viernes, 5 de diciembre de 2008

Crisis en la vida: Nuevas oportunidades


Es curioso observar cómo a lo largo de la vida los cambios en nuestra forma de ser se producen sin apenas darnos cuenta. Modificamos el carácter como reacción a determinados acontecimientos y no como resultado de una planificación voluntaria. Se vive pero se revisa poco la vida, tal vez llevado por la creencia errónea de que la personalidad no cambia. "Hechura y figura hasta la sepultura" se suele decir. Sin embargo se puede cambiar para mejorar uno mismo y para mejorar las relaciones con los demás.
Cuando nuestra vida de antes no es posible y la nueva todavía esta por llegar, surge la oportunidad del verdadero crecimiento personal. Además, se quiera o no, en el propio crecimiento personal aparecen necesidades que antes no existían, y esto impulsa a la persona a hacer modificaciones en su manera de vivir. Esta necesidad se conoce como crisis, una idea a la que se asigna de manera habitual un significado negativo porque define una fase en asumirlo: hay que entender que el cambio es natural, y también lo son las incertidumbres y el miedo que traen parejos, porque implica el paso de un estado conocido a otro desconocido y de unos hábitos a otros. Si somos capaces de ver más allá del miedo, cuando todo acabe nos daremos cuenta de lo necesario que era pasar por ese dolor para renacer fortalecido.
Las necesidades de las personas van transformándose a medida que van recorriendo las etapas del desarrollo personal.
Las transformaciones progresivas son un hecho inherente a la naturaleza dinámica de nuestra vida: todos nos vamos haciendo mayores, nos mudamos de casa, rompemos un relación.....Sin embargo , a veces la vida nos pone frente a situaciones que no hemos buscado y que ni siquiera esperábamos. En poco tiempo, se mueven los cimientos de nuestra vida, que creíamos estable. Son cambios repentinos que pueden desencadenar una crisis personal y que nos hace sentir que ya nada sera igual.
Las crisis suponen un avance o un retroceso en nuestro camino, pero nunca son situaciones neutras. Son la manera que tiene la vida de hacernos despertar de nuestra rutina y de colocarnos frente a una experiencia que puede ser decisiva. Una crisis personal supone una encrucijada ante la que solo hay dos salidas: anclarnos en lo que nos ha pasado o utilizar lo ocurrido como trampolín hacia un futuro mejor. El escritor Paulo Cohello expresaba esta situación cuando dice que lo que ahoga a alguien no es caerse a un río sino permanecer sumergido en él.
Hay que aprovechar los cambios que nos vienen después de esta crisis personal.
Tal como dice Antoine de Saint-Exupéry, el autor del El principito, "el hombre solamente se descubre a sí mismo cuando se mide contra un obstáculo". Nuestra naturaleza como seres humanos hace que solo nos movamos cuando es necesario. Mientras todo va bien, disfrutamos de la tranquilidad de nuestras vidas. Estos periodos son de descanso. Pero cuando, indefectiblemente, aparece una crisis, nos movemos, avanzamos y aprendemos. La lección esta ahí; es nuestra oportunidad para hacer uso de ella.
Así, cuando aprovechamos la crisis para reflexionar, hacer autocríticas y fortalecernos, damos un paso adelante y realizamos un salto en nuestro crecimiento personal. Hacemos como el viejo asno al que quisieron enterrar vivo cuando se cayó en un pozo. Según cuenta un antiguo relato, el animal, en lugar de permitir que las paladas de tierra lo sepultaran poco a poco, se movía de tal forma que la tierra que le tiraban se iba depositando bajo sus patas. Al final, el nivel del suelo había subido tanto que había cubierto el pozo, por lo que el burro pudo salir de un brinco, feliz y resuelto. ¿Qué hubiera sido del animal, si en vez de afrontar el problema, hubiera permanecido inmóvil sintiéndose maltratado injustamente?.
Cuando estamos en el interior del pozo, pensamos que nunca volveremos a ver la luz. Pero la luz siempre está fuera, esperándonos. Siempre que busquemos encontraremos la manera de salir adelante.
Todos sabemos que nada en la vida dura eternamente, ni lo bueno ni lo malo. La vida no se detiene, y las crisis abruptas nos lo demuestran, pues, ante nosotros, aparecen nuevas opciones. Nuestra vida se llena de capítulos y tras terminar uno empieza el siguiente. Nadie nos garantizará que el siguiente será mejor que el anterior, pero que seguro que será diferente, aparecerán cosas nuevas, nuevos aprendizajes y experimentaremos vivencias diferentes. Además, y sin lugar a dudas, nos habremos hecho personas más sabias.
La vida es transformación y vivir nos exige a todos amoldarnos constantemente. Tenemos que aprender a adaptarnos de forma gradual a los cambios, día a día, en cuerpo, mente y entorno, aceptando este hecho como natural y respondiendo de forma consciente a los desafíos de la vida.


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