martes, 30 de diciembre de 2008

MIENTRAS VIVIMOS

Es cierto que afrontar el desafió de nuestro día a día parece cada vez más difícil. Es verdad que la tentación de volver a lugares más seguros de nuestro pasado es por lo menos tan tentador como dejar volar nuestra fantasía al mundo idealizado del futuro, donde nuestros sueños se hacen realidad. Y esta afirmación es así tanto para nosotros como para nuestro pueblo o ciudad, para nuestra provincia y, muchas veces, incluso para nuestro país.
El mundo es, verdaderamente, un espacio complicado porque no es lo que fue ni tampoco es lo que será; es lo que es, aquí y ahora.
El mundo, te decía, es el que es. Y en él, nos guste o no, yo soy quien hoy soy. Todo lo que hayamos ido depositando en nuestra vida en el pasado o todo lo que podamos imaginar de nuestro futuro es hoy, tan sólo un recuerdo o una fantasía y como tales, para bien o para mal, no existen en la realidad tangible. El mundo real, el que nos contiene y al que pertenecemos, es sólo el presente y es el único cierto.
Sin embargo, anclarse en el presente no significa prescindir de la experiencia. Más bien consiste en aprender a no ser esclavo de ella. No hay que interpretar con ello que no contemos con la experiencia ni tampoco pensar que no tengamos proyectos.Yo considero que vivir en el presente es entregarnos a nuestros planes como un desafió que nos permita que cada cosa nos sorprenda; vivir cada instante y cada experiencia sin anticipación, sin condicionantes, sin miedos. Hablo de proyectarnos al futuro, pero sin llegar a habitar en él. Hablo de estar en paz con el pasado para dejar de recurrir a él buscando excusas y justificaciones.
Para realmente vivir con intensidad es necesario estar anclado en el presente, dado que la única vida verdadera es aquella que transcurre en el tiempo y en el lugar en el que cada uno de nosotros está.El presente es el resultado de todo lo que hemos vivido y es siempre nuestro mejor momento, sobre todo porque es el único momento sobre todo porque es el único momento sobre el que realmente podemos actuar.
Vale la pena insistir, crear, reintentar, fracasar, empezar de nuevo, construir y compartir. Vale la pena vivir, aquí y ahora sin postergación. Y más si estamos dispuesto apostar, casi a ciegas, por lo que sigue, por el futuro, por el resto de nuestra vida, que como dice la canción , empieza hoy.
Por un presente más intenso. Os deseo Feliz año 2009.


SECRETOS EN LA VIDA

La voz suave del joven Leonar Cohen de 1968 se ha convertido en la ronca voz de Leonar Cohen que todos reconocemos. Este es nuestro hombre: uno de los mejores poetas del Rock de todos los tiempos. Me quedo con esta canción para este final casi de año.

lunes, 29 de diciembre de 2008

MONTY PHIYTON´S SILLY WALKS

El grande entre los grandes. El gag del Ministerio de Andares Tontos

domingo, 28 de diciembre de 2008

CRIMEN Y VIOLENCIA EN LA SOCIEDAD


Podría hablar de las causas de la criminalidad y de los derechos inalienable que posee todo ser humano. Podría hablar de las medidas oportunistas que toman los gobiernos "democráticos" conservadores para "atajar" el crimen con soluciones ejemplarizantes y populista que solo afectan al síntoma y no al origen. También podría hablar de las causas de la aparente ausencia de valores de la "clase media".

Y si la coloco como critica sobre "la naranja mecánica" de Anthony Burgess y llevada al cine por Stanley Kubrick ,quizás todo lo anterior estaría incluido.

La pregunta que plantea este libro no debería ser la más obvia, la que aparece en la superficie del texto: ¿Es el hombre un ser violento?, sino ¿Es la sociedad violenta con sus miembros?.
Porque la naranja mecánica trata principalmente de la libertad del individuo contrapuesta al bien colectivo, o más bien se plantea hasta que punto es legítimo que el colectivo, a través de sus representantes (¿o son representantes los que deciden en última instancia por el colectivo?), destruyan al individuo en función del interés general .
Este libro no ha perdido su interés y explora un tema de rabiosa actualidad.
Creo que ya todo el mundo conocemos el argumento de la obra de Anthony Burgess a través de la mítica película de Stanley Kubrick. Esto permite abordar el argumento distanciándolo de la violencia explicita de las imágenes y centrándose en el trasfondo de la novela.
¿Por qué, a pesar de ser pieza fundamental, no es la violencia de Alex el protagonista, tan atractiva y tan repulsiva a los ojos occidentales, el eje de la narración?. Porque Burgess pone en mano ( y boca) del adolescente y su panda una forma de entender la diversión que no está viciada por el moralismo monoteísta. La crueldad, tan común en el ser humano desde los primeros estadios, aparece como una formula más a escoger para su esparcimiento, una opción válida según los cánones aprendidos del entorno individualista y desestructurado en el que viven, donde otras preocupaciones (vivienda, trabajo, dinero) priman sobre una familia y una educación decadente o inexistente, incapaz de atajar los instintos agresivos en sus primeras manifestaciones.
Juventud y violencia son rasgos reconocibles, lugares comunes visitados en nuestra sociedad.
Queda claro en la novela términos como elección moral, libertad primigenia del ser humano que lo distingue de las bestias: la capacidad de percibir, razonar y decidir sobre sí mismo, sus acciones y su futuro.
Alex , nuestro protagonista es eminentemente un ser libre y como tal se expresa, rasreceando a su alrededor en el puro ejercicio de su libre albedrío.
Cuando Alex comete un crimen (es decir, cuando el estado tutelar establece que ha rebasado el límite impuesto por el colectivo al que representa) su libertad se ve brutalmente amputada. No solo eso, sino también su identidad (ahora será el recluso 6655321) y posteriormente también su capacidad de decidir: es condicionado para rechazar cualquier forma violenta, una suerte de "naranja mecánica" incapaz de manifestar su condición humana.
Así volvemos a la pregunta planteada al principio: ¿es la sociedad violenta con sus miembros? ¿Justifica el bien de la sociedad la violencia del estado?. En palabras del responsable de la técnica empleada sobre Alex: No nos interesa los motivos, la ética superior. Solo queremos eliminar el delito..." La observación del Ministro del interior es harto indicativa: "Y aliviar la espantosa congestión de las prisiones". Lo que conduce, inevitablemente, a la legitimidad del estado como representante del colectivo.
Podemos observar como muchas veces las medidas correctivas para ciertos actos: puede convertirse en una privatización de la acción del individuo, llevándole a un encierro personal en uno mismo, convirtiéndose en un ser débil, sin capacidad de decisión, a merced de lo que los demás pretendan hacer de el.
Llego a la conclusión que el individuo esta al final condicionado después de todas estas medidas correctiva aplicadas pero ¿ es que antes no lo estaba? ¿ es que en algún momento somos libres?


miércoles, 24 de diciembre de 2008

FANATISMO Y ENGAÑOS EN LA BÚSQUEDA ESPIRITUAL





En nuestro tiempo, en esta edad posmoderna que dicen haber superado la etapa infantil de los relatos, de las ideologías y de las creencias, aparecen con fuerza sentimientos, tradiciones que creíamos enterrados por la historia y por el progreso, siendo éste, probablemente, el último de los relatos de la modernidad.
Parece mentira que tras tanto darle vueltas a la cabeza sin cesar, tras tanto trabajo meditativo, tras tanta reflexión profunda…las personas que dicen ser espirituales suelan seguir en la superficie. Parece que hasta ahora hayan sido corchos que por más que metías hacia dentro salían en cuanto soltabas sin llegar al fondo del lago (ni aún a sus inmediaciones), en vez de permanecer allí.
El dilema de todo buscador cuando se adentra por primera vez en el camino de la evolución espiritual es encontrar las referencias que le guíen en su peregrinaje. No es fácil hallarlas. Y no valen las mismas para todo el mundo. La evolución tiene siempre un carácter individual y la decisión sobre que elegir en cada momento, entre las opciones que se presentan, debe ser también individual.
Cuando una persona emprende su camino de búsqueda, al surgir en su mente los porqués de la existencia, siente de repente la necesidad de saber, conocer y entrar en contacto con lo trascendente, no suele saber realmente ni qué esta buscando ni hacia dónde se dirige. Y es justo entonces, en ese momento crucial, cuando mira en todas las direcciones buscando apoyo y se encuentra con su incapacidad para discernir frente al inmenso abanico de caminos posibles, lo que le hace con frecuencia presa de una extrema inestabilidad, física, emocional y mental, sabio mecanismo instintivo de la existencia para que el ego se despierte, se mueva y amplié las fronteras de su conocimiento.
Porque todo buscador en sus primeros pasos, con su recién estrenada ansia de conocimiento, suele verse arrastrado por todo tipo de sendero coyunturales, bien sea de religión, bien de filosofía en filosofía, de yoga en yoga, medicina alternativa, etc. Y con ello corre el peligro de perder la perspectiva, enmarañar, difuminar y complicar todo el propósito inicial; incluso puede pasar que se enajene de sí mismo al identificarse, o introyectarse, con doctrinas, religiones y todo el arsenal de la New age que más pronto o más tarde tendrán que acabar devolviéndole-siempre que no se quede estacados en ellas- al auténtico camino, al que comienza y parte de uno mismo, es decir al camino interior. Porque en el espacio de los dogmas, los rituales y las doctrinas se pierde la necesaria visión global.
Siempre me había preguntando por qué la gente que meditaba tanto( si, eso de quedarse en silencio tratando de concentrarse en el objeto de meditación), esa gente que tanto se trabaja durante tantos años, esos yoghis de la India, esos cristianos que oran sin cesar, esos buscadores que utilizan todo tipo de información de la Nueva era a través de canalizaciones, “Reikinianos” que se apuntan a reiki, yoga, infinidad de cursos de energía, profecías, infinidad de congresos sobre los cambios de conciencia en este nuevo mundo y similares…..pues por muchos años que se trabajen siempre los ves igual.
¿Por qué no noto que piensen menos en sí mismo sin tener en cuenta al de al lado?, ¿Por qué los veo con los mismos problemas y pesares?, ¿Por qué no los noto más sabios en su día a día ni aún en el conocimiento de sí mismo?, ¿Por qué no son más sabios?.
Si bien, están más felices aparentemente desde que practican cualquiera de los métodos que han elegido, no los veo realizados (entendiendo por realización el sentirse bien consigo mismo, no la realización como liberación). Parece que es por ocuparse de sí mismos, en vez de quedarse de brazos cruzados o por haber tenido sus experiencias (que ocurre alguna vez ocasional) o porque les hace sentir mejor al notar las energías que trabajan, Pero, siempre parece que se quedan en la superficie porque esa mejora se queda ahí, no trasciende más allá, a la vida diaria, a su personalidad. Al menos no de forma significativa.
Y con ello no quiero decir que la gente no cambie para mejor, porque lo hace; sino, simplemente que no hay una relación trabajo-mejora y desde luego, no veo que se termine llegando a un estado en el que, pese a los problemas que puedas tener, la persona se sienta bien, a gusto, satisfecha. Quizás sí lo he visto de forma temporal, pero no a largo plazo. Y en el mejor de los casos, la persona se siente mínimamente satisfecha pero las personas que tratan a su alrededor no siente esa calidez que debería irradiar la persona que se siente a gusto consigo misma.
En resumen: ¿ es que el trabajo espiritual no sirve?.
Una excusa es decir que se necesitan miles de encarnaciones hasta que los cambios empiezan a notarse. No dudo que a nivel de desarrollo evolutivo no sea así, pero es una respuesta que me deja insatisfecha, como ya he dicho anteriormente, no hay una relación trabajo-mejora.
La otra explicación estaría en la calidad de ese trabajo, porque está claro que no por mucho trabajar se logra un mejor producto si el proceso de producción sigue siendo el mismo. Aún mejorando ese proceso habría que ver si es lo que realmente se necesita, pues podría empeorar el producto si el proceso de producción sigue siendo el mismo. Aún mejorando ese proceso habría que ver si es lo que realmente se necesita, pues podría empeorar el producto o dejarlo igual, a pesar de creer que lo mejoraría.
Pero, ¿Cómo hallar lo que necesitamos?. ¿Estará la respuesta en un maestro iluminado que nos enseñe, en libros, en grupos o canalizadores de la verdad?. He visto de todo y siempre he comprobado el mismo resultado, la sofisticación de la enseñanza no es la respuesta. Repetirán una y otra vez lo mismo, cada cual con su versión y sus explicaciones de por qué, pero en el fondo las enseñanzas siempre son las mismas; con mucha floritura o sencillas, con mentiras entre las verdades universales o mucha paja, con falsas interpretaciones o razonamientos maravillosos. Pero siempre son las mismas enseñanzas.
Los métodos no son tan diferentes, pueden ser mentales, energéticos en la mayoría de los casos …..aunque guardan mucho en común todos ellos. Incluso puedes ver que básicamente utilizan la misma forma de trabajar, como múltiples variante de un mismo ejercicio.
Venden los métodos como la panacea universal.
Y es que hay tantas técnicas y sistemas en mercadillo espiritual actual, en el mercado de la Nueva Era, que al buscador le resulta demasiado difícil discernir; y lo esencial se pierde en lo contingente, en las formas externas. Y algo tan sencillo como debiera ser el conseguir de la manera más directa la armonía con el entorno y con uno mismo por medio de la ética, algo que podría resumir en el “no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan”, esencia de la vida espiritual, se justifica en términos sofisticados yogas, meditaciones, Canalizaciones por los maestros ascendidos, profundas y enrevesadas religiones, técnicas transpersonal y filosofías que, tal vez necesarias en algún momento del camino, se transforman demasiado a menudo en fines en sí mismo.
Pero, ¿por qué nos complican tanto la vida, por qué tantas palabras para explicar unas verdades básicas subyacente en todas estas prácticas, religiones o creencias?. El orgullo es una buena respuesta. Qué bonito es hacerse el sabio o el maestro. Qué gusto que te respeten e idolatren todos.
Pero detrás de todos esos engaños o verdaderos intentos de ayudar a los demás, no se ven los resultados duraderos y cualitativos, ni aún cuantitativo. Habiendo tanta gente practicando todo tipo de prácticas espirituales ¿realmente se nota por la calle?, ¿sientes a esas personas como si tuviesen un aura de tranquilidad?, ¿son más tolerante y ecuánimes?
Porque lo cierto es que para conseguir sentimientos-tan “complicados”, a priori- como el cariño, la generosidad, la gratitud, la tolerancia o la solidaridad, entre otros, que son los que proporcionan la serenidad interior tan buscada, el ser humano ha tenido que desarrollar asombrosas vías externas; lo que prueba su extraordinaria capacidad para expandir la consciencia. Sin embargo, es obvio adquirir la ecuanimidad y la compasión, objetivo del camino interior, aunque sean abstracción de cualidades tan simples como las ya citadas, no es asunto de información ni de razón. La ética profunda no es cuestión de educación sino de capacidad de amar.
En estas fechas tan especiales para muchos creo que es bueno que cada cual reflexione sobre la forma de llegar a desarrollar su propia vía espiritual.
Feliz Navidad a todos

sábado, 20 de diciembre de 2008

El fénomeno de la obediencia extrema. ¿Sería posible en nuestros días una nueva dictadura?


Tras las convulsiones políticas y sociales vividas no solo a lo largo del siglo XX, sino a través de toda la historia de la humanidad...Podríamos preguntarnos si hemos aprendido algo. ¿Podría repetirse la historia?. Algo así pensó Ron Jones en 1.967, cuando intento replicar en un instituto californiano el germen del fascismo totalitario cuando un estudiante le pregunto como los alemanes dicen que ignoraban el holocausto judío. ¿Cómo podía las gentes de las ciudades, los obreros, los profesores, los doctores, decir que no sabían nada de los campos de concentración y las matanzas?. ¿Cómo gente que eran vecinos o incluso amigos de judíos podían decir que no estaban allí cuando sucedió todo?. Sin pensárselo, el profesor decidió llevar a cabo un experimento en la clase con sus alumnos: instituyó un régimen de extrema disciplina en su clase, restringiéndose sus libertades y haciéndoles formar en unidad. En primer lugar necesitaba un líder, una figura de autoridad, después llega el uniforme para que no exista diferencias, lo que en el fondo nos hace perder nuestra personalidad para anteponer el bien del grupo. Finalmente el marketing que lo convierte en un nuevo régimen al representarlo con un nombre y un símbolo. Ordena a los alumnos que le llame "Mr Wieland", desde ese mismo momento, y siempre dirigirse a él en pie. El nombre de este movimiento fue la tercera ola. Ante el asombro del profesor, los alumnos reaccionaron con entusiasmo a la obediencia exigida de ellos. Los alumnos seducidos por la parafernalia en tres días, han creado su grupo, excluyente y poderoso, pues cada uno de ellos han encontrado en esta forma de fascismo algo de lo que estaban necesitando...pero jugar con el fascismo es peligroso y este experimento pronto se escapa de las manos, al convertirse en una forma de poder que ejercen sobre sus compañeros de instituto e incluso con el resto de la sociedad. Una solución que en manos de una juventud aburrida, sin esperanza de futuro y carente de objetivos avanza imparable cuando ven hasta donde pueden llegar, se plantean que no pueden acabar, que les presentan grandes aciertos y bastaría con solucionar los errores. Es entonces la tragedia y el fanatismo la que les dice que no hay salida para ese camino.El experimento, que originalmente debía durar solamente un día, pronto se extendió por toda la escuela. Aquellos que disentían fueron aislados o incluso agredidos si no se unían al movimiento, y los miembros comenzaron a espiarse y desconfiar entre si. En el quinto día , Ron Jon fue obligado a dar por terminado el experimento. La tesis principal de este experimento realizado por el profesor de historia Ron Jones y que fue escrita posteriormente en una novela por Morton Rhue llamada "la ola" es la demostración de como funciona el ser humano presionado y amparado por el grupo. ¿Hasta donde somos capaces de llegar por sentir que pertenecemos a un grupo?, Como nos puede cambiar los sentimientos y llevarnos por derroteros que ni siquiera podríamos imaginarnos. Este experimento bucea en los entrecijos del totalitarismo para reflexionar si es posible que se vuelva a repetir un momento histórico como el del tercer Reich.Esta experiencia nos demuestra la facilidad con que es posible adscribirse a un movimiento de corte fascista. En la Europa de las Democracias asentadas y firmes, el descontento, la falta de oportunidades económicas y la ausencia de valores éticos alimentan un granero de ciento de miles de personas que, ante su propia desorientación, no verían con malos ojos la llegada de un régimen totalitario que limpiasen sus dudas mediante una buena dosis de disciplina, jerarquía y seguridad de pertenecía a un grupo. Este experimento nos conduce a reflexionar sobre como en determinadas circunstancias todos podríamos caer inexorablemente en el fanatismo de una ideología. Los sentimientos de pertenencia a un grupo, de unidad, de un fin común, de ayuda mutua...son las trampas que paulatinamente van minando las consciencias hasta caer en lo más radical, en lo más cruelmente rígido.También nos supone una reflexión sobre las consecuencias que pueden tener la obediencia extrema a la autoridad. Incluso hoy, el fenómeno de la autoridad extrema en épocas como la del tercer Reich no se ha terminado de comprender desde un punto de vista científico.
Existe una serie de experimento en el campo de la Psicología social, sin embargo, que han examinado el comportamiento de individuos en una situación colectiva que han arrojado resultados preocupantes.Uno de los experimentos más famosos se llevo a cabo en 1.971, en la prisión de Stanford, que estudio el comportamiento humano en situaciones de encerramiento. El experimento de Milgram realizado en 1.962 por el psicólogo Stanley Milgram estudio la voluntad de gente normal de seguir las instrucciones de figuras de autoritarias aún en contra de su propia conciencia y principios.
Queda la reflexión de cada uno de nosotros sobre si es posible en nuestros dias la vuelta de una dictadura.

viernes, 19 de diciembre de 2008

¿DONDE ESTAS?

Si alguien lo ha visto puede comunicarmelo

sábado, 13 de diciembre de 2008

Salir de la ignorancia al conocimiento



Pensaba hoy como en muchos momentos a lo largo de la vida, los seres humanos se aferran a ideas sin cuestionarlas y dan estas por supuestas, entran de este modo en un camino de oscuridad siendo consecuencia de su propia ignorancia, y esta un espacio que solo puede dejarse atrás escuchando al que sabe y verbalizando lo que uno ignora.
El hombre es el único animal que es la vez racional e irracional; que sus perturbaciones emocionales o psicológicas en gran parte son el resultado de su pensamiento ilógico e irracional. A causa de nuestras tendencias innatas y adquiridas a lo largo de nuestra existencia, nosotros en gran manera (aunque no exclusivamente) controlamos nuestros propios destinos y especialmente los emocionales. Y lo hacemos así por nuestros valores básicos y creencias.
Tendemos a encerrarnos en un mundo de apariencias, ajeno a la diversidad de la realidad, resistiendonos a los cambios que ocurren en nuestra vida y que nos enfrentan a nuevas experiencias
Recordé algo que leí esta tarde, sobre un texto de Platón acerca de su alegoría de la caverna.
En ella trata del mito con el que Platón describe nuestra situación respecto del conocimiento: al igual que los prisioneros de la caverna que sólo ven la sombra de los objetos, nosotros vivimos en la ignorancia cuando nuestras preocupaciones se refiere al mundo que se ofrece a los sentidos.
Platón nos relata en esta alegoría que todos vivimos encerrados en un mundo de tinieblas, encadenados frente a una pared en la cual se proyecta las sombras del mundo real, que transcurre a nuestras espaldas.
De vez en cuando, dice Platón, alguien puede liberarse y salir de la caverna. Se entera de que la vida real es otra, que tiene colores, dimensión y sonidos....Y recordando a sus viejos compañeros, vuelve a la caverna para advertirles de que eso que ven reflejado en la pared no es la realidad, que sólo son las sombras de lo que ocurre, que hay un mundo mejor y más luminoso fuera...
Sin embargo, nos advierte el filosofo, no importa su claridad ni su insistencia, no siempre los de adentro, acostumbrados a leer el universo según su limitada experiencia, están dispuesto a escucharlo.
Estoy segura de que cerrarnos al diálogo-no animarnos a decir, volvernos sordos a las palabras ajenas, especialmente a aquellas que menos nos agradan- es una manera de volver a encerrarnos en la caverna, una forma de confundir la realidad con las sombras que esa realidad proyecta y una vía de escape absurda hacia el lugar, supuestamente seguro, de la ignorancia.
Un antigua parábola nos advierte de que el mero hecho de subir o bajar por la ladera de una montaña es capaz de transformar nuestra percepción del amanecer.
Así, las palabras que se nos dicen nos permiten contemplar la vida de forma muy diferente, ascendiendo o resbalando en las vivencias de cada una de las personas que la vida pone en nuestro camino.
Es por este motivo que, si nosotros lo permitimos, cada uno de estos encuentros podrá ayudarnos a revisar nuestros actuales marcos de referencia, cambiando el mapa de nuestro mundo cotidiano.
En múltiples ocasiones en mi trabajo, he comprobado como nuestras creencias y teorías se confunden con la realidad. Y quizás peor: he visto como nuestra visión, filtrada y reinterpretada, se esmera en confundir la realidad percibida hasta lograr que se acomode mejor a nuestras teorías.
La relación entre lo que teóricamente se puede demostrar y lo que en realidad sucede evoca siempre el planteamiento de la diferencia que hay entre el mejor de los mapas y el verdadero territorio. Confundir lo que quiero que sea con lo que es representa por sí solo uno de los problemas más graves que tiene nuestra relación con el mundo.
Cada uno de nosotros, aunque nos cueste admitirlo, vivimos cerrados completamente a una manera de ver y comprender el mundo y, a la vez, alardeamos de como nuestra objetiva percepción confirma nuestras ideas y estructura el esquema "indiscutible" de una realidad, que, por supuesto, es la que mejor se adapta a nuestra teoría de los hechos.
No es difícil darse cuenta de que, para poder ver lo que no vemos, y destrabar así algunas de nuestras conductas más conflictivas, necesitaremos del "afuera", de la palabra de quienes desde otro lugar nos describa los acontecimientos, nos acerquen sus criterios o denuncien nuestros prejuicios. Y, obviamente, no hace falta ningún razonamiento complejo para aceptar que, a la fuerza, la mayor parte de esa ayuda deberá venir casi siempre de la mano de aquellas personas que tenemos más próxima, de la voz de aquellos que, por estar más cerca, pueden hablarnos al oído.
Como es lógico, tampoco a los demás les gusta todo lo que podríamos decirles. Primero, porque quizás como a nosotros, hay aspectos de sí mismo o de la realidad que les gustaría ignorar. Y, sobre todo, porque a nadie le gusta que le ponga límites, que le digan que no o que se despidan para siempre. Sin embargo, este resquemor ajeno no debería impedirnos decir lo que necesitamos decir realmente. Todos aquellos que, con razón o sin ella, nos hemos sentido alguna vez incapaces de defender nuestro derecho de ser quienes somos o temerosos de defender una verdad, nos avergonzamos después al comprobar que no estuvimos a la altura del compromiso con la vida que cada uno espera de sí mismo.
Pero no hay escapatoria; tarde o temprano, lo cotidiano nos enfrentará sin piedad con alguna de esas situaciones que nos obliga a poner límites a las demandas de nuestro entorno y a tomar conciencia de nuestras limitaciones y carencias.
Tarde o temprano, el mundo parecerá obligarnos a hacer valer nuestra libertad, íntimamente relacionada con la responsabilidad que cada uno de nosotros asume por lo que elije, lo que hace y lo que dice.
Tarde o temprano, habrá una situación que nos empujará a luchar por alguna de nuestras verdades últimas, en el sentido de defender los valores irrenunciables que determinan nuestra postura moral y ética.


lunes, 8 de diciembre de 2008

El motor de la motivación en la vida


Una vida plena no consiste en ir llenando casilleros para poder, al completarlo todos, gritar: ¡soy feliz!. Se trata más bien de seguir el rumbo que deseamos auténticamente. Por eso, algo nos motiva cuando esta en linea con nuestros deseos. Muchas veces, seguir nuestros deseos puede llevarnos a lugares insospechados, pero si permanecemos fieles a ellos, con seguridad encontraremos allí algo de lo que buscábamos al emprender nuestro camino. Para seguir el camino elegido, la motivación es necesaria, pero además hace falta una decisión.
En cada caso particular, la decisión consiste en seguir el rumbo que deseamos y estar dispuesto a pagar el precio por hacerlo.
Todas las decisiones tienen un coste: como mínimo a renunciar a otras posibilidades. También tiene un coste de tiempo y trabajo personal. Es un error creer que lo que nos motiva debería ser sencillo, debería "no costarnos nada". Todo lo contrario, lo que nos motiva es aquello que nos importa lo suficiente como para aceptar que nos "cueste", es algo a lo que estamos dispuesto a dedicar algún tiempo y esfuerzo.
La motivación debe de ir acompañada de un compromiso y una dedicación hacia ese camino que elegimos. Por eso es importante que diferenciemos la motivación de las ganas.
La motivación se relaciona con un deseo, con el interés que nos despierta un proyecto a medio o largo plazo. Las ganas, en cambio, tienen más que ver con el agrado o el desagrado inmediato que nos produce hacer una determinada actividad.
La falta de ganas es , en general, la expresión de que no nos sentimos dispuestos a pagar el precio del que hablábamos antes. Es necesario volver a poner en primer plano nuestros motivos para darnos cuenta de que lo que deseamos es suficientemente valioso. Creo sinceramente que todos nuestros auténticos deseos, aquellos que nacen de lo más profundo de nuestro ser y que nos acompañan cada día, valen la pena. Pocas cosas empobrecen nuestra vida como no animarnos a perseguir lo que deseamos.
Muchas veces, el miedo puede disuadirnos de emprender un nuevo rumbo. Sin embargo, el miedo no obedece a una falta de motivación sino todo lo contrario: las cosas que nos interesan mucho también nos dan miedo por la posibilidad de que no resulte como imaginábamos. Con todo, la simple sustitución de la frase " me da mucho miedo" por "me gustaría mucho" no devuelve la rienda de la situación y puede funcionar para salir de la inercia y ponernos en acción. Yo el consejo que daría es que aunque tengas miedo hazlo igual.
Otra causa frecuente de la desmotivación es la falta de resultados. Creo que en estos casos el problema está en confundir la forma en que intentamos algo-el plan de acción- con el deseo o interés que la sustenta. Si las cosas salen mal, lo que deberíamos replantearnos quizás es el "como" estamos buscando algo determinado, pero la dirección en que queremos dirigirnos no debería depender del resultado. Siempre podemos cambiar de ruta, pero el rumbo es algo más profundo, que debe ser trazado a partir de nuestras emociones y no de las múltiples fuerzas de la que dependen el éxito o el fracaso.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Crisis en la vida: Nuevas oportunidades


Es curioso observar cómo a lo largo de la vida los cambios en nuestra forma de ser se producen sin apenas darnos cuenta. Modificamos el carácter como reacción a determinados acontecimientos y no como resultado de una planificación voluntaria. Se vive pero se revisa poco la vida, tal vez llevado por la creencia errónea de que la personalidad no cambia. "Hechura y figura hasta la sepultura" se suele decir. Sin embargo se puede cambiar para mejorar uno mismo y para mejorar las relaciones con los demás.
Cuando nuestra vida de antes no es posible y la nueva todavía esta por llegar, surge la oportunidad del verdadero crecimiento personal. Además, se quiera o no, en el propio crecimiento personal aparecen necesidades que antes no existían, y esto impulsa a la persona a hacer modificaciones en su manera de vivir. Esta necesidad se conoce como crisis, una idea a la que se asigna de manera habitual un significado negativo porque define una fase en asumirlo: hay que entender que el cambio es natural, y también lo son las incertidumbres y el miedo que traen parejos, porque implica el paso de un estado conocido a otro desconocido y de unos hábitos a otros. Si somos capaces de ver más allá del miedo, cuando todo acabe nos daremos cuenta de lo necesario que era pasar por ese dolor para renacer fortalecido.
Las necesidades de las personas van transformándose a medida que van recorriendo las etapas del desarrollo personal.
Las transformaciones progresivas son un hecho inherente a la naturaleza dinámica de nuestra vida: todos nos vamos haciendo mayores, nos mudamos de casa, rompemos un relación.....Sin embargo , a veces la vida nos pone frente a situaciones que no hemos buscado y que ni siquiera esperábamos. En poco tiempo, se mueven los cimientos de nuestra vida, que creíamos estable. Son cambios repentinos que pueden desencadenar una crisis personal y que nos hace sentir que ya nada sera igual.
Las crisis suponen un avance o un retroceso en nuestro camino, pero nunca son situaciones neutras. Son la manera que tiene la vida de hacernos despertar de nuestra rutina y de colocarnos frente a una experiencia que puede ser decisiva. Una crisis personal supone una encrucijada ante la que solo hay dos salidas: anclarnos en lo que nos ha pasado o utilizar lo ocurrido como trampolín hacia un futuro mejor. El escritor Paulo Cohello expresaba esta situación cuando dice que lo que ahoga a alguien no es caerse a un río sino permanecer sumergido en él.
Hay que aprovechar los cambios que nos vienen después de esta crisis personal.
Tal como dice Antoine de Saint-Exupéry, el autor del El principito, "el hombre solamente se descubre a sí mismo cuando se mide contra un obstáculo". Nuestra naturaleza como seres humanos hace que solo nos movamos cuando es necesario. Mientras todo va bien, disfrutamos de la tranquilidad de nuestras vidas. Estos periodos son de descanso. Pero cuando, indefectiblemente, aparece una crisis, nos movemos, avanzamos y aprendemos. La lección esta ahí; es nuestra oportunidad para hacer uso de ella.
Así, cuando aprovechamos la crisis para reflexionar, hacer autocríticas y fortalecernos, damos un paso adelante y realizamos un salto en nuestro crecimiento personal. Hacemos como el viejo asno al que quisieron enterrar vivo cuando se cayó en un pozo. Según cuenta un antiguo relato, el animal, en lugar de permitir que las paladas de tierra lo sepultaran poco a poco, se movía de tal forma que la tierra que le tiraban se iba depositando bajo sus patas. Al final, el nivel del suelo había subido tanto que había cubierto el pozo, por lo que el burro pudo salir de un brinco, feliz y resuelto. ¿Qué hubiera sido del animal, si en vez de afrontar el problema, hubiera permanecido inmóvil sintiéndose maltratado injustamente?.
Cuando estamos en el interior del pozo, pensamos que nunca volveremos a ver la luz. Pero la luz siempre está fuera, esperándonos. Siempre que busquemos encontraremos la manera de salir adelante.
Todos sabemos que nada en la vida dura eternamente, ni lo bueno ni lo malo. La vida no se detiene, y las crisis abruptas nos lo demuestran, pues, ante nosotros, aparecen nuevas opciones. Nuestra vida se llena de capítulos y tras terminar uno empieza el siguiente. Nadie nos garantizará que el siguiente será mejor que el anterior, pero que seguro que será diferente, aparecerán cosas nuevas, nuevos aprendizajes y experimentaremos vivencias diferentes. Además, y sin lugar a dudas, nos habremos hecho personas más sabias.
La vida es transformación y vivir nos exige a todos amoldarnos constantemente. Tenemos que aprender a adaptarnos de forma gradual a los cambios, día a día, en cuerpo, mente y entorno, aceptando este hecho como natural y respondiendo de forma consciente a los desafíos de la vida.


miércoles, 3 de diciembre de 2008

Atreverse a ser un mismo


Cuando nos falta seguridad en nosotros mismos, ocultamos la verdadera persona que somos, ya que el miedo al rechazo hace que actuemos de acuerdo a lo que suponemos que esperan los demás.
La idea de ser aceptado por todo el mundo es una meta que no podemos alcanzar. Si se necesita de forma extrema la aprobación siempre se generará una preocupación por el cuanto le aceptaran a uno.
Es imposible que uno siempre sea simpático o agradable cara a los demás.
Aunque uno pudiera alcanzar la aprobación de los demás, eso exigirá una enorme cantidad de esfuerzo y energía.
El intentar ser aprobado por los demás generaría un servilismo donde se tendría que abandonar todas las necesidades.
La incertidumbre de no conseguir la aprobación de los demás generaría un comportamiento inseguro y molesto.
Tener la obligación autoimpuesta de gustar a todo el mundo es un objetivo inalcanzable y excesivamente perfeccionista. No es posible. Siempre podemos encontrar a alguien a quien no agrademos por cualquier razón: por nuestro aspecto, forma de hablar, profesión, opiniones, creencias, modales, o por cuestiones tan insignificantes como la ropa que llevemos ese día, nuestra forma de andar o de reír. Hasta las personas más sobresalientes en campos tan diversos como la ciencia, la cultura o el deporte, tienen tantos detractores como defensores. La única forma de intentar contentar a los demás sería adaptar camaleónicamente nuestra forma de ser en función del ambiente en que nos encontrásemos. Vestir nuestra personalidad con los más variados disfraces para adecuarlos a las distintas personas y circunstancias que nos enfrentamos. Además de resultar agotador, este comportamiento acaba generando un estado de confusión tan grande que al final ya no sabemos que es auténtico y que es un disfraz. A nivel psicológico y personal todo esto nos va a llevar a la renuncia de uno mismo, con la consecuente pérdida de nuestra identidad. Las personas que intentan hacer esto, habitualmente sin darse cuenta y de forma paradójica acaban gustando menos a los demás, porque son conceptualizadas como personas inmaduras y sin personalidad. Cuando no nos respetamos a nosotros mismos, lo que acabamos sintiendo es fastidio. Muchas veces es un fastidio cuyo origen nos cuesta precisar. La raíz de este fastidio, esta en como nos desestimamos a nosotros mismos, en cómo nos relegamos y, finalmente acabamos traicionándonos. Para revertir este malestar, es menester que comencemos a escucharnos. Se trata de considerar sincera y realmente lo que pensamos y no descartarlo rápidamente, de tener en cuentas nuestras ideas y sentimientos y no relegarlos en un cajón. Tenemos que respetarnos y esto va implicar ser consecuente con lo que pensamos, sentimos o queremos, en algunas ocasiones implicara enfrentarnos con alguien. Enfrentarse no significa aquí pelear, pero sí implica soportar cierta tensión. Porque si me soy fiel a mí mismo, es muy probable que otros desaprueben lo que decido hacer o juzguen reprochablemente mis sentimientos. Cuando nos respetamos a nosotros mismos, algunos lo comprenderán e, incluso, nos apoyarán; otros sin embargo, confundirán la firmeza con la agresión, la convicción con el desinterés y el desacuerdo con el desamor. ¿Por qué? Porque lamentablemente hemos aprendido que " ser bueno es muy bueno". Y también hemos aprendido que "ser bueno" es entregarse totalmente, ocuparse y preocuparse de los demás, aun a costa de uno mismo. Esto lleva, en algún momento, a la creencia de que cualquier deseo para uno mismo tiene algo sospechoso y cuestionable. Y yo creo que, para respetarse a uno mismo, es necesario renunciar a la idea de que todos nos consideren "bueno". Lo mejor es atrevernos a ser siempre como realmente somos, asumiendo que no podemos gustar a todo el mundo, de la misma manera que no todas las personas nos gustan a nosotros. No se trata de rechazar sino de elegir: como tenemos criterios y pensamientos diferentes, solemos reunirnos con quien los comparten. Mostrarnos como verdaderamente somos nos dará la seguridad de tener afectos sinceros y la tranquilidad de reafirmarnos en nosotros mismos.Cada vez que nos disfrazamos para ser aceptados, que obedecemos a las normas y reglas de los demás para pertenecer a un grupo o que dejamos de decir "no" a lo que nos daña, estamos perdiendo la oportunidad de sentirnos orgullosos de ser quien somos. Es decir, reemplazamos nuestro nombre propio, el que verdaderamente nos identifica, por la identidad de lo que creemos que tiene más valor. Por ejemplo, cuando yo me presento, siempre digo: "Soy Matilde" y continúo con lo que tengo que decir en ese momento. Pero si, en lugar de hacerlo así, dijera "Soy psicóloga", se evidenciaría que mi orgullo radica en mi profesión y no en mi misma. Por supuesto que también puedo estar orgullosa de ser psicóloga, pero no lo estaré si primero no estoy orgullosa de mi misma, simplemente por el hecho de ser Matilde. Hay que intentar dejar de buscar por qué sentirse orgulloso y procurar entender que la razón de ser quien eres es motivo de sobra.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Fluir con la vida


La humanidad lleva siglos preguntándose qué es lo que hace que una vida merezca la pena y cómo puede cada persona llegar a crear una vida plena. Hasta ahora no habido una respuesta definitiva a esta cuestión.
Considero que lo más importante sea que la felicidad de uno mismo no depende tanto de las circunstancias externas-como el amor, el dinero o la salud- sino de nuestras circunstancias internas, es decir, de cómo somos y nos enfrentamos a lo que nos ocurre en la vida. Por eso es preciso aprender a manejar la vida interna. Y, para ello, debemos ser capaces de encontrar la satisfacción y el propósito de la vida sin depender de las circunstancias externas.
Han habido algunas investigaciones en el campo de la psicología que han determinado que existen momentos en los que las personas dicen sentirse verdaderamente felices y realizadas; son momentos en los que existe un proceso de involucración total con la vida y que se le ha identificado con el termino "fluir".
Se ha solido creer que los mejores momentos de nuestra vida se producen cuando nos encontramos relajados, sin hacer nada, descansando. En realidad, sucede exactamente lo contrario: los mejores momentos de nuestra vida suelen ocurrir cuando nuestro cuerpo o nuestra mente han alcanzado el limite de su esfuerzo voluntario para conseguir algo valioso. Cuando hemos luchado por alcanzar una meta, cuando hemos dado todo de nuestra parte para lograr un objetivo, es entonces cuando nos sentimos realmente felices y realizados.
Cuando fluimos, tenemos el control de nuestra energía psíquica y podemos emplear libremente nuestra atención, concentrarnos plenamente en la actividad que estamos llevando a cabo en ese momento. Los problemas y las preocupaciones desaparecen de la conciencia, el sentido del tiempo se distorsiona e incluso nos olvidamos de nosotros mismos, vivimos en ese instante en el aquí y ahora, involucrados en nuestro presente.
Todos nuestros sentidos fluyen en armonía, nos sentimos preparados para hacer frente a los retos que se nos presentan, sentimos poseer las habilidades necesarias para lograr aquello que nos proponemos.
Incluso el acto más simple puede transformarse en algo muy agradable si logramos fluir con él. La clave está en saber convertir las actividades de cada día en nuestros retos y desafíos.
Si aprendemos a fluir, nuestra personalidad crecerá y se tornará más segura y fuerte, gracias que habremos invertido nuestra energía psíquica en alcanzar las metas que nos habíamos propuesto conseguir. Si somos capaces de organizar nuestra conciencia para experimentar los beneficios del fluir tan a menudo como nos sea posible, nuestra calidad de vida mejorará sorprendentemente. Pero recordemos que el control de la conciencia no es simplemente una habilidad intelectual, pues necesita la colaboración de las emociones y de la voluntad.
Aprender a fluir es aprender a disfrutar de lo que uno hace y a dar todo de uno mismo ante las cosas que se presentan en la vida.
Personalmente cuando he reflexionado en la idea del "fluir", me ha hecho ser más consciente de la importancia de mantener una actitud positiva y creativa en todo lo que hago a lo largo del día. También me ha animado a valorar y afrontar los retos inherentes a situaciones que a menudo me han parecido adversas y molestas. He terminado el mes de Noviembre con una situación adversa pero con la intención de ser positiva y de aprender cada día más de fluir en todo lo que hago. El fluir no se detiene solo ahí, ya que nos anima a darle un sentido de flujo a nuestra vida entera, definiendo claramente cuales son nuestras metas tanto a corto como a largo plazo.
Cuando una meta importante se persigue con resolución y todas las actividades diferentes se juntan en una experiencia de flujo unificada, el resultado es que esa armonía se ha incorporado a la conciencia. Quien sabe cuales son sus deseos y trabaja con el propósito de lograrlo es una persona cuyos pensamientos, sentimientos y acciones son congruentes entre si, y por tanto es una persona que ha logrado la armonía interior.
El propósito, la resolución y la armonía unifican la vida y le dan significado al transformarla en una experiencia perfecta de flujo.
Este estado de flujo supone que seamos capaces y conciente de concentrar nuestra energía psíquica y atención en planes y objetivos de nuestra elección y que sintamos que vale la pena realizarlos porque se ha decidido este tipo de vida, y se disfruta cada momento en lo que se hace.
También la idea de fluir es importante cuando nos enfrentamos antes los problemas o situaciones que no se presentan como esperábamos. Aquí también es importante dejar que las cosas fluyan, dejar que todo se acomode por su cuenta. Tenemos que aprender ante lo inesperado y saber aprovecharlo es un entrenamiento que debemos aplicar en los pequeños sinsabores de la vida y los grandes fracasos. Porque ninguno de los dos serán tal cosa si sabemos encontrar las oportunidades que nos muestra esas situaciones.

sábado, 29 de noviembre de 2008

Cuando nos aparece las adversidades y como logramos superarla


Los seres humanos somos vulnerables y estamos expuesto a ciertos acontecimientos que pueden alterarnos: una pérdida importante, una separación........Todos podemos sufrir algún contratiempo importante, una circunstancia inesperada que, según su gravedad, puede empujarnos incluso a reconsiderar muchos valores que teníamos hasta ese momento y replantearnos el sentido de nuestra vida.
Las consecuencias negativas en el plano emocional de un acontecimiento desestabilizador son conocidas por todos: profunda tristeza, desilusión, apatía...No obstante, sin restarle importancia a este tipo de vivencia, es posible no solo sobrevivir psicológicamente a la adversidad, sino incluso crecer como personas a partir de ésta.
Las experiencias adversas nos llevan en un principio a un cambio en nosotros mismos.
Un sentimiento común en muchas de las personas que se enfrentan a una situación desdichada es un aumento progresivo de la confianza en sus propias capacidades para afrontar cualquier adversidad que pueda ocurrir en el futuro. La lucha emprendida contra dicha adversidad ofrece oportunidades únicas de redireccionar la vida.
También tenemos cambios en las relaciones personales. Muchas personas a raíz de la vivencia de una situación difícil, ven fortalecido sus relaciones con los demás. En esos casos es frecuente que aparezcan pensamientos como "Ahora se quien son mis amigos y me siento mucho más cerca de ellos que antes".
También surgen cambios en la filosofía de vida y en la espiritualidad. Es el tipo de cambio más frecuente. Las desgracias tienden a sacudir de forma radical las concepciones o ideas sobre las que construimos nuestra forma de ver el mundo y tomamos conciencia del valor de las pequeñas cosas de la vida.
Una experiencia adversa es siempre negativa, pero lo que suceda a partir de ella depende de la actitud que adopte cada persona.
Es cierto que las personas somos seres vulnerables, pero también es cierto que somos increíblemente fuertes. Tenemos una sorprendente capacidad para luchar y sobreponernos a la adversidad. Ser conscientes de que el crecimiento después de una desdicha es posible abre una puerta de esperanza y optimismo a muchas personas que atraviesa situaciones dificiles.

lunes, 24 de noviembre de 2008

La enfermedad y la actitud ante ella


Ante un diagnóstico adverso, solemos pasar por diferentes estadios, desde la incredulidad y la sensación de injusticia hasta el desamparo y la rabia. Pero enfermedad no es sinónimo de tristeza y frustración sino de oportunidad: para emprender un nuevo camino, descubrir capacidades, crecer...La enfermedad puede hacer más consciente nuestros deseos y ayudarnos a vivir el presente y el amor hacia nuestro seres queridos con mayor intensidad.
La mayoría de las personas vivimos nuestra vida conforme a una idea que hemos ido forjando en nuestro día a día. Todos tenemos sueños, proyectos e ilusiones que nos ayudan a imaginar cómo será nuestro futuro para encaminarnos hacia él, sintiendo bajo nuestros pies un presente seguro y firme. Sin embargo, a veces la propia vida puede hacernos parar porque, de un modo u otro, no nos permite seguir el camino que trazamos en nuestros sueños.
Cuando aparece la enfermedad, sentimos que la vida nos da un empujón para apartarnos de nuestro camino. De repente todo se transforma: " No sé si trabajaré de nuevo", "No podre hacer lo que hacia antes"...La enfermedad hace que ya nada sea igual. No obstante, no nos quedamos sin camino, sino que empezamos a caminar por un nuevo sendero, aunque se trata de un sendero que no hemos escogido y que no conocemos.
En un principio la reacción psicológica es la de rechazar este cambio de sendero. Batalla en contra con todas sus fuerzas. En esta etapa la persona enferma no puede ni quiere empezar a caminar por la nueva senda.
Aparecen sentimientos de tristeza y de miedo. Esto ocurre porque la persona ya no puede vivir como lo hacía antes.
No es fácil porque ninguna situación nueva lo es. Antes de nada se requiere la capacidad de aceptar la enfermedad y las condiciones que la acompañan para poder, así construir nuestra existencia sobre una base sólida.
Superar una enfermedad no es luchar en contra sino a favor, es adaptarse a la nueva situación y reencontrar el equilibrio entre uno mismo y su entorno. Se trata de continuar comprometido y participando activamente en el proceso de adaptación a la enfermedad, sintiendo que la propia vida esta colmada de significado y es importante.
Frente a la enfermedad, las personas afectadas suelen adoptar actitudes básicas: convertirse en un enfermo o, en cambio, ser una persona que tiene una enfermedad. La segunda opción, aceptar que somos alguien con una enfermedad, permite a la persona mantener intacta su integridad. Se siente responsable de su vida, se involucra en el cuidado de sí misma y mantiene el papel de protagonista de su propia vida.
Es la persona que tiene la enfermedad quien toma decisiones y busca los recursos que necesita. En vez de sentirse víctima, mantiene el sentimiento de control sobre sí misma. Se siente independiente porque es quien decide sobre su vida. Incluso cuando necesita la ayuda de los demás, mantiene la sensación de independencia, ya que la acepta abiertamente, pues es tan generoso dar como aceptar un ofrecimiento.
Muchos de nosotros pasamos la mayor parte de nuestro tiempo dando vueltas sobre hechos pasados y preocupándonos de lo que puede pasar mañana. Al final, el presente, que es de hecho lo único que tenemos, queda relegado a un pedacito de tiempo. Tener una enfermedad, o vivirla de cerca, hace que las personas se hagan consciente de que la vida es frágil, de que puede cambiar en el momento menos esperado. Esta situación nos enseña a soltar el lastre de los hechos pasados para, en lugar de preocuparnos por el futuro, ocuparnos del momento presente.
Además tenemos que tener presente la importancia de vivir la enfermedad como un desafío, y no como una amenaza, esto hace que la persona se mantenga con un espíritu de lucha constante.
Dedico este articulo a todas las personas que viven de cerca alguna enfermedad y aquellas que han pasado por alguna. Animo a toda la gente a que mantenga una actitud de lucha y aceptación ante la enfermedad.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Las esperiencias en los viajes


Un viaje es siempre una oportunidad para aprender, ya sea sobre los demás o sobre nosotros mismos. Antes de partir, conviene ser conscientes de cual va a ser nuestro objetivo y llenar el equipaje de buenas actitudes: flexibilidad, confianza, tolerancia, autenticidad. Sólo así podremos regresar siendo personas más sabias y completas.
Los motivos para emprender un viaje no siempre son completamente conscientes. Para algunas personas, el viaje es una forma de conocer otras realidades y, en este sentido, lo prepara pensando en destinos exóticos o pocos conocidos para disfrutar de la novedad. Para otras personas, en cambio, el viaje es una escapada: dejar de interactuar con la realidad cotidiana y sus conflictos. En este caso, es muy posible que el destino no sea tan importante.
En definitiva como en otros aspectos de la vida, el viaje se plantea de maneras distintas según se tenga necesidad de contacto o retirada.
Pero una cosa es la idea con la que se plantea un viaje y otra muy distinta, lo que nos depara la vida. La experiencia es algo más continuo de lo que podemos pretender, y a una retirada sigue otro contacto de forma, a veces sorprendente.
Así que podemos plantearnos un viaje para ganar distancia y, paradójicamente, acercarnos a nosotros mismo. Es una distancia que puede servirnos para ver nuestra realidad desde otra perspectiva. De hecho, es habitual que un viaje modifique nuestras prioridades y sentimientos y se convierta en un aprendizaje en el que nos encontramos.
Para propiciar este aprendizaje, conviene mantener una actitud de apertura hacia lo que el viaje nos depare.
Los viajes pueden permitirnos ensayar otras formas de estar en el mundo, de relacionarnos, comunicarnos...Seguramente, esto resulta más fácil de conseguir si se viaja solo, nada mejor para reaprender nuestra forma de relacionarnos que empezar de nuevo en un lugar desconocido con gente desconocida.
El viaje es, ante todo, una salida al mundo. Estar abierto a lo que surge de nuestro interior nos permite estar abierto a lo externo de una forma mucho más auténtica: los nuevos estímulos y situaciones despiertan, si estamos atento nuestra capacidad para tomar conciencia de nuestro ser.
Como en la vida misma, a veces lo más interesante de un viaje está a la vuelta de la esquina. Y lo más probable es que esté en las personas que tenemos delante. No hay que pensárselo dos veces: lo mejor del viaje serán las relaciones, las conversaciones, las vidas de las personas que se crucen en nuestro camino. Abrirse, hablar de nuestra vida y, al mismo tiempo mostrar una actitud de escucha serán las claves para acercarnos a las personas que nos encontremos.
La expectativa ante un viaje debería ser no tener expectativas y valorar cualquier resultado como bueno y positivo.
El último viaje que realice fue a Turquía en Agosto del 2.008. Guardo en mi mente todos los lugares que visite por estas tierras. Sus mezquitas, sus vestigios arqueológicos que me dejaron dislumbrar su grandeza y esplendor, sus maravillas naturales.
Como viajera de lo trascendente, fui vivenciando los lugares y descubrí sus misterios.
Cada lugar tiene su propia energía y enseñanza. La clave de este lugar como resumen energético es su pasión: la pasión turca. Esta pasión a mi vida entro desde que penetre y conocí estas tierras. Los compañeros del viaje fueron justo los que tenían que estar en ese momento ya que cada uno con su presencia aportaron algo más a ese viaje.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Abrir la mente a otras ideas


Nada en la vida es blanco o negro, nadie detenta una única verdad. Pero sin darnos cuenta, hemos interiorizado una serie de valores y normas que creemos inamovibles y nos limita.
Esta rigidez mental nos hace repetir actitudes dañinas y nos impide crecer como personas. Ser más flexibles nos permitirá aceptarlas, rechazarlas o modificarlas según ocasión. Con una mente abierta, la vida se llena de colores de la libertad.
Las personas nos vemos rígidos en nuestra forma de pensar o de actuar, repetimos irreflexiva y mecánicamente las maneras de entender el mundo y el modo en el que nos relacionamos con los demás.
Y es evidente que una mentalidad rígida nos creará conflictos. Por un lado, nos dificultará encontrar soluciones para muchos problemas; por el otro nos impedirá aprender de las nuevas experiencias que vivamos. Cuando somos rígidos la mayoría de las veces acabamos siendo esclavos de las normas que nos imponemos nosotros mismos.
Los principales signos de una mentalidad rígida son la incapacidad de cuestionar las propias ideas y, en consecuencia, la repetición de ciertas conductas o estrategias. Vale la pena aclarar que tener una mente abierta no implica necesariamente cambiar de ideas u opinión, sino poder preguntarse por los propios modos de pensar, por nuestras razones para preferir esto a aquello.
Una mentalidad rígida se basa en supuestos que se han vuelto incuestionables y que, normalmente, llamamos prejuicios, mandatos y normas. Son ideas que se han fosificado y vuelto inmodificables.
Vivimos rodeados de estos supuestos, los hemos asimilado de tal manera que casi nunca nos damos cuenta de que están allí ni de cuanto nos influyen. Y eso justamente es lo que los hace tan dificiles de flexibilizar. Porque aun cuando logremos tomar conciencia de ellos, están tan arraigados a nuestro ser que, a pesar de reconocer que no tiene fundamento alguno, ponerlos en cuestión es realmente difícil.
Para abrir nuestra mente y adaptarnos a situaciones diversas y a un entorno siempre cambiante, es preciso desarmar ciertas creencias, prejuicios y normas autoimpuestas que se establecen a partir de la propia experiencia, por imitación y aceptación de los dogmas que en parte se llevan a cabo en nuestra educación.
Es bueno darnos cuenta de los supuestos que hay detrás de nuestras conductas rígidas. Cuando tropezamos continuamente con la misma dificultad, debemos suponer que nos encontramos ante un punto rígido. Es probable que relacionado con esta situación o tema particular, tengas algún supuesto que creamos incuestionable y que nos inmoviliza. Cuando esto nos ocurra, preguntemos a nosotros mismos que creencias se ponen en juego en dicha situación.
Para evitar que aquellas conductas que te fueron útiles en un momento dado se vuelvan rígidas, es necesario actualizarla y adaptarlas al presente.
No debemos olvidar, algo que cambia constantemente: nosotros mismos. A lo largo de los años vamos cambiando, no somos los que fuimos. Tenemos otros recursos y otras posibilidades. Estrategias que nos fueron imprescindibles en algún momento pueden ser innecesarias ahora; cosas imposibles en aquel entonces pueden estar hoy a tu alcance. En ocasiones, aún cuando no haya cambiado nada más, el solo hecho que hayamos crecido como personas marca toda la diferencia.
Para ir mejorando cada día y ante las necesidades nuevas que nos van surgiendo es necesario revisar nuestras creencias, reformarla cuando ya no nos valen. Es preciso que seamos sinceros con nosotros mismo para hacer los cambios necesarios. Podemos imaginarnos como cuando vaciamos nuestras mochilas después de un viaje, se quita aquello que pesa pero que no es necesario, y así se puede seguir caminando y se puede llenar de nuevo. Nuevas ideas en tu mente, te permitirán avanzar con más confianza y libertad.

jueves, 20 de noviembre de 2008

La competitividad con nosotros mismo nos priva de ser libres


La peor forma de competición es la que establecemos con nosotros mismo: queremos ser otros, que imaginamos mejores. Malgastamos nuestro tiempo y energía en perseguir ideales inexistentes y así nuestra autoestima se va debilitando.
Comprender que todos aportamos lo que somos al mundo y aprender a compartilo nos liberará.
En nuestra cultura los conceptos "competente y "competitivo" han llegado a ser casi sinónimos, como si para demostrar una determinada competencia hubiera que medirla, compararla y comporobar si es lo bastante buena para ocupar un lugar en nuestro pódium.
Aristóteles afirmaba que "la virtud está en el justo medio entre extremos", en el equilibrio, en el camino del medio...Quizás no sea necesario, por tanto elegir entre vivir obsesionado con las metas que debemos alcanzar y verse obligado a no tener ninguna, ya que los deseos también estimulan nuestro crecimiento personal.
Basta con ser honesto y reconocer cuándo nuestra actitud es sólo un paso más de un proceso natural de superación personal, en el que aceptamos nuestras limitaciones, pero nos apoyamos en nuestros puntos más fuertes para crecer.
Cuando nuestro modo de vida es competitivo tendemos a querer ser lo que no somos.
Cuando mantenemos una ideal de como deberíamos ser, llegamos a un profundo menosprecio de nosotros mismos, ya sea patente o encubierto. Vivimos en la ilusión de que con otras personas seríamos más felices, que otro cuerpo nos haría tener más éxito, que otro lugar nos haría sentir mayor plenitud....y luchamos y competimos para conseguirlos.
Así pues, vale la pena preguntarse si podemos ser felices si no se cumplen nuestros ideales. Algunas personas no pueden, por lo que los ideales acaban por convertirse en un obstáculo en sus vidas. Pero otras personas sí, por lo que descubrimos que los ideales, aun siendo estimulantes, no son realmente necesarios. No existe ninguna persona o situación que nos dé la felicidad. Porque la felicidad no es una circunstancia, sino un estado del ser, una actitud ante cada acontecimiento de nuestra vida.
Otro aspecto a destacar en la tendencia de la competitividad es la dualidad. Esta hace referencia a nuestra manera dual de percibir el mundo: yo frente a los demás, el bien frente al mal...Si comprendiésemos que existe un solo mundo complejo, pero solo uno....Si entendiésemos que todo forma parte de lo mismo, que los opuestos se necesitan mutuamente para existir, que son complementarios.......dejaríamos de pelear por nuestro "lugar en el mundo". Sabiendo que hay espacio y amor para todos.
Sobre todo, nos relajaríamos y dejaríamos de ser hostiles hacia todo lo que consideramos amenazante, ya que miraríamos con profunda compasión las limitaciones del otro, pero también con admiración y agradecimiento de sus grandezas, pues también forman parte de nosotros y nos elevan.
Solo mirando desde nuestro interior, nos descubriremos, algún día, disfrutando del hecho de compartir nuestro ser y nuestra capacidad con los demás, al tiempo que disfrutamos de las suyas. Porque pocas cosas proporcionan mayor libertad que el hecho de no tener que demostrar nada a nadie, ni siquiera a nosotros mismos siendo completamente libre.

LA GRATITUD


Dice un refrán popular que "De bien nacido es ser agradecido". Sin embargo las personas, tendemos a expresar con muy poca frecuencia nuestro agradecimiento. Es un valor que no parece tener cabida en la sociedad en la que vivimos, simplemente lo pasamos por alto. Aplaudimos la iniciativa, la seguridad, la autoconfianza.., cada vez nos convertimos en seres más centrados en nosotros mismos, más individuales, y vamos perdiendo los lazos que nos unen con el resto de las personas.
La gratitud es un sentimiento que nace cuando somos capaces de apreciar lo que otra persona ha hecho por nosotros. No debemos confundir gratitud con " devolver un favor"; no se trata de pagar una deuda, sino de reconocer la generosidad de los demás.
Frente al egoísmo y la vanidad, que sólo llevan a mirar hacia uno mismo, la gratitud implica mirar hacia los demás y reconocer lo bueno que hay en ellos. Agradecer es dar, compartir; a través del agradecimiento nos acercamos al otro, pues dar las gracias a alguien establece un vinculo emocional muy fuerte y enriquece la relación personal.
Muchas personas juegan un papel fundamental en nuestras vidas. Nos inspiran, nos apoyan, nos ayudan a superarnos...Ocurre con frecuencia que esperamos demasiado y la vida pasa sin que hayamos podido dar las gracias a esas personas. Aparece entonces una desagradable sensación de autorreproche que se instala en nosotros para quedarse.
Ser capaces de expresar nuestro agradecimiento a las personas que queremos, a las que nos ayudan a despertarnos cada día, a las que actúan como maestros en nuestras vidas en el momento adecuado es una virtud que debemos y podemos cultivar.
Además de expresar nuestra gratitud hacia las personas, también tenemos que hacerlo hacia el mundo en general y hacia las cosas que nos ocurren. Ciertamente la vida no es un camino fácil y podemos pasar por numerosos contratiempo; Sin embargo, también tenemos la oportunidad de vivir cosas hermosas, de mejorar, prosperar, superarnos, lograr un sueño deseado por mucho tiempo y hasta en las situaciones adversas salimos renovados y mejorados como personas. Ser consciente de las cosas buenas y poder expresar nuestro agradecimiento es un camino que hay que recorrer para ser más felices cada día.
La gratitud, además, contribuye a aumentar la satisfacción con la vida, ya que amplia los buenos recuerdos sobre el pasado. Los pensamientos negativos intensos y frecuentes sobre el pasado bloquean las emociones de felicidad y satisfacción. El resentimiento estrecha la vida, mientras que la gratitud la expande, incrementa la alegría y mejora nuestras relaciones. La gratitud es el arte de saborear la vida con agrado.
Expresar la gratitud a las personas que queremos, las que nos ayudan cada día y las cosas que la vida nos regala cada día, va a suponer una fuente de felicidad y de enriquecimiento.
No olvidemos que la gratitud une a las personas, aumenta nuestra disposición a ayudar, a ser amables, responsables y afectuosos.
Recomiendo hoy a todo aquel que lea este articulo hagan un esfuerzo por hacer ayuno de la negatividad, el egoísmo, la intolerancia, la estupidez y rescaten dosis de amabilidad, optimismo inteligente y no olviden de ser agradecidos.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

La confianza a través del conocimiento en nosotros mismos


Confiar en un mismo consiste en saber con mente, cuerpo y alma lo que nos es posible y merecido. Sin embargo, la verdadera confianza únicamente podemos disfrutarla en su justa medida, en el punto de equilibrio de balanza.
Hay personas que padecen déficit de confianza y, aunque saben más de lo que creen, son demasiado cautas en sus acciones. Arriesgan poco, por debajo de sus posibilidades. Entregan menos de lo que tienen y escatiman lo que atesoran.
Otras personas, por el contrario, padecen un exceso de confianza y sabiendo o pudiendo poco sobre algo, se encaraman en lo alto de un personaje inventado, y van más allá de sus conocimientos, capacidades y limites. Arriesgan por encima de lo que pueden, y la realidad les confronta con su verdad interior y les devuelve a sus limites. Deben aprender humildad.
Es cierto que en la vida, hay momentos en los que podemos caer en estados de confusión y verlo todo negro.
Son situaciones en las que creemos que no somos lo suficientemente buenos o inteligentes y en las que pensamos no estar dotados para lograr nuestras metas, suponiendo que sabemos lo que queremos. Estamos en contacto con el miedo e incluso nos quedamos paralizados, sin atrevernos a enfrentarnos a la vida.
Pienso que una de las causas profunda de esta desconfianza es el concepto, muy arraigado en nuestra cultura, de que las cosas están bien o están mal. Dividimos el mundo entre lo correcto y lo incorrecto, y nos enjuiciamos y condenamos a nosotros mismos.
Nos impedimos ser lo que somos, con todas nuestras partes, y no confiamos en que nuestra manera de hacer las cosas puede ser tan válida como cualquier otra.
Para mantener nuestra confianza tenemos que saber enfrentarnos tanto al éxito como al fracaso y saber manejar las situaciones de ganancia y las de pérdida, pues la vida nos proveerá de ambas.
Al final, la confianza en uno mismo sólo es la expresión de una confianza mayor: la confianza de que la vida es buena y que la guia una inteligencia superior, aunque no siempre comprendamos sus tramas ni su lógica, especialmente cuando se manifiesta a través de lo desdichado.
Un forma de cultivar el éxito en la vida viene en primer lugar del respeto hacia uno mismo y de arriesgarse en la dirección de lo que somos y sentimos. La confianza se expresa en algo tan esencial como "ser lo que somos", que a su vez se plasma en "hacer lo que hay que hacer", "dar lo que hay que dar" y "recibir lo que hay que recibir", según la expresión de Swami Prajnanpad, un conocido sabio hindú. Si confiamos en nosotros mismos, no podemos fallar, porque lo que hacemos y vivimos toma el tinte de inevitable y casi espontáneo.

jueves, 13 de noviembre de 2008

El mito del sacrifio en el amor


Para mantener una relación enriquecedora con los demás, el primer paso es respetarse a uno mismo. Si no somos generosos, amables y amorosos con nosotros mismos, dificilmente podremos serlo con quien nos rodea. Lo que no esta en nuestro interior no podemos crearlo fuera. El verdadero amor no tiene que ver con sufrir o sacrificarse, ni con intentar cambiar al otro. Quererse implica ser auténtico.
En nuestra cultura hay una idea muy extendida del amor como sacrificio y se da tanto entre jóvenes como en adultos que viven su relación de pareja renunciando a aspectos importantes de su vida.
Cuando hablo del sacrificio en el amor no solo me refiero al amor de pareja sino del amor en general: del amor entre padres e hijos, del amor entre amigos y también del amor al resto del mundo. Hablo de eso que llamamos "querer". Y la idea que creo tan tóxica es aquella que propone que la medida del querer es cuánto esta dispuesto a sacrificar uno por el otro.
Es posible que muchos o digáis que eso de "querer es sacrificarse" es agua bajo el puente, es tema sabido y superado. Sin embargo, creo que muchas veces no dimensionamos hasta qué punto esta creencia está impregnada en nuestra cultura occidental y cómo nos influye sin que nos damos cuenta.
Es conocido el rol fundamental que el sacrificio ha tenido para la doctrina cristiana, tan dominante en nuestro sistema de creencias colectivo. Pero aún antes, en el antiguo testamento, puede encontrarse una visión similar. En la historia de Abraham, Dios le pide que lleva a su único hijo Isaac, al monte y que allí lo sacrifique en nombre de su creador. Abraham, que cree que su amor por Dios le obliga a ello, se dispone a cumplir lo encomendado. Justo en el último momento, cuando ya ha desenfundado el cuchillo, Dios lo detiene para comunicarle que ha pasado la prueba: tiene fe y amor verdadero por Dios.
A decir verdad, el mensaje que transmite esta historia me parece bastante nefasto: "solo amas si esta dispuesto a entregar lo más preciado, a destruirte a ti mismo si ese amor lo requiere". Esta y otras historias similares están en la base de muchas creencias respecto de lo que implica querer a otro; por eso nos resulta tan difícil desembarazarnos de ellas y, en ocasiones, el sacrificio nos impresiona como moralmente virtuoso. Sin embargo, creo que existe otro modo de encontrar virtud en nuestro amor hacia los demás.
El sacrificio no toma formas tan extremas como la de los ejemplos. En nombre del querer, hay muchos otros modos de sacrificio más sutiles y más frecuentes. Porque, en última instancia, sacrificarse no es otra cosa que ir en contra de uno mismo; e ir deliberadamente en contra de uno mismo no es otra cosa que no quererse. Y eso sea quizás lo más terrible de esta creencia: que postula que, para querer a otro, debemos renunciar a querernos a nosotros.
Pienso que, en la actualidad, podemos determinar principalmente dos modos en que esta creencia se manifiesta en los vínculos entre las personas. El primero se relaciona con el hacer, y el segundo con ser. Tienen, por supuesto, múltiples variaciones-en magnitud, en su temática y en su presentación-, pero me parece que, en general, responden a una misma forma, pues en cualquiera de los dos casos puede darse espontáneamente como un intento de querer demostrar a la otra persona nuestro amor.
El primero de estos modos está conectado con el hacer, con un intento de querer demostrar al otro nuestro amor. Esta forma de relación podríamos denominarla "prueba de amor" y podría formularse básicamente así: "Quien en verdad quiere está dispuesto a hacer cualquier cosa por el ser querido".
La otra forma del "querer es sacrificarse" está más relacionada con el ser y creo que esta aún más extendida, pues, de alguna manera, parece más inocente porque esconde mejor que se trata de un sacrificio. Podríamos llamar a este vinculo "promesa de cambio" y la idea sobre lo que se basa sería algo así como: "Quien de verdad quiere esta dispuesto a ser como el ser querido quiere que sea".
El sacrificio radica en ser de un modo determinado en lugar de hacer algo concreto.
Pero más allá de las intenciones, un vinculo construido sobre la condición de que alguno de los dos cambie está, lamentablemente, destinado al fracaso porque "cambiar" implica dejar de ser quien uno es; implica un sacrificio de nuestro ser.
Habría que añadir a lo dicho que una persona que nos quiere puede señalarnos algo que no le agrada de nosotros y nosotros decidir mejorar si lo deseamos.
Pero si determinados rasgos le resultan al otro insoportable, tendremos que empezar a pensar seriamente en que el vínculo que tenemos puede que no sea sostenible. O aceptamos quién es el otro y pensamos cómo nos la arreglamos del mejor modo con eso, o aceptamos que ese vinculo no es posible.
El sacrificio en nombre del querer conduce inevitablemente a dos circunstancias que, a la larga, terminan por deteriorar el vínculo que tenemos con el otro y el que tenemos con nosotros.
Por un lado, este ir en contra de uno mismo produce resentimiento, porque-aunque hayamos sido nosotros mismos quienes nos hayamos ofrecido- en nuestro fuero interno sabremos que fue por no traicionar al otro por lo que acabamos renegando de lo que en verdad somos. Y ese resentimiento tarde o temprano terminará expresándose de algún modo.
La otra consecuencia de sacrificarse es que, aunque funcione y retengamos al otro, lo haremos en base a no ser auténtico. Y entonces no seremos nosotros quienes obtengamos el tan preciado amor sino ese otro de quienes nos hemos disfrazado para conseguirlo.
El único modo de querer bien a los demás es quererse en primer lugar a uno mismo, apartar la tentación de traicionarnos para obtener el amor de los otros. En el camino, algunos vínculos se perderán o cambiaran de forma. Recordar que serán los vinculos que ya de antemano estaban perdidos o que necesitaban ser reformulados.
Tenemos que aceptarnos a nosotros mismos, cuidarnos y no traicionarnos engañándonos queriendo aparentar lo que no somos por el nombre del amor ya que todo nos llevara a un amor falso.

martes, 11 de noviembre de 2008

Los amigos


Hoy leí en un estudio sobre la amistad que en la vejez, las personas mayores con buenas y variadas relaciones sociales tienen más posibilidades de aumentar su esperanza de vida que las que no tienen relaciones o sólo las tiene con sus familiares. Estas son las conclusiones a las que ha llegado un estudio realizado en la universidad de Australiana de Flinders.
La amistad surge en diferentes etapas de nuestras vidas y en diferentes grados de importancia. Y es que a lo largo de la vida vamos estableciendo numerosas relaciones interpersonales en las que volcamos nuestros afectos, de una forma más o menos intensa, dependiendo de la afinidad que sentimos por esas personas, de la intensidad y frecuencia de relación y de la reciprocidad afectiva que advertimos en ella. De forma más o menos inconsciente, damos cariño esperando que éste obtenga cierta resonancia en la persona querida, de tal modo que esta persona nos de también cariño a nosotros, lo que supone un reconocimiento, una reciprocidad y el establecimiento del vinculo afectivo como es la amistad.
El significado de la amistad y tener amigos es algo que se instaura en la infancia y estas primeras adquisiciones influyen en su desarrollo posterior. Al principio el niño se vincula con su familia más íntima (padres, hermanos...), pero poco a poco y gracias a la escuela, el niño inicia su socialización entablando lazos afectivos fuera del hogar. Descubre a otros niños de su edad, con otras características, algunas iguales y otras diferentes a él. Aprende a compartir, confiar y a querer a otras personas de su edad. Hay un doble vinculo de forma que la personalidad del niño influye claramente en el desarrollo de sus amistades y éstas, a su vez también lo hacen sobre su personalidad. En esta etapa es fundamental el aprendizaje que se hace a través de los padres, de sus amigos y de la relación que tengan con ellos.
La amistad, como las relaciones de pareja, es una relación íntima de dar y recibir. Responde a las necesidades de seguridad, aprobación de los demás, estar acompañado y sentirse comprendido y querido. La amistad además supone una forma de enriquecimiento personal, a través de ella aprendemos a dar y recibir cariño, a ser más generosos, pero además podemos aprender de las experiencias del otro, de sus conocimientos y vivencias.
A lo lago de nuestra vida encontramos amigos que nos acompañan y con ellos compartimos esa etapa, ese momento especial. Afinidades, intereses y valores pueden unirnos en ese momento.
Pensaba como a veces cuando nos peleamos con alguien a pesar de habernos llevado bien a lo largo de muchos años con esa persona, podemos volvernos intolerante y algo burros porque ya solo miramos para delante sin volver la vista atrás y sin pensar en todas las cosas buenas que hemos pasado con esa persona, lo que pudo regalarnos entonces ya que no debemos olvidar que solo su presencia durante instantes de nuestra vida, es un autentico regalito del cielo y que seguro que lo que nos dio en ese momento fue importante.
Valores importantes como la lealtad y el respeto unido a buenas dosis de tolerancia y empatia harán que nuestros compañeros, esos amigos que forman parte de nuestra vida se mantengan por mucho tiempo.
Dedico este artículos a las amigas y los amigos que han formado parte de mi vida, a los que me acompañan en este momento de mi existencia, a los amigos que murieron y me dejaron su recuerdo, a aquellas personas que me han ayudado a crecer permitiendo que a través de su relación haya mejorado como ser humano y a ese amigo nuevo en mi vida, Mariano, tu que me has servido de inspiración esta mañana.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Ser autentico: retorno a la inocencia


Como diría un taoísta lo primero que hay que decir de la vida es que no tiene explicación. Está aquí como un misterio y si intentas explicarla te pierdes. La filosofía siempre ofrece explicaciones, por lo tanto no puede explicar la vida. Una persona que busca la verdad no utiliza teorías, siempre esta abierto. Los que buscan la verdad no pueden dialogar, sólo discutir, no conocen el intercambio de valores opuestos, no saben que el opuesto te equilibra. El conjunto de la vida se basa en la complementariedad de los opuestos, como dice el antiguo símbolo chino, el ying-yang, inocencia y maldad: unión de opuestos, base del equilibrio del ser humano. Vivimos en un mundo enfermo por las batallas, el hambre, la enfermedad y la miseria, donde es común la presencia de en los individuos de trastornos mentales. La mente da movimiento al cuerpo, da sentido y propósito a la vida; cuando no se elige una dirección alimentada por la ilusión y el propósito en la vida, la persona se pierde a sí misma. No sabe dialogar consigo mismo, solo discutir. El retorno a la inocencia es posible para todos, pues por muy confundido o enfermo que se halle una persona, por muy desestructurado que se halle su condición de ser humano siempre nuestro propio ser nos señala la dirección correcta (como una brújula) pugnando por seguir su camino y realizar su propósito.
El retorno a la inocencia viene a ser el reencuentro con uno mismo como parte de un todo exacto,armónico, equilibrado, es el reencuentro con nuestra humanidad, con toda su naturaleza biológica. Supone el darnos cuenta de nuestra particular forma de relacionarno con nosotros mismos y con el universo. Tomar conciencia de nuestro organismo así como de la dinámica y estructura de nuestra mente.
La autenticidad supone la libre expresión de lo que somos, de la esencial, natural y desprovista de condicionamiento. Considero que la mayor parte de las complicaciones de la existencia del ser humano, son generadas por su propia inadaptación a la realidad; debido a que ha ido perdiendo la habilidad de ser él mismo, de vivir de manera natural y con fluidez.
Empecemos hoy ha ser más sinceros con nosotros mismos. Reconociendonos por nuestro valor y por nuestra debilidad.
Esta en la conciencia de cada persona llegar a ser uno mismo dejando atrás los miedos.

Things Have Changed

El mundo celebra por fin la llegada del cambio en Estados Unidos.
Las esperanzas tras la Elección de Barack Obama para la presidencia de los Estados Unidos es señalado como el inicio de una nueva era, alentadas por las promesas de cambio.
Las esperanzas sobre este hombre consideran que no solo se trata de una victoria sobre este país. Va a suponer nuevas energías dentro de todos los pueblos del mundo que se levantan juntos para observar la ola de cambio que se mueve desde Estados Unidos para ser compartida por el mundo, y a su vez el mundo lo comparte con todos los pueblos.
No habrá regreso a las formas del pasado. Ahora se encontrara que donde había impedimentos previamente ahora habrá ayuda y estímulo que solo aumenta con cada paso que demos.
Espero que las esperanzas de todos sobre este nuevo presidente se cumplan.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

UNA VIDA CON SENTIDO


A lo largo de la vida vamos contemplando con alegría los logros alcanzados, los triunfos conseguidos pero también miramos con tristeza todo lo perdido, las frustraciones que hemos tenido (amores, desamores, falta de dinero, dificultades de trabajo...) y es que además llega a ser asombroso como millones de personas en la tierra se sienten terriblemente abatidas y tristes cuando las cosas no son de la forma que les gustarían que fueran, o cuando el mundo es como es. El que esta gente se sienta claramente frustrada cuando no están consiguiendo lo que quieren es por supuesto normal. Pero el que estén de forma permanente tan deprimidos o abatidos porque están frustrados es completamente ilógico porque no hay ninguna razón para creer que las cosas deberían ser diferente a lo que son al margen de lo injusta o desafortunada que sea la situación actual de cada uno.
El estar permanentemente abatidos por una serie de circunstancias dadas no nos ayudara a mejorarlas al contrario cuanto más abatidos estemos por los aspectos desagradables de la vida, más desorganizados e ineficaces serán nuestros esfuerzos encaminados a mejorar las condiciones de nuestra existencia.
Cuando las cosas no son como nos gustaría que fueran, cierto que debemos luchar, y a veces con mucha fuerza, para cambiarlas. Pero cuando es imposible cambiarlas (por el momento o para siempre), lo que a menudo ocurre, la única cosa sana que se puede hacer es estar filosóficamente resignado con nuestro destino y aceptar las cosas como son.
Siempre que sea posible, se debe intentar sacar el máximo provecho de las situaciones frustrantes, aprender de ellas, aceptarlas como un desafió e integrarlas, de forma útil en nuestras vidas.
Lo que en verdad necesitamos es un cambio radical hacia la vida. Tenemos que aprender por nosotros mismos que en realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino si la vida espera algo de nosotros. Tenemos que dejar de hacernos preguntas sobre el significado de la vida, y en vez de ellos pensar en nosotros como seres a quienes la vida le inquiriera continua e incesantemente. Nuestra contestación tiene que estar hecha no de palabras ni tampoco de meditación sino de una conducta y actuación adecuada. En última instancia vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que la vida asigna continuamente a cada uno de nosotros.
Dichas tareas, y consecuentemente, el significado de la vida, difiere de una persona a otra, de modo que resulta completamente imposible definir el significado de la vida en términos generales. Nunca se podrá dar respuesta a las preguntas relativas al sentido de la vida con argumentos especiosos. "Vida" no significa algo vago, sino algo muy real y concreto, que configura el destino de cada persona, distinto y único en cada caso.
¿Adonde me llevará la vida?. Según Viktor Frankl (1905-1997), neurólogo y psiquiatra austriaco- y que vivió recluido durante seis años en un campo de concentración- este tipo de preguntas nos confunden y angustian en lugar de ser clarificadoras.
No somos nosotros, afirmaba Frankl, quienes debemos hacer preguntas a la vida, es ella quien nos interroga: "¿Qué harás conmigo?, ¿Qué sentido me darás?.
La vida no nos interroga con palabras sino con situaciones, las que nos toca vivir en el transcurrir diario. Nuestras respuestas, por tanto tampoco serán con palabras sino con acciones. Cada acción es producto de una decisión, y todas ellas engarzadas, dibujan el sentido de nuestra vida. No el de la vida en términos generales y abstractos, sino el de la nuestra, la existencia de cada uno de manera específica y única.
El sentido del la vida surgirá en la medida que podamos elevar la vista desde nuestro ombligo hacia el horizonte. Mientras la mirada esté fija en el ombligo, únicamente nos veremos a nosotros mismos; cuando busques el horizonte, aparecerán los demás, aquellos con quienes nos vinculamos, los que componen con nosotros la compleja, sutil y sagrada trama de lo humano.Eso que le da sentido a nuestra vida, será, siempre y de un modo inevitable, algo que nos mejora tanto a nosotros, como a los demás y al contexto en el que vivimos.