lunes, 8 de diciembre de 2008

El motor de la motivación en la vida


Una vida plena no consiste en ir llenando casilleros para poder, al completarlo todos, gritar: ¡soy feliz!. Se trata más bien de seguir el rumbo que deseamos auténticamente. Por eso, algo nos motiva cuando esta en linea con nuestros deseos. Muchas veces, seguir nuestros deseos puede llevarnos a lugares insospechados, pero si permanecemos fieles a ellos, con seguridad encontraremos allí algo de lo que buscábamos al emprender nuestro camino. Para seguir el camino elegido, la motivación es necesaria, pero además hace falta una decisión.
En cada caso particular, la decisión consiste en seguir el rumbo que deseamos y estar dispuesto a pagar el precio por hacerlo.
Todas las decisiones tienen un coste: como mínimo a renunciar a otras posibilidades. También tiene un coste de tiempo y trabajo personal. Es un error creer que lo que nos motiva debería ser sencillo, debería "no costarnos nada". Todo lo contrario, lo que nos motiva es aquello que nos importa lo suficiente como para aceptar que nos "cueste", es algo a lo que estamos dispuesto a dedicar algún tiempo y esfuerzo.
La motivación debe de ir acompañada de un compromiso y una dedicación hacia ese camino que elegimos. Por eso es importante que diferenciemos la motivación de las ganas.
La motivación se relaciona con un deseo, con el interés que nos despierta un proyecto a medio o largo plazo. Las ganas, en cambio, tienen más que ver con el agrado o el desagrado inmediato que nos produce hacer una determinada actividad.
La falta de ganas es , en general, la expresión de que no nos sentimos dispuestos a pagar el precio del que hablábamos antes. Es necesario volver a poner en primer plano nuestros motivos para darnos cuenta de que lo que deseamos es suficientemente valioso. Creo sinceramente que todos nuestros auténticos deseos, aquellos que nacen de lo más profundo de nuestro ser y que nos acompañan cada día, valen la pena. Pocas cosas empobrecen nuestra vida como no animarnos a perseguir lo que deseamos.
Muchas veces, el miedo puede disuadirnos de emprender un nuevo rumbo. Sin embargo, el miedo no obedece a una falta de motivación sino todo lo contrario: las cosas que nos interesan mucho también nos dan miedo por la posibilidad de que no resulte como imaginábamos. Con todo, la simple sustitución de la frase " me da mucho miedo" por "me gustaría mucho" no devuelve la rienda de la situación y puede funcionar para salir de la inercia y ponernos en acción. Yo el consejo que daría es que aunque tengas miedo hazlo igual.
Otra causa frecuente de la desmotivación es la falta de resultados. Creo que en estos casos el problema está en confundir la forma en que intentamos algo-el plan de acción- con el deseo o interés que la sustenta. Si las cosas salen mal, lo que deberíamos replantearnos quizás es el "como" estamos buscando algo determinado, pero la dirección en que queremos dirigirnos no debería depender del resultado. Siempre podemos cambiar de ruta, pero el rumbo es algo más profundo, que debe ser trazado a partir de nuestras emociones y no de las múltiples fuerzas de la que dependen el éxito o el fracaso.

3 comentarios:

Alberto M dijo...

Hola Hada del Sur.
Te he leído despacito, buscando una posible discordancia, pero al final no la he encontrado y estoy completamente en acuerdo con la actitud a la que te refieres -sobre la valía de ésta-.

Entre dirección y rumbo -hoy ando emotivillo- permíteme quedarme con la rumba.

Un abrazo desde Madrid.

El hada del Sur dijo...

Gracias Alberto por pasar por aqui. Ha sido un gusto leer tu blog anoche. Tienes una forma especial de decir las cosas y con un gran sentido del humor. Un abrazo guapo. Matilde

Alberto M dijo...

Es usted amabilísima.