo físico.

Se requiere que comprendamos la naturaleza profunda de las cosas, reconocer la fuente de inteligencia que crea, sin cesar nuestro universo, y mantener la intención de aprovechar las oportunidades especificas de cambio conforme se presentan.


Yo considero que estamos inmersos en una red de coincidencias que nos inspiran y nos ayudan a dar rumbo a nuestras vidas. Sin embargo identificar la red de coincidencias en nuestras vida es solo el primer peldaño para comprender y vivir la sincronicidad. El siguiente paso seria tomar conciencia de las coincidencias mientras ocurren.


¡Qué coincidencias más grandes encontramos en la vida a veces!- Me digo a mi misma-Bueno, para nosotros son coincidencias, pero para alguien que mira desde arriba, todo es una cadena de sucesos absolutamente lógicos y previsibles. Nosotros somos los que no sabemos para donde vamos ni cómo. Es decir, parece que la magnitud de nuestra ignorancia nos hace entretenida la vida.


Cuando nos aparece una oportunidad implicara la aparición de una nueva opción; implica, en consecuencia, una nueva elección, y elegir es un proceso. Es necesario darnos el tiempo de evaluar los riesgos de las decisiones que tomemos.


Pero, me diréis, si nos tomamos el tiempo de decidir, nos perderemos algunas oportunidades...Es cierto: algunas se perderán, pero podremos emprender con convicción aquellas que tomemos. Sin embargo, no debemos confundir esto con esperar "hasta estar seguros", pues entonces sí que perderemos todas las oportunidades dado que nunca estaremos del todo seguros de tal o cual cosa sea la correcta. Deberemos soportar una cierta dosis de inseguridad.


Es tan importante aprovechar las oportunidades como saber cuáles queremos aprovechar. ¿Y cómo podemos saberlo? Ésta es una cuestión personal, pero la etimología de la palabra oportunidad puede darnos una pauta general. Oportunidad proviene de op, que significa "antes", y portus, que significa "puerto". Así podríamos pensar que una oportunidad es un momento previo que favorece nuestra llegada a puerto. Pero no a cualquier puerto, sino a aquél al que ya nos estábamos dirigiendo.

Una oportunidad es tal si va en el mismo sentido en el que nos dirigíamos hasta entonces. No es cambiar bruscamente de timón sino colocar las velas para aprovechar la corriente del viento y arribar, así a nuestro destino.

1 comentario:

Aceituna andaluza dijo...

Que bonito....y que cierto, cuando tenemos planes, objetivos claros en la mente, si estamos atentas/os aparecen los elementos, personas, situaciones adecuadas que nos pueden ayudar para llegar al puerto que queremos, tenemos que identificarlas y decidirnos.

Un besote.