miércoles, 18 de febrero de 2009

Cuando aparecen los conflictos


Los conflictos son inherente a la vida, forman parte de ella. La palabra conflicto procede de la latina confligere, que significa chocar. Conflicto es choque, lucha, combate; también llamamos conflictiva a una situación confusa, de difícil salida; y también denominado conflicto a un problema, a una discusión. Hay conflictos intrapsíquicos, interpersonales y sociales, de todo tipo y condición. Pero hay personas que no lo ven, que no quieren verlos, que viven como si no existieran. Son los "avetruzman" o las "avetruzwoman", individuos para las que nunca pasa nada, aunque se esté produciendo un terremoto de nueve grados en la escala Richter


Allí donde haya una frontera, un límite, una linea divisoria habrá siempre la posibilidad de un conflicto. Establecemos fronteras entre países, entre culturas, entre instituciones; y dentro de nosotros mismos distinguimos entre cuerpo y alma, entre psíquico y somático, y con cada distinción marcamos una linea y en cada línea la posibilidad de un conflicto.


Algunas fronteras las consideramos artificiales, convencionales; mientras que otras las creemos naturales e inevitables. No entraremos en profundidad en este tema apasionante que desarrolla magistralmente Ken Wilber en su libro "Sin fronteras", baste decir que, inevitables o no, estamos rodeados de fronteras, de límites y por lo tanto de conflictos reales.


Los conflictos intrapsiquicos son conflictos internos, establecidos entre instancias de nuestra propia personalidad, en las mismas entrañas del yo, cuando la razón dice una cosa y el corazón dicta la contraria. El problema es a veces mayor porque con la cabeza queremos una cosa, con el corazón otra y con las tripas, con el hará, visceralmente, otra distinta. Y si dentro de nosotros mismos donde las fronteras no son muy marcadas, hay conflictos, cómo no los habrá entre personas, entre instituciones y entre civilizaciones.

Creo que la diferencia esencial entre las personas satisfechas y las que no lo están, no estriba tanto en el número y seriedad de los conflictos que tengan, sino en la forma de afrontarlos y resolverlos.

Todo conflicto, toda crisis, es una oportunidad para crecer. No existe crecimiento personal ni progreso social sin crisis y sin el desarrollo de la capacidad para abordar los conflictos que ineludiblemente nos traerá la vida. Superar el conflicto no es volver a la situación anterior, eso se parece a una simple contención, la superación verdadera supone siempre un nuevo nivel, un quantum de crecimiento. Pero en todo conflicto hay que aceptar también cierto dolor, cierta frustración, incluso si el conflicto es de elección entre dos opciones positivas y ambas deseables, la frustración se llamará entonces renuncia.

Creo que no conviene ni negar los conflictos, viviendo como si no existieran, ni azularlos y vivir instalados en ellos. Los conflictos hay que reconocerlos, abordarlos y resolverlos, si es que tienen solución, o asumirlos si no tienen solución, que también es una forma de superarlos. Hay mil formas y maneras de enfrentarse a los conflictos, dependiendo del tipo y la gravedad de los mismos. Pero básicamente hay dos posturas, las que propugnan soluciones drásticas, radicales y los que no. Los hay que prefieren la revolución, el hay que cambiarlo todo, y otros que preferimos la evolución, el crecimiento sin rupturas. Entre la tesis y antítesis me quedo con la síntesis.

3 comentarios:

Aceituna andaluza dijo...

Que cierto es todo el texto, que bien te explicas Mati, pues me quedo con la parte de que hay que afrontar los conflictos y supererlos si es posible, y sino es posible, pues aceptar la vida tal como viene.
Respecto a los límites y fronteras, gracias por recomendar el libro, lo tendré en cuenta.

Un abrazo guapísima.

Iván López dijo...

Qué tal? cóm oandas? hace tiempo que no escribes...

El hada del Sur dijo...

Hola Iván:
Liada he estado con el trabajo.
Ya estoy por aqui. Un beso amigo