martes, 30 de diciembre de 2008

MIENTRAS VIVIMOS

Es cierto que afrontar el desafió de nuestro día a día parece cada vez más difícil. Es verdad que la tentación de volver a lugares más seguros de nuestro pasado es por lo menos tan tentador como dejar volar nuestra fantasía al mundo idealizado del futuro, donde nuestros sueños se hacen realidad. Y esta afirmación es así tanto para nosotros como para nuestro pueblo o ciudad, para nuestra provincia y, muchas veces, incluso para nuestro país.
El mundo es, verdaderamente, un espacio complicado porque no es lo que fue ni tampoco es lo que será; es lo que es, aquí y ahora.
El mundo, te decía, es el que es. Y en él, nos guste o no, yo soy quien hoy soy. Todo lo que hayamos ido depositando en nuestra vida en el pasado o todo lo que podamos imaginar de nuestro futuro es hoy, tan sólo un recuerdo o una fantasía y como tales, para bien o para mal, no existen en la realidad tangible. El mundo real, el que nos contiene y al que pertenecemos, es sólo el presente y es el único cierto.
Sin embargo, anclarse en el presente no significa prescindir de la experiencia. Más bien consiste en aprender a no ser esclavo de ella. No hay que interpretar con ello que no contemos con la experiencia ni tampoco pensar que no tengamos proyectos.Yo considero que vivir en el presente es entregarnos a nuestros planes como un desafió que nos permita que cada cosa nos sorprenda; vivir cada instante y cada experiencia sin anticipación, sin condicionantes, sin miedos. Hablo de proyectarnos al futuro, pero sin llegar a habitar en él. Hablo de estar en paz con el pasado para dejar de recurrir a él buscando excusas y justificaciones.
Para realmente vivir con intensidad es necesario estar anclado en el presente, dado que la única vida verdadera es aquella que transcurre en el tiempo y en el lugar en el que cada uno de nosotros está.El presente es el resultado de todo lo que hemos vivido y es siempre nuestro mejor momento, sobre todo porque es el único momento sobre todo porque es el único momento sobre el que realmente podemos actuar.
Vale la pena insistir, crear, reintentar, fracasar, empezar de nuevo, construir y compartir. Vale la pena vivir, aquí y ahora sin postergación. Y más si estamos dispuesto apostar, casi a ciegas, por lo que sigue, por el futuro, por el resto de nuestra vida, que como dice la canción , empieza hoy.
Por un presente más intenso. Os deseo Feliz año 2009.


SECRETOS EN LA VIDA

La voz suave del joven Leonar Cohen de 1968 se ha convertido en la ronca voz de Leonar Cohen que todos reconocemos. Este es nuestro hombre: uno de los mejores poetas del Rock de todos los tiempos. Me quedo con esta canción para este final casi de año.

lunes, 29 de diciembre de 2008

MONTY PHIYTON´S SILLY WALKS

El grande entre los grandes. El gag del Ministerio de Andares Tontos

domingo, 28 de diciembre de 2008

CRIMEN Y VIOLENCIA EN LA SOCIEDAD


Podría hablar de las causas de la criminalidad y de los derechos inalienable que posee todo ser humano. Podría hablar de las medidas oportunistas que toman los gobiernos "democráticos" conservadores para "atajar" el crimen con soluciones ejemplarizantes y populista que solo afectan al síntoma y no al origen. También podría hablar de las causas de la aparente ausencia de valores de la "clase media".

Y si la coloco como critica sobre "la naranja mecánica" de Anthony Burgess y llevada al cine por Stanley Kubrick ,quizás todo lo anterior estaría incluido.

La pregunta que plantea este libro no debería ser la más obvia, la que aparece en la superficie del texto: ¿Es el hombre un ser violento?, sino ¿Es la sociedad violenta con sus miembros?.
Porque la naranja mecánica trata principalmente de la libertad del individuo contrapuesta al bien colectivo, o más bien se plantea hasta que punto es legítimo que el colectivo, a través de sus representantes (¿o son representantes los que deciden en última instancia por el colectivo?), destruyan al individuo en función del interés general .
Este libro no ha perdido su interés y explora un tema de rabiosa actualidad.
Creo que ya todo el mundo conocemos el argumento de la obra de Anthony Burgess a través de la mítica película de Stanley Kubrick. Esto permite abordar el argumento distanciándolo de la violencia explicita de las imágenes y centrándose en el trasfondo de la novela.
¿Por qué, a pesar de ser pieza fundamental, no es la violencia de Alex el protagonista, tan atractiva y tan repulsiva a los ojos occidentales, el eje de la narración?. Porque Burgess pone en mano ( y boca) del adolescente y su panda una forma de entender la diversión que no está viciada por el moralismo monoteísta. La crueldad, tan común en el ser humano desde los primeros estadios, aparece como una formula más a escoger para su esparcimiento, una opción válida según los cánones aprendidos del entorno individualista y desestructurado en el que viven, donde otras preocupaciones (vivienda, trabajo, dinero) priman sobre una familia y una educación decadente o inexistente, incapaz de atajar los instintos agresivos en sus primeras manifestaciones.
Juventud y violencia son rasgos reconocibles, lugares comunes visitados en nuestra sociedad.
Queda claro en la novela términos como elección moral, libertad primigenia del ser humano que lo distingue de las bestias: la capacidad de percibir, razonar y decidir sobre sí mismo, sus acciones y su futuro.
Alex , nuestro protagonista es eminentemente un ser libre y como tal se expresa, rasreceando a su alrededor en el puro ejercicio de su libre albedrío.
Cuando Alex comete un crimen (es decir, cuando el estado tutelar establece que ha rebasado el límite impuesto por el colectivo al que representa) su libertad se ve brutalmente amputada. No solo eso, sino también su identidad (ahora será el recluso 6655321) y posteriormente también su capacidad de decidir: es condicionado para rechazar cualquier forma violenta, una suerte de "naranja mecánica" incapaz de manifestar su condición humana.
Así volvemos a la pregunta planteada al principio: ¿es la sociedad violenta con sus miembros? ¿Justifica el bien de la sociedad la violencia del estado?. En palabras del responsable de la técnica empleada sobre Alex: No nos interesa los motivos, la ética superior. Solo queremos eliminar el delito..." La observación del Ministro del interior es harto indicativa: "Y aliviar la espantosa congestión de las prisiones". Lo que conduce, inevitablemente, a la legitimidad del estado como representante del colectivo.
Podemos observar como muchas veces las medidas correctivas para ciertos actos: puede convertirse en una privatización de la acción del individuo, llevándole a un encierro personal en uno mismo, convirtiéndose en un ser débil, sin capacidad de decisión, a merced de lo que los demás pretendan hacer de el.
Llego a la conclusión que el individuo esta al final condicionado después de todas estas medidas correctiva aplicadas pero ¿ es que antes no lo estaba? ¿ es que en algún momento somos libres?


miércoles, 24 de diciembre de 2008

FANATISMO Y ENGAÑOS EN LA BÚSQUEDA ESPIRITUAL





En nuestro tiempo, en esta edad posmoderna que dicen haber superado la etapa infantil de los relatos, de las ideologías y de las creencias, aparecen con fuerza sentimientos, tradiciones que creíamos enterrados por la historia y por el progreso, siendo éste, probablemente, el último de los relatos de la modernidad.
Parece mentira que tras tanto darle vueltas a la cabeza sin cesar, tras tanto trabajo meditativo, tras tanta reflexión profunda…las personas que dicen ser espirituales suelan seguir en la superficie. Parece que hasta ahora hayan sido corchos que por más que metías hacia dentro salían en cuanto soltabas sin llegar al fondo del lago (ni aún a sus inmediaciones), en vez de permanecer allí.
El dilema de todo buscador cuando se adentra por primera vez en el camino de la evolución espiritual es encontrar las referencias que le guíen en su peregrinaje. No es fácil hallarlas. Y no valen las mismas para todo el mundo. La evolución tiene siempre un carácter individual y la decisión sobre que elegir en cada momento, entre las opciones que se presentan, debe ser también individual.
Cuando una persona emprende su camino de búsqueda, al surgir en su mente los porqués de la existencia, siente de repente la necesidad de saber, conocer y entrar en contacto con lo trascendente, no suele saber realmente ni qué esta buscando ni hacia dónde se dirige. Y es justo entonces, en ese momento crucial, cuando mira en todas las direcciones buscando apoyo y se encuentra con su incapacidad para discernir frente al inmenso abanico de caminos posibles, lo que le hace con frecuencia presa de una extrema inestabilidad, física, emocional y mental, sabio mecanismo instintivo de la existencia para que el ego se despierte, se mueva y amplié las fronteras de su conocimiento.
Porque todo buscador en sus primeros pasos, con su recién estrenada ansia de conocimiento, suele verse arrastrado por todo tipo de sendero coyunturales, bien sea de religión, bien de filosofía en filosofía, de yoga en yoga, medicina alternativa, etc. Y con ello corre el peligro de perder la perspectiva, enmarañar, difuminar y complicar todo el propósito inicial; incluso puede pasar que se enajene de sí mismo al identificarse, o introyectarse, con doctrinas, religiones y todo el arsenal de la New age que más pronto o más tarde tendrán que acabar devolviéndole-siempre que no se quede estacados en ellas- al auténtico camino, al que comienza y parte de uno mismo, es decir al camino interior. Porque en el espacio de los dogmas, los rituales y las doctrinas se pierde la necesaria visión global.
Siempre me había preguntando por qué la gente que meditaba tanto( si, eso de quedarse en silencio tratando de concentrarse en el objeto de meditación), esa gente que tanto se trabaja durante tantos años, esos yoghis de la India, esos cristianos que oran sin cesar, esos buscadores que utilizan todo tipo de información de la Nueva era a través de canalizaciones, “Reikinianos” que se apuntan a reiki, yoga, infinidad de cursos de energía, profecías, infinidad de congresos sobre los cambios de conciencia en este nuevo mundo y similares…..pues por muchos años que se trabajen siempre los ves igual.
¿Por qué no noto que piensen menos en sí mismo sin tener en cuenta al de al lado?, ¿Por qué los veo con los mismos problemas y pesares?, ¿Por qué no los noto más sabios en su día a día ni aún en el conocimiento de sí mismo?, ¿Por qué no son más sabios?.
Si bien, están más felices aparentemente desde que practican cualquiera de los métodos que han elegido, no los veo realizados (entendiendo por realización el sentirse bien consigo mismo, no la realización como liberación). Parece que es por ocuparse de sí mismos, en vez de quedarse de brazos cruzados o por haber tenido sus experiencias (que ocurre alguna vez ocasional) o porque les hace sentir mejor al notar las energías que trabajan, Pero, siempre parece que se quedan en la superficie porque esa mejora se queda ahí, no trasciende más allá, a la vida diaria, a su personalidad. Al menos no de forma significativa.
Y con ello no quiero decir que la gente no cambie para mejor, porque lo hace; sino, simplemente que no hay una relación trabajo-mejora y desde luego, no veo que se termine llegando a un estado en el que, pese a los problemas que puedas tener, la persona se sienta bien, a gusto, satisfecha. Quizás sí lo he visto de forma temporal, pero no a largo plazo. Y en el mejor de los casos, la persona se siente mínimamente satisfecha pero las personas que tratan a su alrededor no siente esa calidez que debería irradiar la persona que se siente a gusto consigo misma.
En resumen: ¿ es que el trabajo espiritual no sirve?.
Una excusa es decir que se necesitan miles de encarnaciones hasta que los cambios empiezan a notarse. No dudo que a nivel de desarrollo evolutivo no sea así, pero es una respuesta que me deja insatisfecha, como ya he dicho anteriormente, no hay una relación trabajo-mejora.
La otra explicación estaría en la calidad de ese trabajo, porque está claro que no por mucho trabajar se logra un mejor producto si el proceso de producción sigue siendo el mismo. Aún mejorando ese proceso habría que ver si es lo que realmente se necesita, pues podría empeorar el producto si el proceso de producción sigue siendo el mismo. Aún mejorando ese proceso habría que ver si es lo que realmente se necesita, pues podría empeorar el producto o dejarlo igual, a pesar de creer que lo mejoraría.
Pero, ¿Cómo hallar lo que necesitamos?. ¿Estará la respuesta en un maestro iluminado que nos enseñe, en libros, en grupos o canalizadores de la verdad?. He visto de todo y siempre he comprobado el mismo resultado, la sofisticación de la enseñanza no es la respuesta. Repetirán una y otra vez lo mismo, cada cual con su versión y sus explicaciones de por qué, pero en el fondo las enseñanzas siempre son las mismas; con mucha floritura o sencillas, con mentiras entre las verdades universales o mucha paja, con falsas interpretaciones o razonamientos maravillosos. Pero siempre son las mismas enseñanzas.
Los métodos no son tan diferentes, pueden ser mentales, energéticos en la mayoría de los casos …..aunque guardan mucho en común todos ellos. Incluso puedes ver que básicamente utilizan la misma forma de trabajar, como múltiples variante de un mismo ejercicio.
Venden los métodos como la panacea universal.
Y es que hay tantas técnicas y sistemas en mercadillo espiritual actual, en el mercado de la Nueva Era, que al buscador le resulta demasiado difícil discernir; y lo esencial se pierde en lo contingente, en las formas externas. Y algo tan sencillo como debiera ser el conseguir de la manera más directa la armonía con el entorno y con uno mismo por medio de la ética, algo que podría resumir en el “no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan”, esencia de la vida espiritual, se justifica en términos sofisticados yogas, meditaciones, Canalizaciones por los maestros ascendidos, profundas y enrevesadas religiones, técnicas transpersonal y filosofías que, tal vez necesarias en algún momento del camino, se transforman demasiado a menudo en fines en sí mismo.
Pero, ¿por qué nos complican tanto la vida, por qué tantas palabras para explicar unas verdades básicas subyacente en todas estas prácticas, religiones o creencias?. El orgullo es una buena respuesta. Qué bonito es hacerse el sabio o el maestro. Qué gusto que te respeten e idolatren todos.
Pero detrás de todos esos engaños o verdaderos intentos de ayudar a los demás, no se ven los resultados duraderos y cualitativos, ni aún cuantitativo. Habiendo tanta gente practicando todo tipo de prácticas espirituales ¿realmente se nota por la calle?, ¿sientes a esas personas como si tuviesen un aura de tranquilidad?, ¿son más tolerante y ecuánimes?
Porque lo cierto es que para conseguir sentimientos-tan “complicados”, a priori- como el cariño, la generosidad, la gratitud, la tolerancia o la solidaridad, entre otros, que son los que proporcionan la serenidad interior tan buscada, el ser humano ha tenido que desarrollar asombrosas vías externas; lo que prueba su extraordinaria capacidad para expandir la consciencia. Sin embargo, es obvio adquirir la ecuanimidad y la compasión, objetivo del camino interior, aunque sean abstracción de cualidades tan simples como las ya citadas, no es asunto de información ni de razón. La ética profunda no es cuestión de educación sino de capacidad de amar.
En estas fechas tan especiales para muchos creo que es bueno que cada cual reflexione sobre la forma de llegar a desarrollar su propia vía espiritual.
Feliz Navidad a todos

sábado, 20 de diciembre de 2008

El fénomeno de la obediencia extrema. ¿Sería posible en nuestros días una nueva dictadura?


Tras las convulsiones políticas y sociales vividas no solo a lo largo del siglo XX, sino a través de toda la historia de la humanidad...Podríamos preguntarnos si hemos aprendido algo. ¿Podría repetirse la historia?. Algo así pensó Ron Jones en 1.967, cuando intento replicar en un instituto californiano el germen del fascismo totalitario cuando un estudiante le pregunto como los alemanes dicen que ignoraban el holocausto judío. ¿Cómo podía las gentes de las ciudades, los obreros, los profesores, los doctores, decir que no sabían nada de los campos de concentración y las matanzas?. ¿Cómo gente que eran vecinos o incluso amigos de judíos podían decir que no estaban allí cuando sucedió todo?. Sin pensárselo, el profesor decidió llevar a cabo un experimento en la clase con sus alumnos: instituyó un régimen de extrema disciplina en su clase, restringiéndose sus libertades y haciéndoles formar en unidad. En primer lugar necesitaba un líder, una figura de autoridad, después llega el uniforme para que no exista diferencias, lo que en el fondo nos hace perder nuestra personalidad para anteponer el bien del grupo. Finalmente el marketing que lo convierte en un nuevo régimen al representarlo con un nombre y un símbolo. Ordena a los alumnos que le llame "Mr Wieland", desde ese mismo momento, y siempre dirigirse a él en pie. El nombre de este movimiento fue la tercera ola. Ante el asombro del profesor, los alumnos reaccionaron con entusiasmo a la obediencia exigida de ellos. Los alumnos seducidos por la parafernalia en tres días, han creado su grupo, excluyente y poderoso, pues cada uno de ellos han encontrado en esta forma de fascismo algo de lo que estaban necesitando...pero jugar con el fascismo es peligroso y este experimento pronto se escapa de las manos, al convertirse en una forma de poder que ejercen sobre sus compañeros de instituto e incluso con el resto de la sociedad. Una solución que en manos de una juventud aburrida, sin esperanza de futuro y carente de objetivos avanza imparable cuando ven hasta donde pueden llegar, se plantean que no pueden acabar, que les presentan grandes aciertos y bastaría con solucionar los errores. Es entonces la tragedia y el fanatismo la que les dice que no hay salida para ese camino.El experimento, que originalmente debía durar solamente un día, pronto se extendió por toda la escuela. Aquellos que disentían fueron aislados o incluso agredidos si no se unían al movimiento, y los miembros comenzaron a espiarse y desconfiar entre si. En el quinto día , Ron Jon fue obligado a dar por terminado el experimento. La tesis principal de este experimento realizado por el profesor de historia Ron Jones y que fue escrita posteriormente en una novela por Morton Rhue llamada "la ola" es la demostración de como funciona el ser humano presionado y amparado por el grupo. ¿Hasta donde somos capaces de llegar por sentir que pertenecemos a un grupo?, Como nos puede cambiar los sentimientos y llevarnos por derroteros que ni siquiera podríamos imaginarnos. Este experimento bucea en los entrecijos del totalitarismo para reflexionar si es posible que se vuelva a repetir un momento histórico como el del tercer Reich.Esta experiencia nos demuestra la facilidad con que es posible adscribirse a un movimiento de corte fascista. En la Europa de las Democracias asentadas y firmes, el descontento, la falta de oportunidades económicas y la ausencia de valores éticos alimentan un granero de ciento de miles de personas que, ante su propia desorientación, no verían con malos ojos la llegada de un régimen totalitario que limpiasen sus dudas mediante una buena dosis de disciplina, jerarquía y seguridad de pertenecía a un grupo. Este experimento nos conduce a reflexionar sobre como en determinadas circunstancias todos podríamos caer inexorablemente en el fanatismo de una ideología. Los sentimientos de pertenencia a un grupo, de unidad, de un fin común, de ayuda mutua...son las trampas que paulatinamente van minando las consciencias hasta caer en lo más radical, en lo más cruelmente rígido.También nos supone una reflexión sobre las consecuencias que pueden tener la obediencia extrema a la autoridad. Incluso hoy, el fenómeno de la autoridad extrema en épocas como la del tercer Reich no se ha terminado de comprender desde un punto de vista científico.
Existe una serie de experimento en el campo de la Psicología social, sin embargo, que han examinado el comportamiento de individuos en una situación colectiva que han arrojado resultados preocupantes.Uno de los experimentos más famosos se llevo a cabo en 1.971, en la prisión de Stanford, que estudio el comportamiento humano en situaciones de encerramiento. El experimento de Milgram realizado en 1.962 por el psicólogo Stanley Milgram estudio la voluntad de gente normal de seguir las instrucciones de figuras de autoritarias aún en contra de su propia conciencia y principios.
Queda la reflexión de cada uno de nosotros sobre si es posible en nuestros dias la vuelta de una dictadura.

viernes, 19 de diciembre de 2008

¿DONDE ESTAS?

Si alguien lo ha visto puede comunicarmelo

sábado, 13 de diciembre de 2008

Salir de la ignorancia al conocimiento



Pensaba hoy como en muchos momentos a lo largo de la vida, los seres humanos se aferran a ideas sin cuestionarlas y dan estas por supuestas, entran de este modo en un camino de oscuridad siendo consecuencia de su propia ignorancia, y esta un espacio que solo puede dejarse atrás escuchando al que sabe y verbalizando lo que uno ignora.
El hombre es el único animal que es la vez racional e irracional; que sus perturbaciones emocionales o psicológicas en gran parte son el resultado de su pensamiento ilógico e irracional. A causa de nuestras tendencias innatas y adquiridas a lo largo de nuestra existencia, nosotros en gran manera (aunque no exclusivamente) controlamos nuestros propios destinos y especialmente los emocionales. Y lo hacemos así por nuestros valores básicos y creencias.
Tendemos a encerrarnos en un mundo de apariencias, ajeno a la diversidad de la realidad, resistiendonos a los cambios que ocurren en nuestra vida y que nos enfrentan a nuevas experiencias
Recordé algo que leí esta tarde, sobre un texto de Platón acerca de su alegoría de la caverna.
En ella trata del mito con el que Platón describe nuestra situación respecto del conocimiento: al igual que los prisioneros de la caverna que sólo ven la sombra de los objetos, nosotros vivimos en la ignorancia cuando nuestras preocupaciones se refiere al mundo que se ofrece a los sentidos.
Platón nos relata en esta alegoría que todos vivimos encerrados en un mundo de tinieblas, encadenados frente a una pared en la cual se proyecta las sombras del mundo real, que transcurre a nuestras espaldas.
De vez en cuando, dice Platón, alguien puede liberarse y salir de la caverna. Se entera de que la vida real es otra, que tiene colores, dimensión y sonidos....Y recordando a sus viejos compañeros, vuelve a la caverna para advertirles de que eso que ven reflejado en la pared no es la realidad, que sólo son las sombras de lo que ocurre, que hay un mundo mejor y más luminoso fuera...
Sin embargo, nos advierte el filosofo, no importa su claridad ni su insistencia, no siempre los de adentro, acostumbrados a leer el universo según su limitada experiencia, están dispuesto a escucharlo.
Estoy segura de que cerrarnos al diálogo-no animarnos a decir, volvernos sordos a las palabras ajenas, especialmente a aquellas que menos nos agradan- es una manera de volver a encerrarnos en la caverna, una forma de confundir la realidad con las sombras que esa realidad proyecta y una vía de escape absurda hacia el lugar, supuestamente seguro, de la ignorancia.
Un antigua parábola nos advierte de que el mero hecho de subir o bajar por la ladera de una montaña es capaz de transformar nuestra percepción del amanecer.
Así, las palabras que se nos dicen nos permiten contemplar la vida de forma muy diferente, ascendiendo o resbalando en las vivencias de cada una de las personas que la vida pone en nuestro camino.
Es por este motivo que, si nosotros lo permitimos, cada uno de estos encuentros podrá ayudarnos a revisar nuestros actuales marcos de referencia, cambiando el mapa de nuestro mundo cotidiano.
En múltiples ocasiones en mi trabajo, he comprobado como nuestras creencias y teorías se confunden con la realidad. Y quizás peor: he visto como nuestra visión, filtrada y reinterpretada, se esmera en confundir la realidad percibida hasta lograr que se acomode mejor a nuestras teorías.
La relación entre lo que teóricamente se puede demostrar y lo que en realidad sucede evoca siempre el planteamiento de la diferencia que hay entre el mejor de los mapas y el verdadero territorio. Confundir lo que quiero que sea con lo que es representa por sí solo uno de los problemas más graves que tiene nuestra relación con el mundo.
Cada uno de nosotros, aunque nos cueste admitirlo, vivimos cerrados completamente a una manera de ver y comprender el mundo y, a la vez, alardeamos de como nuestra objetiva percepción confirma nuestras ideas y estructura el esquema "indiscutible" de una realidad, que, por supuesto, es la que mejor se adapta a nuestra teoría de los hechos.
No es difícil darse cuenta de que, para poder ver lo que no vemos, y destrabar así algunas de nuestras conductas más conflictivas, necesitaremos del "afuera", de la palabra de quienes desde otro lugar nos describa los acontecimientos, nos acerquen sus criterios o denuncien nuestros prejuicios. Y, obviamente, no hace falta ningún razonamiento complejo para aceptar que, a la fuerza, la mayor parte de esa ayuda deberá venir casi siempre de la mano de aquellas personas que tenemos más próxima, de la voz de aquellos que, por estar más cerca, pueden hablarnos al oído.
Como es lógico, tampoco a los demás les gusta todo lo que podríamos decirles. Primero, porque quizás como a nosotros, hay aspectos de sí mismo o de la realidad que les gustaría ignorar. Y, sobre todo, porque a nadie le gusta que le ponga límites, que le digan que no o que se despidan para siempre. Sin embargo, este resquemor ajeno no debería impedirnos decir lo que necesitamos decir realmente. Todos aquellos que, con razón o sin ella, nos hemos sentido alguna vez incapaces de defender nuestro derecho de ser quienes somos o temerosos de defender una verdad, nos avergonzamos después al comprobar que no estuvimos a la altura del compromiso con la vida que cada uno espera de sí mismo.
Pero no hay escapatoria; tarde o temprano, lo cotidiano nos enfrentará sin piedad con alguna de esas situaciones que nos obliga a poner límites a las demandas de nuestro entorno y a tomar conciencia de nuestras limitaciones y carencias.
Tarde o temprano, el mundo parecerá obligarnos a hacer valer nuestra libertad, íntimamente relacionada con la responsabilidad que cada uno de nosotros asume por lo que elije, lo que hace y lo que dice.
Tarde o temprano, habrá una situación que nos empujará a luchar por alguna de nuestras verdades últimas, en el sentido de defender los valores irrenunciables que determinan nuestra postura moral y ética.


lunes, 8 de diciembre de 2008

El motor de la motivación en la vida


Una vida plena no consiste en ir llenando casilleros para poder, al completarlo todos, gritar: ¡soy feliz!. Se trata más bien de seguir el rumbo que deseamos auténticamente. Por eso, algo nos motiva cuando esta en linea con nuestros deseos. Muchas veces, seguir nuestros deseos puede llevarnos a lugares insospechados, pero si permanecemos fieles a ellos, con seguridad encontraremos allí algo de lo que buscábamos al emprender nuestro camino. Para seguir el camino elegido, la motivación es necesaria, pero además hace falta una decisión.
En cada caso particular, la decisión consiste en seguir el rumbo que deseamos y estar dispuesto a pagar el precio por hacerlo.
Todas las decisiones tienen un coste: como mínimo a renunciar a otras posibilidades. También tiene un coste de tiempo y trabajo personal. Es un error creer que lo que nos motiva debería ser sencillo, debería "no costarnos nada". Todo lo contrario, lo que nos motiva es aquello que nos importa lo suficiente como para aceptar que nos "cueste", es algo a lo que estamos dispuesto a dedicar algún tiempo y esfuerzo.
La motivación debe de ir acompañada de un compromiso y una dedicación hacia ese camino que elegimos. Por eso es importante que diferenciemos la motivación de las ganas.
La motivación se relaciona con un deseo, con el interés que nos despierta un proyecto a medio o largo plazo. Las ganas, en cambio, tienen más que ver con el agrado o el desagrado inmediato que nos produce hacer una determinada actividad.
La falta de ganas es , en general, la expresión de que no nos sentimos dispuestos a pagar el precio del que hablábamos antes. Es necesario volver a poner en primer plano nuestros motivos para darnos cuenta de que lo que deseamos es suficientemente valioso. Creo sinceramente que todos nuestros auténticos deseos, aquellos que nacen de lo más profundo de nuestro ser y que nos acompañan cada día, valen la pena. Pocas cosas empobrecen nuestra vida como no animarnos a perseguir lo que deseamos.
Muchas veces, el miedo puede disuadirnos de emprender un nuevo rumbo. Sin embargo, el miedo no obedece a una falta de motivación sino todo lo contrario: las cosas que nos interesan mucho también nos dan miedo por la posibilidad de que no resulte como imaginábamos. Con todo, la simple sustitución de la frase " me da mucho miedo" por "me gustaría mucho" no devuelve la rienda de la situación y puede funcionar para salir de la inercia y ponernos en acción. Yo el consejo que daría es que aunque tengas miedo hazlo igual.
Otra causa frecuente de la desmotivación es la falta de resultados. Creo que en estos casos el problema está en confundir la forma en que intentamos algo-el plan de acción- con el deseo o interés que la sustenta. Si las cosas salen mal, lo que deberíamos replantearnos quizás es el "como" estamos buscando algo determinado, pero la dirección en que queremos dirigirnos no debería depender del resultado. Siempre podemos cambiar de ruta, pero el rumbo es algo más profundo, que debe ser trazado a partir de nuestras emociones y no de las múltiples fuerzas de la que dependen el éxito o el fracaso.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Crisis en la vida: Nuevas oportunidades


Es curioso observar cómo a lo largo de la vida los cambios en nuestra forma de ser se producen sin apenas darnos cuenta. Modificamos el carácter como reacción a determinados acontecimientos y no como resultado de una planificación voluntaria. Se vive pero se revisa poco la vida, tal vez llevado por la creencia errónea de que la personalidad no cambia. "Hechura y figura hasta la sepultura" se suele decir. Sin embargo se puede cambiar para mejorar uno mismo y para mejorar las relaciones con los demás.
Cuando nuestra vida de antes no es posible y la nueva todavía esta por llegar, surge la oportunidad del verdadero crecimiento personal. Además, se quiera o no, en el propio crecimiento personal aparecen necesidades que antes no existían, y esto impulsa a la persona a hacer modificaciones en su manera de vivir. Esta necesidad se conoce como crisis, una idea a la que se asigna de manera habitual un significado negativo porque define una fase en asumirlo: hay que entender que el cambio es natural, y también lo son las incertidumbres y el miedo que traen parejos, porque implica el paso de un estado conocido a otro desconocido y de unos hábitos a otros. Si somos capaces de ver más allá del miedo, cuando todo acabe nos daremos cuenta de lo necesario que era pasar por ese dolor para renacer fortalecido.
Las necesidades de las personas van transformándose a medida que van recorriendo las etapas del desarrollo personal.
Las transformaciones progresivas son un hecho inherente a la naturaleza dinámica de nuestra vida: todos nos vamos haciendo mayores, nos mudamos de casa, rompemos un relación.....Sin embargo , a veces la vida nos pone frente a situaciones que no hemos buscado y que ni siquiera esperábamos. En poco tiempo, se mueven los cimientos de nuestra vida, que creíamos estable. Son cambios repentinos que pueden desencadenar una crisis personal y que nos hace sentir que ya nada sera igual.
Las crisis suponen un avance o un retroceso en nuestro camino, pero nunca son situaciones neutras. Son la manera que tiene la vida de hacernos despertar de nuestra rutina y de colocarnos frente a una experiencia que puede ser decisiva. Una crisis personal supone una encrucijada ante la que solo hay dos salidas: anclarnos en lo que nos ha pasado o utilizar lo ocurrido como trampolín hacia un futuro mejor. El escritor Paulo Cohello expresaba esta situación cuando dice que lo que ahoga a alguien no es caerse a un río sino permanecer sumergido en él.
Hay que aprovechar los cambios que nos vienen después de esta crisis personal.
Tal como dice Antoine de Saint-Exupéry, el autor del El principito, "el hombre solamente se descubre a sí mismo cuando se mide contra un obstáculo". Nuestra naturaleza como seres humanos hace que solo nos movamos cuando es necesario. Mientras todo va bien, disfrutamos de la tranquilidad de nuestras vidas. Estos periodos son de descanso. Pero cuando, indefectiblemente, aparece una crisis, nos movemos, avanzamos y aprendemos. La lección esta ahí; es nuestra oportunidad para hacer uso de ella.
Así, cuando aprovechamos la crisis para reflexionar, hacer autocríticas y fortalecernos, damos un paso adelante y realizamos un salto en nuestro crecimiento personal. Hacemos como el viejo asno al que quisieron enterrar vivo cuando se cayó en un pozo. Según cuenta un antiguo relato, el animal, en lugar de permitir que las paladas de tierra lo sepultaran poco a poco, se movía de tal forma que la tierra que le tiraban se iba depositando bajo sus patas. Al final, el nivel del suelo había subido tanto que había cubierto el pozo, por lo que el burro pudo salir de un brinco, feliz y resuelto. ¿Qué hubiera sido del animal, si en vez de afrontar el problema, hubiera permanecido inmóvil sintiéndose maltratado injustamente?.
Cuando estamos en el interior del pozo, pensamos que nunca volveremos a ver la luz. Pero la luz siempre está fuera, esperándonos. Siempre que busquemos encontraremos la manera de salir adelante.
Todos sabemos que nada en la vida dura eternamente, ni lo bueno ni lo malo. La vida no se detiene, y las crisis abruptas nos lo demuestran, pues, ante nosotros, aparecen nuevas opciones. Nuestra vida se llena de capítulos y tras terminar uno empieza el siguiente. Nadie nos garantizará que el siguiente será mejor que el anterior, pero que seguro que será diferente, aparecerán cosas nuevas, nuevos aprendizajes y experimentaremos vivencias diferentes. Además, y sin lugar a dudas, nos habremos hecho personas más sabias.
La vida es transformación y vivir nos exige a todos amoldarnos constantemente. Tenemos que aprender a adaptarnos de forma gradual a los cambios, día a día, en cuerpo, mente y entorno, aceptando este hecho como natural y respondiendo de forma consciente a los desafíos de la vida.


miércoles, 3 de diciembre de 2008

Atreverse a ser un mismo


Cuando nos falta seguridad en nosotros mismos, ocultamos la verdadera persona que somos, ya que el miedo al rechazo hace que actuemos de acuerdo a lo que suponemos que esperan los demás.
La idea de ser aceptado por todo el mundo es una meta que no podemos alcanzar. Si se necesita de forma extrema la aprobación siempre se generará una preocupación por el cuanto le aceptaran a uno.
Es imposible que uno siempre sea simpático o agradable cara a los demás.
Aunque uno pudiera alcanzar la aprobación de los demás, eso exigirá una enorme cantidad de esfuerzo y energía.
El intentar ser aprobado por los demás generaría un servilismo donde se tendría que abandonar todas las necesidades.
La incertidumbre de no conseguir la aprobación de los demás generaría un comportamiento inseguro y molesto.
Tener la obligación autoimpuesta de gustar a todo el mundo es un objetivo inalcanzable y excesivamente perfeccionista. No es posible. Siempre podemos encontrar a alguien a quien no agrademos por cualquier razón: por nuestro aspecto, forma de hablar, profesión, opiniones, creencias, modales, o por cuestiones tan insignificantes como la ropa que llevemos ese día, nuestra forma de andar o de reír. Hasta las personas más sobresalientes en campos tan diversos como la ciencia, la cultura o el deporte, tienen tantos detractores como defensores. La única forma de intentar contentar a los demás sería adaptar camaleónicamente nuestra forma de ser en función del ambiente en que nos encontrásemos. Vestir nuestra personalidad con los más variados disfraces para adecuarlos a las distintas personas y circunstancias que nos enfrentamos. Además de resultar agotador, este comportamiento acaba generando un estado de confusión tan grande que al final ya no sabemos que es auténtico y que es un disfraz. A nivel psicológico y personal todo esto nos va a llevar a la renuncia de uno mismo, con la consecuente pérdida de nuestra identidad. Las personas que intentan hacer esto, habitualmente sin darse cuenta y de forma paradójica acaban gustando menos a los demás, porque son conceptualizadas como personas inmaduras y sin personalidad. Cuando no nos respetamos a nosotros mismos, lo que acabamos sintiendo es fastidio. Muchas veces es un fastidio cuyo origen nos cuesta precisar. La raíz de este fastidio, esta en como nos desestimamos a nosotros mismos, en cómo nos relegamos y, finalmente acabamos traicionándonos. Para revertir este malestar, es menester que comencemos a escucharnos. Se trata de considerar sincera y realmente lo que pensamos y no descartarlo rápidamente, de tener en cuentas nuestras ideas y sentimientos y no relegarlos en un cajón. Tenemos que respetarnos y esto va implicar ser consecuente con lo que pensamos, sentimos o queremos, en algunas ocasiones implicara enfrentarnos con alguien. Enfrentarse no significa aquí pelear, pero sí implica soportar cierta tensión. Porque si me soy fiel a mí mismo, es muy probable que otros desaprueben lo que decido hacer o juzguen reprochablemente mis sentimientos. Cuando nos respetamos a nosotros mismos, algunos lo comprenderán e, incluso, nos apoyarán; otros sin embargo, confundirán la firmeza con la agresión, la convicción con el desinterés y el desacuerdo con el desamor. ¿Por qué? Porque lamentablemente hemos aprendido que " ser bueno es muy bueno". Y también hemos aprendido que "ser bueno" es entregarse totalmente, ocuparse y preocuparse de los demás, aun a costa de uno mismo. Esto lleva, en algún momento, a la creencia de que cualquier deseo para uno mismo tiene algo sospechoso y cuestionable. Y yo creo que, para respetarse a uno mismo, es necesario renunciar a la idea de que todos nos consideren "bueno". Lo mejor es atrevernos a ser siempre como realmente somos, asumiendo que no podemos gustar a todo el mundo, de la misma manera que no todas las personas nos gustan a nosotros. No se trata de rechazar sino de elegir: como tenemos criterios y pensamientos diferentes, solemos reunirnos con quien los comparten. Mostrarnos como verdaderamente somos nos dará la seguridad de tener afectos sinceros y la tranquilidad de reafirmarnos en nosotros mismos.Cada vez que nos disfrazamos para ser aceptados, que obedecemos a las normas y reglas de los demás para pertenecer a un grupo o que dejamos de decir "no" a lo que nos daña, estamos perdiendo la oportunidad de sentirnos orgullosos de ser quien somos. Es decir, reemplazamos nuestro nombre propio, el que verdaderamente nos identifica, por la identidad de lo que creemos que tiene más valor. Por ejemplo, cuando yo me presento, siempre digo: "Soy Matilde" y continúo con lo que tengo que decir en ese momento. Pero si, en lugar de hacerlo así, dijera "Soy psicóloga", se evidenciaría que mi orgullo radica en mi profesión y no en mi misma. Por supuesto que también puedo estar orgullosa de ser psicóloga, pero no lo estaré si primero no estoy orgullosa de mi misma, simplemente por el hecho de ser Matilde. Hay que intentar dejar de buscar por qué sentirse orgulloso y procurar entender que la razón de ser quien eres es motivo de sobra.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Fluir con la vida


La humanidad lleva siglos preguntándose qué es lo que hace que una vida merezca la pena y cómo puede cada persona llegar a crear una vida plena. Hasta ahora no habido una respuesta definitiva a esta cuestión.
Considero que lo más importante sea que la felicidad de uno mismo no depende tanto de las circunstancias externas-como el amor, el dinero o la salud- sino de nuestras circunstancias internas, es decir, de cómo somos y nos enfrentamos a lo que nos ocurre en la vida. Por eso es preciso aprender a manejar la vida interna. Y, para ello, debemos ser capaces de encontrar la satisfacción y el propósito de la vida sin depender de las circunstancias externas.
Han habido algunas investigaciones en el campo de la psicología que han determinado que existen momentos en los que las personas dicen sentirse verdaderamente felices y realizadas; son momentos en los que existe un proceso de involucración total con la vida y que se le ha identificado con el termino "fluir".
Se ha solido creer que los mejores momentos de nuestra vida se producen cuando nos encontramos relajados, sin hacer nada, descansando. En realidad, sucede exactamente lo contrario: los mejores momentos de nuestra vida suelen ocurrir cuando nuestro cuerpo o nuestra mente han alcanzado el limite de su esfuerzo voluntario para conseguir algo valioso. Cuando hemos luchado por alcanzar una meta, cuando hemos dado todo de nuestra parte para lograr un objetivo, es entonces cuando nos sentimos realmente felices y realizados.
Cuando fluimos, tenemos el control de nuestra energía psíquica y podemos emplear libremente nuestra atención, concentrarnos plenamente en la actividad que estamos llevando a cabo en ese momento. Los problemas y las preocupaciones desaparecen de la conciencia, el sentido del tiempo se distorsiona e incluso nos olvidamos de nosotros mismos, vivimos en ese instante en el aquí y ahora, involucrados en nuestro presente.
Todos nuestros sentidos fluyen en armonía, nos sentimos preparados para hacer frente a los retos que se nos presentan, sentimos poseer las habilidades necesarias para lograr aquello que nos proponemos.
Incluso el acto más simple puede transformarse en algo muy agradable si logramos fluir con él. La clave está en saber convertir las actividades de cada día en nuestros retos y desafíos.
Si aprendemos a fluir, nuestra personalidad crecerá y se tornará más segura y fuerte, gracias que habremos invertido nuestra energía psíquica en alcanzar las metas que nos habíamos propuesto conseguir. Si somos capaces de organizar nuestra conciencia para experimentar los beneficios del fluir tan a menudo como nos sea posible, nuestra calidad de vida mejorará sorprendentemente. Pero recordemos que el control de la conciencia no es simplemente una habilidad intelectual, pues necesita la colaboración de las emociones y de la voluntad.
Aprender a fluir es aprender a disfrutar de lo que uno hace y a dar todo de uno mismo ante las cosas que se presentan en la vida.
Personalmente cuando he reflexionado en la idea del "fluir", me ha hecho ser más consciente de la importancia de mantener una actitud positiva y creativa en todo lo que hago a lo largo del día. También me ha animado a valorar y afrontar los retos inherentes a situaciones que a menudo me han parecido adversas y molestas. He terminado el mes de Noviembre con una situación adversa pero con la intención de ser positiva y de aprender cada día más de fluir en todo lo que hago. El fluir no se detiene solo ahí, ya que nos anima a darle un sentido de flujo a nuestra vida entera, definiendo claramente cuales son nuestras metas tanto a corto como a largo plazo.
Cuando una meta importante se persigue con resolución y todas las actividades diferentes se juntan en una experiencia de flujo unificada, el resultado es que esa armonía se ha incorporado a la conciencia. Quien sabe cuales son sus deseos y trabaja con el propósito de lograrlo es una persona cuyos pensamientos, sentimientos y acciones son congruentes entre si, y por tanto es una persona que ha logrado la armonía interior.
El propósito, la resolución y la armonía unifican la vida y le dan significado al transformarla en una experiencia perfecta de flujo.
Este estado de flujo supone que seamos capaces y conciente de concentrar nuestra energía psíquica y atención en planes y objetivos de nuestra elección y que sintamos que vale la pena realizarlos porque se ha decidido este tipo de vida, y se disfruta cada momento en lo que se hace.
También la idea de fluir es importante cuando nos enfrentamos antes los problemas o situaciones que no se presentan como esperábamos. Aquí también es importante dejar que las cosas fluyan, dejar que todo se acomode por su cuenta. Tenemos que aprender ante lo inesperado y saber aprovecharlo es un entrenamiento que debemos aplicar en los pequeños sinsabores de la vida y los grandes fracasos. Porque ninguno de los dos serán tal cosa si sabemos encontrar las oportunidades que nos muestra esas situaciones.