miércoles, 7 de enero de 2009

Amar sin tópicos

¿Me amas?, pregunta ella, "si claro", ¿es que lo dudas?, responde él, mitad asombro y mitad fastidio. "¿Por qué, entonces no me lo dices nunca?, replica ella. Él aumenta su desconcierto: "Pero es que ya te lo he dicho". Ahora es ella quien se sorprende: ¿ Cuando?, pregunta. Aquella noche cuando comenzamos nuestra relación, ¿ ya no te acuerdas?, contesta él.
Sí ella lo recuerda, pero necesita que él se lo reafirme todas las veces que pueda. Él no siente que deba hacerlo mientras sus sentimientos no cambien. ¿Significa que las mujeres están más comprometidas con el amor o será que los hombres y mujeres aman y manifiestan este sentimiento de una manera diferente?. Me inclino por la segunda opción.
El amor no es de hombre ni de mujeres sino de ambos. El sentimiento amoroso es un tema humano esencial que, como tantos otros, están enmarcados en mitos y mandatos de género. Éstos han terminado por hacernos creer a todos que, en cuanto al vinculo con el sexo opuesto, las mujeres buscan el romanticismo y los hombres, la pasión sexual.
Lo cierto, lo único verdaderamente natural, es que tanto hombre como mujeres amamos y deseamos. Pero los benditos estereotipos diseñados por la cultura hacen que, para alcanzar el amor, muchas veces las mujeres deban mostrarse accesibles y dispuestas en el plano sexual. Y que los hombres, para arribar el encuentro sexual que el modelo masculino les exige, deban elaborar discursos y adoptar actitudes románticas que no siempre son verdaderas.
Considero que tanto el romanticismo como la sexualidad son esenciales y necesarios en una relación amorosa, pero al quedar determinadas como "especialidades"-femeninas en un caso, masculinas en el otro-, acaban por disociar la emocionalidad de varones y mujeres. Guiados por estos moldes de género, los hombres suelen enamorarse de los aspectos externos de una mujer. Así, las mujeres acatando el código, se esmeran en que sean esos aspectos los que resalten.
Ellas, por su parte, se enamoran de la galantería protectora, de los atributos de poder- a veces más evidentes, otras ves más sutiles-del varón. De su ternura, sí, pero siempre que vaya a caballo de la fortaleza. Y esto es lo que los varones tratan de exhibir, mayoritariamente, cuando desarrollan su poder de seducción para que las mujeres perciban antes su potencia-física, económica...-que su sensibilidad.
Ahora bien, enamorarse no es amar. En el enamoramiento, tomamos uno o dos aspectos de la persona y construimos un personaje a imagen y semejanza de nuestra ilusión. A menudo el enamoramiento termina cuando empezamos a conocer los demás aspectos de la persona, su ser real y no su identidad deseada. Entonces, aquella mujer bella y deseable termina por ser una vanidosa en la que no hallamos sustento espiritual e intelectual. Y aquél príncipe azul destiñe de pronto y dejar ver su egoísmo y su miopía afectiva.
Pero también ocurre que, a medida que conocemos al otro verdadero, en tanto accedemos a todas sus luces y sus sombras sin olvidarla, lo elegimos y lo aceptamos, accedemos al amor.
Así como el enamoramiento es desconocimiento, el amor es conocimiento. No todo enamoramiento acaba en amor, pero sí todo amor paso por enamoramiento.
Para llegar al amor, a menudo se nos exige que salgamos de nuestro estrecho molde de género, que abramos nuestras mentes, cuerpos y corazones al encuentro con lo diferente, que pongamos el acento antes en el encuentro que en la búsqueda. Cuando nos permitimos trascender los estereotipos, aparece el otro o la otra como alguien opuesto y complementario. Podemos descubrir que alguien es deseable por otros atributos más allá de los físicos y evidentes o que alguien es protector y fuerte aunque carezca de músculos y fortuna. Descubrimos que el deseo es también femenino y que el romanticismo es también masculino, y que se expresan de un modo distinto, pero siempre autentico, en unas y en otros.




2 comentarios:

Alberto M dijo...

Estimada Matilde,
yo creo que el amor lo inventaron los rusos (no es tan disparatado porque también inventaron la novela -y además hace mucho frío-).

Pero está muy bien explicado lo tuyo y muy claro y sin hablar raro ni nada.
Un abrazo

El hada del Sur dijo...

Estimado amigo Alberto:
El amor es un buen invento. Estos rusos son maravillosos. Yo me apunto a ello.
Un abrazo.