jueves, 13 de noviembre de 2008

El mito del sacrifio en el amor


Para mantener una relación enriquecedora con los demás, el primer paso es respetarse a uno mismo. Si no somos generosos, amables y amorosos con nosotros mismos, dificilmente podremos serlo con quien nos rodea. Lo que no esta en nuestro interior no podemos crearlo fuera. El verdadero amor no tiene que ver con sufrir o sacrificarse, ni con intentar cambiar al otro. Quererse implica ser auténtico.
En nuestra cultura hay una idea muy extendida del amor como sacrificio y se da tanto entre jóvenes como en adultos que viven su relación de pareja renunciando a aspectos importantes de su vida.
Cuando hablo del sacrificio en el amor no solo me refiero al amor de pareja sino del amor en general: del amor entre padres e hijos, del amor entre amigos y también del amor al resto del mundo. Hablo de eso que llamamos "querer". Y la idea que creo tan tóxica es aquella que propone que la medida del querer es cuánto esta dispuesto a sacrificar uno por el otro.
Es posible que muchos o digáis que eso de "querer es sacrificarse" es agua bajo el puente, es tema sabido y superado. Sin embargo, creo que muchas veces no dimensionamos hasta qué punto esta creencia está impregnada en nuestra cultura occidental y cómo nos influye sin que nos damos cuenta.
Es conocido el rol fundamental que el sacrificio ha tenido para la doctrina cristiana, tan dominante en nuestro sistema de creencias colectivo. Pero aún antes, en el antiguo testamento, puede encontrarse una visión similar. En la historia de Abraham, Dios le pide que lleva a su único hijo Isaac, al monte y que allí lo sacrifique en nombre de su creador. Abraham, que cree que su amor por Dios le obliga a ello, se dispone a cumplir lo encomendado. Justo en el último momento, cuando ya ha desenfundado el cuchillo, Dios lo detiene para comunicarle que ha pasado la prueba: tiene fe y amor verdadero por Dios.
A decir verdad, el mensaje que transmite esta historia me parece bastante nefasto: "solo amas si esta dispuesto a entregar lo más preciado, a destruirte a ti mismo si ese amor lo requiere". Esta y otras historias similares están en la base de muchas creencias respecto de lo que implica querer a otro; por eso nos resulta tan difícil desembarazarnos de ellas y, en ocasiones, el sacrificio nos impresiona como moralmente virtuoso. Sin embargo, creo que existe otro modo de encontrar virtud en nuestro amor hacia los demás.
El sacrificio no toma formas tan extremas como la de los ejemplos. En nombre del querer, hay muchos otros modos de sacrificio más sutiles y más frecuentes. Porque, en última instancia, sacrificarse no es otra cosa que ir en contra de uno mismo; e ir deliberadamente en contra de uno mismo no es otra cosa que no quererse. Y eso sea quizás lo más terrible de esta creencia: que postula que, para querer a otro, debemos renunciar a querernos a nosotros.
Pienso que, en la actualidad, podemos determinar principalmente dos modos en que esta creencia se manifiesta en los vínculos entre las personas. El primero se relaciona con el hacer, y el segundo con ser. Tienen, por supuesto, múltiples variaciones-en magnitud, en su temática y en su presentación-, pero me parece que, en general, responden a una misma forma, pues en cualquiera de los dos casos puede darse espontáneamente como un intento de querer demostrar a la otra persona nuestro amor.
El primero de estos modos está conectado con el hacer, con un intento de querer demostrar al otro nuestro amor. Esta forma de relación podríamos denominarla "prueba de amor" y podría formularse básicamente así: "Quien en verdad quiere está dispuesto a hacer cualquier cosa por el ser querido".
La otra forma del "querer es sacrificarse" está más relacionada con el ser y creo que esta aún más extendida, pues, de alguna manera, parece más inocente porque esconde mejor que se trata de un sacrificio. Podríamos llamar a este vinculo "promesa de cambio" y la idea sobre lo que se basa sería algo así como: "Quien de verdad quiere esta dispuesto a ser como el ser querido quiere que sea".
El sacrificio radica en ser de un modo determinado en lugar de hacer algo concreto.
Pero más allá de las intenciones, un vinculo construido sobre la condición de que alguno de los dos cambie está, lamentablemente, destinado al fracaso porque "cambiar" implica dejar de ser quien uno es; implica un sacrificio de nuestro ser.
Habría que añadir a lo dicho que una persona que nos quiere puede señalarnos algo que no le agrada de nosotros y nosotros decidir mejorar si lo deseamos.
Pero si determinados rasgos le resultan al otro insoportable, tendremos que empezar a pensar seriamente en que el vínculo que tenemos puede que no sea sostenible. O aceptamos quién es el otro y pensamos cómo nos la arreglamos del mejor modo con eso, o aceptamos que ese vinculo no es posible.
El sacrificio en nombre del querer conduce inevitablemente a dos circunstancias que, a la larga, terminan por deteriorar el vínculo que tenemos con el otro y el que tenemos con nosotros.
Por un lado, este ir en contra de uno mismo produce resentimiento, porque-aunque hayamos sido nosotros mismos quienes nos hayamos ofrecido- en nuestro fuero interno sabremos que fue por no traicionar al otro por lo que acabamos renegando de lo que en verdad somos. Y ese resentimiento tarde o temprano terminará expresándose de algún modo.
La otra consecuencia de sacrificarse es que, aunque funcione y retengamos al otro, lo haremos en base a no ser auténtico. Y entonces no seremos nosotros quienes obtengamos el tan preciado amor sino ese otro de quienes nos hemos disfrazado para conseguirlo.
El único modo de querer bien a los demás es quererse en primer lugar a uno mismo, apartar la tentación de traicionarnos para obtener el amor de los otros. En el camino, algunos vínculos se perderán o cambiaran de forma. Recordar que serán los vinculos que ya de antemano estaban perdidos o que necesitaban ser reformulados.
Tenemos que aceptarnos a nosotros mismos, cuidarnos y no traicionarnos engañándonos queriendo aparentar lo que no somos por el nombre del amor ya que todo nos llevara a un amor falso.

2 comentarios:

Inés dijo...

Hola Hada del sur,

Gracias por tu sabiduria, tus palabras abrazan.

La base de cualquier relación es el respeto, la confianza, el amor, la libertad, la bondad, la generosidad, estoy de acuerdo contigo, es imprescindible querernos, mimarnos, aceptarnos, respetarnos, ser fieles a nosotros mismos primero para poder ser felices,libres y fuertes de mente y espiritu.

y debe ser reciproco, de otra forma anula, absorbe, quema,ciega ....

un abrazo,

Juan Pablo Peralta dijo...

Que lindo posteo mi amor. Te felicito y me dejasta pensando. Juan Pablo Peralta. www.portaldelperiodista.blogspot.com.