miércoles, 23 de diciembre de 2009

¡Qué bueno que llego la navidad!


Llega la navidad y con ella también el afecto negativo que reaparece en muchas personas durante esta época. Para aquellas personas cuya fe religiosa anima a vivir con alegría el nacimiento de Cristo, para quien consigue llenarse de ilusiones de dar y recibir regalos, y para quienes viven buenas relaciones familiares esta es una buena época del año. Pero esta última parte, la de las relaciones familiares, generan con mucha frecuencia malestares y tensiones. Estas fiestas favorecen las reuniones de amigos y familias, y en muchos casos es sólo en estos momentos cuando nos reunimos. Es más fácil que al estar más tiempo con padres, hermanos, suegros, cuñados…….surjan o reaparezcan temas de conflictos: injusticias, agravios comparativos, decepciones.
No esperen que en estas fechas cambien viejos problemas familiares, si quieren hacer por resolverlos es más eficaz hacerlo durante el resto del año, normalmente en este tiempo los problemas, debido al aumento de la convivencia y de las diferentes tensiones suelen aumentar.
Hace tiempo comentaba con una amiga que los amigos se eligen y la familia te toca. Nada más cierto.
Como decía el gran Perich, una de las más saludables costumbres del hombre consiste en reunirse con su familia por navidad. Ello permite pasar tranquilo el resto del año.
Mucha gente padece el “síndrome navideño”, que consta de una fase “pre” y una fase “post”, para estas personas la navidad no es una celebración sino una pesadilla. Las causas son complejas y engloban factores sociales, culturales y personales. Entre ellos podrían destacar el recuerdo de los ausentes, las reuniones familiares que suelen dar lugar a muchos de los encontronazos desagradables que ya hemos enunciado; la sobreestimulación interna y externa que nos estresan, el rechazo a la programación cultural y social que nos exige alegría compartida, felicidad a raudales y gozo universal en todos los sitios y con todos; la dificultad de conciliar otros sentimientos como los de rabia y tristeza, que entran en contradicción con el “espíritu navideño”; la regresión infantil que sufrimos, la triste realidad que sufrimos cada día y que resuena más en navidad, ahora bien esto es transitorio.
Como todo trastorno psicosomático, se manifiesta en el alma y en el cuerpo. Aunque el sufrimiento es individual y particular en cada caso, considero que entre los síntomas del síndrome navideño, muestra síntomas como disconfort y pensamientos negativos anticipatorios a los estímulos navideños (con fantasía de huida y evitación); odio y tirria a los anuncios del “almendro” y “las muñecas de famosa”; tentativa de escape (con siesta de cuatro horas tras largas comilonas, deseos de hibernación e intento de anestesiarse con bebidas varias) y recuerdos recurrentes de los ausentes ante sillas vacías.
De forma genérica se puede decir que para que estas fiestas sean lo más agradables posible, es necesario que nosotros mismos nos dosifiquemos, que bajemos expectativas a la hora de satisfacer y ser satisfecho: no hay nada peor que tener que disfrutar de algo por obligación. Si nos obligamos a que la navidad sea un momento de tranquilidad, encuentro, diversión e ilusión, es más probable, paradójicamente que seamos incapaces de conseguirlo.
Les recomiendo que no dramaticen, pues al fin y al cabo la navidad solo tiene cinco fechas señaladas, que piensen que no existe la navidad sino esta navidad; si están deprimidos no deben negar la tristeza, deben adaptarse a ella y dedicarse a pensar en si mismo; que hagan ayuno de la negatividad, el egoísmo, la intolerancia y la estupidez y rescaten dosis de amabilidad y optimismo inteligente.
Con todo esto: felices fiestas, no se esfuercen mucho a disfrutarlas, sólo vívanlas.
Me voy a Roma a comenzar mi nuevo año........

domingo, 6 de diciembre de 2009

jueves, 3 de diciembre de 2009

Más fluir y menos sufrir


Las palabras motivación y motor están hermanadas, porque ambas sugieren movimiento. Algo que nos motiva es, algo que nos mueve. Sin embargo, cuando nos hayamos presos de la apatía, sentimos que no hay nada que pueda conseguir movernos, como si el exterior tuviera la obligación de captar y mantener nuestra atención. Hemos de aceptar que somos los únicos responsables de nuestra motivación y que, si existen elementos en el exterior por los que sentimos atracción o rechazo, es porque nos hallamos abierto y en permanente conversación con nuestro entorno. De la misma manera, si sentimos indiferencia por lo que nos rodea será porque hemos roto los cauces de comunicación con el exterior; restaurarlo nos corresponde exclusivamente a nosotros. Nuestra motivación es siempre "motiv-acción", es decir implica una actitud activa por nuestra parte. Proactiva, incluso si se quiere.

Para San Agustín la voluntad era el centro vital, la vida misma, "la incomprensible certidumbre intima, la firme seguridad del querer irrevocablemente enderezado a su meta". Pero nuestras mentes tienen el defecto del enredo; nuestros cuerpos se ciñen a la inmediatez del deseo; nuestros estados de animo nos adormecen ante lo inapetente, desalojando a la voluntad del primer plano de nuestra visión.

Dice Abraham Maslow que estamos motivados cuando sentimos deseo, anhelo, voluntad, o ansia o lo que es lo mismo, cuando necesitamos resolver nuestras necesidades. Algunas son básicas, pero muchas otras se generan por nuestra capacidad de crearnos todo tipo de expectativas. Dicho de forma menos elegante: vamos detrás de lo que nos da la gana aunque probablemente no nos haga falta alguna. Pero se nos ha metido entre ceja y ceja y ahora solo queda consumirlo, de lo contrario nos parecerá morir de un ataque de angustia. ¿Por qué aguardar con impaciencia las cosas? Si son inútiles para tu vida, inútil es también aguardarlas. Si son necesarias, ellas vendrán, y vendrán a tiempo.

El pesimismo conduce a la debilidad y el optimismo al poder (Williams James)

Que sentido puede tener hacerse propósitos que no vamos a cumplir, si no es para autocastigarnos un ratito y retomar ese viejo discurso que nos acompañara hace años, consistente en demoler nuestra identidad por nuestras incapacidades.
Nos infligimos un cierto sufrimiento como para expiar la culpa de no tener más voluntad a mano. Entonamos un mea culpa por el desanimo que sentimos ante el esfuerzo que nos hemos ahorrado. Automotivarse, como todo, es un aprendizaje. Y aprendemos entrenándonos. Y nada mejor para lograrlo que unas cuantas pequeñas frustraciones, para darnos cuenta de que podemos sobrevivir al ataque de nuestras compulsiones. La automotivacion se ejercita cuando somos capaces de orientarnos hacia el logro, obteniendo como beneficio la satisfacción por el esfuerzo realizado, por la ilusión y el optimismo que hemos generado en la aventura de conquistar nuestros retos cotidianos.

No es necesario en la vida justificar nuestra existencia a golpe de actividad, emprendiendo grandes proyectos, si no es lo que deseamos en este momento. Considero que es suficiente dejar de ser espectadores de nuestra vida para convertirnos en sus actores principales, aprendiendo a satisfacer nuestras necesidades más profundas.
Como decía la escritora Laura Esquivel, en su novela "Como agua para chocolate": "Si bien todos nacemos con una caja de cerillas en nuestro interior, no las podemos encender solos, necesitamos como el experimento, oxígeno y la ayuda de una vela". La autora continúa esa bella metáfora diciendo que, al encender nuestras cerillas, se produce en nuestro interior "un agradable calor que irá desapareciendo, poco a poco, conforme pase el tiempo, hasta que venga una nueva explosión a reavivarlo".

Y lo más importante: "Cada persona tiene que descubrir cuáles son sus detonadores para poder vivir, pues la combustión que se produce al encenderse uno de ellos es lo que nutre de energía al alma. Si uno no descubre a tiempo cuales son sus propios detonadores, la caja de cerillas se humedece y ya nunca podremos encender un solo fósforo."



miércoles, 25 de noviembre de 2009

No estoy de humor..

Si te levantas un día de mal humor, tampoco pasa nada. Somos humanos. No vivimos en un anuncio.


No solo la publicidad de nuestra sociedad consumista nos vende la felicidad comprando cualquier producto, sino que incluso muchos de los movimientos espirituales, o de crecimiento personal parece que también. Algunas de las personas expertas en estos campos parecen insinuar que si sufres es porque quieres. Y luego nos prometen que si seguimos sus consejos alcanzaremos la felicidad absoluta.

Obviamente, las terapias, las lecturas o los cursos de crecimiento personal nos pueden ayudar, y mucho, pero no interpretemos mal sus mensajes: no podemos alcanzar un tipo de felicidad constante y eludir el sufrimiento. Seria lo mismo que pensar que si seguimos todos los consejos saludables: practicar ejercicio físico regularmente, comer sano, no fumar... no vamos a morir nunca.
Si intentamos entender nuestro comportamiento basándonos en lo que nos dicen las teorías, debemos ir con mucho cuidado porque, como las teorías son simplificaciones, facilmente nuestras reacciones no encajaran y las podremos etiquetar de anormales cuando no lo son.
En este mundo que nos venden, parece que no hay cabida para las emociones negativas, para el mal humor que de vez en cuando nos asoma algunos días.

Una de las preguntas que me formulan a diario es : "esto que me pasa es normal?". La mayoría de la gente pregunta por simples emociones. Personas que transitoriamente están tristes, nerviosas, rabiosas, excitadas, obsesionadas, se inquietan pensando si eso que sienten es normal. Como si los humanos no tuviéramos dudas, inseguridades, complejos y mil emociones en todas sus variedades.

Todos ansiamos explicaciones fáciles sobre todo lo que ocurre, y en especial sobre nosotros mismos. Y además el casi imperativo "conócete a ti mismo" todavía nos anima más.
Ni todos los expertos juntos, neurólogos, psiquiatras, psicólogos, filósofos ... podrían dar una explicación a la totalidad de nuestra conducta. Así que no nos agobiemos con lo de que "no se que me pasa, estoy nervioso, triste, y no se por qué". Es muy difícil entender nuestra conducta
Nos exigimos una lógica como si hubiéramos alcanzado un estado evolutivo en el que sólo imperara la razón.

Parece que nosotros nos vemos mas racionales de lo que somos, hay muchas expresiones que nos delatan, y una de ellas es "no es lógico que ...". "No es lógico que te hayas enfadado tanto por esto", "no es lógico que este tan triste por una tontería ¿Que significa lógico?, ilógicos partiendo de que criterios?, ¿Y esos criterios quien los establece? Si ahora nos pidieran que observásemos a un grupo de neandertales y juzgáramos si sus comportamientos son lógico o no, la petición se nos antojaría bastante absurda; ¿ cómo vamos a exigir una lógica a esos seres tan poco evolucionados, tan primitivos? Y, en cambio, con nosotros mismos si que nos exigimos una lógica, como si nosotros hubiéramos alcanzado un estado evolutivo en el que sólo imperara la lógica y la razón.

Ver el mundo y a nosotros mismos en su total complejidad y ser humildes sobre nuestra propia capacidad para entender y controlar lo que nos pasa puede ser muy beneficioso porque no nos sentiríamos frustrados por no conseguir una comprensión y un control total sobre nosotros mismos. ¿A quien le gustaría vivir en el mundo feliz que creo Aldous Huxley? Según Nietzsche, "la vida sin música seria un error".

La música son emociones, así la vida sin emociones también podríamos considerarla un grave equivoco. Por tanto, no se trata de que nos resignemos a nuestra condición humana, sino de que disfrutemos de toda nuestra gama emocional.

Si mañana nos despertamos de mal humor y no sabemos por qué motivo, podemos pensar que no somos ni capaces de entender bien las lecciones básicas del "conócete a ti mismo" y que somos un fracaso porque, a pesar de nuestros esfuerzos, no sólo nos resulta imposible eliminarlo, sino que nuestra frustración lo aumenta. O bien podemos pensar que no hay nada más humano que las emociones (positivas o negativas), que la naturaleza es un complicado misterio y nosotros formamos parte de ella y que mas que pelearmos con nuestro mal humor vamos a dejarle un espacio.




sábado, 14 de noviembre de 2009

martes, 3 de noviembre de 2009

Decisiones


Dicen que tomar decisiones es un ejercicio agotador para el cerebro y nos pasamos casi todo el día ejercitando esta actividad.

Es Martes, es tarde, las decisiones elementales son a veces muy simples y a veces muy complicadas. A veces te agotan y otras estás muy agotada para tomarlas.

Siento cada opción y escucho la que más llega a mi corazón... la que siento que es adecuada. Disfruto el proceso de decidir... trazo lentamente en el lienzo de este día.. que cada pincelada me haga sentir coherente conmigo misma.

Respiro, cierro los ojos, veo imágenes mentales del objeto de mi decisión y me dejo llevar....mañana quizás lo tendré decidido...o no? El proceso es lo que cuenta, el resultado me acompañará durante muchos años y quizás ya he elegido....


viernes, 30 de octubre de 2009

Better Together

Hoy sin palabras.

Que suene la música, que hable por mi. Yo me callo y cierro los ojos. Las palabras han volado y es difícil darles forma con las teclas a-s-d-f.

Me quedo con Jack Johnson y este precioso tema " Better together ".

jueves, 29 de octubre de 2009

Corren malos tiempos para el amor.......


Parece existir un acuerdo en proclamar nuestros tiempos como "la era de las pasiones tristes". Si bien es cierto que andamos detrás de vivir grandes experiencias emocionantes, también lo es que generar de continuo tantas expectativas acaba arrojando un estado permanente de frustración. Algo parecido sucede con el amor de pareja. Se habla tanto de este tema hoy día que hemos llegado a un estado contradictorio: saturados de amor, pero incapaces de amar. Muchas personas siguen enfermando aún en nombre del amor. Existen mil amores que lo son todo menos amor auténtico. O tal vez lo que sucede es que siguen existiendo amantes con conductas retorcidamente neuróticas.

Corren malos tiempos para la pareja, aun anda peor la capacidad de emparejarnos.
Vivimos una especie de epidemia que consiste en desear de una manera loca estar enamorados para después sufrir como una condena ese lazo por el que tanto suspiramos. El compromiso afectivo da un miedo terrible.

Debe de ser verdad que, a pesar de lo mucho que hoy sabemos de la vida, seguimos cometiendo el error de vivir entre la felicidad y el sufrimiento. Nadie quiere renunciar a la pasión abrasadora del enamoramiento, pero a la vez se quieren evitar los quehaceres del compromiso. Ya ni tan siquiera sirve aquello de "ni contigo ni sin ti". Ahora solo funciona el "contigo, pero sin ti".
El ascenso de eso que venimos llamando miedo al compromiso afectivo esta alcanzando tal magnitud, que cabe pensar si realmente es un problema solo de miedo o si estamos ante un cambio de modelo afectivo que también esta en pleno proceso de transformación.

Te quiero cuando ...no te tengo. Sólo se ama lo que no se posee totalmente (Marcel Proust).

Existe una manera de amar que consiste en sentirse enamorado o enamorada del otro cuando no está presente. Es como desearlo de una manera loca hasta que lo tienes delante. Cuando eso ocurre se acabó la fiesta. Ante la persona amada, las mariposas en el estómago se convierten en extrañeza, en una sobrevenida pasividad, como un agujero negro que te aspira todo sentimiento. Sabes que la quieres, pero no sientes que la quieras. Estar juntos es estar en el vacío. Pero cuando se aleja, se la echa muy en falta. Entonces aparecen todos los discursos que no se han dicho, todas las sensaciones perdidas en el vacío de la presencia.
Aparecen los deseos, las ganas y, sobre todo, la melancolía, la añoranza, la ensoñación ante un nuevo encuentro. Ahora también existe el vacío, pero es diferente, ahora está lleno de ausencia. Y ésa es la clave del asunto.

Un cobarde es incapaz de mostrar amor. Hacerlo está reservado a los valientes (Gandhi).

Crecer como persona incluye también crecer emocionalmente. Pero ahí tenemos un problema. Vivimos en sociedades que aún arrastran un fatal malentendido: creer que el amor y los grandes sentimientos, léase las pasiones, van de la mano. Grave error.

El amor auténtico no se basa en grandes tormentas emocionales, sino más bien en pequeñas semillas que con el tiempo arraigan fuertemente en nuestra alma.

Conocer el estilo afectivo propio es fundamental. Primero para poder identificar las dificultades que tenemos en el marco de las relaciones y que no dependen solo de con quien nos juntamos, para tomar responsabilidad sobre ello, ya que también significa aprender a vivir de acuerdo con el estilo afectivo que queramos desarrollar en la vida. No todo el mundo tiene que pasar por la vicaria, ni tiene que tener una familia, ni es un discapacitado emocional por no convivir en pareja.

Lo importante es responsabilizarse de las elecciones que hacemos en cada momento, con integridad y sin dañar a los demás.

Arrastramos aun la necesidad de crear marcos en los que encajar nuestra existencia. Son útiles, ya que así sabemos como actuar y donde están los limites. Pero también nos quitan flexibilidad, no nos permiten, como la vida misma, fluir con el presente y con los acontecimientos, sino que nos etiquetan, normativizan y crean expectativas y obligaciones que nos quitan autenticidad. Eso es lo que ocurre con el amor a veces. Se dan por hecho tantas cosas que es inevitable vivir en el autoengaño. Por eso, cuando Cupido se quita la venda de los ojos, no nos podemos creer en lo que nos hemos convertido.

Yo prefiero pensar que podemos disponer de una conciencia diferente, la cual nos permita elaborar las relaciones día a día, sabiendo que andamos continuanente sobre la fina cuerda de la incertidumbre y que todo se debe ir resolviendo si hay capacidad de amarse. Y eso empieza por asumir como amamos y como queremos ser amados.






jueves, 22 de octubre de 2009

REACCION

Este corto nos plantea eso que todos alguna vez pensamos.... ¿Cuando es el momento de actuar?..Como ayudamos a alguién que no sabe que puede ser ayudado?

miércoles, 21 de octubre de 2009

NO TE RINDAS


En una de sus frases más citadas, Julio Cortázar, afirmaba "que nada esta perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y que hay que empezar de nuevo.

Muchas personas se manifiestan herederas de una nueva conciencia, que sienten, piensan y actúan a partir de la idea de que la vida es un regalo y un misterio a vivir, no un problema a resolver. Sin duda,una actitud altamente positiva y armónica.

Pero resulta que la vida no es plena armonía. También existe el caos. O dicho de otro modo, existen el caos y el orden, el contraste entre los opuestos, para lograr así la tan deseada armonía interior. Si solo existiera armonía, nuestras vidas existirían en un solo plano de conciencia. Siempre el mismo. Por eso, las crisis son necesarias para avanzar.

No es agradable estar metido en una crisis, sea del tipo que sea. Por eso hay dos cosas que deben tenerse en cuenta. La primera es que lo vamos a pasar mal, y que cuanto antes lo aceptemos, mejor. La segunda cosa, la mejor, es que la crisis puede suponer una nueva oportunidad. Puede significar una transformación que nos permita sentirnos mucho mejor con nosotros mismos y con la vida. Es cierto que, según como se resuelva, puede significar una amenaza física y psíquica o una regresión a estados anteriores de nuestra vida. Que sea lo uno o lo otro va a depender de cada persona y de como resolvemos esas dos premisas citadas anteriormente.

Cuando se esta inmerso en una crisis personal, hay poco que hacer y mucho que aprender. A menudo la primera tentación es la de buscar la manera de huir lo antes posible de ese estado que aparenta ser un agujero negro interior. La precipitación, las ganas de acabar con ese sinsentido, con esa angustia existencial conlleva mas tensión aún y más ansiedad. Por eso, lo primero que hay que hacer es no tener demasiada prisa.

Dicho de otro modo, hay que darle el tiempo que precise a nuestro cuerpo y nuestra psique para recomponerse y adaptarse a la nueva situación. Por eso no hay que darle vueltas a lo que podemos hacer, sino más bien a lo que podemos dejar de hacer. La travesía no va a ser un entretenimiento, pero si una gran oportunidad de aprender de uno mismo y de la vida. Ese es el sentido que tiene todo cambio, la posibilidad de alcanzar unos niveles diferentes de conciencia. No hay prisa, pero tampoco tiene que haber pausa. Hay que darse el tiempo necesario, pero debemos aprovecharlo para probar. Por eso no sirve de mucho lamentarse de haber tropezado: hay que levantarse lo antes posible y empezar a andar poco a poco hasta conseguir alcanzar de nuevo el timón de nuestra vida.

Cuando se anda metido en la incertidumbre, la mecánica mental se pone en marcha a velocidad de vértigo. El pensamiento se obsesiona por partida doble: busca justificaciones 0 porqués de lo sucedido y anticipa todo lo que puede ocurrir de ese momento en adelante. Lo uno nos ancla en el pasado y lo otro nos proyecta al futuro.

No hay manera de centrarse en lo que mas necesitamos en tiempos de crisis: estar en presente. No forzar nada. Es fácil caer en la trampa de considerar que si se le da vuelta a las cosas se encontrará la solución más adecuada. Inútil. Va a ocurrir todo lo contrario. La solución se convertirá en el problema.

Las únicas preguntas que valen la pena explorar son: ¿cómo? y ¿Para qué? El cómo es altamente útil para analizar secuencias de hechos en los que podemos descubrir el camino a seguir. El para qué nos orienta hacia el sentido, la intención. ¿Qué sentido o significado puede tener esta crisis? ¿Para qué ha llegado? ¿Qué tenemos que aprender de esta experiencia?. Con esto tomamos la responsabilidad en nuestra crisis, ya que somos los únicos que podremos salir de ella.

No es fácil sentirse responsable de la propia vida. Significa aceptar que las cosas empiezan y acaban en ti más allá de las circunstancias. Significa elegir, arriesgarse, equivocarse, aceptar que los buenos o malos resultados dependen de ti mismo. Es cierto que muchas cosas las hacemos en grupo o en pareja, pero la decisión última de como vivir aquello que te sucede es enteramente nuestro. Lejos de una actitud de culpabilidad, tomar responsabilidad es hacerse cargo de uno mismo.
El corazón de una crisis es eso, una lucha interna en la que no hay ruidos de sables, sino un vaivén emocional que desgasta toda la energía disponible ya de buena mañana.

La resistencia al cambio suele ser intensamente dolorosa, porque significa soltar esas amarras que han permanecido ancladas en burbujas de comodidad, de protección y de control. Sabes que no puedes ir hacia atrás, porque la crisis ha llegado justamente por permanecer demasiado tiempo aguantando algo insostenible. Pero tampoco puedes ir hacia delante, porque no sabes que te vas a encontrar, no se dispone aun de la confianza necesaria para entregarse plenamente. Eso es: ni para adelante, ni para atrás.

Una elemental mirada filosófica nos enseñan que, en el vivir, todo es ruptura y cambio, todas las pérdidas empiezan ahora, enmarcadas en lo que tenemos, en aquello que hemos construido y ganado en nuestra vida.

Constantemente nos despedimos de algo del pasado y dejamos paso al algo del futuro.

Vivir nos obliga al ejercicio constante de saber abrir y cerrar, expandir y contraer, ganar y perder, ampliar y reducir, amar y doler.

Las crisis son paralizadoras. Nos sentimos atenazados por el miedo construido por nosotros mismos, superable si aprendemos a confiar en nosotros mismos.

Aceptar estados de tristeza, de desorientación, de sinsentido, incluso de dolor y de sufrimiento parece imposible. Nos resistimos a ello, y tal vez por eso la situación sigue amargándonos la existencia. Sin embargo, por mucho que cueste creerlo, la experiencia se empeña en demostrar continuamente el efecto transformador de la aceptación. A menudo la confundimos con pasividad, tolerancia e incluso resignación. Pero nada de eso es una actitud de aceptación.

Ninguna emoción es en sí misma peligrosa, ni siquiera la rabia. El cuerpo necesita entrar en erupción para gritar y expulsar tanto malestar. Lo que es disfuncional es quedarse anclado en alguna de ellas. En realidad, la cualidad de las emociones es que van y vienen.

Cuando dejamos de resistirnos, cuando cesamos en el empeño de que las cosas sean como queremos y no como son, cuando dejamos de comparar lo que deberíamos sentir y lo que sentimos, cuando dejamos al margen las expectativas y nos centramos en el ahora y el aquí, entonces aprendemos la importancia de la aceptación. Porque entonces nos afirmamos a nosotros mismos. Nos validamos. Nos permitimos ser. Y ese acaba siendo el factor fundamental para superar nuestras crisis personales.










lunes, 19 de octubre de 2009

Corre, corre que te falta tiempo


Nuestra existencia no es más que una breve rendija de luz entre dos eternidades de tiniebla escribió Vladimir Nabokov, quien a la vez calculó, que por lo general contemplamos el abismo prenatal con más calma que al otro al que nos dirigimos. O sea que no podemos perder el tiempo.

Se acabó el arte de la lentitud que practicábamos durante la infancia, sin tener ni idea de que aquello era un arte: cada día parecía toda una vida. Ahora los días pasan en un vuelo y, además la velocidad esta de moda. La velocidad como una forma de olvido según Milan Kundera. La velocidad es una forma de éxtasis que la revolución técnica ha brindado al hombre. Milan Kundera cuando escribió la lentitud, ni siquiera imaginaba que al cabo de pocos años no escogeríamos la velocidad, sino que está nos alcanzaría a través del teléfono móvil, el correo electrónico, las agendas electrónicas, la comida rápida, el sexo de aquí te pillo y aquí te mato , y sobre todo la sensación de tener que hacerlo todo en poco tiempo. Porque tenemos mucho que hacer, ver y oír, aunque escuchamos poco. Y porque vamos directo a la tumba a 4.500 pulsaciones por hora.

El coste humano del turbocapitalismo como lo definió Honoré en su libro "elogio de la lentitud", es que las largas horas en el trabajo nos vuelven improductivos, somos más infelices y estamos más enfermos.
Una vida apresurada es una vida superficial en la que la realidad se nos escapa.

Si realizáramos un ranking de las frases que más pronunciamos en la sociedad que vivimos, en los primeros puestos seguro que encontraríamos la de "no tengo tiempo".

Sólo tenemos una vida, y desaprovecharla nos da pánico. Vivimos con una sensación de fondo de que quizás podríamos aprovechar más el tiempo, que se podría estar haciendo más cosas, que podríamos llegar más lejos. Nos sentimos culpable si el tiempo no es productivo o rentable.

El tiempo improductivo nos pesa, y no sólo en el terreno laboral, sino incluso en nuestro espacio de ocio. Las vacaciones son un buen ejemplo; más que saborearlas, las convertimos en productiva de alguna forma: para dar una imagen ante los demás, para acopiar recuerdos y fotografías para el futuro...., para algo más que el simple disfrute.

Somos tan ingenuos que nos llegamos a creer que si corremos podremos llegar a todo lo que nos hemos propuesto. Incluso queda bien correr y decir "estoy muy ocupado, no tengo tiempo, tengo prisa". De hecho, si alguien dice que le sobra tiempo, empezaremos a sospechar que no trabaja mucho, que no es muy normal.

Lo lamentable es que en aquellos casos en que no queremos correr, los demás nos contagian. Tendríamos que apearnos todos a la vez de las prisas.

El día tiene 24 horas, así que como no podemos alargarlo recortamos la lista de cosas por hacer. Desgraciadamente, las que eliminamos son las actividades no productivas, es decir, las placenteras. Y pensamos que si nos queda algún hueco ya iremos a tomar un café con nuestro amigo, o nos daremos un paseo, lo cual al final no sucede.

No somos consciente de que si vamos eliminando lo que realmente nos gusta, nuestro estado de ánimo se resentirá y nos influirá negativamente en nuestra productividad.

Si el día no nos llega para cumplir todas las obligaciones, o nos llega pero a costa de nuestro bienestar, está claro que nos hemos de parar a reflexionar sobre qué obligaciones eliminamos.

El arte de la lentitud se puede cultivar diciendo adiós a la tiranía del reloj. Pero quizás el secreto de la desaceleración lo resume la palabra alemana eigen-zeit: eigen significa propio, y zeit tiempo.
En otras palabras cada ser vivo, cada acontecimiento, tiene su propio ritmo o tiempo inherente, y tal vez el arte de la lentitud consista en descubrirlo y ajustarnos a él. A él y al nuestro: descubrir nuestro propio tiempo. No acelerarlo ni ralentizarlo.





viernes, 16 de octubre de 2009

CHUBBY CHECKER

Fuerza y energía para esta mañana de Viernes. Buena música.




jueves, 15 de octubre de 2009

La era de las pasiones triste: Cibersexo a la carta



El sexo esta en todas partes. Nos colapsa la magnitud de estímulos que pretende excitarnos por encima del deseo y por debajo de la piel. El sexo del destape dio paso al sexo más explícito y más industrial en forma de espectáculo eróticos, revistas y filmografía pornográfica.
Nos entregamos al sexo del consumo, y pasamos asi del “acto” a “hacer el amor”, para acabar en el “follar”. Por lo visto es hoy tan fácil acceder al sexo, que necesitamos estímulos mayores que la simple desnudez, que el juego y la danza erótica o el despertar del deseo a través del contacto. Por eso hay que reinventar el morbo introducir nuevas prácticas como el sexo público, el intercambio, las citas a ciegas o el de última moda “el sexo virtual”. Con un solo clic se puede acceder a cambio de disfrutarlo en solitario, sin compromiso, sin contacto, sin esfuerzo. Demasiado fácil para aventurarse a comprometerte con otro ser humano. No vaya a ser que te pida algo más que el mero deseo.


Dejándome seducir con ritmo y gusto, armonizo mi trabajo después de la implacable jornada laboral, mi deseo es ostentoso por liberar un Clímax.

¿ Acaso tanta economía, globalización y conflictos generan tanta ansia?, ya apaciguado logro cortar la señal de mi generoso equipo electrónico con inmediatez y solo queda una revolucionaria ilusión que le da libertad a mi cuerpo, alma, dejándola brillar desnuda, en su espacio inter-espacial, “El Internet”

Es como se identifica en la actualidad el fuerte deseo de consumir sexo virtual.

Tarde o temprano, la conversación conduce a la frase que dará comienzo al juego: "¿Qué me harías?". Eso si es que en verdad se trata de un juego y si es que ese juego no comenzó al principio, cuando ella (o él) entró al chat donde todos están dispuestos a hacerle algo. O no.

Porque si algo describe al cibersexo es que es un sinfín de contradicciones. Es sexo pero sin serlo; es búsqueda de conversación de gente que no quiere conversar; es masturbación en compañía; es verse, pero a distancia; es orgasmo sin contacto. Es una forma de contacto segura pero falaz, donde todo vale y todo puede ser mentira. Es una opción sexual para quienes no se sienten bien con su cuerpo o le tienen pavor al compromiso, un espacio sin piropos, ritos de exploración ni los juegos eróticos, en el que se va rápido "a los bifes". Es, al cabo, la mejor expresión de la mayor paradoja imaginable: es realidad virtual, ser y no ser a la vez.


Este sería el caso de ese hombre "enfermo" del cibersexo al que "Las Supremas de Móstoles" se refieren en su canción. Un hombre que se pasa el día "pegado a la pantalla" de su "persé", que pone los cuernos a su pareja "con el disco duro, la pantalla y el ratón", "haciéndole el amor a una tal Pamela dentro del ordenador".
"Tu ya no me quieres, yo ya no te hago falta, que el amor internauta es un veneno sin igual", se lamentan las tres rubias y maduritas mostoleñas en su éxito musical de hace ya vario.


La modernidad mediatiza el sexo con tecnologías quitándole el aspecto de contacto directo y personal, pero lo carga con otros “beneficios” como la seguridad, la inmediatez, la accesibilidad y el anonimato. Lo más personal pasa al campo de lo impersonal, resignificando la socialización, la comunicación y, más específicamente, el sexo en sí. La Red se convierte en un campo de juego para experimentar nuevas sensaciones y fantasías. Internet provee ventajas que, tal vez, se han transformado en puntos importantes de peso.

Los supuestos beneficios del sexo cibernético son muchos, y es por ello que para algunas personas éste puede superar al real. Esta práctica va más allá del reemplazo o la mediación del sexo tradicional. Es un desafío que combina imaginación, destreza y creatividad para lograr la excitación o incluso el orgasmo de una persona que se encuentra en un lugar físico totalmente distinto. Internet se presenta como el espacio ideal para albergar todo aquello que es rotulado como tabú o simplemente no “encaja” en el mundo real.

Nuestra relación con las nuevas tecnologías, no es sino un reflejo de como vivimos. El ejemplo más claro es el uso que se le esta dando a internet con respecto a estas nuevas relaciones de cibersexo.

Esta nueva forma de sexo por internet más que acercar aisla a la persona. En parte es así, ya que el escudo protector que ofrece el medio se convierte en una coartada excelente para rehuir responsabilidades directamente: nos ahorra tener que dar la cara.

No olvidemos que el sexo no reducido a un ejercicio implica estar presente. Implica sobre todo intimidad. Y eso asusta a más de uno y más de una. Hacer el amor es eso amar, dedicarse al otro. Es entregarse. Es dar y recibir. Es una sintonía, una complicidad y una celebración.

El sexo es el acto más personal y puede ser muy creativo si lo convertimos en un mundo de posibilidades, en un mundo de rituales, del más breve al más fascinante. Del más carnal al más tántricamente sagrado. Hay mucho sexo por vivir si le damos la importancia que merece.









miércoles, 14 de octubre de 2009

Rendirse o fluir.........



Paso en estos últimos días por momentos donde lo único que quiero es volver a tener todo bajo control… y es que últimamente se me han presentado algunos obstáculos y como que la angustia se empezara a apoderar. Es precisamente en estos momentos cuando creo que lo mejor es rendirme… lo que no significa que bajo los brazos, sino que acepto y espero confiada y tranquilamente que mi vida tome su curso.

Entonces intento comprender que el rendirse es fluir con la vida tal como esta se me presenta y no como creo que debiera ser.....
Fluir con la vida es estar donde nos corresponde, dejando que todo suceda. En el momento en que no temes perder nada, llegas a poseerlo todo.

Cuando fluimos con nosotros mismos y con la vida, ocurre algo especial en la realidad cotidiana; las circunstancias y los sucesos se encadenan en experiencias armónicamente positivas y satisfactorias, realizamos las cosas sin grandes esfuerzos, nos relacionamos sin apenas conflictos, respondemos a las demandas y a los estímulos de la forma mas coherente y acertada; en definitiva "fluimos", con un mínimo de roces y con un máximo de plenitud y satisfacción.


Frente a cualquier circunstancia o problema -por duro o difícil de resolver que sea- siempre tendremos dos únicas opciones: abrirnos y disfrutar o cerrarnos y sufrir".

Me abro a la vida y sintonizo con el pulso interno personal adaptándome al momento presente y viviendo plena y conscientemente cada circunstancia en todas sus dimensiones.

El mejor objetivo personal que me propongo y que aconsejo es el de intentar fluir al máximo con la vida, las circunstancias y las relaciones; a fin de cuentas es la mejor forma -quizás la única- de vivirlas con plenitud.
Es obvio que no resulta una tarea fácil de alcanzar o acercarse a ese deseado objetivo. Incluso bastante difícil cuando tenemos en cuenta la gran variedad de presiones externas que nos imponen unos ritmos por lo general bastante alejados de nuestro propio e innato pulso interior. Es frecuente que ante la dificultad de sintonizar con nuestro pulso silencioso, optemos por intentar sincronizarnos al ritmo que marcan las circunstancias, o los demás. Pero ello, a corto o largo plazo, solo puede conllevar desequilibrio y frustración.

Nada bueno podemos lograr marchando al compás de una música que poco tiene que ver con nuestra propia música personal.

Cuando por fin somos capaces de tomar la decisión acertada, nos damos cuenta de que aparecen algunos escollos; entre los que destacan con fuerza los lastres de viejos hábitos cotidianos adquiridos poco a poco y casi sin darnos cuenta. También tendremos que hacer frente a los innumerables "sucedáneos de conciencia" a los que solemos recurrir en los momentos de desorientación.

Cuando experimentamos un cambio inesperado, es normal que nos quedemos descolocados, sin saber que hacer. Sin embargo, ese lapso de confusión no debería durar mucho.... Al instante debemos preguntarnos cual seria la mejor forma de aprovechar el cambio, de que manera podemos construir sobre lo que no pudo ser. Hay que aprender a improvisar y dejar que las cosas fluyan. Lo que nos tenemos que preguntar es como podemos aprovechar al máximo las circunstancias cambiantes que se nos presenta.

La alternativa natural de aprender a fluir, también tiene que ver con aprender a esperar.

lunes, 12 de octubre de 2009

Conectar con la intuición


Aunque parece que es ella la que nos elige a nosotros, se trata de un recurso a nuestro alcance que podríamos cultivar mejor, en beneficio de las decisiones que adoptamos, las soluciones que proponemos, las relaciones que mantenemos, los juicios que elaboramos y las oportunidades que detectamos.

Siendo múltiple en sus manifestaciones y en la reserva de la que se nutre, la intuición constituye un complemento valioso para la razón, con el que vale la pena familiarizarse en gran medida. Si cabe aceptar que no hacemos uso adecuado de nuestra mente consciente, insistiría además en que el inconsciente posee un potencial que estamos desperdiciando. Dentro de nosotros hay mucho más de lo que parece, y seguramente vale la pena asomarse.


La intuición podría ser considerada como el instinto de los seres humanos. Se trata de una capacidad innata al ser humano.

La intuición es esa maravilla escondida voluntariamente por nosotros. En efecto, nos olvidamos de que en nosotros mismos reside todo. Buscamos fuera lo que únicamente se encuentra dentro.

Soy yo la primera que reconozco que si hubiera infravalorado menos mi intuición, si le hubiera hecho mucho más caso, quizá ahora estaría unos pasos más allá.

Tenemos en nuestro poder un gran potencial, todavía no manchado con defectos de nuestro mundo. Es natural como un niño y nos preserva en un primer momento de aquello que podría ser nocivo para nuestra integridad.

Pero... ¿por qué no la atendemos?, ¿por qué no le prestamos atención?

Uno de los mecanismos para defender nuestro estimable Yo es la negación de una realidad. Si ese hecho llegara a nuestra conciencia tal y como ha sido presentido, probablemente nos llenaría de angustia o desasosiego. Y precisamente la justificación de la actuación de la negación es impedir que cualquier realidad sea mal vivida para el ser humano.

La gran virtud de la intuición es justamente que surge previa al proceso de enmascaramiento de la realidad. No se saca ningún provecho con ella a pesar del gran beneficio que podría reportarnos si nos acostumbráramos a percibir sus señales o indicaciones.

La intuición ayuda al ser humano a captar una situación, hecho o persona que podría ser perjudicial. A menudo el miedo a que nuestra intuición tenga una justificada realidad nos hace bloquearla, negarla obstaculizando su reflexión.

Como explica Eric Rolf en “La Medicina del Alma”, la intuición es un idioma a través del cual podemos establecer una comunicación activa con nuestra alma o con la vida:

“La vida nos habla a cada uno a través de un idioma único y personal. Se trata de un vocabulario que cada uno conoce muy bien, ya que se compone de sus propias experiencias y memorias vistas en forma metafórica: todas las vivencias, ideas y símbolos, todo lo que para uno tiene sentido, forma parte de su vocabulario. Cuando conectamos con nuestra intuición y recordamos algo, que puede ser una imagen, una sensación, un sonido…, no es simplemente un recuerdo o una alucinación, es información.”

El lenguaje de la intuición es toda la información que cada uno tenemos almacenada en nuestra neurología, de tal forma que cuando quieres saber algo y conectas con tu intuición, lo que aparece es tu memoria y, de forma simbólica a través de una metáfora, te enseñará lo que quieres saber.

Cuantas veces hemos rechazado nuestra primera impresión al conocer a alguien, por ejemplo. Con el paso del tiempo, nos damos cuenta que haber escuchado a nuestra intuición nos hubiera ahorrado numerosos disgustos.

Cuanto más utilizamos y practicamos nuestra intuición, mejor funciona. Personalmente creo que hablar con la vida es una de las experiencias más gratificantes y divertidas que existen, su idioma está lleno de sentido del humor.


Se me ocurre que nuestro concepto de suerte, “estar en el momento adecuado, en el lugar adecuado…” podría tener que ver con nuestra intuición… En todo caso la suerte es ajena a nuestro control, el desarrollo de la capacidad intuitiva depende de cada individuo.


El mundo es un vasto océano de energía en el que las cosas existen unas dentro de las otras, se comunican e influyen continuamente de manera instantánea a los niveles más sutiles, mediante una especie de resonancia sincronizada. Esta interconexión podría explicar el acceso intuitivo a ciertos datos, pero aún así dejaría sin aclarar cómo se produce el proceso.


domingo, 11 de octubre de 2009

Dilo con amor...

Este corto esta en el medio, es casi un aviso, visualmente impecable, trata de esos primeros momentos, los que recordamos.....

No pierdas el norte.....


Cuando perdemos el norte, el sentido de nuestra vida se nos escapa y no sabemos donde buscar.
No es que la vida no tenga sentido, es que a veces no sabemos como encontrarlo.

Una buena manera de hacerlo es trazar una especie de recorrido de lo que ha sido nuestra vida: decisiones importantes que hemos tomado o acontecimientos que dieron un giro a nuestra existencia. Observar lo que ocurrió, los valores y las creencias que dieron sentido a cada elección.Y, sobre todo, darnos cuenta de a dónde nos condujo cada cambio.


Cuando podemos observar el conjunto de nuestra trayectoria descubrimos puntos de coincidencia, creencias que se mantienen firmes y otras que desaparecen. Vemos lo que hemos apreciado y lo que hemos despreciado. Todo ello nos retrata. A partir de ese retrato podemos decidir cómo queremos vivir en adelante.


Es importante darnos cuenta de aquellos condicionantes que nos estan trabando para poder cambiarlo. Si no nos proponemos mantener una actitud de aprendizaje continuo, si no atendemos a lo que esta ocurriendo en nuestras narices, acabamos viviendo en pasado continuo.


Tenemos que dejar de controlar tanto, permitirnos fluir con la vida y aceptar que no siempre lo que deseamos es lo que necesitamos. De esta manera es cuando nos damos cuenta de que en todo hay algo que aprender y de qué disfrutar. Es importante encontrar un equilibrio entre lo que hacemos que ocurra y lo que dejamos que ocurra....


Todo en la vida es un proceso dinámico. La naturaleza funciona a través de ciclos, pero también a través de súbitas transformaciones de enorme trascendencia futura. ¿Vamos a ser menos nosotros? También el ser humano es dinámico, aunque perezoso para los cambios. Por eso debemos estar atentos a lo que ocurre y a lo que nos ocurre, ya que no somos siempre los mismos. Pero, además, no estamos solos. Nos relacionamos con otros seres y con un universo en el que todo está interrelacionado. Es necesario que entendamos nuestra función, el sentido que tiene pertenecer a este mundo.


Cuando todo va bien es muy dificil que nos planteemos grandes cuestiones metafisicas. Pero cuando a través de situaciones de sufrimiento creemos perder el sentido de la vida, entonces es cuando aparece la pregunta sobre el sentido de la vida. Y eso conlleva a menudo encontrar sentido a ese sufrimiento que nos atenaza. Es muy duro sufrir por sufrir, estar padeciendo para nada. En cambio, cuando podemos captar los mensajes o el sentido de ese sufrimiento al menos se soporta de otra manera.


Nos cuesta encontrar el sentido de la vida a veces porque no se nos ocurre conectar con las razones que nos hemos dado a nosotros para vivir. Se trata de relacionar lo vivido y encontrar los diferentes significados que ha tenido nuestra existencia. A veces, nos cuesta también porque tal vez no hemos encontrado aún aquello que nos dé plenitud, o lo buscamos en lugares y personas equivocadas.


Considero que lo primero que tenemos que hacer es ocuparnos de nosotros mismos en el sentido de conocernos. Solo desde un “yo integrado”, que reconoce sus limitaciones y sus potencialidades, se puede llegar a la plena aceptación de cada uno. Si todo el día me quejo de cómo soy o de cómo debería ser, entonces no existe aceptación. Todo cambia si me permito ser yo mismo desde la confianza, desde la actitud humilde de reconocer que, en cada momento, estoy donde debo estar y a la vez consigo mantener vivo el profundo anhelo de aprender y de crecer.



jueves, 8 de octubre de 2009

Coge aíre ....y nunca olvides de respirar....ni de soñar




La niña sonríe,
tiene el océano en sus manos
y al tocarlo salen notas
que pintan el día de música
La niña sonríe
Su risa contiene notas músicales .....








martes, 6 de octubre de 2009

Un poco de locura


Hay cosas que no se discuten. Para todo el mundo es mejor estar sano que estar enfermo y mejor ser listo que tonto; está claro. Sin embargo, hay ideas indiscutibles que quizás deberían ponerse en tela de juicio; por ejemplo, el control emocional. Qué interesante es ser una persona controlada, decimos, ; pero ¿qué es exactamente una persona controlada?. A lo mejor no es tan interesante.


De entrada, tras lo que parece control pueden esconderse otros rasgos, como frialdad, timidez extrema o anhedonia (incapacidad emocional).


El control es un buen disfraz; es el silencio, es la evitación....Pero el autentico control necesita el descontrol, de otro modo ¿qué se controla? Reconozco que suena enrevesado, pero un controlado interesa poco si no es a la vez audaz, valiente, apasionado, humano. El control por sí mismo no es nada...bueno, sí, es aburridísimo.


Sucede que las mujeres consideramos control a lo que a veces es solo mordaza. Está bien conocer las propias emociones, dominar las explosiones de ira, sujetar el miedo y todo eso, pero cuidado, que por nuestra especial idiosincrasia femenina a menudo llamamos control a lo que es abnegación o resignación, y eso no interesa. ¿Por qué no jugamos con el atrevimiento? Seamos un poco más valiente, adelante con nuestro Yo, sí, con el nuestro, no con el de los demás, descubramos lo que late en el fondo de nuestro corazón.


La falta de control no es necesariamente descontrol. Aflojar el nudo de la cuerda que nos ata la vida permite llegar un poco más lejos, explorar, saltarnos límites que nos imponemos nosotros mismos y nuestro esclavizante sentido común. No abogo porque seamos como Virginia Wolf o la madre Teresa, pero por favor, tampoco interesa que nuestro mayor motivo de orgullo provenga de ser una prudente y eficaz reina del orden vital. Las mujeres y los hombres deberíamos ser más atrevidos. El miedo a cometer errores es fatal; sin embargo, los errores han sido el germen de los grandes aciertos en la historia. En la vida nos arrepentimos menos de lo que hemos hecho que de lo que hemos dejado de hacer.


Vamos, hay que soltarse la melena, no interesa que nuestro epitafio diga "cumplió con su obligación". Demos paso a la aventura en el amor y en la vida.


Tengo la ligera sospecha que cuando hablamos de equilibrio, de puntos medios, apelamos a algo que en realidad no existe. Es una mera ilusión, una forma de usar el lenguaje para expresar nuestra intención de actuar moderadamente. ¿Existe un punto medio que sea óptimo para todos?, ¿ quién decide lo que está en equilibrio y lo que no? Creo haber aprendido de la vida que el verdadero equilibrio no consiste en un punto determinado ni en una postura como la que precisa el fonambulista. Me interesa mucho más los contrastes.


Cuando hablamos de soltar riendas, ¿Cuál es término justo?, ¿hasta dónde hay que soltar para poder decir que se actúa equilibradamente? Porque donde a uno le parece que ya ha soltado lo suficiente, a los demás les puede parecer que ni tan siquiera "nos hemos despeinados". Y es que uno no se suelta a sí mismo, sino que lo hace con y ante los que le rodean. Por eso cuenta tanto.


Es por ello que me gusta más hablar de contraste que de equilibrio, que siempre me suena a control. Hay que ser flexible para saber vivir con plenitud tanto cuando se precisa tanto cuando se precipitan unos momentos de locura. Cuando no somos capaces de hacerlo, cuando nos exigimos estar siempre controlando o siempre enloquecidos, entonces estamos hablando de rigidez. Y la rigidez es el primer síntoma de la contracción; del miedo, en definitiva.


Para evitar contracturas físicas y emocionales, para evitar rigidez de carácter, para ahorrarnos vivir pendientes de nuestros miedos, nada mejor que soltarse de vez en cuando. Reírnos de nuestras equivocaciones, aceptar nuestros desaguisados, dejar de ir todo el día con el personaje a cuestas. Del mismo modo que el ejercicio corporal expande nuestros músculos y articulaciones, el dejar de estar pendiente de uno mismo y entregarse a la espontaneidad proactiva y a la creatividad es expandir nuestra psique. Es como quitarle el polvo a esa mente que se ensucia continuamente de tanto pensar.


La vida es contraste. No vivimos a medias, ni morimos equilibradamente. Cuando llega la hora de soltarse, de romper con la cotidianidad, no hay nada mejor que olvidarse de uno mismo por un buen rato. Curiosamente suele suceder que, cuanto más nos descontrolamos, más nosotros mismos somos. Más auténticos. Entonces tal vez nos demos cuenta de que no tiene mucho sentido tomarse tan en serio, creernos tan importantes como para ser siempre de la misma manera. Tal vez descubramos que, en definitiva, ese que creemos ser es solo la máscara. Somos como somos cuando nos soltamos. Y eso solo ocurrirá cuando podamos contrastar nuestra vida con la idea que tenemos de ella.

sábado, 3 de octubre de 2009

jueves, 1 de octubre de 2009

lunes, 28 de septiembre de 2009

El amor como droga dura


El amor es una droga dura en algunas ocasiones, cuando no se puede aceptar la diferencia que separa a un sujeto de otro, la alteridad que nos recuerda que somos dos en lugar de uno los que componemos ese vínculo que a veces nos confunde y nos hace creer que somos uno solo fundidos. Con-fusión quiere decir "fusión con" (con ese otro que amo, que me alimenta el alma, que me hace ser).
El amor hace ser hasta tal punto que en casos extremos un hombre puede llegar a creer erróneamente que su mujer es parte de sí mismo, que está para atenderle, para cuidarle, y si no está, es que no le quiere, le hace daño, le odia y despierta todo su odio. Y una mujer, en casos extremos, puede creer que con el amor que su compañero le tiene le hace ser de tal modo que tiene que soportar lo que sea con tal de no perderlo. Si luego él no la trata bien, cree que es porque seguramente ha hecho algo malo y procura redoblar sus cuidados y atenciones.
El anhelo de fusión es especialmente fuerte en la pasión amorosa. Toda pasión tiene un punto de alienación o de locura. Pero como toda pasión es un engaño, a quienes son víctimas de ellas sin advertencia ninguna, la realidad se encarga de hacerles sentir que las diferencias son inevitables y con ellas, las frustraciones. Dependerá del grado de madurez que cada cual tenga para reconocer esta dolorosa verdad para que su comportamiento frente a las decepciones inevitables y/ o las separaciones sea de un duelo razonable que ayude a madurar y a distanciarse para no quedar atrapado en un vínculo sin salida o, por el contrario, sean el rencor y la furia.
La cultura en la que estamos sumergidos insiste en el amor pasional como paradigma de amor verdadero, alimentado por los mitos del amor romántico que se cantan en canciones, en telenovelas y creencias populares que calan en el inconsciente.
Este mito es alimentado además de una manera asimétrica, en la que se distribuyen modelos de comportamiento para hombres y para mujeres que establece una complicidad que permite el acoplamiento.
El modelo para los hombres consiste en el mensaje de dominio de sus mujeres, expresado a través de un control excesivo, de celos injustificados, de una posesividad que se considera normal aunque no lo sea, pero que puede resultar seductora para una mujer que no está advertida de los peligros que la misma implica. "Heraldos negros que nublan la razón y envenenan" es como define Serrat los celos en una canción. "Monstruos de ojos verdes", los llama Shakespeare. No es lo mismo que un hombre exprese un anhelo de posesión que habla de su deseo de que la mujer que ama le pertenezca, que convertir ese deseo en una exigencia que si no se cumple lo vuelve peligrosamente agresivo.
Los modelos de comportamiento para las mujeres consiste en mensajes de sumisión y entrega a su hombre.
En otro sentido muchas mujeres son víctimas de un complejo de salvadoras, que proviene de un fondo maternal, que las lleva a creer que con su amor al compañero lo salvará de todo sufrimiento y, al mismo tiempo, tranquilizan su inseguridad de no ser queridas por sentirse intensamente necesarias en el vínculo con un hombre al que sienten desvalido.


Cuando las mujeres se plantean abandonar al maltratador tienen que reconstruir su nueva biografía en un contexto ajeno a sus tradiciones y abandonar un lugar donde se comportaba como amantes esposas y madres. Se trata de dejar su proyecto vital, renunciar al amor es el fracaso más absoluto de su vida y es muy difícil que vean en ese cambio una promesa de vida mejor. Las mujeres siguen interpretando la ruptura matrimonial como un problema individual, como una situación estresante y anómala y no como la liberación de una situación opresiva que además debe ser tratada como problema colectivo y no individual. Y en este sentido, es la sociedad la que debe rehabilitarse, la que debe ser llevada a terapia, porque son las construcciones, las historias y los mitos de esa sociedad los que están en el origen y la raíz del problema de la violencia domestica.
Nuestro modelo social es el máximo legitimador de estos y otros comportamientos y, como tal la violencia domestica será el plato de todos los días sino somos capaces de cuestionarnos que tipo de sociedad genera maltratadores, que sociedad genera esta patología del vinculo amoroso. A su vez debemos pensar que tipo de cultura es la nuestra para que mujeres capaces y adultas soporten en nombre del AMOR, la humillación y el sufrimiento; para que en lugar de escapar de esas situaciones busquen soluciones peregrinas y absurdas como tener hijos, automedicarse o disculpar a su pareja para no perder aquello que fundamenta su vida: El amor.
Condenar la pasión en bloque seria querer suprimir uno de los aspectos de nuestra creatividad y de nuestra historia. Además de imposible es una tarea titánica. Mi intención en este articulo es alertar, prevenir, analizar, aislar, desmontarla si se quiere para observarla y conocer mejor sus propiedades. Hacernos más consciente de este proceso nos hace más libre y hablar de la utopía nos acerca más a ella y a sus posibilidades, a la búsqueda de relaciones más alternativas al modelo al uso, de mayor calidad y que nos ahorre sufrimientos. Mi experiencia profesional y también personal me dice que quien da mucha importancia a su vida amorosa en detrimento de otros aspectos vitales sufre más, se suscribe ante el sufrimiento como meta, en comparación con aquellas personas que muestran menos interés por el campo sentimental y que ponderan en su justa medida la vivencia del amor.. Me gustaría que entandáis que no hay nadie en el mundo que pueda colmarnos definitiva y eternamente, que los afectos son múltiples, de diferentes pelajes y complejidad, que el amor no puede basarse en renuncias y sacrificios, y que nunca deberíamos abandonar nuestra individualidad, nuestros proyectos personales, nuestro espacio propio en aras del amor.




martes, 15 de septiembre de 2009

Patrick Swayze



Patrick Swayze, el actor que enseñó al público a bailar con Dirty Dancing y a llorar con Ghost, perdió el lunes su batalla contra el cáncer de páncreas a los 57 años. Nativo de Houston e hijo de coreógrafos, el actor encontró su lugar en Hollywood sin problemas con papeles de galán, a veces rudo a veces más romántico, pero sobre todo con ritmo.

Siempre le recordaré en la películas de Ghost.

Se fue dejando lo que todos aspiramos a dejar, tan solo UN BONITO RECUERDO EN LOS QUE DE ALGUNA MANERA NOS CONOCIERON, el recuerdo que deja:....... "CORAJE Y PASIÓN POR VIVIR"...... y eso a día de hoy es una de las cosas que más necesita este mundo.










lunes, 14 de septiembre de 2009

La relación con los demás



No hay nada que nos ocupe y preocupe tanto como nuestras relaciones con los demás. Aunque presumamos a menudo de pasar olímpicamente de su opinión, lo cierto es que los tenemos presente continuamente y, por supuesto, lo que puedan decir nos afecta en alguna medida. Pero también cabe observar lo que nosotros les decimos a los demás y como lo decimos.


"La cosa más difícil es conocernos a nosotros mismos; la más fácil, hablar de los demás "(Tales de Mileto).

Mientras unas personas pretenden quedar bien con todo el mundo, tarea que conlleva mucho desgaste personal, otras en cambio, se creen que disponen de todos los derechos y ninguna obligación, o sea, que no les importa pisotear a los demás con tal de lograr lo que creen que el mundo les debe.

Otra manera de dar rodeos a las cosas sin afrontarla directamente es el uso de la ironía y el sarcasmo. Son estrategias que, si bien pretenden quitar hierro al asunto, al final confunden e incluso hieren más que una honesta y clara expresión de enfado. Aunque una fina ironía tiene un punto de admirativa, no cabe duda de que es una muestra de superioridad, y a veces de soberbia, que no trata la relación de igual a igual.


Hay que tener en cuenta también que hay otras personas cuya reacción hacia los demás es de bloqueo o pasividad, en este caso estaríamos ante aquellos que prefieren esconderse, no rechistar, dejarlo correr... Ante tales extremos, la práctica asertiva es la que se muestra defensora de nuestra dignidad, una manera elegante de poner cada cosa en su sitio. Porque en realidad nadie puede poner en duda lo que pensamos y sentimos. Pueden no estar de acuerdo, pueden poner límites a nuestras conductas, pero en ningún caso deslegitimar nuestras creencias y sentimientos. Y eso empieza por no deslegitimarse uno a sí mismo.


Admiro a las personas que saben expresarse con serenidad y firmeza a la vez, sin agresividad ni violencia; con claridad meridiana y sin medias tintas; con amabilidad y sin descalificaciones insultantes; con cortesía y sin acritud.

La cuestión no es sólo lo que digo, sino el cómo lo digo. La misma palabra puede ser dicha de maneras muy distintas, tan distintas que pueden despertar en el otro reacciones que van desde la aceptación respetuosa, hasta la animadversión más absoluta. Y con demasiada frecuencia el problema, el origen de la disputa, está más en el cómo que en el qué.


Ni puedo, ni debo, ni quiero contentar a todo el mundo. Es más, si caigo bien a todos absolutamente bien a todos, tengo que empezar a preocuparme seriamente. Si carezco por completo, no diré de enemigos pero si de enemistades, algo grave puede estar pasándome, porque hay personas y posiciones que merecen mi rechazo absoluto y no en medias tintas.


miércoles, 9 de septiembre de 2009

El éxito más alla del éxito




Es hora de reconocerlo: por lo general somos una sociedad de "eruditos racionales" y "analfabetos emocionales". No nos han enseñado a expresar con palabras el torbellino de emociones, sentimientos y estados de ánimos que deambulan por nuestro interior. Y esa ignorancia nos lleva a marginar lo que nos ocurre por dentro, sufriendo sus consecuencias.


Debido a nuestra falta de conocimiento y entrenamiento en inteligencia emocional, solemos reaccionar o reprimirnos instintivamente cada vez que nos enfrentamos a la adversidad. Apenas nos damos espacio para comprender lo que ha sucedido. En esto consiste vivir inconscientemente: en no darnos cuenta de que somos cocreadores de nuestro sufrimiento.


Por el camino, las heridas provocadas por esta guerra interna nos deja un pozo de miedos, angustias y carencias. Y la experiencia del malestar facilita que nos creamos una de las grandes mentiras de preconiza este sistema: que nuestro bienestar y nuestra felicidad depende de algo externo.


Bajo el embrujo de esa falsa creencia y de forma inconsciente, vivimos como si trabajar en pos de lo de fuera fuese más importante que cuidar y atender lo de dentro. Priorizamos el "cómo nos ven" al "cómo nos sentimos". Y no sólo eso. Este condicionamiento también nos mueve a utilizar mucho de lo que decimos y hacemos para que los demás nos conozcan, nos comprendan, nos acepten y nos quieran. Así es como esperamos recuperar nuestra estabilidad emocional.


Pero la realidad demuestra que siguiendo esta estrategia no solemos conseguirla, y que en el empeño terminamos por olvidarnos de nosotros mismos. Por eso sufrimos. Al ir por la vida rotos por dentro, nos volvemos más vulnerables frente a nuestras circunstancias y mucho más influenciable. Lo que piensan los demás empieza a ser más importante que lo que pensamos nosotros mismos.


Al seguir desnudos por dentro, poco a poco nos vestimos con las creencias y los valores de la mayoría, y empezamos a pensar y actuar según las reglas, normas y convenciones que nos han sido impuestas.


Los demás no nos dan ni nos quitan nada. Y nunca lo han hecho. Tan solo son espejos que nos muestran lo que tenemos y lo que nos falta. Ya lo dijo el filósofo Aldous Huxley: "La experiencia no es lo que nos pasa, sino la interpretación que hacemos de lo que nos pasa". Lo único que necesitamos para gozar de una vida emocional sana y equilibrada es cultivar una visión más objetiva de nosotros mismos. Sólo así podremos comprendernos, aceptarnos y valorarnos tal como somos. Y lo mismo con los demás.


Podemos seguir sufriendo por lo que no nos da la vida y los demás, o podemos empezar a atendernos y abastecernos a nosotros mismos. Es una decisión personal. Y lo queramos o no ver, la tomamos cada día.




lunes, 7 de septiembre de 2009

¿Qué nos impide ser felices?


Los celos nacen del miedo a perder lo que se tiene. Destruyen el bienestar y la libertad. Aunque pueda parecer lo mismo, el apego es lo contrario del amor.

En múltiples ocasiones en la consulta suele salir este tema. Los seres humanos sufrimos por querer lo que no tenemos. La persona que nos gusta, el trabajo soñado, más tiempo libre o un coche deportivo. Sin embargo, por el camino nos olvidamos de lo que verdaderamente necesitamos. Al obsesionarnos con el objeto de nuestro deseo, de forma inconsciente terminamos idealizándolo. Creer que cuando lo tengamos nos dará la felicidad.

Al conseguir eso que tanto anhelamos, de pronto comenzamos a sufrir por miedo a perderlo, a que nos lo estropeen.

Y ese temor nos contamina con dosis diarias de ansiedad, atascándonos en un callejón sin salida: no podemos vivir felices con ello o sin ello.

Detrás de nuestros deseos y miedos se esconde uno de los virus más letales que atenta contra la salud emocional: el apego.


Hay quien dice que el apego es "sano". Otros afirman que "cuanto más apego se tiene, más se ama". Nada más lejos de la realidad.

Y entonces, ¿qué es el apego? Podría definirse como "el egocéntrico afán de controlar aquello que queremos que sea nuestro y de nadie más". Implica "creer que lo que nos pertenece es imprescindible para nuestra felicidad". Sin embargo, más que unirnos, el apego nos separa de lo que estamos apegados, mermando nuestro bienestar y nuestra libertad.

Podríamos preguntarnos si se puede vivir sin apegos. Yo respondería que si, pero que es una hazaña que requiere comprender que lo que necesitamos para ser felices está dentro de nosotros y no fuera. "Ser felices" quiere decir que "estamos a gusto, cómodos y en paz con nosotros mismos. Cuando sentimos que no nos falta de nada". La trampa consiste en creer que algo vinculado con el futuro nos dará lo que no nos estamos dando aquí y ahora.

Mediante el equilibrio interno podemos cultivar el desapego en nuestra relación con los demás. Compartir lo que somos, agradecidos de recibir lo que otras personas y la vida nos quiere dar. Nada ni nadie nos pertenece. Tan solo gozamos del privilegio de disfrutarlo temporalmente. Más que nada, porque todo está en permanente cambio.

viernes, 4 de septiembre de 2009

domingo, 30 de agosto de 2009

Paréntesis (Nerea)

La vida es tan sutil, tiene tantos matices...algunos la llevan, otros se dejan llevar y a muchos les atropella. Nunca sabremos cuan cerca estuvimos todos...cuanta suerte tuvimos o dejamos de tener, a donde estaríamos o donde nos habríamos quedado...

miércoles, 19 de agosto de 2009

Después de mis vacaciones...

.....Tengo el corazón contento como dice esta antigua canciones de Marisol... Disfruten de esta canción tan bonita...

lunes, 17 de agosto de 2009

El tiempo y la forma en que lo vives


Decía Jorge Luís Borges que el tiempo es la materia de la que hemos sido creados. Dios sabe en que dimensiones existimos cuando habitamos en el paraíso, pero al materializarnos, al venir a este mundo, entramos forzosamente en dos dimensiones que no abandonaremos hasta nuestra finitud material: el tiempo y el espacio.

No todos los tiempos son iguales. Al menos existen tres grandes mitos. Como cuenta el filosofo Jesús de la Pienda existe el tiempo “lineal”, muy propio de nuestras latitudes occidentales, o sea, la idea de que todo empieza y todo acaba, es como una línea sin principio ni fin en la que se sitúan todas las cosas que tienen duración.

El segundo mito es el tiempo circular, muy propio de las culturas orientales. Se basa en la creencia de que el tiempo del universo entero, con todas sus criaturas gira en un circulo, en una rueda cósmica de creación y destrucción sin fin, volviendo una y otra vez a sus orígenes. El tiempo cíclico es el de las reencarnaciones propiamente dicha del alma humana, sometidas a la ley del Karma, o sea, el principio de causalidad universal o de las consecuencias de la conducta humana. Nada empieza ni acaba, sino que todo esta en movimiento continuo, en una danza inacabable donde lo que no se resuelve hoy, tal vez se aclare en otra vida.

El tercer mito es el del tiempo “simultaneo”. Es el que domina la mente de los pueblos negroafricanos de cultura bantú. El tiempo lo constituyen los acontecimientos. Sus calendarios son históricos-biográficos y se confeccionan según lo que ocurra a la tribu, al clan, o a la familia. El día no se divide en horas, sino en momentos marcados principalmente por el sol, la luna, y en función del cuidado del ganado. El reloj-maquina no existe, ni, por tanto el estrés.

La mayoría de nosotros llena su cotidianidad de los tres tiempos. Por un lado, tenemos una perspectiva de vida personal y laboral más o menos planificada. Nos sometemos a un presente continuo, pero con la mirada puesta casi siempre en el mañana, en el futuro próximo. Vivimos linealmente. Pero a su vez celebramos onomásticas, aniversarios, fiestas populares, celebraciones de todo tipo que se repiten año tras año. Son siempre lo mismo, son un eterno retorno. Y también nuestra existencia es simultánea cuando por ejemplo lo dejamos todo para gozar de un instante amoroso que quisiéramos infinito.

Los seres humanos somos muy dados a llenar el tiempo, a querer amortizarlo, a pretender manipularlo a nuestro favor, estirándolo para que encaje todo lo que queremos vivir. Entonces somos esclavos del tiempo, dependemos de su paso inexorable y de su cronometría perfecta.
¿Qué ocurriría si simplemente nos regaláramos el tiempo? Eso es, regalarse el no hacer nada. Es como darle tiempo al tiempo, como dejar que las cosas ocurran sin intervenir, sin voluntades, sin forzar nada, sin obligarse a nada, sin expectativas de nada. Dicho de otro modo: si aprovecháramos el tiempo para vaciar, en lugar de seguir llenando, ¿ no sería bueno sentirse que uno es tiempo y no correr tras él?.

No hacer nada no significa estar desactivado, sino todo lo contrario. Vivimos en el tiempo cuando estamos conectado con nosotros mismos sin actividades ni distracciones que nos descentren. Estoy conmigo y estoy con los demás, abiertamente, atentamente pero sin esfuerzo. Como diría un taotista: no hacer nada pero sin dejar nada por hacer.

Creo que no nos damos cuenta de que somos tiempo, de que no lo podemos separar de nosotros. Cada vez que decimos que no tenemos tiempo es tanto como decir que no existimos.

Tengo últimamente la sensación de que estructuramos demasiado la vida. En lugar de permitirnos abrazarla, parece que preferimos construir compartimentos estancos. Que nuestras vidas transitan entre marcos referenciales, llevando al extremo aquello de un tiempo para cada cosa y cada cosa a su tiempo. La vida en realidad si nos fijamos no funciona así, y por eso creo que andamos a contracorriente. La vida se expresa de forma discontinua; no atiende a horarios, no es homogénea ni equilibrada. La vida ni corre demasiado ni se entretiene. Simplemente, fluye.

sábado, 15 de agosto de 2009

Viaje a Sicilia




He vuelto de Sicilia hace tres días. Siempre se tiene la oportunidad en los viajes de aprender, ya sea sobre los demás o sobre nosotros mismos.
En mi caso particular puedo decir que ha sido algo muy diferente de lo que yo esperaba.
Pienso que una cosa es la idea con la que se plantea un viaje y otra muy distinta, lo que nos depara después en él. En este viaje es posible que me haya planteado algo de distancia y por otra parte he tenido un mayor acercamiento a mi misma.
Es una distancia que me ha servido para ver mi realidad desde otra perspectiva. De hecho, es muy posible que algunas de mis prioridades y sentimientos hayan cambiado.

Como en la vida misma, a veces lo más interesante de un viaje está a la vuelta de la esquina. Y lo más probable es que esté en las personas que tenemos delante. No hay que pensárselo dos veces: lo mejor del viaje serán las relaciones, las conversaciones, las vidas de las personas que se crucen en nuestro camino. Todas ellas te transmiten una información que sera muy útil para nuestras vidas.
He llegado a darme cuenta que la expectativa ante un viaje debería ser no tener expectativas y valorar cualquier resultado como bueno y positivo.
Guardo en mi mente todos los lugares que visite en esta bella isla de Sicilia. Sus catedrales, sus vestigios arqueológicos que me dejaron dislumbrar su grandeza y esplendor, sus maravillas naturales, Palermo, la puerta de entrada a Sicilia. Sus viejos barrios tienen la atmósfera de una ciudad mediterránea cargada de historia.
Después de abandonar Palermo nos dirigimos hacia el sur por un camino de paisajes interiores lleno de relieves. El Valle de los Templos en Agrigento me transportaron directamente al pasado, a la época helenística y romana. Uno tras otro se suceden templos, villas, monumentos rescatados de tiempos antiguos, para acercarnos a lo que fue una próspera ciudad con orígenes griegos y hoy un conjunto arqueológico excepcional.
Museos y una ciudad, la de Agrigento, con barrios antiguos plagados de interés, por los que dejarse llevar a través de intrincadas calles, completan el panorama de un día en esta ciudad.

También en Sicilia se han rodado algunas de las películas que más me han gustado y conmovido: Copola rodó en Savoca y Forza d’Agro, a las afueras de Taormina. Allí se encuentra el bar Vitelli y la iglesia donde se casó Michael Corleone. En las escalinatas del teatro Massimo de Palermo se rodaron las últimas escenas del Padrino III.En Lípari, la mayor de las islas eolias, se rodó parte de Caro Diario de Nanni Moreti. En la isla Salina, la película El cartero y Pablo Neruda. En Palazzo Adriano, la emotiva Cinema Paradiso…. Qué deciros.

Sin embargo, lo que más me seducía era andar por las calles, visitar los mercados, llenos de vida y color, comer bien por poco dinero, disfrutar con el ritmo caótico de sus ciudades, cenar al aire libre, dejarme deslumbrar con su luz y con esos azules intensos que tenía en el recuerdo.
Uno de los lugares que me dejaron deslumbrada fue taormina. Esta se encuentra situada a 200 metros, en lo alto del monte Tauros y es una terraza natural que ofrece unas vistas espectaculares de la costa jónica. Una carretera estrecha y con muchas curvas asciende por la ladera de la montaña hasta la estación de autobuses. Desde allí, caminando en pendiente durante 15 minutos, se llega a la Porta Messina, que marca la entrada a la calle principal, Corso Humberto I, llenas de tiendas de ropa de marca, de recuerdos, de joyerías elegantes, de antiguedades. Es “la calle “de Taormina, comercial, llana – la mayoría de las calles son empinadas- , peatonal, siempres atestada de turista y de gente “guapa”, rica y bronceada. Por el tipo de gente que frecuenta el lugar, me recuerda a Saint Tropez o Cannes. Nada que ver con el resto de Sicilia….afortunadamente.

Sin embargo, es agradable pasear por esta calle porque, junto a las innumerables tiendas, se pueden encontrar uno, a izquierda y derecha, hermosos palacios e iglesias que hablan del importante pasado de esta ciudad.Llama la atención la cantidad de casas engalanadas con bugambillas multicolores y jardines desde los cuales se divisa una espectacular vista de el cabo de Taormina y una pequeña ensenada en cuya mitad se encuentra la Isola Bella, una preciosa islita a la que se puede acceder andando cuando baja la marea.

Sin duda, la joya de Taormina es su Teatro Griego. Esta situado en un colina y desde sus gradas se disfruta de una vista incomparable de la bahía y del Etna. El enclave es asombroso. El teatro es bastante más pequeño que el de Siracusa, pero tienen un encanto singular. Todos los veranos se celebran repesentaciones y conciertos y , ciertamente, tiene que ser una experiencia memorable asistir en ese espacio a uno de ellos.
A media tarde, después de visitar Segesta, nos encaminamos a Erice, ciudad también habitada por los elimos. Está asentada sobre el monte Elyx ( 700 m.) lo que supone que en 12 kilómetros desde Trapani hay que superar un desnivel de 700 metros a través de una carretera zigzageante e interminable, pero que ofrece unas vistas espectaculares del mar. A medida que ascendíamos, una niebla densa se iba apoderando de la zona. Al llegar, el pueblo ofrecía una imagen sobrecogedora , envuelto en una tupida neblina y azotado por un viento otoñal. Nada que ver con el caluroso verano que habíamos dejado doce kilómetros más abajo. Imagino que el invierno, a pesar de su belleza, convertirá el lugar en un sitio inhóspito.

Lo que primero llama la atención en Erice son sus calles empedradas, las casas de piedra,las plazoletas y ensanches sobre los que asoman algunas iglesias interesantes . Merece la pena pasear tranquilamente por ellas y, sobre todo, alejarse un poco de las más frecuentadas por los turistas, llenas de tiendas con productos de reclamo, sobre todo los famosos dulces de almendra y mazapán que son típicos de Erice y que se pueden adquirir en la calle Vittorio Emanuele y en otras adyacentes.

Como viajera de lo transcendente, fui vivenciando los lugares y descubrí sus misterios.
Cada lugar tiene su propia energía y enseñanza. Los compañeros del viaje fueron justo los que tenían que estar en ese momento ya que cada uno con su presencia aportaron algo más a ese viaje.

Dejo alguna música de Italia a la que voy a volver muy pronto.