jueves, 26 de mayo de 2011

Darse cuenta....





Apago la luz es más de media noche. Me meto en la cama, detengo la mirada en ese mundo extraño que guarda la oscuridad, cierro mis ojos y me estremezco cuando mi respiración cobra ritmo haciendo que dance mi pecho al compás de la inmensa calma que tiene mi noche..Y así, apacible, busco más de mi. Junto mis dedos pulgar y medio y percibo los latidos de mi corazón.
¡Qué gusto cerrar los ojos!..Y pensar en mi, en el silencio. En ese espacio tan tenue que existe entre la nada y yo y abrir la puerta de las fantasías por la noche, cuando nadie me mira.
A veces pienso que este juego de vivir es una montaña rusa imparable, con tantos sube y baja que me marea y me agobia. Tengo fobia a la altura. Hoy me siento ahí, muy alto, arriba de la montaña, sostenida de un hilo invisible, sin moverme para no caer, sin respirar para que el viento no me deje sin oxigeno..sin mi.

Hoy tengo esa extraña sensación de estar repitiendo sucesos. Lo mismo una y otra vez. Pero vamos a ver… tonta no soy, ¿será una cuestión de inocencia? ¿Tengo que aprender a no confiar? Porque si hubiera desconfiado más… quizás las cosas serían diferentes ahora. No me gusta el azar, no soy de las que ganan rifas o premios de la lotería. Soy de las personas que tienen que esforzarse mucho por alcanzar un objetivo. Conozco gente con suerte. A este tipo de gente los problemas les vienen con la solución incorporada. A mí, no. Y por eso lucho, lucho mucho. Así que la Fortuna es mi diosa esquiva y cree que aprenderé más en las situaciones desafortunadas, a las que saco brillo y me quedo con aquello que he aprendido. Pero me gustaría, sobretodo, no pasar por las mismas dificultades imprevistas en más de una ocasión. Cansa.

Tropezar con la misma piedra no es cuestión de pura suerte o pura mala suerte. Estaremos de acuerdo que cuando nos encontramos una vez más con aquel error o aquello que nos molesta es algo que puede hacer que nos sintamos doblemente heridos.
Es como si fuéramos los capitanes de un barco. Una vez nos tropezamos con un iceberg. Estudiamos, nos preparamos, calculamos y al cabo de cierto tiempo, de repente, desde cubierta nos damos cuenta que vamos a volver a tropezar con un iceberg otra vez. O quizás nos damos cuenta cuando ya estamos en el bote salvavidas. O cuando estemos ahogándonos con el agua al cuello... Entonces llega aquel segundo fatal en el que miramos hacia atrás y vemos que estamos en el mismo lugar después de andar mucho y que nuestras esperanzas y nuestras mejores intenciones de haber superado y aprendido sobre una situación, todas nuestras expectativas de haberlo hecho mejor se diluyen. Puede pasar.

Siempre quiero saber las causas pero no siempre existen o no siempre son visibles. El caos existe, no todo es orden y linealidad. En el caso de que todo tuviera una causa, cada cambio en la vida, entonces, tiene un origen, una causa, una necesidad y una resolución específica que se aplica en cada caso humano de manera única. Se nos recuerda que podemos elegir. Y también que los cambios, más allá de las características que determinan a cada uno de ellos pueden tener lugar de dos formas: mediante las vueltas de la vida o de la fortuna o bien de manera imprevista como un regalo del alma y de los dioses para que evolucionemos más y alcancemos nuestro ser.
No dudo que algunas cosas sí tienen un origen. ¿Pero todo, todo? Habrá que preguntarle a la diosa fortuna... ¿Qué sabemos de ella?

viernes, 14 de enero de 2011

Los hilos de Ariadna




Uno teme perderse sin haberse jamás perdido. Perderse, con todas las emociones que esto implica.

He pasado parte de mi vida dudando, seré o no capaz de hacerlo. Todo, lo fácil y lo difícil.
Dudar es para mí algo natural. No puedo entender la vida sin dudas. Me paso el tiempo buscando y a veces inventando, infinitos hilos de Ariadna que den sentido a las cosas, que marquen una dirección, un propósito en las cosas. A veces ni siquiera me importa que sean trascendentes, me basta con que los haya.
Sin duda algo importante para mí en este momento y de lo que no puedo dejar de usar porque sin ello no sabría conducirme y atravesar esos laberintos es a través de esa intuición que dejas remarcada bien en tus líneas..Cuantas sensaciones de vacío, confusión y sin sentido me he ahorrado cuando he prestado atención a esos mensajes que están continuamente delante de uno mismo y que sin ellos perdemos el verdadero hilo.
No es de extrañar que esta capacidad de ser consciente suponga como se sabe un arma de doble filo. Conecta a la persona con su realidad interna, pero también bloquea lo que no se ajusta a lo establecido y de ahí que no queramos abrir la puerta que nos conduce a algo nuevo en nuestra vida.
Aparece el miedo que me para, me bloquea y no me deja ver que realmente ese miedo no es más que un deseo al revés.
En algún momento de la vida luchamos desesperadamente por llegar a sitios que de pronto, un poco más adelante en el camino, se nos antoja fútiles.
Sin embargo lo peor no es esto, sino que la sospecha sobre el significado del resto de las cosas a las que aspiras y sin las cuales parece que te vas a morir, se extiende como la proverbial mancha de aceite. Luego viene el parón.
Hoy nada parece como todos los días. El sol escala el firmamento, inunda las fachadas como una marea rubia, trepa con firmeza por los árboles, las estatuas. Pero algo indefinible ha cambiado







martes, 11 de enero de 2011

Encuentros


Me inundan las ganas de escribir desde que leí por primera vez tus poemas.
Entro en este blog, mi blog, que tenía ya olvidado por la época en la que he estado pérdida en mi sombra, igual que tú apartada de lo que realmente me importa. Me ha llamado demasiado la atención hasta el punto de que el corazón me retumbara dentro del pecho y se me erizase la piel cuando hemos hablado en estos días. Demasiadas cosas en común, y demasiado bien expresadas. Ha sido como un cuadro con mil colores, todos perfectamente colocados en su sitio, perfilados. Ha sido ARTE, del que hace mucho tiempo que no encuentro; bien porque no he tenido tiempo o bien porque pocas cosas he leído como esas.
¿Sabes? Yo también colecciono contradicciones, y muchísimas. Los dos tenemos muchísimas cosas en común y sabemos cómo decirlas de manera que hagan erizar la piel. Descubrir la tonalidad de distintos cielos. Soñar despiertos porque lo de soñar creo que tú también lo haces. Escuchar a David Arkenstone o Lorena Mckennit mientras ves amanecer. Tomar un té de vainilla o mejor "el sueño de la Alhambra escuchando el oleaje del mar lento y al atardecer. Que el viento sople fuerte y sintamos esa libertad que tenemos y pocas veces sabemos aprovechar. Buscar pupilas porque seguro que alguna nos salva. Reírnos hasta que nos duelan los riñones. Visitar lugares sagrados y sintonizar con su energía y vibrar con la esencia del lugar. Saltar sobre la arena dejando por debajo el mar y tocando las nubes con la yema de los dedos. Dejar que la nostalgia se acune en nuestra sonrisa de vez en cuando. Que las lágrimas partan nuestra voz en dos. Que los gritos desenfurezcan el corazón. Correr, desbocar la rabia por nuestros pies.
Malos tiempos para soñadores, pero vendrán mejores.
Viajes. Soledad. Ausencia. Rutina. Cine. Música. Arte. Casualidades. Sueños. Laberintos. Salida. Enero del 2010. Almas conectadas.
Cometamos errores, en nuestra vida depende de ellos aprender.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Feliz Navidad

Amigos blogueros, no soy fiestera y la navidad no me gusta; no sé si por ese tufo sensiblero que lleva enfundado. Sea por lo que fuere y como hay que estar a las duras y a las maduras y aceptar las apetencias de los demás, (a esto lo llamamos convivencia) me adentro en esta espiral de felicitaciones y os deseo, a todos los que transitáis por esta pradera de sueños, que estos días os sean propicios (a pesar de la crisis), espero que la fortuna haya llenado vuestros bolsillos (sobre todo a los que nada tienen) y que el año venidero llegue con aire nuevo que nos cambie la mentalidad, los modos de sentir y pensar para que este mundo, al que tanto apego tenemos, sea más solidario, más humano y más sensible. Feliz navidad.


jueves, 16 de diciembre de 2010

TOMO DE NUEVO MI RUMBO


Cada vez que descuido mi conexión conmigo misma vuelvo a perder el rumbo. Si siempre tendemos a proyectar la atención fuera nos lleva un precio caro. Sensaciones de vacío, sin sentido y confusión señalan de manera más o menos intensa que se ha perdido ese contacto íntimo con la propia esencia. Y vivir volcado hacia fuera puede hacer que se pierda una parte importante de la experiencia que transcurre dentro.
Las emociones, las sensaciones, los mensajes del cuerpo, los pensamientos, la voz de la intuición aporta la información más constante y directa de que disponemos. Solo desde esta conexión interna podemos estar centrado, sabiendo quienes somos y hacia donde nos dirigimos.
La desconexión que se da en muchos casos influye, por una lado la primacía que se otorga a la razón por encima de otras funciones como percibir o sentir.
Hay que tener en cuenta que por otro lado, la capacidad de ser consciente supone un arma de doble filo. Conecta a la persona con su realidad interna, pero también bloquea lo que no se ajusta a lo establecido.
Como decía Albert Einstein: "Cada día sabemos más y entendemos menos".
Perder esta conexión conlleva consecuencias. Algunas personas, por ejemplo, descubren en algún momento que su vida no es lo que querían, pues quizás se han dejado llevar por las circunstancias sin preguntarse más allá. No resulta agradable sentirse un extraño con uno mismo. Sucede sobre todo cuando alguien busca adaptarse tanto a lo que se espera de él o mantener una buena imagen, que termina olvidado quien es realmente.

A veces, el sufrimiento o la enfermedad implican una entrada rápida a una mayor conciencia de uno mismo. Sin embargo, es preferible no esperar a encontrarse en una situación crítica; en cualquier instante una persona puede empezar a crear puentes que conecten con diferentes niveles de su experiencia interna.

Hay diferentes vías a tener en cuenta a diario para conectar con mi experiencia interna, entre ella tienes el lenguaje de nuestro cuerpo.

A veces vivimos escindidos del cuerpo. Al no entender sus cambios, su lenguaje, ni el sentido de los síntomas, se presta poca atención a sus mensajes. Más bien se intentan controlar o tapar esas señales cuando resultan molestas u obligan a modificar los planes. Sin embargo, el cuerpo es el canal de conexión entre el mundo exterior y el interior. A través de él experimentamos la realidad, y a la vez refleja nuestra historia.
Quizás no podamos comprender siempre sus razones, pero es preciso aprender a confiar más en la sabiduría del propio cuerpo. En lugar de bloquear sus señales, se puede optar por escucharlas.
No tenemos que olvidar nuestras emociones. Sabemos que dejarse llevar por las emociones puede ser un problema, pero ignorar o reprimir lo que se siente, también. Una buena medida es mantener una conexión continua con las propias emociones, lo cuál suele ser garantía de una mayor capacidad para encauzarla. La emoción es un indicio que informa de cómo estamos viviendo algo y, bien utilizada, puede ayudar a resolver situaciones.
Las intuiciones, los sueños, los momentos de inspiración tienden un puente entre el consciente y el inconsciente. Nuestra mente almacena muchos datos, impresiones y percepciones que no conocemos, pero que en un momento dado pueden aflorar a la superficie.
Conectar significa unir, establecer una comunicación. Cada persona puede buscar en su interior la sensación de estar conectada.

Estar en contacto con uno mismo es como mantener un ancla que permite mantener la calma y firmeza interior


miércoles, 9 de junio de 2010

martes, 23 de marzo de 2010

Con lengua

Quién sabe si hay algún lazo oculto, alguna materia escondida que une el desierto y los besos. Es evidente lo que une los besos y las lenguas, e incluso la que une las lenguas a los desiertos: la sed. Siempre la sed...