sábado, 13 de diciembre de 2008

Salir de la ignorancia al conocimiento



Pensaba hoy como en muchos momentos a lo largo de la vida, los seres humanos se aferran a ideas sin cuestionarlas y dan estas por supuestas, entran de este modo en un camino de oscuridad siendo consecuencia de su propia ignorancia, y esta un espacio que solo puede dejarse atrás escuchando al que sabe y verbalizando lo que uno ignora.
El hombre es el único animal que es la vez racional e irracional; que sus perturbaciones emocionales o psicológicas en gran parte son el resultado de su pensamiento ilógico e irracional. A causa de nuestras tendencias innatas y adquiridas a lo largo de nuestra existencia, nosotros en gran manera (aunque no exclusivamente) controlamos nuestros propios destinos y especialmente los emocionales. Y lo hacemos así por nuestros valores básicos y creencias.
Tendemos a encerrarnos en un mundo de apariencias, ajeno a la diversidad de la realidad, resistiendonos a los cambios que ocurren en nuestra vida y que nos enfrentan a nuevas experiencias
Recordé algo que leí esta tarde, sobre un texto de Platón acerca de su alegoría de la caverna.
En ella trata del mito con el que Platón describe nuestra situación respecto del conocimiento: al igual que los prisioneros de la caverna que sólo ven la sombra de los objetos, nosotros vivimos en la ignorancia cuando nuestras preocupaciones se refiere al mundo que se ofrece a los sentidos.
Platón nos relata en esta alegoría que todos vivimos encerrados en un mundo de tinieblas, encadenados frente a una pared en la cual se proyecta las sombras del mundo real, que transcurre a nuestras espaldas.
De vez en cuando, dice Platón, alguien puede liberarse y salir de la caverna. Se entera de que la vida real es otra, que tiene colores, dimensión y sonidos....Y recordando a sus viejos compañeros, vuelve a la caverna para advertirles de que eso que ven reflejado en la pared no es la realidad, que sólo son las sombras de lo que ocurre, que hay un mundo mejor y más luminoso fuera...
Sin embargo, nos advierte el filosofo, no importa su claridad ni su insistencia, no siempre los de adentro, acostumbrados a leer el universo según su limitada experiencia, están dispuesto a escucharlo.
Estoy segura de que cerrarnos al diálogo-no animarnos a decir, volvernos sordos a las palabras ajenas, especialmente a aquellas que menos nos agradan- es una manera de volver a encerrarnos en la caverna, una forma de confundir la realidad con las sombras que esa realidad proyecta y una vía de escape absurda hacia el lugar, supuestamente seguro, de la ignorancia.
Un antigua parábola nos advierte de que el mero hecho de subir o bajar por la ladera de una montaña es capaz de transformar nuestra percepción del amanecer.
Así, las palabras que se nos dicen nos permiten contemplar la vida de forma muy diferente, ascendiendo o resbalando en las vivencias de cada una de las personas que la vida pone en nuestro camino.
Es por este motivo que, si nosotros lo permitimos, cada uno de estos encuentros podrá ayudarnos a revisar nuestros actuales marcos de referencia, cambiando el mapa de nuestro mundo cotidiano.
En múltiples ocasiones en mi trabajo, he comprobado como nuestras creencias y teorías se confunden con la realidad. Y quizás peor: he visto como nuestra visión, filtrada y reinterpretada, se esmera en confundir la realidad percibida hasta lograr que se acomode mejor a nuestras teorías.
La relación entre lo que teóricamente se puede demostrar y lo que en realidad sucede evoca siempre el planteamiento de la diferencia que hay entre el mejor de los mapas y el verdadero territorio. Confundir lo que quiero que sea con lo que es representa por sí solo uno de los problemas más graves que tiene nuestra relación con el mundo.
Cada uno de nosotros, aunque nos cueste admitirlo, vivimos cerrados completamente a una manera de ver y comprender el mundo y, a la vez, alardeamos de como nuestra objetiva percepción confirma nuestras ideas y estructura el esquema "indiscutible" de una realidad, que, por supuesto, es la que mejor se adapta a nuestra teoría de los hechos.
No es difícil darse cuenta de que, para poder ver lo que no vemos, y destrabar así algunas de nuestras conductas más conflictivas, necesitaremos del "afuera", de la palabra de quienes desde otro lugar nos describa los acontecimientos, nos acerquen sus criterios o denuncien nuestros prejuicios. Y, obviamente, no hace falta ningún razonamiento complejo para aceptar que, a la fuerza, la mayor parte de esa ayuda deberá venir casi siempre de la mano de aquellas personas que tenemos más próxima, de la voz de aquellos que, por estar más cerca, pueden hablarnos al oído.
Como es lógico, tampoco a los demás les gusta todo lo que podríamos decirles. Primero, porque quizás como a nosotros, hay aspectos de sí mismo o de la realidad que les gustaría ignorar. Y, sobre todo, porque a nadie le gusta que le ponga límites, que le digan que no o que se despidan para siempre. Sin embargo, este resquemor ajeno no debería impedirnos decir lo que necesitamos decir realmente. Todos aquellos que, con razón o sin ella, nos hemos sentido alguna vez incapaces de defender nuestro derecho de ser quienes somos o temerosos de defender una verdad, nos avergonzamos después al comprobar que no estuvimos a la altura del compromiso con la vida que cada uno espera de sí mismo.
Pero no hay escapatoria; tarde o temprano, lo cotidiano nos enfrentará sin piedad con alguna de esas situaciones que nos obliga a poner límites a las demandas de nuestro entorno y a tomar conciencia de nuestras limitaciones y carencias.
Tarde o temprano, el mundo parecerá obligarnos a hacer valer nuestra libertad, íntimamente relacionada con la responsabilidad que cada uno de nosotros asume por lo que elije, lo que hace y lo que dice.
Tarde o temprano, habrá una situación que nos empujará a luchar por alguna de nuestras verdades últimas, en el sentido de defender los valores irrenunciables que determinan nuestra postura moral y ética.


6 comentarios:

fracansado dijo...

me han encantado sus reflexiones, desde hoy tienes a un nuevo voyeur cibernético, sobretodo fluir y el de uno mismo, el de navidad lo leí cuando lo publicaste en la revista del pueblo.
ya estoy esperando la siguiente reflexión, pienso utilizar las ideas que saque de leerte para hacer collages. saludos

Iván López dijo...

hOLA HADA DEL SUR. MUCHAS GRACIAS POR TU COMENTARIO EN MI BLOG. TE LO AGRADEZCO MUCHO. LAMENTABLEMENTE HAYGRANDES ARTISTAS IGNORADOS EN SU TIERRA, PRECISAMENTE POQUE SE HAN SALIDO DE LO SOMÚN EN SU ARTE Y SE ALEJAN DE LO QUE MUCHOS CONSIDERAN "NORMAL" EL ARTE DELPERFORMANCE Y VIDEOARTE NO ES MUY VALORADO EN ESTAS TIERRAS CANARIAS POR DONDE ME MUEVO. UN SALUDO. ME GUSTÁN TUS REFLEXIONES.

El hada del Sur dijo...

Gracias Ivan por pasarte por aqui. Me ha parecido muy interesante tu blog al que a partir de ahora voy a visitar. Bueno un abrazo. Matilde

SONIA dijo...

hola mati..aqui estoy liada con esto.ya m hice el blogs pero no tengo ni idea de nada..jajaja.un beso mu fuerte.

SONIA dijo...

buenisimo lo de la navidad..m arte de reir esta tarde.

Francisco José dijo...

Hola AMIGA, me encanta la elocuencia, fluidez y claridad con que expresas los temas en tus artículos. Esta reflexión evocando el Mito de la Caverna me hizo recordar las clases de Filosofía. Saludos y un abrazo.