jueves, 20 de noviembre de 2008

La competitividad con nosotros mismo nos priva de ser libres


La peor forma de competición es la que establecemos con nosotros mismo: queremos ser otros, que imaginamos mejores. Malgastamos nuestro tiempo y energía en perseguir ideales inexistentes y así nuestra autoestima se va debilitando.
Comprender que todos aportamos lo que somos al mundo y aprender a compartilo nos liberará.
En nuestra cultura los conceptos "competente y "competitivo" han llegado a ser casi sinónimos, como si para demostrar una determinada competencia hubiera que medirla, compararla y comporobar si es lo bastante buena para ocupar un lugar en nuestro pódium.
Aristóteles afirmaba que "la virtud está en el justo medio entre extremos", en el equilibrio, en el camino del medio...Quizás no sea necesario, por tanto elegir entre vivir obsesionado con las metas que debemos alcanzar y verse obligado a no tener ninguna, ya que los deseos también estimulan nuestro crecimiento personal.
Basta con ser honesto y reconocer cuándo nuestra actitud es sólo un paso más de un proceso natural de superación personal, en el que aceptamos nuestras limitaciones, pero nos apoyamos en nuestros puntos más fuertes para crecer.
Cuando nuestro modo de vida es competitivo tendemos a querer ser lo que no somos.
Cuando mantenemos una ideal de como deberíamos ser, llegamos a un profundo menosprecio de nosotros mismos, ya sea patente o encubierto. Vivimos en la ilusión de que con otras personas seríamos más felices, que otro cuerpo nos haría tener más éxito, que otro lugar nos haría sentir mayor plenitud....y luchamos y competimos para conseguirlos.
Así pues, vale la pena preguntarse si podemos ser felices si no se cumplen nuestros ideales. Algunas personas no pueden, por lo que los ideales acaban por convertirse en un obstáculo en sus vidas. Pero otras personas sí, por lo que descubrimos que los ideales, aun siendo estimulantes, no son realmente necesarios. No existe ninguna persona o situación que nos dé la felicidad. Porque la felicidad no es una circunstancia, sino un estado del ser, una actitud ante cada acontecimiento de nuestra vida.
Otro aspecto a destacar en la tendencia de la competitividad es la dualidad. Esta hace referencia a nuestra manera dual de percibir el mundo: yo frente a los demás, el bien frente al mal...Si comprendiésemos que existe un solo mundo complejo, pero solo uno....Si entendiésemos que todo forma parte de lo mismo, que los opuestos se necesitan mutuamente para existir, que son complementarios.......dejaríamos de pelear por nuestro "lugar en el mundo". Sabiendo que hay espacio y amor para todos.
Sobre todo, nos relajaríamos y dejaríamos de ser hostiles hacia todo lo que consideramos amenazante, ya que miraríamos con profunda compasión las limitaciones del otro, pero también con admiración y agradecimiento de sus grandezas, pues también forman parte de nosotros y nos elevan.
Solo mirando desde nuestro interior, nos descubriremos, algún día, disfrutando del hecho de compartir nuestro ser y nuestra capacidad con los demás, al tiempo que disfrutamos de las suyas. Porque pocas cosas proporcionan mayor libertad que el hecho de no tener que demostrar nada a nadie, ni siquiera a nosotros mismos siendo completamente libre.

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