sábado, 29 de noviembre de 2008

Cuando nos aparece las adversidades y como logramos superarla


Los seres humanos somos vulnerables y estamos expuesto a ciertos acontecimientos que pueden alterarnos: una pérdida importante, una separación........Todos podemos sufrir algún contratiempo importante, una circunstancia inesperada que, según su gravedad, puede empujarnos incluso a reconsiderar muchos valores que teníamos hasta ese momento y replantearnos el sentido de nuestra vida.
Las consecuencias negativas en el plano emocional de un acontecimiento desestabilizador son conocidas por todos: profunda tristeza, desilusión, apatía...No obstante, sin restarle importancia a este tipo de vivencia, es posible no solo sobrevivir psicológicamente a la adversidad, sino incluso crecer como personas a partir de ésta.
Las experiencias adversas nos llevan en un principio a un cambio en nosotros mismos.
Un sentimiento común en muchas de las personas que se enfrentan a una situación desdichada es un aumento progresivo de la confianza en sus propias capacidades para afrontar cualquier adversidad que pueda ocurrir en el futuro. La lucha emprendida contra dicha adversidad ofrece oportunidades únicas de redireccionar la vida.
También tenemos cambios en las relaciones personales. Muchas personas a raíz de la vivencia de una situación difícil, ven fortalecido sus relaciones con los demás. En esos casos es frecuente que aparezcan pensamientos como "Ahora se quien son mis amigos y me siento mucho más cerca de ellos que antes".
También surgen cambios en la filosofía de vida y en la espiritualidad. Es el tipo de cambio más frecuente. Las desgracias tienden a sacudir de forma radical las concepciones o ideas sobre las que construimos nuestra forma de ver el mundo y tomamos conciencia del valor de las pequeñas cosas de la vida.
Una experiencia adversa es siempre negativa, pero lo que suceda a partir de ella depende de la actitud que adopte cada persona.
Es cierto que las personas somos seres vulnerables, pero también es cierto que somos increíblemente fuertes. Tenemos una sorprendente capacidad para luchar y sobreponernos a la adversidad. Ser conscientes de que el crecimiento después de una desdicha es posible abre una puerta de esperanza y optimismo a muchas personas que atraviesa situaciones dificiles.

lunes, 24 de noviembre de 2008

La enfermedad y la actitud ante ella


Ante un diagnóstico adverso, solemos pasar por diferentes estadios, desde la incredulidad y la sensación de injusticia hasta el desamparo y la rabia. Pero enfermedad no es sinónimo de tristeza y frustración sino de oportunidad: para emprender un nuevo camino, descubrir capacidades, crecer...La enfermedad puede hacer más consciente nuestros deseos y ayudarnos a vivir el presente y el amor hacia nuestro seres queridos con mayor intensidad.
La mayoría de las personas vivimos nuestra vida conforme a una idea que hemos ido forjando en nuestro día a día. Todos tenemos sueños, proyectos e ilusiones que nos ayudan a imaginar cómo será nuestro futuro para encaminarnos hacia él, sintiendo bajo nuestros pies un presente seguro y firme. Sin embargo, a veces la propia vida puede hacernos parar porque, de un modo u otro, no nos permite seguir el camino que trazamos en nuestros sueños.
Cuando aparece la enfermedad, sentimos que la vida nos da un empujón para apartarnos de nuestro camino. De repente todo se transforma: " No sé si trabajaré de nuevo", "No podre hacer lo que hacia antes"...La enfermedad hace que ya nada sea igual. No obstante, no nos quedamos sin camino, sino que empezamos a caminar por un nuevo sendero, aunque se trata de un sendero que no hemos escogido y que no conocemos.
En un principio la reacción psicológica es la de rechazar este cambio de sendero. Batalla en contra con todas sus fuerzas. En esta etapa la persona enferma no puede ni quiere empezar a caminar por la nueva senda.
Aparecen sentimientos de tristeza y de miedo. Esto ocurre porque la persona ya no puede vivir como lo hacía antes.
No es fácil porque ninguna situación nueva lo es. Antes de nada se requiere la capacidad de aceptar la enfermedad y las condiciones que la acompañan para poder, así construir nuestra existencia sobre una base sólida.
Superar una enfermedad no es luchar en contra sino a favor, es adaptarse a la nueva situación y reencontrar el equilibrio entre uno mismo y su entorno. Se trata de continuar comprometido y participando activamente en el proceso de adaptación a la enfermedad, sintiendo que la propia vida esta colmada de significado y es importante.
Frente a la enfermedad, las personas afectadas suelen adoptar actitudes básicas: convertirse en un enfermo o, en cambio, ser una persona que tiene una enfermedad. La segunda opción, aceptar que somos alguien con una enfermedad, permite a la persona mantener intacta su integridad. Se siente responsable de su vida, se involucra en el cuidado de sí misma y mantiene el papel de protagonista de su propia vida.
Es la persona que tiene la enfermedad quien toma decisiones y busca los recursos que necesita. En vez de sentirse víctima, mantiene el sentimiento de control sobre sí misma. Se siente independiente porque es quien decide sobre su vida. Incluso cuando necesita la ayuda de los demás, mantiene la sensación de independencia, ya que la acepta abiertamente, pues es tan generoso dar como aceptar un ofrecimiento.
Muchos de nosotros pasamos la mayor parte de nuestro tiempo dando vueltas sobre hechos pasados y preocupándonos de lo que puede pasar mañana. Al final, el presente, que es de hecho lo único que tenemos, queda relegado a un pedacito de tiempo. Tener una enfermedad, o vivirla de cerca, hace que las personas se hagan consciente de que la vida es frágil, de que puede cambiar en el momento menos esperado. Esta situación nos enseña a soltar el lastre de los hechos pasados para, en lugar de preocuparnos por el futuro, ocuparnos del momento presente.
Además tenemos que tener presente la importancia de vivir la enfermedad como un desafío, y no como una amenaza, esto hace que la persona se mantenga con un espíritu de lucha constante.
Dedico este articulo a todas las personas que viven de cerca alguna enfermedad y aquellas que han pasado por alguna. Animo a toda la gente a que mantenga una actitud de lucha y aceptación ante la enfermedad.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Las esperiencias en los viajes


Un viaje es siempre una oportunidad para aprender, ya sea sobre los demás o sobre nosotros mismos. Antes de partir, conviene ser conscientes de cual va a ser nuestro objetivo y llenar el equipaje de buenas actitudes: flexibilidad, confianza, tolerancia, autenticidad. Sólo así podremos regresar siendo personas más sabias y completas.
Los motivos para emprender un viaje no siempre son completamente conscientes. Para algunas personas, el viaje es una forma de conocer otras realidades y, en este sentido, lo prepara pensando en destinos exóticos o pocos conocidos para disfrutar de la novedad. Para otras personas, en cambio, el viaje es una escapada: dejar de interactuar con la realidad cotidiana y sus conflictos. En este caso, es muy posible que el destino no sea tan importante.
En definitiva como en otros aspectos de la vida, el viaje se plantea de maneras distintas según se tenga necesidad de contacto o retirada.
Pero una cosa es la idea con la que se plantea un viaje y otra muy distinta, lo que nos depara la vida. La experiencia es algo más continuo de lo que podemos pretender, y a una retirada sigue otro contacto de forma, a veces sorprendente.
Así que podemos plantearnos un viaje para ganar distancia y, paradójicamente, acercarnos a nosotros mismo. Es una distancia que puede servirnos para ver nuestra realidad desde otra perspectiva. De hecho, es habitual que un viaje modifique nuestras prioridades y sentimientos y se convierta en un aprendizaje en el que nos encontramos.
Para propiciar este aprendizaje, conviene mantener una actitud de apertura hacia lo que el viaje nos depare.
Los viajes pueden permitirnos ensayar otras formas de estar en el mundo, de relacionarnos, comunicarnos...Seguramente, esto resulta más fácil de conseguir si se viaja solo, nada mejor para reaprender nuestra forma de relacionarnos que empezar de nuevo en un lugar desconocido con gente desconocida.
El viaje es, ante todo, una salida al mundo. Estar abierto a lo que surge de nuestro interior nos permite estar abierto a lo externo de una forma mucho más auténtica: los nuevos estímulos y situaciones despiertan, si estamos atento nuestra capacidad para tomar conciencia de nuestro ser.
Como en la vida misma, a veces lo más interesante de un viaje está a la vuelta de la esquina. Y lo más probable es que esté en las personas que tenemos delante. No hay que pensárselo dos veces: lo mejor del viaje serán las relaciones, las conversaciones, las vidas de las personas que se crucen en nuestro camino. Abrirse, hablar de nuestra vida y, al mismo tiempo mostrar una actitud de escucha serán las claves para acercarnos a las personas que nos encontremos.
La expectativa ante un viaje debería ser no tener expectativas y valorar cualquier resultado como bueno y positivo.
El último viaje que realice fue a Turquía en Agosto del 2.008. Guardo en mi mente todos los lugares que visite por estas tierras. Sus mezquitas, sus vestigios arqueológicos que me dejaron dislumbrar su grandeza y esplendor, sus maravillas naturales.
Como viajera de lo trascendente, fui vivenciando los lugares y descubrí sus misterios.
Cada lugar tiene su propia energía y enseñanza. La clave de este lugar como resumen energético es su pasión: la pasión turca. Esta pasión a mi vida entro desde que penetre y conocí estas tierras. Los compañeros del viaje fueron justo los que tenían que estar en ese momento ya que cada uno con su presencia aportaron algo más a ese viaje.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Abrir la mente a otras ideas


Nada en la vida es blanco o negro, nadie detenta una única verdad. Pero sin darnos cuenta, hemos interiorizado una serie de valores y normas que creemos inamovibles y nos limita.
Esta rigidez mental nos hace repetir actitudes dañinas y nos impide crecer como personas. Ser más flexibles nos permitirá aceptarlas, rechazarlas o modificarlas según ocasión. Con una mente abierta, la vida se llena de colores de la libertad.
Las personas nos vemos rígidos en nuestra forma de pensar o de actuar, repetimos irreflexiva y mecánicamente las maneras de entender el mundo y el modo en el que nos relacionamos con los demás.
Y es evidente que una mentalidad rígida nos creará conflictos. Por un lado, nos dificultará encontrar soluciones para muchos problemas; por el otro nos impedirá aprender de las nuevas experiencias que vivamos. Cuando somos rígidos la mayoría de las veces acabamos siendo esclavos de las normas que nos imponemos nosotros mismos.
Los principales signos de una mentalidad rígida son la incapacidad de cuestionar las propias ideas y, en consecuencia, la repetición de ciertas conductas o estrategias. Vale la pena aclarar que tener una mente abierta no implica necesariamente cambiar de ideas u opinión, sino poder preguntarse por los propios modos de pensar, por nuestras razones para preferir esto a aquello.
Una mentalidad rígida se basa en supuestos que se han vuelto incuestionables y que, normalmente, llamamos prejuicios, mandatos y normas. Son ideas que se han fosificado y vuelto inmodificables.
Vivimos rodeados de estos supuestos, los hemos asimilado de tal manera que casi nunca nos damos cuenta de que están allí ni de cuanto nos influyen. Y eso justamente es lo que los hace tan dificiles de flexibilizar. Porque aun cuando logremos tomar conciencia de ellos, están tan arraigados a nuestro ser que, a pesar de reconocer que no tiene fundamento alguno, ponerlos en cuestión es realmente difícil.
Para abrir nuestra mente y adaptarnos a situaciones diversas y a un entorno siempre cambiante, es preciso desarmar ciertas creencias, prejuicios y normas autoimpuestas que se establecen a partir de la propia experiencia, por imitación y aceptación de los dogmas que en parte se llevan a cabo en nuestra educación.
Es bueno darnos cuenta de los supuestos que hay detrás de nuestras conductas rígidas. Cuando tropezamos continuamente con la misma dificultad, debemos suponer que nos encontramos ante un punto rígido. Es probable que relacionado con esta situación o tema particular, tengas algún supuesto que creamos incuestionable y que nos inmoviliza. Cuando esto nos ocurra, preguntemos a nosotros mismos que creencias se ponen en juego en dicha situación.
Para evitar que aquellas conductas que te fueron útiles en un momento dado se vuelvan rígidas, es necesario actualizarla y adaptarlas al presente.
No debemos olvidar, algo que cambia constantemente: nosotros mismos. A lo largo de los años vamos cambiando, no somos los que fuimos. Tenemos otros recursos y otras posibilidades. Estrategias que nos fueron imprescindibles en algún momento pueden ser innecesarias ahora; cosas imposibles en aquel entonces pueden estar hoy a tu alcance. En ocasiones, aún cuando no haya cambiado nada más, el solo hecho que hayamos crecido como personas marca toda la diferencia.
Para ir mejorando cada día y ante las necesidades nuevas que nos van surgiendo es necesario revisar nuestras creencias, reformarla cuando ya no nos valen. Es preciso que seamos sinceros con nosotros mismo para hacer los cambios necesarios. Podemos imaginarnos como cuando vaciamos nuestras mochilas después de un viaje, se quita aquello que pesa pero que no es necesario, y así se puede seguir caminando y se puede llenar de nuevo. Nuevas ideas en tu mente, te permitirán avanzar con más confianza y libertad.

jueves, 20 de noviembre de 2008

La competitividad con nosotros mismo nos priva de ser libres


La peor forma de competición es la que establecemos con nosotros mismo: queremos ser otros, que imaginamos mejores. Malgastamos nuestro tiempo y energía en perseguir ideales inexistentes y así nuestra autoestima se va debilitando.
Comprender que todos aportamos lo que somos al mundo y aprender a compartilo nos liberará.
En nuestra cultura los conceptos "competente y "competitivo" han llegado a ser casi sinónimos, como si para demostrar una determinada competencia hubiera que medirla, compararla y comporobar si es lo bastante buena para ocupar un lugar en nuestro pódium.
Aristóteles afirmaba que "la virtud está en el justo medio entre extremos", en el equilibrio, en el camino del medio...Quizás no sea necesario, por tanto elegir entre vivir obsesionado con las metas que debemos alcanzar y verse obligado a no tener ninguna, ya que los deseos también estimulan nuestro crecimiento personal.
Basta con ser honesto y reconocer cuándo nuestra actitud es sólo un paso más de un proceso natural de superación personal, en el que aceptamos nuestras limitaciones, pero nos apoyamos en nuestros puntos más fuertes para crecer.
Cuando nuestro modo de vida es competitivo tendemos a querer ser lo que no somos.
Cuando mantenemos una ideal de como deberíamos ser, llegamos a un profundo menosprecio de nosotros mismos, ya sea patente o encubierto. Vivimos en la ilusión de que con otras personas seríamos más felices, que otro cuerpo nos haría tener más éxito, que otro lugar nos haría sentir mayor plenitud....y luchamos y competimos para conseguirlos.
Así pues, vale la pena preguntarse si podemos ser felices si no se cumplen nuestros ideales. Algunas personas no pueden, por lo que los ideales acaban por convertirse en un obstáculo en sus vidas. Pero otras personas sí, por lo que descubrimos que los ideales, aun siendo estimulantes, no son realmente necesarios. No existe ninguna persona o situación que nos dé la felicidad. Porque la felicidad no es una circunstancia, sino un estado del ser, una actitud ante cada acontecimiento de nuestra vida.
Otro aspecto a destacar en la tendencia de la competitividad es la dualidad. Esta hace referencia a nuestra manera dual de percibir el mundo: yo frente a los demás, el bien frente al mal...Si comprendiésemos que existe un solo mundo complejo, pero solo uno....Si entendiésemos que todo forma parte de lo mismo, que los opuestos se necesitan mutuamente para existir, que son complementarios.......dejaríamos de pelear por nuestro "lugar en el mundo". Sabiendo que hay espacio y amor para todos.
Sobre todo, nos relajaríamos y dejaríamos de ser hostiles hacia todo lo que consideramos amenazante, ya que miraríamos con profunda compasión las limitaciones del otro, pero también con admiración y agradecimiento de sus grandezas, pues también forman parte de nosotros y nos elevan.
Solo mirando desde nuestro interior, nos descubriremos, algún día, disfrutando del hecho de compartir nuestro ser y nuestra capacidad con los demás, al tiempo que disfrutamos de las suyas. Porque pocas cosas proporcionan mayor libertad que el hecho de no tener que demostrar nada a nadie, ni siquiera a nosotros mismos siendo completamente libre.

LA GRATITUD


Dice un refrán popular que "De bien nacido es ser agradecido". Sin embargo las personas, tendemos a expresar con muy poca frecuencia nuestro agradecimiento. Es un valor que no parece tener cabida en la sociedad en la que vivimos, simplemente lo pasamos por alto. Aplaudimos la iniciativa, la seguridad, la autoconfianza.., cada vez nos convertimos en seres más centrados en nosotros mismos, más individuales, y vamos perdiendo los lazos que nos unen con el resto de las personas.
La gratitud es un sentimiento que nace cuando somos capaces de apreciar lo que otra persona ha hecho por nosotros. No debemos confundir gratitud con " devolver un favor"; no se trata de pagar una deuda, sino de reconocer la generosidad de los demás.
Frente al egoísmo y la vanidad, que sólo llevan a mirar hacia uno mismo, la gratitud implica mirar hacia los demás y reconocer lo bueno que hay en ellos. Agradecer es dar, compartir; a través del agradecimiento nos acercamos al otro, pues dar las gracias a alguien establece un vinculo emocional muy fuerte y enriquece la relación personal.
Muchas personas juegan un papel fundamental en nuestras vidas. Nos inspiran, nos apoyan, nos ayudan a superarnos...Ocurre con frecuencia que esperamos demasiado y la vida pasa sin que hayamos podido dar las gracias a esas personas. Aparece entonces una desagradable sensación de autorreproche que se instala en nosotros para quedarse.
Ser capaces de expresar nuestro agradecimiento a las personas que queremos, a las que nos ayudan a despertarnos cada día, a las que actúan como maestros en nuestras vidas en el momento adecuado es una virtud que debemos y podemos cultivar.
Además de expresar nuestra gratitud hacia las personas, también tenemos que hacerlo hacia el mundo en general y hacia las cosas que nos ocurren. Ciertamente la vida no es un camino fácil y podemos pasar por numerosos contratiempo; Sin embargo, también tenemos la oportunidad de vivir cosas hermosas, de mejorar, prosperar, superarnos, lograr un sueño deseado por mucho tiempo y hasta en las situaciones adversas salimos renovados y mejorados como personas. Ser consciente de las cosas buenas y poder expresar nuestro agradecimiento es un camino que hay que recorrer para ser más felices cada día.
La gratitud, además, contribuye a aumentar la satisfacción con la vida, ya que amplia los buenos recuerdos sobre el pasado. Los pensamientos negativos intensos y frecuentes sobre el pasado bloquean las emociones de felicidad y satisfacción. El resentimiento estrecha la vida, mientras que la gratitud la expande, incrementa la alegría y mejora nuestras relaciones. La gratitud es el arte de saborear la vida con agrado.
Expresar la gratitud a las personas que queremos, las que nos ayudan cada día y las cosas que la vida nos regala cada día, va a suponer una fuente de felicidad y de enriquecimiento.
No olvidemos que la gratitud une a las personas, aumenta nuestra disposición a ayudar, a ser amables, responsables y afectuosos.
Recomiendo hoy a todo aquel que lea este articulo hagan un esfuerzo por hacer ayuno de la negatividad, el egoísmo, la intolerancia, la estupidez y rescaten dosis de amabilidad, optimismo inteligente y no olviden de ser agradecidos.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

La confianza a través del conocimiento en nosotros mismos


Confiar en un mismo consiste en saber con mente, cuerpo y alma lo que nos es posible y merecido. Sin embargo, la verdadera confianza únicamente podemos disfrutarla en su justa medida, en el punto de equilibrio de balanza.
Hay personas que padecen déficit de confianza y, aunque saben más de lo que creen, son demasiado cautas en sus acciones. Arriesgan poco, por debajo de sus posibilidades. Entregan menos de lo que tienen y escatiman lo que atesoran.
Otras personas, por el contrario, padecen un exceso de confianza y sabiendo o pudiendo poco sobre algo, se encaraman en lo alto de un personaje inventado, y van más allá de sus conocimientos, capacidades y limites. Arriesgan por encima de lo que pueden, y la realidad les confronta con su verdad interior y les devuelve a sus limites. Deben aprender humildad.
Es cierto que en la vida, hay momentos en los que podemos caer en estados de confusión y verlo todo negro.
Son situaciones en las que creemos que no somos lo suficientemente buenos o inteligentes y en las que pensamos no estar dotados para lograr nuestras metas, suponiendo que sabemos lo que queremos. Estamos en contacto con el miedo e incluso nos quedamos paralizados, sin atrevernos a enfrentarnos a la vida.
Pienso que una de las causas profunda de esta desconfianza es el concepto, muy arraigado en nuestra cultura, de que las cosas están bien o están mal. Dividimos el mundo entre lo correcto y lo incorrecto, y nos enjuiciamos y condenamos a nosotros mismos.
Nos impedimos ser lo que somos, con todas nuestras partes, y no confiamos en que nuestra manera de hacer las cosas puede ser tan válida como cualquier otra.
Para mantener nuestra confianza tenemos que saber enfrentarnos tanto al éxito como al fracaso y saber manejar las situaciones de ganancia y las de pérdida, pues la vida nos proveerá de ambas.
Al final, la confianza en uno mismo sólo es la expresión de una confianza mayor: la confianza de que la vida es buena y que la guia una inteligencia superior, aunque no siempre comprendamos sus tramas ni su lógica, especialmente cuando se manifiesta a través de lo desdichado.
Un forma de cultivar el éxito en la vida viene en primer lugar del respeto hacia uno mismo y de arriesgarse en la dirección de lo que somos y sentimos. La confianza se expresa en algo tan esencial como "ser lo que somos", que a su vez se plasma en "hacer lo que hay que hacer", "dar lo que hay que dar" y "recibir lo que hay que recibir", según la expresión de Swami Prajnanpad, un conocido sabio hindú. Si confiamos en nosotros mismos, no podemos fallar, porque lo que hacemos y vivimos toma el tinte de inevitable y casi espontáneo.

jueves, 13 de noviembre de 2008

El mito del sacrifio en el amor


Para mantener una relación enriquecedora con los demás, el primer paso es respetarse a uno mismo. Si no somos generosos, amables y amorosos con nosotros mismos, dificilmente podremos serlo con quien nos rodea. Lo que no esta en nuestro interior no podemos crearlo fuera. El verdadero amor no tiene que ver con sufrir o sacrificarse, ni con intentar cambiar al otro. Quererse implica ser auténtico.
En nuestra cultura hay una idea muy extendida del amor como sacrificio y se da tanto entre jóvenes como en adultos que viven su relación de pareja renunciando a aspectos importantes de su vida.
Cuando hablo del sacrificio en el amor no solo me refiero al amor de pareja sino del amor en general: del amor entre padres e hijos, del amor entre amigos y también del amor al resto del mundo. Hablo de eso que llamamos "querer". Y la idea que creo tan tóxica es aquella que propone que la medida del querer es cuánto esta dispuesto a sacrificar uno por el otro.
Es posible que muchos o digáis que eso de "querer es sacrificarse" es agua bajo el puente, es tema sabido y superado. Sin embargo, creo que muchas veces no dimensionamos hasta qué punto esta creencia está impregnada en nuestra cultura occidental y cómo nos influye sin que nos damos cuenta.
Es conocido el rol fundamental que el sacrificio ha tenido para la doctrina cristiana, tan dominante en nuestro sistema de creencias colectivo. Pero aún antes, en el antiguo testamento, puede encontrarse una visión similar. En la historia de Abraham, Dios le pide que lleva a su único hijo Isaac, al monte y que allí lo sacrifique en nombre de su creador. Abraham, que cree que su amor por Dios le obliga a ello, se dispone a cumplir lo encomendado. Justo en el último momento, cuando ya ha desenfundado el cuchillo, Dios lo detiene para comunicarle que ha pasado la prueba: tiene fe y amor verdadero por Dios.
A decir verdad, el mensaje que transmite esta historia me parece bastante nefasto: "solo amas si esta dispuesto a entregar lo más preciado, a destruirte a ti mismo si ese amor lo requiere". Esta y otras historias similares están en la base de muchas creencias respecto de lo que implica querer a otro; por eso nos resulta tan difícil desembarazarnos de ellas y, en ocasiones, el sacrificio nos impresiona como moralmente virtuoso. Sin embargo, creo que existe otro modo de encontrar virtud en nuestro amor hacia los demás.
El sacrificio no toma formas tan extremas como la de los ejemplos. En nombre del querer, hay muchos otros modos de sacrificio más sutiles y más frecuentes. Porque, en última instancia, sacrificarse no es otra cosa que ir en contra de uno mismo; e ir deliberadamente en contra de uno mismo no es otra cosa que no quererse. Y eso sea quizás lo más terrible de esta creencia: que postula que, para querer a otro, debemos renunciar a querernos a nosotros.
Pienso que, en la actualidad, podemos determinar principalmente dos modos en que esta creencia se manifiesta en los vínculos entre las personas. El primero se relaciona con el hacer, y el segundo con ser. Tienen, por supuesto, múltiples variaciones-en magnitud, en su temática y en su presentación-, pero me parece que, en general, responden a una misma forma, pues en cualquiera de los dos casos puede darse espontáneamente como un intento de querer demostrar a la otra persona nuestro amor.
El primero de estos modos está conectado con el hacer, con un intento de querer demostrar al otro nuestro amor. Esta forma de relación podríamos denominarla "prueba de amor" y podría formularse básicamente así: "Quien en verdad quiere está dispuesto a hacer cualquier cosa por el ser querido".
La otra forma del "querer es sacrificarse" está más relacionada con el ser y creo que esta aún más extendida, pues, de alguna manera, parece más inocente porque esconde mejor que se trata de un sacrificio. Podríamos llamar a este vinculo "promesa de cambio" y la idea sobre lo que se basa sería algo así como: "Quien de verdad quiere esta dispuesto a ser como el ser querido quiere que sea".
El sacrificio radica en ser de un modo determinado en lugar de hacer algo concreto.
Pero más allá de las intenciones, un vinculo construido sobre la condición de que alguno de los dos cambie está, lamentablemente, destinado al fracaso porque "cambiar" implica dejar de ser quien uno es; implica un sacrificio de nuestro ser.
Habría que añadir a lo dicho que una persona que nos quiere puede señalarnos algo que no le agrada de nosotros y nosotros decidir mejorar si lo deseamos.
Pero si determinados rasgos le resultan al otro insoportable, tendremos que empezar a pensar seriamente en que el vínculo que tenemos puede que no sea sostenible. O aceptamos quién es el otro y pensamos cómo nos la arreglamos del mejor modo con eso, o aceptamos que ese vinculo no es posible.
El sacrificio en nombre del querer conduce inevitablemente a dos circunstancias que, a la larga, terminan por deteriorar el vínculo que tenemos con el otro y el que tenemos con nosotros.
Por un lado, este ir en contra de uno mismo produce resentimiento, porque-aunque hayamos sido nosotros mismos quienes nos hayamos ofrecido- en nuestro fuero interno sabremos que fue por no traicionar al otro por lo que acabamos renegando de lo que en verdad somos. Y ese resentimiento tarde o temprano terminará expresándose de algún modo.
La otra consecuencia de sacrificarse es que, aunque funcione y retengamos al otro, lo haremos en base a no ser auténtico. Y entonces no seremos nosotros quienes obtengamos el tan preciado amor sino ese otro de quienes nos hemos disfrazado para conseguirlo.
El único modo de querer bien a los demás es quererse en primer lugar a uno mismo, apartar la tentación de traicionarnos para obtener el amor de los otros. En el camino, algunos vínculos se perderán o cambiaran de forma. Recordar que serán los vinculos que ya de antemano estaban perdidos o que necesitaban ser reformulados.
Tenemos que aceptarnos a nosotros mismos, cuidarnos y no traicionarnos engañándonos queriendo aparentar lo que no somos por el nombre del amor ya que todo nos llevara a un amor falso.

martes, 11 de noviembre de 2008

Los amigos


Hoy leí en un estudio sobre la amistad que en la vejez, las personas mayores con buenas y variadas relaciones sociales tienen más posibilidades de aumentar su esperanza de vida que las que no tienen relaciones o sólo las tiene con sus familiares. Estas son las conclusiones a las que ha llegado un estudio realizado en la universidad de Australiana de Flinders.
La amistad surge en diferentes etapas de nuestras vidas y en diferentes grados de importancia. Y es que a lo largo de la vida vamos estableciendo numerosas relaciones interpersonales en las que volcamos nuestros afectos, de una forma más o menos intensa, dependiendo de la afinidad que sentimos por esas personas, de la intensidad y frecuencia de relación y de la reciprocidad afectiva que advertimos en ella. De forma más o menos inconsciente, damos cariño esperando que éste obtenga cierta resonancia en la persona querida, de tal modo que esta persona nos de también cariño a nosotros, lo que supone un reconocimiento, una reciprocidad y el establecimiento del vinculo afectivo como es la amistad.
El significado de la amistad y tener amigos es algo que se instaura en la infancia y estas primeras adquisiciones influyen en su desarrollo posterior. Al principio el niño se vincula con su familia más íntima (padres, hermanos...), pero poco a poco y gracias a la escuela, el niño inicia su socialización entablando lazos afectivos fuera del hogar. Descubre a otros niños de su edad, con otras características, algunas iguales y otras diferentes a él. Aprende a compartir, confiar y a querer a otras personas de su edad. Hay un doble vinculo de forma que la personalidad del niño influye claramente en el desarrollo de sus amistades y éstas, a su vez también lo hacen sobre su personalidad. En esta etapa es fundamental el aprendizaje que se hace a través de los padres, de sus amigos y de la relación que tengan con ellos.
La amistad, como las relaciones de pareja, es una relación íntima de dar y recibir. Responde a las necesidades de seguridad, aprobación de los demás, estar acompañado y sentirse comprendido y querido. La amistad además supone una forma de enriquecimiento personal, a través de ella aprendemos a dar y recibir cariño, a ser más generosos, pero además podemos aprender de las experiencias del otro, de sus conocimientos y vivencias.
A lo lago de nuestra vida encontramos amigos que nos acompañan y con ellos compartimos esa etapa, ese momento especial. Afinidades, intereses y valores pueden unirnos en ese momento.
Pensaba como a veces cuando nos peleamos con alguien a pesar de habernos llevado bien a lo largo de muchos años con esa persona, podemos volvernos intolerante y algo burros porque ya solo miramos para delante sin volver la vista atrás y sin pensar en todas las cosas buenas que hemos pasado con esa persona, lo que pudo regalarnos entonces ya que no debemos olvidar que solo su presencia durante instantes de nuestra vida, es un autentico regalito del cielo y que seguro que lo que nos dio en ese momento fue importante.
Valores importantes como la lealtad y el respeto unido a buenas dosis de tolerancia y empatia harán que nuestros compañeros, esos amigos que forman parte de nuestra vida se mantengan por mucho tiempo.
Dedico este artículos a las amigas y los amigos que han formado parte de mi vida, a los que me acompañan en este momento de mi existencia, a los amigos que murieron y me dejaron su recuerdo, a aquellas personas que me han ayudado a crecer permitiendo que a través de su relación haya mejorado como ser humano y a ese amigo nuevo en mi vida, Mariano, tu que me has servido de inspiración esta mañana.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Ser autentico: retorno a la inocencia


Como diría un taoísta lo primero que hay que decir de la vida es que no tiene explicación. Está aquí como un misterio y si intentas explicarla te pierdes. La filosofía siempre ofrece explicaciones, por lo tanto no puede explicar la vida. Una persona que busca la verdad no utiliza teorías, siempre esta abierto. Los que buscan la verdad no pueden dialogar, sólo discutir, no conocen el intercambio de valores opuestos, no saben que el opuesto te equilibra. El conjunto de la vida se basa en la complementariedad de los opuestos, como dice el antiguo símbolo chino, el ying-yang, inocencia y maldad: unión de opuestos, base del equilibrio del ser humano. Vivimos en un mundo enfermo por las batallas, el hambre, la enfermedad y la miseria, donde es común la presencia de en los individuos de trastornos mentales. La mente da movimiento al cuerpo, da sentido y propósito a la vida; cuando no se elige una dirección alimentada por la ilusión y el propósito en la vida, la persona se pierde a sí misma. No sabe dialogar consigo mismo, solo discutir. El retorno a la inocencia es posible para todos, pues por muy confundido o enfermo que se halle una persona, por muy desestructurado que se halle su condición de ser humano siempre nuestro propio ser nos señala la dirección correcta (como una brújula) pugnando por seguir su camino y realizar su propósito.
El retorno a la inocencia viene a ser el reencuentro con uno mismo como parte de un todo exacto,armónico, equilibrado, es el reencuentro con nuestra humanidad, con toda su naturaleza biológica. Supone el darnos cuenta de nuestra particular forma de relacionarno con nosotros mismos y con el universo. Tomar conciencia de nuestro organismo así como de la dinámica y estructura de nuestra mente.
La autenticidad supone la libre expresión de lo que somos, de la esencial, natural y desprovista de condicionamiento. Considero que la mayor parte de las complicaciones de la existencia del ser humano, son generadas por su propia inadaptación a la realidad; debido a que ha ido perdiendo la habilidad de ser él mismo, de vivir de manera natural y con fluidez.
Empecemos hoy ha ser más sinceros con nosotros mismos. Reconociendonos por nuestro valor y por nuestra debilidad.
Esta en la conciencia de cada persona llegar a ser uno mismo dejando atrás los miedos.

Things Have Changed

El mundo celebra por fin la llegada del cambio en Estados Unidos.
Las esperanzas tras la Elección de Barack Obama para la presidencia de los Estados Unidos es señalado como el inicio de una nueva era, alentadas por las promesas de cambio.
Las esperanzas sobre este hombre consideran que no solo se trata de una victoria sobre este país. Va a suponer nuevas energías dentro de todos los pueblos del mundo que se levantan juntos para observar la ola de cambio que se mueve desde Estados Unidos para ser compartida por el mundo, y a su vez el mundo lo comparte con todos los pueblos.
No habrá regreso a las formas del pasado. Ahora se encontrara que donde había impedimentos previamente ahora habrá ayuda y estímulo que solo aumenta con cada paso que demos.
Espero que las esperanzas de todos sobre este nuevo presidente se cumplan.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

UNA VIDA CON SENTIDO


A lo largo de la vida vamos contemplando con alegría los logros alcanzados, los triunfos conseguidos pero también miramos con tristeza todo lo perdido, las frustraciones que hemos tenido (amores, desamores, falta de dinero, dificultades de trabajo...) y es que además llega a ser asombroso como millones de personas en la tierra se sienten terriblemente abatidas y tristes cuando las cosas no son de la forma que les gustarían que fueran, o cuando el mundo es como es. El que esta gente se sienta claramente frustrada cuando no están consiguiendo lo que quieren es por supuesto normal. Pero el que estén de forma permanente tan deprimidos o abatidos porque están frustrados es completamente ilógico porque no hay ninguna razón para creer que las cosas deberían ser diferente a lo que son al margen de lo injusta o desafortunada que sea la situación actual de cada uno.
El estar permanentemente abatidos por una serie de circunstancias dadas no nos ayudara a mejorarlas al contrario cuanto más abatidos estemos por los aspectos desagradables de la vida, más desorganizados e ineficaces serán nuestros esfuerzos encaminados a mejorar las condiciones de nuestra existencia.
Cuando las cosas no son como nos gustaría que fueran, cierto que debemos luchar, y a veces con mucha fuerza, para cambiarlas. Pero cuando es imposible cambiarlas (por el momento o para siempre), lo que a menudo ocurre, la única cosa sana que se puede hacer es estar filosóficamente resignado con nuestro destino y aceptar las cosas como son.
Siempre que sea posible, se debe intentar sacar el máximo provecho de las situaciones frustrantes, aprender de ellas, aceptarlas como un desafió e integrarlas, de forma útil en nuestras vidas.
Lo que en verdad necesitamos es un cambio radical hacia la vida. Tenemos que aprender por nosotros mismos que en realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino si la vida espera algo de nosotros. Tenemos que dejar de hacernos preguntas sobre el significado de la vida, y en vez de ellos pensar en nosotros como seres a quienes la vida le inquiriera continua e incesantemente. Nuestra contestación tiene que estar hecha no de palabras ni tampoco de meditación sino de una conducta y actuación adecuada. En última instancia vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que la vida asigna continuamente a cada uno de nosotros.
Dichas tareas, y consecuentemente, el significado de la vida, difiere de una persona a otra, de modo que resulta completamente imposible definir el significado de la vida en términos generales. Nunca se podrá dar respuesta a las preguntas relativas al sentido de la vida con argumentos especiosos. "Vida" no significa algo vago, sino algo muy real y concreto, que configura el destino de cada persona, distinto y único en cada caso.
¿Adonde me llevará la vida?. Según Viktor Frankl (1905-1997), neurólogo y psiquiatra austriaco- y que vivió recluido durante seis años en un campo de concentración- este tipo de preguntas nos confunden y angustian en lugar de ser clarificadoras.
No somos nosotros, afirmaba Frankl, quienes debemos hacer preguntas a la vida, es ella quien nos interroga: "¿Qué harás conmigo?, ¿Qué sentido me darás?.
La vida no nos interroga con palabras sino con situaciones, las que nos toca vivir en el transcurrir diario. Nuestras respuestas, por tanto tampoco serán con palabras sino con acciones. Cada acción es producto de una decisión, y todas ellas engarzadas, dibujan el sentido de nuestra vida. No el de la vida en términos generales y abstractos, sino el de la nuestra, la existencia de cada uno de manera específica y única.
El sentido del la vida surgirá en la medida que podamos elevar la vista desde nuestro ombligo hacia el horizonte. Mientras la mirada esté fija en el ombligo, únicamente nos veremos a nosotros mismos; cuando busques el horizonte, aparecerán los demás, aquellos con quienes nos vinculamos, los que componen con nosotros la compleja, sutil y sagrada trama de lo humano.Eso que le da sentido a nuestra vida, será, siempre y de un modo inevitable, algo que nos mejora tanto a nosotros, como a los demás y al contexto en el que vivimos.