sábado, 22 de noviembre de 2008

Las esperiencias en los viajes


Un viaje es siempre una oportunidad para aprender, ya sea sobre los demás o sobre nosotros mismos. Antes de partir, conviene ser conscientes de cual va a ser nuestro objetivo y llenar el equipaje de buenas actitudes: flexibilidad, confianza, tolerancia, autenticidad. Sólo así podremos regresar siendo personas más sabias y completas.
Los motivos para emprender un viaje no siempre son completamente conscientes. Para algunas personas, el viaje es una forma de conocer otras realidades y, en este sentido, lo prepara pensando en destinos exóticos o pocos conocidos para disfrutar de la novedad. Para otras personas, en cambio, el viaje es una escapada: dejar de interactuar con la realidad cotidiana y sus conflictos. En este caso, es muy posible que el destino no sea tan importante.
En definitiva como en otros aspectos de la vida, el viaje se plantea de maneras distintas según se tenga necesidad de contacto o retirada.
Pero una cosa es la idea con la que se plantea un viaje y otra muy distinta, lo que nos depara la vida. La experiencia es algo más continuo de lo que podemos pretender, y a una retirada sigue otro contacto de forma, a veces sorprendente.
Así que podemos plantearnos un viaje para ganar distancia y, paradójicamente, acercarnos a nosotros mismo. Es una distancia que puede servirnos para ver nuestra realidad desde otra perspectiva. De hecho, es habitual que un viaje modifique nuestras prioridades y sentimientos y se convierta en un aprendizaje en el que nos encontramos.
Para propiciar este aprendizaje, conviene mantener una actitud de apertura hacia lo que el viaje nos depare.
Los viajes pueden permitirnos ensayar otras formas de estar en el mundo, de relacionarnos, comunicarnos...Seguramente, esto resulta más fácil de conseguir si se viaja solo, nada mejor para reaprender nuestra forma de relacionarnos que empezar de nuevo en un lugar desconocido con gente desconocida.
El viaje es, ante todo, una salida al mundo. Estar abierto a lo que surge de nuestro interior nos permite estar abierto a lo externo de una forma mucho más auténtica: los nuevos estímulos y situaciones despiertan, si estamos atento nuestra capacidad para tomar conciencia de nuestro ser.
Como en la vida misma, a veces lo más interesante de un viaje está a la vuelta de la esquina. Y lo más probable es que esté en las personas que tenemos delante. No hay que pensárselo dos veces: lo mejor del viaje serán las relaciones, las conversaciones, las vidas de las personas que se crucen en nuestro camino. Abrirse, hablar de nuestra vida y, al mismo tiempo mostrar una actitud de escucha serán las claves para acercarnos a las personas que nos encontremos.
La expectativa ante un viaje debería ser no tener expectativas y valorar cualquier resultado como bueno y positivo.
El último viaje que realice fue a Turquía en Agosto del 2.008. Guardo en mi mente todos los lugares que visite por estas tierras. Sus mezquitas, sus vestigios arqueológicos que me dejaron dislumbrar su grandeza y esplendor, sus maravillas naturales.
Como viajera de lo trascendente, fui vivenciando los lugares y descubrí sus misterios.
Cada lugar tiene su propia energía y enseñanza. La clave de este lugar como resumen energético es su pasión: la pasión turca. Esta pasión a mi vida entro desde que penetre y conocí estas tierras. Los compañeros del viaje fueron justo los que tenían que estar en ese momento ya que cada uno con su presencia aportaron algo más a ese viaje.

No hay comentarios: