lunes, 24 de noviembre de 2008

La enfermedad y la actitud ante ella


Ante un diagnóstico adverso, solemos pasar por diferentes estadios, desde la incredulidad y la sensación de injusticia hasta el desamparo y la rabia. Pero enfermedad no es sinónimo de tristeza y frustración sino de oportunidad: para emprender un nuevo camino, descubrir capacidades, crecer...La enfermedad puede hacer más consciente nuestros deseos y ayudarnos a vivir el presente y el amor hacia nuestro seres queridos con mayor intensidad.
La mayoría de las personas vivimos nuestra vida conforme a una idea que hemos ido forjando en nuestro día a día. Todos tenemos sueños, proyectos e ilusiones que nos ayudan a imaginar cómo será nuestro futuro para encaminarnos hacia él, sintiendo bajo nuestros pies un presente seguro y firme. Sin embargo, a veces la propia vida puede hacernos parar porque, de un modo u otro, no nos permite seguir el camino que trazamos en nuestros sueños.
Cuando aparece la enfermedad, sentimos que la vida nos da un empujón para apartarnos de nuestro camino. De repente todo se transforma: " No sé si trabajaré de nuevo", "No podre hacer lo que hacia antes"...La enfermedad hace que ya nada sea igual. No obstante, no nos quedamos sin camino, sino que empezamos a caminar por un nuevo sendero, aunque se trata de un sendero que no hemos escogido y que no conocemos.
En un principio la reacción psicológica es la de rechazar este cambio de sendero. Batalla en contra con todas sus fuerzas. En esta etapa la persona enferma no puede ni quiere empezar a caminar por la nueva senda.
Aparecen sentimientos de tristeza y de miedo. Esto ocurre porque la persona ya no puede vivir como lo hacía antes.
No es fácil porque ninguna situación nueva lo es. Antes de nada se requiere la capacidad de aceptar la enfermedad y las condiciones que la acompañan para poder, así construir nuestra existencia sobre una base sólida.
Superar una enfermedad no es luchar en contra sino a favor, es adaptarse a la nueva situación y reencontrar el equilibrio entre uno mismo y su entorno. Se trata de continuar comprometido y participando activamente en el proceso de adaptación a la enfermedad, sintiendo que la propia vida esta colmada de significado y es importante.
Frente a la enfermedad, las personas afectadas suelen adoptar actitudes básicas: convertirse en un enfermo o, en cambio, ser una persona que tiene una enfermedad. La segunda opción, aceptar que somos alguien con una enfermedad, permite a la persona mantener intacta su integridad. Se siente responsable de su vida, se involucra en el cuidado de sí misma y mantiene el papel de protagonista de su propia vida.
Es la persona que tiene la enfermedad quien toma decisiones y busca los recursos que necesita. En vez de sentirse víctima, mantiene el sentimiento de control sobre sí misma. Se siente independiente porque es quien decide sobre su vida. Incluso cuando necesita la ayuda de los demás, mantiene la sensación de independencia, ya que la acepta abiertamente, pues es tan generoso dar como aceptar un ofrecimiento.
Muchos de nosotros pasamos la mayor parte de nuestro tiempo dando vueltas sobre hechos pasados y preocupándonos de lo que puede pasar mañana. Al final, el presente, que es de hecho lo único que tenemos, queda relegado a un pedacito de tiempo. Tener una enfermedad, o vivirla de cerca, hace que las personas se hagan consciente de que la vida es frágil, de que puede cambiar en el momento menos esperado. Esta situación nos enseña a soltar el lastre de los hechos pasados para, en lugar de preocuparnos por el futuro, ocuparnos del momento presente.
Además tenemos que tener presente la importancia de vivir la enfermedad como un desafío, y no como una amenaza, esto hace que la persona se mantenga con un espíritu de lucha constante.
Dedico este articulo a todas las personas que viven de cerca alguna enfermedad y aquellas que han pasado por alguna. Animo a toda la gente a que mantenga una actitud de lucha y aceptación ante la enfermedad.

1 comentario:

kaylan dijo...

Hola, me ha hecho mucho bien leerte, me gusta tu blog y lo seguiré desde ahora.
Un abrazo y gracias por compartir...